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8.554753 - HANDEL: Dettingen Te Deum / Te Deum in A Major
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George Frideric Handel (1685-1759)

Te Deum in la mayor * Te deum de Dettingen

Georg Friederich Händel, más tarde conocido como George Frideric Handel, nombre que asumió en Londres, nació en Halle en 1685, hijo de un exitoso barbero y su segunda esposa, mucho más joven que él. El padre se opuso a las tempranas ambiciones musicales de su hijo y, a su muerte, Handel entró abnegadamente en la Universidad de Halle en 1702 como estudiante de derecho, tal y como insistiera aquel. Consiguió la oportunidad de trabajar como organista en la Catedral Calvinista al mes siguiente, manteniendo el puesto durante un año hasta su salida hacia Hamburgo donde trabajaría en la opera, primero como violinista y después como clavicordista y compositor, contribuyendo de esta forma al repertorio operístico italiano de la casa. Invitado por el gran duque de Toscana, Fernando de Medicis, viajó en 1706 a Italia donde consiguió un éxito considerable durante los siguientes cuatro años. Los contactos hechos en Venecia, le llevaron a su nombramiento como kapellmeister con el elector de Hanover. Desde allí se le envió inmediatamente en comisión a Londres.

La primera ópera de Handel para Londres fue Rinaldo, con la que consiguió una gran acogida, y lo mismo ocurrió en Hanover sin haber transcurrido ni un año. Regresó a Inglaterra en el otoño de 1712. Al año siguiente se instaló en la Burlington House, en Picadilly, como invitado de Lord Burlington. Mientras tanto había aceptado una comisión de la reina Ana por sus primeras contribuciones a la liturgia inglesa, versiones del Te Deum y Jubilate en conmemoración de la Paz de Utrecht. Tras un breve retorno a Alemania en el verano de 1716, Handel regresó a Inglaterra, uniéndose al personal de James Brydges, conde de Carnarvon y más tarde Duque de Chandos, en Cannons, cerca de Edgware. Fue durante sus dos años en Cannons cuando escribió los llamados Himnos de Chandos, utilizando en el primero de estos un himno previamente escrito para la Capilla Real. En los años que siguieron, Handel se estableció principalmente como compositor de ópera italiana -un género que disfrutaba de una audiencia elegante- consiguiendo, gradualmente, una posición de privilegio en la vida musical de la capital inglesa. Disfrutó del patrocinio real de Jorge I, elector de Hanover, quién había accedido al trono inglés en 1715, tras la muerte de la reina Ana. A la muerte de Jorge I se le encargaron los himnos para la conoración de Jorge II. En los años siguientes fue llamado de nuevo para aportar su música a los acontecimientos reales. Al mismo tiempo su compromiso con la ópera italiana le ocasionó crecientes dificultades económicas, sobre todo tras el establecimiento de una compañía de ópera rival en 1733 bajo el patrocinio de Frederick, príncipe de Gales, que más tarde sería un gran admirador de Handel.

Mientras continuaba su trabajo en la ópera italiana, con su última muestra escenificada en 1741, Handel comenzó a fijar cada vez más su mirada en el oratorio. La ventajas más obvia era el ahorro que suponía poder, por el uso del inglés, utilizar cantantes nativos y, naturalmente, la ausencia de montaje teatral. El contenido de los oratorios se dirige a la sensibilidad del protestantismo inglés, aportando una triunfadora síntesis de religión y entretenimiento sin ofender a aquellos que encontraban ridículas las convenciones operísticas en una ciudad de fuertes tradiciones dramáticas.

El primer oratorio de Handel data de 1732, y fue Esther, con un libreto basado en Racine, seguido, en marzo de 1733, por la bíblica Deborah y, en julio, por Athalia. Durante los años siguientes continuó desarrollando esta forma, principalmente en los temas bíblicos pero con alguna incursión en los mitológicos. Estas obras, con sus melodías italianizadas, su fuerte composición coral y su demostrada sensibilidad dramática aseguraron la continuidad del dominio y la fama del compositor, particularmente tras su muerte, y a lo largo del creciente desarrollo del canto coral en el siglo diecinueve. El oratorio más famoso de Handel, El Mesías, fue interpretado por primera vez en 1742. El último, Jephtha, diez años después. Mientras El Mesías resulta excepcional por su ambiciosa temática, la mayoría de los oratorios handelianos derivan de los textos del Antiguo Testamento y quedan bien definidos por el descriptivo título que el compositor les dio: dramas sagrados.

Handel murió en Londres en Abril de 1759 y fue enterrado, como él había pedido, en la Abadía de Westmister, donde sería conmemorado tres años más tarde con un imaginativo y ligeramente inverosímil monumento de Louis Françoise Roubiliac, quien había aportado, treinta años antes, una estatua del compositor para los jardines de Vauxhall, en la cual aparecía con su gorro de dormir y sus zapatillas, a la manera de Apolo, una muestra de su reputación popular. Su funeral congregó a una multitud de unas trescientas mil personas. Igualmente populosas resultaron las celebraciones póstumas en la Abadía.

