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8.555246 - SCHREKER: Overtures
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Franz Schreker (1878-1934)

Preludio de Die Gezeichneten • Preludio de Das Spielwerk

Interludio sinfónico del Acto III de Der Schatzgräber

Obertura sinfónica Ekkehard, Op. 12 • Obertura Fantástica

No cabe duda de que Franz Schreker ha sido seriamente infravalorado como compositor y de que dicho olvido póstumo se debe en gran parte a su infortunio durante los últimos años de su vida, en un periodo en el que el nacionalsocialismo cobraba cada vez más importancia en Alemania. La carrera de Schreker y su reputación posterior también fueron víctimas de Hitler.

Hijo del fotógrafo de la corte, Schreker nació en Mónaco en 1878 y viajó extensamente durante su infancia. En 1892 empezó a estudiar en el Conservatorio de Viena, donde su profesor de composición fue Robert Fuchs. Ya por entonces tuvo cierto éxito: su Canción de amor para orquesta y arpa fue interpretada en Londres en 1896 por la orquesta de la Ópera de Budapest; le siguieron otras obras durante ese periodo, que culminó en 1900, año en el que terminó sus estudios, con el Salmo CXVI, composición con la que se graduó, una obra para coro femenino a tres voces, órgano y orquesta, que fue favorablemente recibida en su estreno en Viena por la Orquesta del Conservatorio.

Dos años màs tarde, en abril de 1902, se estren en privado la primera ópera de Schreker, Flammen (Marco Polo 8.223422), con el compositor al piano. Ese mismo año completó su Obertura Sinfónica, Ekkehard, Opus 12, basada en una obra de Viktor von Scheffel, un clásico de la literatura alemana del siglo XIX, en la que se evoca la vida en el sur de Alemania en el siglo X.

El primer gran éxito de Schreker llegó con Der Geburtstag der Infantin (El cumpleaños de la Infanta), un ballet escrito para Grete Wiesenthal basado en un impactante relato de Oscar Wilde que atrajo a otros compositores vieneses. Le siguió la ópera Der ferne Klang (Naxos 8.660074-75), interpretada en Frankfurt am Main en 1912 con tal éxito que bastó para que el compositor fuera nombrado profesor en la Academia de Música de Viena. Aunque cosechó más éxitos en los teatros de ópera, su Das Spielwerk und die Prinzessin, bien acogido en Frankfurt, provocó un escándalo en la Ópera de la Corte de Viena en 1913. Consistía originalmente en un prólogo y dos actos, pero fue revisada en 1916 y convertida en un "Mysterium" en un acto, formato en el que fue interpretada en Munich después de la guerra.

Terminó Die Gezeichneten (Marco Polo 8.223328-30), su siguiente ópera, sobre un libreto propio, al igual que la anterior, en 1914 y se estrenó tres años más tarde en Frankfurt. Su siguiente ópera, en cuatro actos, fue Der Schatzgräber, estrenada también en Frankfurt, bajo la dirección de Ludwig Rottenberg.

En 1920 Schreker fue nombrado director de la Musikhochschule de Berlín, puesto que desempeñó hasta 1932, cuando la creciente hostilidad antisemítica le obligó a dimitir. Su renuncia forzosa de la Academia Prusiana de las Artes en 1933 le ocasionó un ataque al corazón y, finalmente, la muerte. Los últimos años de su notable carrera fueron afectados por manifestaciones en contra de su obra. En 1931 se canceló su ópera Christophorus, como resultado de la influencia de los nacionalsocialistas y un año más tarde hubo manifestaciones durante las representaciones de su última ópera, Der Schmied von Gent, en la Ópera Alemana de Berlín.

Der ferne Klang sigue siendo la ópera más conocida de Schreker, aunque su favorita era Das Spielwerk, nombre de la revisión de Das Spielwerk und die Prinzessin. La acción de ésta, mal recibida en Viena, tiene lugar en la Edad Media y se centra en un instrumento musical imaginario, un carillón de campanas, creado por el viejo maestro artesano Florián. El país está gobernado por una malvada princesa, en cuyo poder están la mujer y el hijo de aquél. Durante sus salvajes orgías, la princesa ha abusado del sonido de las campanas, que han perdido su pureza, pero su música se renueva momentáneamente con la aparición de un flautista ambulante, a quien Florián entretiene en su casa. La ópera original acababa en tragedia con la destrucción de las campanas y la casa del artesano. La versión revisada, sin embargo, sustituyó ese final con otro más sereno.

