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8.555304 - PUCCINI: Messa di Gloria / Preludio Sinfonico
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Giacomo Puccini (1858-1924)

Messa di Gloria • Preludio Sinfonico • Crisantemi

Giacomo Puccini, bautizado con los nombres de Antonio Domenico Michele Secondo Maria en 1858, heredó con estos nombres las largas tradiciones musicales de su familia. Residente en Lucca, el anterior Giacomo Puccini, nacido allí en 1712, sirvió como organista en S. Martino y dirigió la Cappella Palatina hasta su muerte en 1781, cuando fue sucedido por su hijo Antonio, que había sido ayudante de su padre en S. Martino y que, como su padre, fue un miembro de la distinguida Accademia Filarmonica de Bolonia. Su hijo Domenico, nacido en 1772, dirigió la Cappella di Camera desde 1806, tras el desmantelamiento de la anterior Cappella Palatina por parte de la hermana de Napoleón, Elise Baciocchi, que pasó a ser Regente de Lucca en 1805. Domenico Puccini murió repentinamente en 1815 y le sobrevivió su padre, que murió en 1832. Michele, el hijo de Domenico Puccini, nació en 1813, estudió con su abuelo Antonio y trabajó en Lucca como profesor y más tarde como director del Istituto Musicale Pacini y como organista en S. Martino. Fue su hijo Giacomo el que reportó una fama mucho mayor a la familia.

Anteriores generaciones de la familia Puccini se habían ocupado en gran medida de la música sacra, aunque también habían compuesto movimientos para Tasche dramáticas, obras mixtas corales e instrumentales para celebrar las elecciones bianuales en Lucca. Domenico, al tiempo que continuaba la tradición de la música sacra y las Tasche, también prestó una atención más intensa a la ópera, una forma abordada sólo brevemente por su hijo Michele. La tradición familiar sugería que Giacomo Puccini habría de seguir los pasos de sus antepasados en el restringido mundo musical de Lucca, pero sus ambiciones habrían de encaminarse en otra dirección, cuando se trasladó a Milán para proseguir con sus ambiciones operísticas.

La posición de organista en S. Martino estaba considerada generalmente como el derecho hereditario de la familia Puccini y en 1864, tras la muerte de su padre, las autoridades de la ciudad decretaron que Fortunato Magi, tío de Puccini y discípulo de Michele Puccini, habría de ocupar el puesto hasta que Giacomo tuviera la edad suficiente como para hacerlo él. Sus primeros estudios fueron con Magi, antes de que encontrara en el Istituto Musicale Pacini un profesor más estimulante en otro de los antiguos discípulos de su padre, Carlo Angeloni, que también inspiró en su alumno un interés perdurable por cazar y disparar. Puccini había sido corista de S. Martino y S. Michele desde la edad de diez años y empezó a asumir responsabilidades como organista cuando cumplió catorce. Estas últimas le hicieron escribir música para órgano, pero fue una visita a Pisa en 1876 para asistir a una representación de Aida de Verdi lo que finalmente cambió la dirección de su futura carrera. En 1880 completó sus estudios en Lucca, graduándose con su Messa di Gloria. En el otoño de ese año comenzó sus tres años de estudio en el Conservatorio de Milán. En 1884 su ópera Le Villi obtuvo un cierto éxito, pero fue con Manon Lescaut en 1893 como su reputación pareció establecerse finalmente. Ésta se vio seguida de una serie de óperas que conservan su posición central en el repertorio italiano. Su última ópera, Turandot, en la que buscó un nuevo desafío, quedó incompleta en el momento de su muerte en 1924, pero dejó escrito lo bastante de ella como para que la obra fuera completada por Franco Alfano y representada en 1926.

