About this Recording
8.555354 - LISZT: Beethoven Symphonies Nos. 1 and 3 (Transcriptions) (Liszt Complete Piano Music, Vol. 18)
English  French  German  Spanish 

Franz Liszt (1811-1886)

Transcripciones para piano de las sinfonías de Beethoven

Sinfonía nº 1 en do mayor, opus 21. Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, opus 55 (Eroica)

"Sgambati continúa admirablemente y crescendo. He aquí el primer programa de la Academia Sinfónica en la Galería Dante, con la sinfonía Eroica. Es la primera vez que la gran obra se toca en Roma y notablemente bien, se lo aseguro. Repetida y gradualmente las demás sinfonías de Beethoven serán interpretadas y escuchadas".

Franz Liszt: carta a Sándor von Bertha. Roma, 16 de diciembre de 1866.

Nacido en Raiding, Hungría, en 1811, el hijo de Adam Liszt, un mayordomo de los antiguos patronos de Haydn, los príncipes Esterhazy, Franz Liszt fue precozmente apoyado por miembros de la nobleza húngara, lo cual le permitió en 1822 trasladarse a Viena, para tomar lecciones con Czerny y tener un célebre encuentro con Beethoven. Luego se trasladó a París, donde Cherubini vetó su ingreso en el Conservatorio. No obstante, la audiencia de su prueba quedó impresionada y la empresa Erard, fabricante de pianos, lo contrató para un viaje de conciertos. En 1827 murió su padre y Franz se reunió con su madre en París, donde tuvo tiempo de estudiar, leer y frecuentar los medios intelectuales. Su interés por el virtuosismo se renovó al escuchar al gran violinista Paganini, cuyos recursos técnicos eran inigualables.

En los años siguientes compuso diversas obras, incluyendo transcripciones de canciones y fantasías de óperas, como parte del repertorio de un virtuoso. Sus relaciones con una mujer casada, la condesa Marie d´Agoult, lo obligaron a dejar París y emprender una serie de viajes, primero por Suiza, luego un retorno a París, más tarde por Italia, Viena y Hungría. En 1844 rompió su vínculo con su amante, madre de sus tres hijos, y siguió sus viajes de conciertos hasta 1847, cuando se vinculó con la princesa Carolina de Sayn-Wittgenstein, una heredera polaca, casada con un príncipe ruso. En los años siguientes vivió con ella en Weimar, la ciudad de Goethe, donde dirigió su atención hacia un nuevo tipo de música orquestal, el poema sinfónico y, como siempre, a la revisión y publicación de sus obras anteriores.

En 1861, con cincuenta años, marchó a Roma, siguiendo a Carolina, que se había instalado en dicha ciudad un año antes. El divorcio y la anulación matrimonial les permitieron casarse, aunque siguieron viviendo en departamentos distintos de la misma capital. Liszt llegó a tomar las órdenes menores y dividió su tiempo entre Weimar, donde actuó como consejero de la nueva generación, Roma, donde estaba el centro de sus intereses religiosos, y Pest, donde volvió convertido en héroe nacional. Murió en 1886 en Bayreuth, donde su hija Cósima, antigua mujer de Hans von Bülow y viuda de Richard Wagner, se dedicaba a propagar la obra de su difunto marido.

Según el preciso relato de Liszt, desde su encuentro con Beethoven medio siglo antes, y por consejo de su maestro Czerny, siguió manteniendo el mayor respeto por la obra beethoveniana, una reverencia que se prueba por su empeño en erigir monumentos al músico en Bonn y Viena, la organización de festivales Beethoven y la inclusión de partituras beethovenianas en sus propios conciertos de piano. Entre sus efectos personales más preciados figuraba una mascarilla mortuoria de Beethoven, que desde 1860 siempre estuvo sobre su piano Broadwood y que, a su muerte, la Sayn-

Wittgenstein y su hija, la princesa Hohenlohe, donaron al Museo Nacional de Budapest.

