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8.555241 - VILLA-LOBOS: Choros Nos. 8 and 9
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Heitor Villa-Lobos nació en Rio de Janeiro en 1887. Su padre, empleado de la Biblioteca Nacional, fue también músico aficionado, lo bastante entusiasta como para enseñar a su hijo el chelo, usando al principio una viola, más adecuada para el tamaño del niño. Villa-Lobos adquiriría más tarde el dominio de la guitarra y, en su adolescencia, un profundo conocimiento de la música popular de Rio, donde el Chôro se había convertido en una popular forma urbana de los músicos callejeros. Tras la muerte de su padre, abandonó pronto los estudios de medicina escogidos para él por su madre, en favor de la música, un objetivo que persiguió viajando a través de Brasil, aprendiendo de varias tradiciones folclóricas del país y escribiendo música propia completamente acorde con lo que había oído. Después de algunos años de esta existencia irregular, Villa-Lobos acometió un estudio más formal de la música en Rio, pero pronto lo dejó, prefiriendo la libertad y el desarrollo personal de su genio impaciente, que obtuvo una aceptación más general con una serie de conciertos dedicada a sus obras. Gracias a la defensa de Artur Rubinstein, quien había quedado impresionado por su primera música para piano, Villa-Lobos consiguió la ayuda de ricos patrocinadores, lo que le posibilitó para trasladarse a París en 1925, donde centró sus actividades de los años siguientes. Su regreso a Brasil en 1930 se probó permanente, aunque volvió a París, un sitio congenial para su talento, tan pronto como pudo. Fue durante estos años parisienses, interrumpidos por ocasionales vueltas a casa, cuando escribió los catorce Chôros, una serie de obras de varias combinaciones de voces e instrumentos, inspirada en la música popular de las calles de Rio de Janeiro. El cambio de gobierno en Brasil en 1930 afectó al futuro de Villa-Lobos, quien se fue involucrando cada vez más en la organización de la educación musical nacional, una tarea que siguió adelante con inspirado entusiasmo. Su reputación en el exterior creció rápidamente, mientras que en el interior ocupaba una posición inatacable como el jefe musical de su generación. Como compositor, Villa-Lobos estuvo enteramente imbuido de las tan variadas tradiciones de su país, amerindia, africana y portuguesa. Fue capaz de traducir esto en términos aceptables para la sala de conciertos y el teatro. Su música anterior a 1930 tiene fuertes rasgos de influencia francesa, o más bien de las influencias corrientes en París en el decenio de los veinte, en tanto que su obra posterior en Brasil incluiría esa síntesis fascinante de Brasil y Bach, Bachianas brasileiras, y una serie de composiciones en que hay una gran demanda de virtuosismo instrumental.

Los Chôros No.8 fue escrito en 1925, acabado en Rio de Janeiro, pero concebido en París. La danza Chôros está escrita para una gran orquesta, que incluye una sección de percusión de instrumentos brasileños, caracaxa, reco-reco, cuisa y matraca, conchas de tortuga, rascadores y tambores de timbre característico. La obra utiliza también dos pianos, el primero como instrumento solista y el otro sumado a la percusión. El ritmo insistente de la caracaxa, que abre los Chôros, es secundado por el contrafagot y el saxofón, con otros instrumentos de viento añadiéndose a la pintura del carnaval de Rio. Hay momentos de lírica tranquilidad, según progresa la música, regresando por medio de una extraña figura rítmica a un tono de creciente apasionamiento. Interviene una dramática marcha lenta, con el piano solo ganando mayor importancia, que lleva a una sección en el estilo del batuque, una danza de origen africano. Los Chôros No.8 ofrecen música de intensidad bárbara, de plantilla y ritmos exóticos, que plasman la propia familiaridad del compositor con la música de su país y con las técnicas orquestales y armónicas imperantes en París, donde el exotismo ruso de Stravinski había al principio chocado al público, para ser continuado por las composiciones más civilizadas de los Seis.

Los Chôros No.9, compuestos en 1929, pertenecen, como su predecesor numérico inmediato aunque no cronológico, No.8, al período parisiense del compositor, una época con viajes no sólo a casa sino a varias partes de Europa y Africa, la fuente original de un fuerte elemento de la música de Brasil. Villa-Lobos declaró que en los Chôros No.9 no había ficción, recuerdos o factores temáticos transfigurados, sólo ritmo y sonidos mecánicos, una descripción que puede dar cuenta modestamente del origen de la obra, pero que hace menos justicia a su contenido. Tras una apertura enérgica, los Chôros No.9 se deslizan a una apariencia más relajada. Volviendo a un solo de fagot que puede parecer de perfil extrañamente familiar, el tema es tomado luego por toda la orquesta. Un ritmo de marcha sincopado es interrumpido por un episodio que parece amagar algo distinto del vals que sigue, un solo de flauta introduce una sección en que los instrumentos brasileños de percusión aportan un acompañamiento en ostinato. A esto le siguen más episodios que encierran una amplia variedad de texturas y talantes, desde la parodia, pasando por momentos de lirismo, a ritmos de danza insistentes y muy característicos y una conclusión triunfal, unificado el material por un mismo idioma.

Versión española: Enrique Martínez Miura


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