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8.225205 - GIANNEO: Piano Sonatas Nos. 2 and 3 / 6 Bagatelles
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Luis Gianneo (1897-1968)

La Obra Para Piano, Vol. 1

Luis Gianneo nació en Buenos Aires el 9 de enero de 1897, en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Es por ello que no sorprende que, a muy temprana edad, iniciara sus estudios musicales bajo la guía de los más importantes maestros de esa época. Fue discípulo de Luigi Romaniello y Ernesto Drangosch en piano, y de Constantino Gaito y Eduardo Fornarini en composición.

Durante la primera etapa de su vida, integró un dúo de violín y piano con su hermano Miguel y también acompañó a violinistas renombrados que visitaban Buenos Aires. En estos conciertos se estrenaron varias de sus primeras composiciones de cámara y de piano solo. En 1921 se casó con la pianista y cantante Josefina Ghidoni, activa participante en las veladas musicales de la familia Gianneo. A partir de 1923, el compositor y su familia se instalaron en la ciudad norteña de San Miguel de Tucumán, invitado a ejercer la docencia musical por su cuñado, violoncellista de renombre. Ejerció primero como profesor en el Instituto Musical Tucumano y, poco tiempo después, se hizo cargo de la dirección del mismo. Pasó 20 años de su vida en Tucumán, en donde se desempeñó como profesor, pianista y director de Orquesta. Con la colaboración de su esposa, Gianneo impulsó y mejoró la vida musical tucumana, dando a conocer allí prácticamente todas sus composiciones y estrenando gran cantidad de música contemporánea de compositores como Stravinsky, Debussy y Respighi. Fundó y dirigió la Asociación Filarmónica, presidió la prestigiosa Sociedad Sarmiento desde 1935 y colaboró con la Revista de la institución, en cuyo primer número (abril de 1936) escribió un extenso artículo sobre su admirado Stravinsky, adhiriendo a sus postulados neoclásicos. La influencia stravinskiana se vería reflejada un año más tarde en su obra orquestal Obertura para una Comedia Infantil, estrenada en 1937 bajo la dirección del autor, en la Asociación Sinfónica de Tucumán.

Desde 1932, integró y colaboró eficazmente con el Grupo Renovación, fundado en 1929 por los hermanos Juan José y José María Castro, Jacobo Ficher y Juan Carlos Paz. Sin embargo Gianneo nunca pudo identificarse en forma total con algunos postulados del grupo, especialmente con las ideas de Juan Carlos Paz, con quien no compartía determinadas actitudes absolutistas de vanguardia. Las diferencias entre ambos crecieron con los años, y desembocaron en 1952 en un artículo firmado por Paz, publicado por el periódico "Buenos Aires Musical" en el que negaba toda capacidad técnica y creativa a quienes no comulgasen con sus ideas musicales, actitud a la que Gianneo se opuso, generando un debate estético.

El renombre de Gianneo había ya trascendido los límites de la ciudad de San Miguel de Tucumán, con distinciones obtenidas por obras como El Tarco en Flor, las Pampeanas y Turay-Turay, y con significativos estrenos, en Buenos Aires y en ciudades del interior del país. Además de la gran cantidad de conciertos en los que participaba como pianista, director de orquesta y compositor en Tucumán, se desempeñó también como organista en la iglesia de San Francisco. En estos fructíferos años, no sólo él participaba activamente en el ambiente musical tucumano, sino también su esposa y sus hijas, Celia, espléndida pianista y Brunilda, talentosa violinista.

En 1938 Gianneo viajó por Europa junto a su familia, becado por la Comisión Nacional de Cultura, empapándose de las últimas tendencias musicales, recorriendo Italia, Francia, Alemania, Bélgica y Suiza. En Florencia participó en el Congreso Internacional de Música, y en Turín dirigió la Orquesta del Real Conservatorio que interpretó su Poema Sinfónico Turay-Turay en una velada íntegramente dedicada a compositores argentinos. En París, compuso sus Cinco pequeñas piezas y la Sonatina para piano, la Primera Sinfonía y el Concertino-Serenata. Al comenzar 1939, unos meses antes que la guerra estallara en Europa, los Gianneo regresaron a Buenos Aires, donde finalmente se radicaron en 1943.

