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5.110018 - FALLA: Amor Brujo (El) / El Sombrero de Tres Picos
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Manuel de Falla (1876–1946)
El amor brujo • El sombrero de tres picos

Manuel de Falla goza del reconocimiento de ser la figura más importante de la música española del siglo XX. Nacido en 1876 en Cádiz, de niño quería ser escritor, pero a mediados de la década de 1890 había decidido ya concentrarse en la música. Con este fin estudió en Madrid y sus primeras obras fueron para piano. Entre 1900 y 1904, para ganarse la vida, escribió seis zarzuelas. Éstas resultaron ser infructuosas, pero en Madrid recibió la influencia de Felipe Pedrell (1841- 1922), el gran musicólogo y compositor catalán. Pedrell inspiró a sus alumnos, entre ellos Albéniz y Granados, para que valoraran las tradiciones históricas de la música española, poniendo énfasis en la música folklórica y su relevancia en la composición contemporénea.

En 1905 Falla obtuvo con La vida breve el primer premio en un concurso de ópera española organizado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pero como en España no surgió ninguna oferta para interpretarla públicamente, decidió buscar mejores perspectivas en París. Allí conoció a diversos compositores destacados de la época, incluidos Albéniz, Debussy, Dukas, Ravel y Stravinsky. Se interpretaron varias de sus canciones y obras para piano y La vida breve se representó finalmente en el Casino Municipal de Niza en 1913, repitiéndose el año siguiente en la Opéra-Comique de París.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial Falla regresó a España, donde estaba labrándose una reputación. La vida breve se representó el 14 de noviembre de 1914 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y las Siete canciones populares españolas se interpretaron algunas semanas después, confirmando su posición como el más relevante compositor español contemporáneo. En abril de 1915, en el Teatro Lara de Madrid, tuvo lugar el estreno de una de sus más acabadas obras maestras, el ballet con canciones El amor brujo. Este se vio seguido del estreno, en 1916, de Noches en los jardines de España, para piano y orquesta, y del éxito de otro ballet, El sombrero de tres picos, estrenado en Madrid en 1917.

En 1920 Falla se trasladó a Granada. Aquí, junto con el poeta Federico García Lorca, organizó el famoso Concurso de Cante Jondo de 1922, un intento, desgraciadamente no repetido, de conservar y revivir el antiguo arte de la canción andaluza. En Granada Falla compuso El retablo de maese Pedro, una adaptación de varios episodios del Quijote de Cervantes, el Concierto para clave o piano, Soneto a Córdoba (para voz y arpa) y otras obras. Su última composición completada fue una serie de cuatro Homenajes para orquesta, estrenados en Buenos Aires en 1939, bajo la dirección del propio Falla. Desde 1927 hasta el final de su vida, Falla trabajó en la cantata Atlántida, una empresa tremendamente ambiciosa que dejó inconclusa pero que fue completada posteriormente por su eminente discípulo Ernesto Halffter (1905-1989) para su tardío estreno en 1961.

Tras la Guerra Civil (1936-1939), y devastado por el trágico asesinato de su amigo Lorca, Falla abandonó España en 1939 y se instaló en Argentina. Allí murió en 1946 antes de su septuagésimo cumpleaños. Había sufrido de numerosos achaques de salud durante muchos años, lo que limitó su producción. Sin embargo, aun sin tratarse de un compositor prolífico, sus obras constituyen modelos de perfección musical en contenido expresivo y maestría artística.

El amor brujo, en un solo acto, cuenta la historia de Candelas, una joven gitana obsesionada por su amante muerto, un espíritu tan celoso en la muerte como lo había sido en vida. Los intentos de su nuevo pretendiente, Carmelo, para ganarse a Candelas se ven frustrados por el espectro hasta el punto de que no pueden sellar su amor con el beso que los liberaría de este poder llegado de más allá de la tumba. La seductora Lucía se ve persuadida para servir de señuelo y seducir al espíritu con sus encantos.

