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8.555392 - RUBINSTEIN, A.: Symphony No. 2, "Ocean" (Slovak Philharmonic, Gunzenhauser)
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La música rusa y la música en Rusia deben mucho a Anton Rubinstein. Sin embargo, y a lo largo de su vida, vió como se le situaba en oposición al erudito Grupo Poderoso de Stasov, liderado por Balakirev, mientras una generación de músicos más jóvenes, según nos cuenta Stravinski, usaban su nombre para referirse a cualquier cosa que fuese rimbombante. "C’est Rubinstein" significaba la condena definitiva para una nueva composición que hubiese fracasado. Las subsiguientes opiniones musicales han seguido esta tendencia, continuando la denigración de Rubinstein, condenado por su facilidad pero, a la vez, por la complicidad técnica de sus composiciones y por el obvio virtuosismo de sus interpretaciones al piano. Liszt, temiendo quizás un rival acechando su trono, hablaba de él como un "pseudomúsico del futuro"; Cesar Cui se refirió a él no como a un compositor ruso sino como a "un ruso cualquiera que compone y cuya música guarda más relación con la de Alemania". Las pullas de este tipo han continuado. Sacheverell Sitwell, en su biografía de Liszt, describía a Rubinstein como una "fuente de mala música", mientras que un estudioso tan eminente como Gerald Abraham se ha podido referir a él como "un muy competente imitador de Mendelssohn o Schumann".

No hay duda que buena parte del prejuicio contra Rubinstein venía fomentado por el antisemitismo. La emancipación judía trajo cierto grado de libertad, derechos políticos y más oportunidades, pero la hostilidad, la sospecha y el recelo se mantenían. Rubinstein, además, como Mendelssohn, era algo así como un cosmopolita, en sus propias palabras "considerado un ruso en Alemania y un alemán en Rusia".

Anton Rubinstein nació en el distrito de Podolsk en la Rusia de 1829. Dio clases de piano con su madre antes de estudiar con Alexandre Villoing en Moscú. Su primer concierto fue a los nueve años y tras él emprendió una gira europea. En Paris conoció a Liszt y a Chopin, en Holanda a miembros de la familia imperial rusa y en Inglaterra a la reina Victoria. En 1844 su familia se instaló en Berlín, donde Rubinstein pudo recibir las lecciones del profesor de Glinka, Siegfried Dehn, durante dos años. En 1846 murió su padre. La familia, incluyendo a su hermano más joven, Nikolai, regresó a Rusia mientras Anton se mudaba a Viena saliendo adelante como pudo. Unos años después criticaría a Liszt por no ofrecerle ayuda en aquella época. En 1846 había tocado para Liszt, que era bien conocido por el impulso que daba a los músicos jóvenes. Posiblemente Liszt detectó en Rubinstein a un competidor. "Un hombre con talento debe conseguir el premio a sus ambiciones por sus propios medios" fue su comentario. Dos meses después visitó a Rubinstein, en su ático de Viena, "acompañado por su séquito habitual, que le seguía allá donde iba". La visita no tuvo ningún resultado práctico, y Rubinstein se vio obligado a continuar "mediante su propio esfuerzo".

Rubinstein pasó el invierno de 1848-1849 en Rusia. Un encuentro con la gran duquesa Elena Pavlovna, cuñada del zar y princesa de Saxe-Altenburg, desembocó en un patrocinio continuado. Rubinstein recibió un apartamento en uno de sus palacios y se convirtió, en sus propias palabras, en "su proveedor musical". La relación se reveló crucial. Con su apoyo se trazaron planes para introducir cambios en la educación musical rusa que dieron como resultado la creación, en 1859, de la Sociedad Musical Rusa, promotora de conciertos dirigidos por Rubinstein mientras, en 1862, se fundaba el Conservatorio de San Petersburgo, del que Rubinstein fue el primer director y Chaikovski uno de sus primeros alumnos. En 1867 renunció a ambos puestos, aunque volvería como director del Conservatorio veinte años más tarde, después de una carrera en la que se estableció como uno de los grandes pianistas de la época, como compositor de reconocimiento internacional y como director de orquesta. El día de su jubilación, en 1889, disfrutaba de la mayor fama. A pesar de ello, la Sociedad Sinfónica Nocturna organizó, dos semanas después de su muerte, un concierto en su memoria que no consiguió atraer al público. "Demasiado para el famoso amor del público hacia Rubinstein", remarcaba Yestrebstev, memorialista de Rimski-Korsakov.

Anton Rubinstein fue sin duda un compositor prolífico. Cuando alguien preguntaba a su hermano Nikolai, fundador del conservatorio de Moscú, acerca de su propio trabajo como compositor, negaba cualquier ambición en este campo, pues su hermano había compuesto como tres de ellos. Sus obras incluyen óperas, cinco conciertos para piano, media docena de sinfonías, música de cámara, canciones, piezas para piano, y obras corales.

La Segunda Sinfonía, conocida como Sinfonía del Océano, creció y creció, adquiriendo más movimientos con cada revisión. La primera versión se completó en 1851, un año después de la Primera Sinfonía, y se componía de cuatro movimientos. La segunda versión, en seis movimientos, se completó en 1863, y la versión final, en siete movimientos, en 1880, el año de la Quinta Sinfonía.

Los siete movimientos de la versión final de la Segunda Sinfonía representan los Siete Mares. El movimiento de apertura ofrece una evocativa imagen del mar, suavemente conducido, y hay que reconocer que con mucho de la claridad de forma y textura que Mendelssohn habría admitido. Su conclusión triunfante abre camino a un ambiente más contemplativo de contraste casi siniestro. Las aguas subyacen para permitir un tercer movimiento más alegre, en el cual las tormentas pueden seguir introduciendo cualquier turbulencia calmada por la serenidad del oboe y la melodía rapsódica de las cuerdas. De cualquier modo el peligro potencial del mar permanece hasta los últimos compases del movimiento. A continuación hallamos un fresco Allegro, con una invención melódica rusa digna de Chaikovski subyaciendo durante todo el movimiento. Hay algo casi operístico en el dramático Andante que viene a continuación, tanto en la línea melódica como en las reminiscencias del material anterior. El sexto movimiento de la sinfonía es un Scherzo, en el que Chaikovsky detectó una alegre danza de marineros, que abre el camino a un agradable Trío. El último de los siete movimientos trae al viajero de los Siete Mares de nuevo al hogar, el peligro pasa y las tormentas se olvidan.

Keith Anderson

Traducción: Rafael Suñén


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