Ya en Buenos Aires, en 1945 creó la Orquesta Sinfónica Juvenil Argentina para la Radio El Mundo, y luego, en 1954, la Orquesta Sinfónica Juvenil de Radio Nacional. Dirigió el Conservatorio Nacional, e integró la Comisión de Cultura y la Academia de Bellas Artes. Sus obras recibieron nuevos premios, incluyendo el Premio de la Free Library de Filadelfia para compositores latinoamericanos por su Concierto Aymara para violín y orquesta, estrenado en el Teatro Colón en 1944. Poco después obtenía el Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires por su obra Transfiguración para barítono y orquesta. Varias entidades de prestigio le encargaban obras. Algunos de estos encargos fueron las Variaciones sobre un tema de Tango, escrita para la Asociación Amigos de la Música; la Sonata III para piano, encomendada por la Asociación de Conciertos de Cámara; la sinfonía Antífona, para Radio Nacional, la cantata Angor Dei para el Septiembre Musical Tucumano, y la Obertura del Sesquicentenario, su última obra, para la Organización de Estados Americanos.

Los primeros diez años transcurridos en Buenos Aires aumentaron el prestigio de Gianneo, y sus obras se contaban entre las más interpretadas del país. Su labor docente fue tan intensa como lo había sido en Tucumán, contándose entre sus alumnos a los compositores Rodolfo Arizaga y Virtú Maragno, el famoso director Pedro Ignacio Calderón, y Ariel Ramírez, el más prestigioso pianista y compositor de música folklórica argentina. En 1949, Alberto Ginastera lo convocó para dictar las cátedras de Armonía, Instrumentación y Composición en el recientemente creado Conservatorio de Música y Arte Escénico de La Plata.

Desde 1955, después del golpe de estado que derrocó al General Perón, fue designado interventor del Conservatorio Nacional. Ese mismo año, imprevistamente, fallecía su esposa. Sus dos hijas se trasladaban poco después a Europa para perfeccionar sus estudios, por lo que el compositor pasó varios años de soledad, hasta que volvió a casarse en 1960 con Inés Rosa Sayans. Con ella viajó a Europa, enviado por el Ministerio de Educación para conocer los nuevos métodos de educación musical que allí se aplicaban.

En Roma nació su hijo Luis Alejandro, en 1961. A Inés le dedicó la Cantata Angor Dei, compuesta en 1962 y a su hijo, el Poema de la Saeta, de 1965. Ese año fue elegido Presidente de la Sociedad Argentina de Educación Musical, reconocida por la International Society for Music Education. En 1967 realizó su tercer viaje a Europa, durante el cual tomó contacto con radio-emisoras estatales, academias y teatros, para promover la ejecución de obras de compositores argentinos. Su muerte se producía ocho meses después de su regreso a Buenos Aires, el 15 de agosto de 1968, mientras revisaba la partitura de Transfiguración, que sería ejecutada próximamente.