El ballet comienza con una brillante Introducción y Escena 1 en la que un tema con puntillos evoca la naturaleza celosa del espectro. Esto contrasta con la atmósfera siniestra y nocturna de la casa de la gitana en En la cueva2, penetrada de repente por una melodía en el oboe en el estilo andaluz. Lugo se oye la Canción del amor dolido 3, un lamento con ritmos de danza que recuerdan al cante jondo. Tras unos momentos de frenética actividad, La Aparición 4 da paso a la Danza del terror5. El círculo mágico6ofrece una serenidad momentánea mientras Candelas traza un círculo mágico en el suelo y se prepara para exorcizar al espíritu justo cuando suena A medianoche 7. Sigue la famosa Danza ritual del fuego 8, que aleja los malos espíritus con sus percutivos ritmos cruzados, sus vívidos contrastes y ricos efectos orquestales. La danza concluye con golpes semejantes a los de un martillo, como si se hubiera logrado la victoria sobre la fuerza maligna. Tras un intermezzo designado como Escena 9, con solos cuasiimprovisatorios del oboe y la flauta, parece que el espectro no ha sido aún exorcizado. La Canción del fuego fatuo 10 cuenta que el amor es esquivo. El inquietante espíritu es aún potente en la Pantomima 11, que reitera el tema del espectro de la Introducción, aunque el modo se transforma y se convierte en un tango en compás de 7/8 que indica que los encantos de Lucía están triunfando y que la influencia del espíritu está disipándose. La Danza del juego del amor 12 completa el proceso, con palabras dirigidas al espíritu maligno: Soy la voz de tu destino, soy el fuego en que te abrasas, soy el viento en que suspiras, soy la mar en que naufragas. La música comienza de modo reticente pero asciende a un clímax mientras resuenan las campanas y Candelas y Carmelo se abrazan por fin en un éxtasis ininterrumpido. El Finale, subtitulado Las campanas del amanecer 13, proclama el regreso de la felicidad con una canción y el tañido de campanas simbólicas de la aurora y del triunfo del amor.

El sombrero de tres picos retrata las locuras de la vida cotidiana en la localidad andaluza de Guadix a comienzos del siglo XIX. La Introducción 14, con percusión y trompetas, atrapa de inmediato la atención, mientras que una canción lejana advierte que una esposa debería echar el cerrojo de su puerta. En La tarde 15, el telón se eleva sobre una terraza delante de un molino, un pozo, macetas de flores, un mirlo en una jaula y un puente sobre el caz del molino al fondo. El poco apuesto molinero y su atractiva esposa están en el escenario. Tras algunos esfuerzos, el mirlo consigue silbar la hora correcta de las dos. Un dandy que pasa se come con los ojos a la mujer del molinero, que devuelve su saludo con coquetería. Un desfile se acerca con el Corregidor (que lleva su sombrero de tres picos, el signo de su autoridad) acompañado por su esposa, la Corregidora, y prosigue su camino. El molinero coquetea con una muchacha que lleva una jarra.

Se oyen pisadas que se acercan. No es otro que el Corregidor, cojeando y jorobado. La molinera se burla de su cojera. El molinero se da cuenta de que el Corregidor ha vuelto a cortejar a su esposa y, tendiendo una trampa, se esconde detrás de un árbol para permitir que su esposa muestre su rechazo ante las insinuaciones del Corregidor. Durante la Danza de la molinera 16 aparece ella absorta en el baile del fandango. El Corregidor va acompañado de su alguacil, el guardia que lo protege, que incita al magistrado a cortejarla. La molinera exagera sus gestos al reparar en el Corregidor y, bailando a su alrededor, le toma el pelo con un racimo de uvas. En Las uvas 17 el Corregidor intenta torpemente besar a la molinera, que lo esquiva y lo derriba en el suelo. El molinero regresa armado con un palo, simulando que han robado en el molino y, con ayuda de su esposa, levanta al Corregidor. La molinera golpea al oficial con su mandil mientras su marido le hace oler el contenido de una enorme botella. El Corregidor, dándose cuenta de su engaño, se va enfadado. Cuando vuelve el Alguacil, el molinero parece arrepentido y el guardia se va. El fandango vuelve a sonar.

La segunda parte comienza con la Danza de los vecinos (Seguidillas) 18, en la que la gente se reúne en la noche de San Juan para beber vino. Luego sigue la Danza del molinero (Farruca) 19, una de las más vívidas evocaciones de una danza flamenca por parte de Falla. El molinero es felicitado por sus amigos, pero este ambiente optimista se rompe cuando llaman a la puerta. Los alguaciles, con capas negras y llevando palos y linternas, llegan para arrestar al molinero y, a pesar de las protestas de su esposa, se lo llevan con ellos. Los vecinos se van y la molinera se queda contemplando la noche. Se oye una canción: Por la noche canta el cuco advirtiendo a los casados que corran bien los cerrojos, que el diablo está desvelado. El reloj de cuco da las nueve y el mirlo canta imitándolo. La esposa deja un fusil al alcance, echa las cortinas y apaga la luz. La escena está en silencio. El Corregidor regresa furtivamente, despidiendo imperiosamente al Alguacil.