La Messa di Gloria de 1880, una obra que marcó el final del período de aprendizaje de Puccini en Lucca, sólo volvió a salir a la luz en la década de 1950 gracias a un sacerdote americano, el Padre Dante del Fiorentino, que la encontró durante unas investigaciones realizadas en Italia para escribir una biografía del compositor. La Misa se vale de un Motete y un Credo escritos en 1878 para la fiesta de S. Paulino. La obra está escrita para tenor y barítono solistas y coro mixto a cuatro voces, con orquesta sinfónica. Hay una introducción instrumental al Kyrie, que prefigura algo de lo que habrá de llegar. El Christe eleison tiene un comienzo más enérgico según van entrando una voz tras otra en orden ascendente, separadas por un tono o un semitono, formando un clímax dramático, que se apacigua para el regreso del Kyrie.

La música del Gloria aporta la porción más sustancial de la obra. Hay un desplazamiento de la tonalidad de La bemol mayor a un alegre y animado Do mayor, con las sopranos y las contraltos respondidas por tenores y bajos, antes de que todos se unan jubilosos. Las palabras Et in terra pax traen un regreso a La bemol mayor y una relajación de la tensión, ascendiendo hasta un clímax dinámico mientras las llamadas de trompeta introducen el Laudamus te. En las palabras Adoramus te la cuerda y la madera acompañan una música más suave, que da paso al solo de tenor coloristamente armonizado en Re bemol mayor, Gratias agimus tibi. La atmósfera y tonalidad iniciales se recuperan en las palabras Gloria in excelsis Deo, con un Domine Deus, rex cœlestis suavemente melodioso. Los bajos introducen el Qui tollis peccata mundi en Fa mayor, una sección característicamente operística digna de Verdi. Fagotes, trompas, trombones y tuba prestan fuerza a la rotunda música en Do mayor de Quoniam tu solus sanctus. Puccini reserva su talento contrapuntístico para el Cum Sancto Spiritu final, una fuga introducida por los bajos, seguidos por los tenores, contraltos y sopranos, encaminándose hacia lo que promete ser una doble fuga, con un segundo sujeto derivado del comienzo. Esto da paso a una escritura homofónica antes de que reaparezca triunfalmente la fuga original.

El Credo en Do menor se abre al unísono, una enfática declaración de fe. El Et incarnatus en Sol mayor, tenue como debe ser, está confiado al tenor solista, con el solo acompañamiento de las voces del coro. Los instrumentos regresan en la repetición de Ex Maria virgine y hay un ensombrecimiento de la atmósfera para el Crucifixus en Sol menor para el bajo, con los sombríos monotonos de Passus et sepultus est, acompañado de una línea descendente para el primer violín. El modo menor continúa en las enérgicas entradas imitativas de Et resurrexit, desplazándose de Do menor a la tonalidad de La bemol mayor para la escritura homofónica de Et unam sanctam catholicam y el optimismo de Et expecto resurrectionem mortuorum, anunciado por las trompetas. Éste va seguido del alegre Do mayor de Et vitam venturi saeculi.

El delicado Sanctus en Sol mayor y el fuertemente expuesto Pleni sunt cæli van seguidos del solo de barítono en Mi bemol mayor del Benedictus, coronado por el Hosanna final coral. La música concluye con un Agnus Dei en Do mayor, ya familiar gracias a su posterior transformación operística como el madrigal del segundo acto de Manon Lescaut. Éste comienza con un solo de tenor e introduciendo un pasaje para barítono solista, antes de que los dos solistas se unan en una música que trae inevitables sugerencias de Verdi.

El Preludio Sinfónico de Puccini fue escrito en 1876 y sugiere la familiaridad del compositor con la música de Wagner, aunque indicando parte de su propio lenguaje musical en evolución. Instrumentado para una gran orquesta y en la tonalidad de La mayor, se abre suavemente en la madera, respondida a manera de eco por la cuerda. La obra avanza gradualmente hacia un grandioso clímax dinámico, seguido de una delicada conclusión, recordando la atmósfera y los elementos temáticos del comienzo.

Crisantemi (Crisantemos) fue escrita en 1890 para cuarteto de cuerda, una elegía para Amedeo de Saboya, el Duque de Aosta. Obra breve y cargada de intensidad emocional, le sirvió a Puccini cuatro años más tarde para resaltar el patetismo del encarcelamiento y la deportación de Manon en la ópera Manon Lescaut.

Keith Anderson

Traducción: Luis Gago


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