La producción de Gianneo puede dividirse en cuatro períodos de disímil duración: el primero lo constituye su etapa de formación comprendida entre los años 1913 y 1923, donde las influencias de las escuelas europeas son muy notorias, sobre todo de los grandes románticos alemanes y los impresionistas franceses. Desde 1923, cuando se radica en Tucumán, hasta 1932, cuando entra a formar parte del Grupo Renovación, se extiende su segunda etapa o etapa de transición. En ella convergen su formación escolástica europea y los elementos folklóricos que de a poco va a ir incorporando, favorecido enormemente por su estancia en Tucumán. La tercera etapa o etapa de madurez, se puede establecer a partir de 1933 hasta 1953. En esta etapa, las dos vertientes principales de su inspiración, la de raíz folklórica y el estilo neoclásico confluyen en un lenguaje singular, único, que con el correr de los años se va depurando y despojando de todo elemento accesorio, hasta rematar en las últimas obras para piano, de una asombrosa sencillez y economía de recursos. La cuarta etapa o etapa de plenitud, comprende los últimos quince años de su vida creativa, cuando paulatinamente se va encaminando hacia el método dodecafónico, siempre en su manera austera y moderada. Sólo escribe tres obras para piano, y a partir de 1959 abandona definitivamente su instrumento favorito. En 1962 y tras un período de cuatro años sin componer, crea el ballet El Retorno. Inmediatamente escribe la cantata Angor Dei y, sucesivamente, las Tres Piezas para violín (1963), Antífona (1964), el Poema de la Saeta (1965) y la Obertura del Sesquicentenario (1966), última obra compuesta dos años antes de su muerte.

De la tercera etapa son sus obras pianísticas más importantes y decisivas. Cada nueva obra engrosa la cadena de eslabones cuidadosamente cincelados dentro de un marco cada vez más ascético y despojado, siempre profundamente expresivo y emotivo, siempre fiel a sus ideales de encontrar un lenguaje musical propio del país en donde había nacido; tan respetuoso de la postura estética abrazada, como de su ideal nacionalista. De esta etapa es la Suite (1933), en tres movimientos, una de las más logradas creaciones del compositor. Gianneo consigue aquí una síntesis feliz de elementos vernáculos en un marco musical moderno. Dichos elementos nacionales no son usados como agregados exóticos o pintorescos, sino que forman la columna vertebral que sustenta el discurso musical de la obra. En el primer movimiento hace uso extenso de técnicas contrapuntísticas. aproximándose a la forma Sonata. La economía temática y la utilización y desarrollo de células motívicas pequeñas, ponen en evidencia la conciencia neoclásica del compositor. El segundo movimiento, en tres secciones, se basa en un tema que semeja un "yaraví" género de canción melancólica, típica del noroeste argentino. Como toda la obra, el último movimiento esta firmemente basado en elementos del folklore. Formalmente bastante libre, pueden detectarse tres grandes secciones. La sección central, un poco mas lenta, sirve de alivio melódico a la agitada actividad del movimiento. El trozo cierra con una brillante sección final, que contiene una virtuosística cadenza.

La Sonatina (1938), terminada en Paris, está escrita en tres movimientos, en un lenguaje neoclásico límpido y equilibrado, con uso generoso del contrapunto. El material temático se deriva de ritmos y melodías del folklore argentino. El tipo de escritura recuerda a las texturas del barroco por el uso del contrapunto y por la constante actividad rítmica en semicorcheas. El primer movimiento se basa en un único tema, modal y sincopado, expuesto en los primeros ocho compases, derivado del ritmo del candombe, danza rioplatense de origen afroamericano. El segundo movimiento es un minué tripartito con Coda, de escritura fresca y diáfana, con abundante uso de cuartas paralelas que, en conjunción con una secuencia de acordes arpegiados, recuerdan la sonoridad de la guitarra. El último movimiento se aproxima a la forma rondó-sonata clásica. Su tema principal, en La menor natural con algún color de modalidad dórica, está basado en el ritmo de la chacarera, danza del noroeste argentino. La sección central, Più lento, presenta cuatro entradas sucesivas del tema a modo de fugato.