Durante el verano de 1837, que pasó en la casa de campo de George Sand, en Nohant, acompañado por la d´Agoult, Liszt trabajó en las transcripciones de la quinta y la sexta sinfonías de Beethoven, que publicó en 1840, junto con una transcripción de la séptima. Tres años más tarde transcribió la marcha fúnebre de la tercera. Estos trabajos fueron revisados más tarde y les añadió las transcripciones de las restantes sinfonías, incluida, tras algunas reticencias, la novena o Coral. Las nuevas transcripciones fueron hechas en 1863 y 1864. El último movimiento de la novena sinfonía, sobre el que le cabían dudas, fue agregado en 1865. En 1863 Liszt se había retirado al monasterio de la Madonna del Rosario, en el Monte Mario, cerca de Roma, donde se alojaba una comunidad religiosa. Allí ocupaba una habitación muy sencilla, con un pequeño y defectuoso piano. Su vida relativamente tranquila era interrumpida con frecuentes visitas, entre ellas una muy significativa, la del Papa Pío IX. Urgido por el editor Breitkopf und Härtel, se dedicó a revisar sus transcripciones de Beethoven y completar la serie, que fue publicada en 1865 con una dedicatoria a su yerno, el director Hans von Bülow.

Las transcripciones hablan por sí mismas. Liszt es minucioso en la aplicada reproducción del fraseo original y sus indicaciones. Los críticos han comparado sus trabajos con las anteriores transcripciones del pianista Kalkbrenner, un pionero en esta materia, juzgando superiores las de Liszt. No le preocupan, en principio, los despliegues de técnica pianística, más allá de lo imprescindible. Se concentra en los problemas de equilibrio sonoro, en la digitación detallada y en la distinción entre las distintas partes.

En la transcripción de la primera sinfonía destaca el cuidado puesto en el sugestivo fraseo, como también en distinguir el primero y el segundo tema del primer movimiento, con sus contrastes de staccato y legato. Los acompañamientos están resueltos en términos pianísticos, con los necesarios cambios de exposición que permitan una completa claridad de escritura. Tal claridad es particularmente evidente en el comienzo contrapuntístico del segundo movimiento, donde Liszt llega al corazón de la música. El Minuetto recuerda a las sonatas del mismo periodo, cuyo trío exige, en la transcripción, el añadido de un pentagrama. La introducción del último movimiento, que parece más vacilante de lo acostumbrado, es seguido por una transcripción idiomática del siguiente Allegretto molto e vivace, donde Liszt elude hábilmente cualquier indebido espesamiento de la textura.

La sinfonía Eroica exige mucho del transcriptor. Aquí, más que en otros casos, Liszt se muestra capaz de captar la esencia de la obra, obteniendo sonoridades por medio de la síncopa y de la división de las octavas, sin oscurecer la textura y evitando la excesiva oscuridad de las partes graves que se advierte en las transcripciones para piano a cuatro manos, que son las más conocidas. La marcha fúnebre conserva toda su tensión original, con las cuerdas que puntúan la repetición del tema central a cargo del oboe. La sección principal del trío, marcada dolce cantando, obtiene su efecto propio ajustando la quebrada tríada de los violines. En este movimiento, la escritura contrapuntística está plena y efectivamente desarrollada, mostrando Liszt a menudo con ello, su entendimiento de la obra, dadas sus frecuentes omisiones. El Scherzo, como ocurre a menudo con esta forma, sirve para encuadrar al Trío, con las características figuraciones de las tres trompas. Las prometeicas variaciones del Finale, tras el inicial florilegio y el anuncio del esquemático bajo del tema, trae un límpido despliegue del contrapunto, aquietándose en la sexta variación del Poco andante y en la totalidad de la séptima, antes de la exigente escritura en octavas del conclusivo Presto.

Keith Anderson

Traducción: Blas Matamoro


Close the window