En Inglaterra la asociación de Handel con la música de la iglesia estaba íntimamente relacionada con su conexión con la monarquía: los encargos de la Reina Ana, la coronación de 1727, la boda del príncipe de Gales en 1736, el funeral de la reina Carolina al año siguiente y finalmente, en 1743, los himnos y cánticos en celebración por la victoria en Dettingen. El Te Deum en la, en cualquier caso, estaba basado en una obra escrita para el entonces elector de Carnavon, el llamado Chandos Te Deum, en sí bemol, adaptada y abreviada para la Capilla Real, posiblemente para su uso en las celebraciones de 1727.

El Te Deum en la se abre con unos ritmos vivos y marcados, introduciendo y acompañando los primeros versículos para el coro y los solistas, todo en un lenguaje musical que nos lleva tanto a Italia como a las tradiciones inglesas de Purcell. A esto le sigue un corto pasaje en fa sostenido menor para el tenor solista y el coro, llevándonos a través del acompañamiento de los bajos hasta una sección para alto y coro. El siguiente versículo está confiado a bajo y alto solistas, y al coro una sección en si menor que termina en una breve fuga en re mayor. La flauta y el fagot, éste reemplazando al oboe, son utilizados en el solo de alto When Thou tookest upon Thee. El oboe, en dueto con el fagot, puntea el ritmo en un Adagio en mi menor para bajo y alto con coro, a los que se une el tenor. Pasamos a do mayor en la alegre Day by day we magnify thee. De nuevo el oboe y el fagot asumen el liderato en el siguiente versículo en la menor, un aria para alto. El acorde original se restablece en el coro fugado final, O Lord, in Thee have I trusted.

La Guerra de Sucesión Austríaca había comenzado en 1740 con la invasión de Silesia por Federico el Grande de Prusia, y Sajonia y Baviera hicieron sendas reclamaciones al trono de Austria. Una alianza entre Austria y Saboya, Sajonia, y Gran Bretaña trajo también el conflicto con Francia, aliado de Prusia, cuyas fuerzas fueron derrotadas en 1743 en la batalla de Dettingen. En aquella ocasión las tropas de Hanover y las inglesas fueron lideradas por Jorge II en persona, llegando a luchar a pie al fallar su caballo. Esta fue la última ocasión en la que un rey inglés lideraría a su ejército en la batalla.

Cualesquiera que fuesen las causas de la derrota francesa, la victoria fue el impulso para las celebraciones en Londres, para las cuales Handel escribió un himno, The King shall rejoice, y una versión del Te Deum, que tuvieron su primera interpretación pública oficial en la Capilla Real de St James el 27 de Noviembre de 1743. La naturaleza de la ocasión requería la grandiosidad de una partitura para una orquesta que incluía tres trompetas y timbales, además de oboes, fagotes, cuerdas y el imprescindible instrumento de tecla. Aquí, como ya había hecho en alguna otra ocasión, Handel se basó en la versión del Te Deum del fraile franciscano italiano Francesco Antonio Urio, una obra fechada alrededor de 1680 y de la cual tenía una copia, quizás adquirida en Italia.

El Te Deum de Dettingen comienza con una introducción instrumental de aire marcial antes de que entre el coro a cinco voces y el breve solo alto. Dos violines solistas y continuo introducen el solo de alto All the earth doth worship thee, desembocando en un coro completo. Cuerdas y continuo son utilizados para acompañar el solo de soprano To thee all angels cry aloud junto a los tenores y los bajos del coro. Las trompetas empiezan el siguiente verso con su fuerte declaración coral y los monumentales acordes finales. Las cuerdas, con las cuatro voces solistas, aportan un vivo contraste en un cambio en el compás y el carácter general de la obra, copada por el coro, que en ese momento se sumerge en una versión fugada de Thine honourable, true and only Son. Trompeta solista y continuo, ahora de nuevo en re mayor, introducen un solo de bajo en una sección que completará el coro de manera ceremoniosa. La sexta sección del Te Deum es una versión en la mayor de When Thou tookest upon Thee para cuerda y bajo solista. Lo repentino de la muerte esta indicado por notas separadas abruptamente y el tono menor del siguiente verso, que rápidamente desemboca en una celebración en el tono alto con el coral Thou didst open the kingdom of Heaven. Oboes y cuerdas se unen a alto, tenor y bajo solistas en Thou sttest at the right hand of God, en si bemol mayor, acompañados solo por órgano continuo en la última y solemne afirmaciónde fe. Dos trompetas intervienen en lo que podría parecer el memorial de los dos mil hombres del rey que murieron en Dettingen si eso hubiera importado algo a sus contemporáneos. A continuación, un melancólico sol menor de líneas descendentes sugiere el tradicional lamento. El ambiente cambia con una trompeta solista en re mayor llevándonos a unas texturas de fuga homofónicas de la coral Day by day we magnify thee, sucedida por más escritura fugada. Las cuerdas y el bajo solistas ofrecen una plegaria en re mayor más solemne, tras la cual la obra concluye con unos versos finales en re mayor de una grandiosidad creciente, mientras el alto solista es seguido por un coro cuya música enfatiza el triunfo conmemorado.

Keith Anderson

Traducción: Rafael Suñén


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