La Sonata II (1943) es, quizás, la obra de mayor envergadura del compositor, junto a la Suite. Consta de tres movimientos y está escrita en franco estilo neo-clásico, pero teniendo como base temas de elaboración folklórica tanto en su primer movimiento, como en el tercero. El primer movimiento es un delicado entramado contrapuntístico en el que reina un único tema, que recuerda el ritmo de la chacarera, trabajado con distintos colores y tempi, a diferentes alturas, ya en imitaciones, ya en pasajes virtuosísticos plenos de escalas, arpegios y acordes de gran fuerza. El segundo, "Romanza", es una lírica canción articulada sobre dos temas, apenas un poco más compleja que su canciones de cunas de sus series infantiles. El tercer movimiento, "Allegro molto", parte furiosamente de un ritmo de chacarera, sobre el que está elaborado el primer tema. Después de una breve transición, fuertes acordes se van suavizando hasta desembocar en el segundo tema, más lento, cantabile, de fuertes características modales. La parte central, presenta algunos breves temas nuevos, sobre ondulantes pasajes escalísticos, en medio de un fuerte ritmo que recuerda al tema del comienzo. La recapitulación reproduce en forma exacta el primer tema y lo conecta con el segundo a través de un difícil y centelleante pasaje de veloces escalas. El final, brillante y con gran despliegue pianístico, repite el segundo tema en modo por demás grandioso y majestuoso.

La Improvisación (1948) se asemeja a un canto fúnebre quizás compuesto en honor a su gran amigo muerto ese mismo año, el violinista Enrique Mario Casella. La atmósfera sombría y estática de esta improvisación expresa la nostalgia por el paisaje tucumano. El carácter monótono de las secciones primera y última está logrado por el constante ritmo en corcheas. También aportan a la atmósfera oscura y fúnebre, el uso de un ostinato melódico descendente de cuatro compases en el bajo, y la utilización de un mismo motivo melódico que concluye todas y cada una de las frases de la mano derecha. La parte central de la pieza, es en cambio más luminosa y apasionada. El lenguaje armónico puro y cristalino, despunta aquí y allá toques modales frigios y lidios.

Escrita en 1956, la Sonata III está estructurada cíclicamente en tres movimientos. Desgarradora y ácida, parece reflejar su duelo por la muerte de su esposa y también las situaciones políticas turbulentas y aciagas que vivía el país. El primer movimiento expone los motivos que luego se desarrollarán a lo largo de toda la sonata, siempre manifestando la dualidad mayor-menor. El segundo tema tiene un aire folklórico, de breve presencia. En el desarrollo, los motivos generadores se irán transformando para lograr oposiciones; el segundo tema aparece fugazmente para diluir con angustia el dramatismo vivido durante el desarrollo. El segundo movimiento se articula en tres partes, trabajado en una filigrana de motivos contrapuntísticos. Lento y solitario canta un triste pampeano, escondido entre disonancias del contratema. En la sección intermedia se percibe un lejano percutir de un ritmo de tango, que acompaña una leve modificación del tema inicial, extendido hasta yuxtaponerse con los motivos del primer movimiento en un clímax desesperado. La tercera parte es un fugato. El tercer movimiento, Rondo, en un claro ritmo de malambo, retoma la idea armónica y los motivos del primer movimiento. Aparece interpolada la melodía del comienzo del "Arrorró Indígena", uno de los movimientos de Música para Niños de 1941, seguida del motivo del primer compás del Primer Movimiento, pero con el ritmo algo cambiado, para reexponer seguidamente el despojado malambo inicial.

Las Seis Bagatelas (1957-59) manuscritas como la Sonata III y la Improvisación, cierran el ciclo de las composiciones para piano. En ellas ya no encontramos la vertiente nacionalista, salvo por el ritmo levemente tanguero de la Bagatela Nº 4. También en la última hay una leve alusión a la quinta de las Cinco Pequeñas Piezas de 1938, el "Movimiento Perpetuo". Estas seis microestructuras están ceñidas a un estricto contrapunto (la tercera bagatela es un rígido canon a dos voces a la séptima menor). La armonía se desenvuelve encuadrada en estos parámetros, dentro de una notable economía de recursos. Parecen más bien invenciones a dos voces.

Dora De Marinis


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