En la Danza del Corregidor 20 el magistrado hace gestos estúpidos a la manera de un gran seductor, sonriendo al pensar en el placer que se avecina, pero en cuanto cruza el puente, la luna se esconde con una nube que pasa y el Corregidor cae al agua. La molinera sale de su casa y llega al puente justo cuando vuelve la luz de la luna para revelar la figura empapada saliendo del caz del molino. El Corregidor persigue a la mujer por el puente y saca sus pistolas. Ella lo burla, sin embargo, cogiendo su fusil y asustándolo tanto que cae al suelo. Ella sale corriendo en medio de la noche. El Corregidor, temblando, se saca su sombrero y sus ropas mojadas y las coloca en una silla para que se sequen. Entra en la alcoba, echa las cortinas y se echa en la cama.

Entretanto el molinero se ha escapado y al regresar a casa se queda de piedra al ver las ropas del Corregidor. Pensando que ha sido traicionado, coge el fusil y camina de un lado para otro. El Corregidor mira ansiosamente por las cortinas cuando el molinero choca con la silla, provocando que las ropas y el sombrero de tres picos caigan al suelo. Esto le da al molinero una idea y cambia sus ropas por las del magistrado. Antes de irse, escribe en la pared: Señor Corregidor, vengo a vengarme. También la Corregidora es guapa. El Corregidor, que lleva ahora una camisa larga y un gorro de noche puntiagudo, no puede encontrar sus ropas pero ve las palabras del molinero en la pared. Con gran agitación, coge las ropas del molinero y, cuando la escena termina, se prepara para ponérselas.

En la Danza final (Jota) 21 regresan los alguaciles para volver a apresar al molinero, el prisionero huido, justo cuando el Corregidor sale con las ropas del molinero. Los policías caen sobre él, empujándolo al suelo. Se oye la voz de la molinera, buscando a su marido. Tomando al Corregidor por el molinero, pega a uno de los alguaciles mientras el segundo guardia la sujeta. Vuelven algunos de los vecinos, atraídos por el ruido, una confusión que aumenta cuando el molinero, que lleva las ropas del Corregidor, llega corriendo, perseguido por los alguaciles. El molinero se pone muy celoso cuando ve que su esposa está protegiendo aparentemente al Corregidor tendido en el suelo, pero en ese momento una multitud cruza el puente con un estandarte con el retrato de la efigie del Corregidor. En la danza posterior el Corregidor se identifica y el molinero y su esposa se reconcilian. Cuando el Corregidor cae una vez más, confuso y aturdido, la gente lo coge y lo mantea como una marioneta.

Estos dos ballets expresan aspectos complementarios del genio de Falla. El amor brujo explora las fuerzas oscuras que acechan a la humanidad y la influencia omnipresente de los muertos sobre los vivos. Por contraste, El sombrero de tres picos despliega aspectos satíricos y cómicos dentro de un contexto social en que los oficiales corruptos interactúan con la vida espontánea de la gente. La contribución de Falla a la cultura ibérica se halla aquí bien representada, enraizada en el color y la pasión de Andalucía y logrando una síntesis única de los mejores elementos de la tradición musical española.

La última pieza, la Danza, procede del Acto II de la ópera de Falla La vida breve. La escena, ambientada en una callejuela de Granada (donde tras la verja de un patio se celebra en todo su esplendor una fiesta nupcial), ha comenzado con una canción flamenca a la novia y el novio, Carmela y Paco. La orquesta irrumpe inmediatamente con esta brillante Danza, uno de los momentos más dramáticos de la ópera, donde los bailarines cuentan con una generosa oportunidad para demostrar su virtuosismo. Con el acompañamiento de castañuelas, Falla se vale de un tema poderosamente evocador lleno de vitalidad y exuberancia. La danza, tan profundamente característica de su compositor, no sólo representa uno de los momentos más memorables de La vida breve, sino que se ha convertido también en una de las piezas de concierto orquestales más populares.

Graham Wade
Traducción de Luis Gago


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