La primera versión de Das Spielwerk und die Prinzessin empezaba con un prólogo en el que se veía cómo cuatro hombres fabricaban un féretro a la luz de las antorchas. Estos hombres reaparecían más tarde, portando el cuerpo del hijo del Maestro Florián. En la fantasmagórica escena del prólogo desaparecen en la oscuridad con su carga, mientras la lenta Obertura comienza. A esta música le sigue, al alzarse el telón, una escena en la que se ve el castillo, al fondo, y, delante, la vieja casa del artesano.

Die Gezeichneten (un título difícil de traducir: "Los marcados" o, tal vez, "Los condenados") debe su origen a la petición que le hizo el compositor Zemlinsky de un libreto que tratara de la tragedia de un hombre feo. Schreker escribió un texto, que utilizó él mismo, en el que el deformado héroe contrasta con la belleza de la Génova renacentista. El relato trata de la rivalidad entre Alviano Salvago, un noble tullido, y el Conde Andrea Vitelozzo Tamare, un experto seductor. Ambos se disputan el amor de Carlotta Nardi, la hija del Podestà de Génova, Lodovico Nardi. El conflicto acaba en tragedia en una gruta subterránea, marco de las orgías de los jóvenes de Génova. El Preludio de Die Gezeichneten, que empieza de modo tranquilo, utiliza el material temático que representa a Alviano y Carlotta y la música asociada con el disoluto Tamare.

Der Schatzgräber (El buscador de tesoros) debió gran parte de su éxito a su tema medieval y al uso, una vez más, del simbolismo de los cuentos de hadas alemanes, todo ello en un relato que Schreker tal vez encontró en las obras de Heine. La ópera empieza con un Prólogo en el que el rey anuncia que las joyas de la reina se han perdido. El bufón aconseja que se llame al cantante, pues seguro que cuando toque el laúd aparecerán. Como recompensa por sus consejos, aquél exige que se le otorgue una esposa, una idea que le llena de tanta alegría que empieza a bailar. El interludio sinfónico del acto III acompaña a una escena nocturna en la que la luna desaparece y se hace la oscuridad total. Se acerca el alba. Els, a la que se toma por hija del tabernero, deposita a los pies del cantante, el amado Elis, las joyas de la reina, que han llegado hasta ella y le pide que se las lleve a la reina. Aunque parece que todo va a acabar bien, en el cuarto acto aparece la tragedia cuando Els, acusada de brujería, se salva de la hoguera gracias a la intervención del bufón, que la reclama como esposa. Elis, ya viejo, llega, durante su deambular, a la morada del bufón en la montaña y canta una canción que habla de un país fantástico en la que Elis y Els, príncipe y princesa, consiguen el tesoro de la buena fortuna a pesar de las desgracias de la vida. Mientras, el bufón acaba la acción pronunciando un amén final.

Ekkehard, escrita en 1857 por Viktor von Scheffel, es un romance situado en el siglo X y fue una las novelas alemanas más leídas a finales del siglo XIX. Scheffel, abogado de profesión y pintor y poeta por vocación, dejó su puesto en los servicios jurídicos de Baden en 1853 para dedicarse a la literatura. Al año siguiente publicó su poema narrativo Der Trompeter von Säckingen y tres años más tarde el romance histórico ya mencionado, basado en las vidas unidas de Ekkehard I y su sobrino Ekkehard II, dos monjes del monasterio de San Gall. El Ekkehard de Scheffel, descrito en el Klangstil de la Obertura sinfónica de Schreker, es un monje joven que ha sido elegido como profesor de latín de la Duquesa Hadwig de Suabia. Entre los dos surge el amor, algo de lo que no se da cuenta Ekkehard hasta que mide su destreza con las armas en la batalla contra los hunos. Intenta abrazar a la Duquesa, que lo rechaza, y es hecho prisionero. Más tarde se escapa y vence sus pasiones en la soledad, haciéndose ermitaño. Al final vuelve para convertirse en el Canciller del Emperador. La música sigue sus avatares, desde el medievalismo monástico de los primeros acordes, a través de la batalla, hasta concluir serenamente.

Schreker escribió su Obertura Fantástica en 1903. La obra demuestra su habilidad para manejar la orquesta en una música cuyo título no es claramente programático, pero que, aun así, parece seguir un discurso narrativo.

Richard Long

Traducción: Carlos Fernández Aransay


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