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8.555416 - WIDOR: Piano Trio, Op. 19 / Piano Quintet, Op. 7
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Charles-Marie Widor (1844 - 1937)

Quinteto en Re menor, Op. 7

Trío en Si bemol mayor, Op. 19

Quienes lo conocieron, definieron a Charles-Marie Widor como un hombre de una personalidad cautivadora. Tras una apariencia de reserva natural, era a la vez ingenioso y afectuoso, enérgico pero espiritual. Tenía un vivo interés por la literatura y todas las artes, y era una compañía amena y bien informada. Los músicos con los que mantuvo una relación personal abarcan las generaciones que van de Rossini a Milhaud. Entre sus colegas más íntimos figuran Gounod, Delibes, Massenet y Saint-Saëns. Como profesor fue a la vez exigente y dedicado, y sus esfuerzos demostraron ser de enorme importancia: entre los organistas que formó podría citarse a Charles Tournemire, Marcel Dupré y Albert Schweitzer; entre sus estudiantes de composición sobresalen los nombres de Arthur Honegger y Darius Milhaud. Como compositor cultivó esos valores que se han tenido en gran estima desde hace mucho tiempo en Francia y que se han asociado con el arte francés de todos los tipos: lógica, claridad, moderación y equilibrio. En cuanto a sofisticación y consumada maestría, la mejor comparación posible es la que puede hacerse entre su música y la de Saint-Saëns. En 1914 Widor fue nombrado secretario permanente de la Academia de Bellas Artes, uno de los honores más altos que pueden concederse a un músico francés.

A lo largo de una extensa y prolífica carrera, Widor compuso en todos los géneros. De su pluma salieron dos ballets, La korrigane y Jeanne d'Arc, tres óperas, Maître Ambros, Les pêcheurs de Saint-Jean y Nerto, y música incidental para Conte d'Avril y Les Jacobites. Escribió dos sinfonías para orquesta y tres para órgano y orquesta, el poema sinfónico La Nuit de Walpurgis, una Ouverture espagnole y cinco obras concertantes, incluidos conciertos para piano y violonchelo. También compuso música para piano solo, obras vocales sacras y profanas y un gran número de piezas camerísticas. Todo ello, olvidado actualmente en gran medida, se ha visto eclipsado por su descollante reputación como compositor de música organística.

Es natural que las primeras experiencias musicales de Widor contaran con la participación del órgano. Su abuelo era un organero de origen húngaro. Su padre continuó la profesión familiar y también ofreció conciertos como intérprete. De él recibió Widor sus primeras clases de música. Continuó sus estudios en Bruselas con Jaak Nikolaas Lemmens, un distinguido organista y profesor cuyo linaje musical se remontaba directamente a Bach y que le inculcó la tradición alemana y llena de autoridad de la interpretación bachiana. Mientras estaba en Bruselas, el joven Widor expandió aún más sus horizontes musicales estudiando composición con el renombrado François-Joseph Fétis.

Tras su regreso a París, Widor sucedió a Léfébure-Wély en 1870 como organista de Saint-Sulpice y ocupó ese puesto durante 64 años, pasándoselo a la edad de 90 años a Marcel Dupré. Sucedería a Franck como catedrático de órgano del Conservatorio de París en 1890 y seis años después haría lo propio en la cátedra de composición de Théodore Dubois.

Como organista, Widor exhibía un prodigioso virtuosismo. Uno de sus discípulos predilectos, Louis Vierne, describió su manera de tocar como animada pero sin apresuramiento. Su sentido de la exactitud rítmica aportaba tanto claridad como fuerza a su ejecución. Poseía unas grandes dotes de improvisador y durante la década de 1870, cuando Fauré era organista de coro en Saint-Sulpice, los dos compositores compitieron animadamente. Al tomar el órgano moderno por una suerte de orquesta autosuficiente, Widor reconoció que su potencial excedía con mucho los límites del antiguo estilo polifónico alemán y se dispuso a crear un nuevo repertorio que bebería de los vastos y gloriosos recursos tímbricos del instrumento. Al hacerlo así creaba un nuevo género, la sinfonía para órgano francesa, y toda una escuela de composición.

Widor compuso diez sinfonías para órgano solo. Las primeras habrían de designarse más correctamente como suites sinfónicas para órgano, ya que ésta es su secuencia de movimientos en la forma de preludios, marchas, pastorales, intermezzos, toccatas y fugas. Sólo en las tres últimas, cada una de ellas en cuatro movimientos, se logra una cohesión verdaderamente sinfónica. Las sinfonías ejercieron una profunda influencia en la música organística francesa posterior y crearon una escuela notable por su belleza tonal y sus brillantes efectos. Su ejemplo ha sido emulado en numerosas ocasiones, especialmente por parte de los compositores franceses y belgas, aunque raramente ha sido igualado. Tal es, sin embargo, el renombre de las obras para órgano que resulta sorprendente que Widor no escribiera nada más para el instrumento.

Aunque olvidada hoy día, la contribución de Widor a la música de cámara es considerable. Las obras camerísticas incluyen dos quintetos con piano, un cuarteto con piano, un trío con piano, dos sonatas para violín, una sonata para violonchelo, Soirs d'Alsace para trío con piano y varias suites para diversas combinaciones instrumentales. Aquí exhibe una elegancia melódica que es típicamente francesa. Hay a menudo una atractiva delicadeza en la textura y el timbre, aunque una sensación de vigor impregna gran parte de la música y en los pasajes de fuerza emerge una plenitud sonora que es decididamente romántica. Teniendo en cuenta que Widor se convirtió en uno de los más grandes organistas de Francia, no es en absoluto sorprendente que su escritura para teclado muestre un considerable virtuosismo y que sus armonías sean ricas y plenas.

El Quinteto en Re menor, Op. 7, se ha fechado conjeturalmente en torno a 1890, lo que lo situaría entre las primeras obras camerísticas de Widor, contemporánea del cuarteto de cuerda de Franck y el Concert de Chausson. Dedicado a Charles Gounod, requiere la plantilla habitual de piano, dos violines, viola y violonchelo, y se ajusta al modelo consolidado en cuatro movimientos. Debido a la complejidad y la brillantez de la parte de piano, que está ricamente arpegiada y es armónicamente exuberante, la cuerda desempeña a menudo un papel de apoyo, con una escritura más del tipo orquestal que el lenguaje convencional más característico de la música de cámara. El Allegro inicial posee un aire marcial. La amplia dinámica, meticulosamente indicada en la partitura, subraya la atmósfera colorista y dramática. El rasgo más sobresaliente del Andante es su elegancia melódica; aquí un intercambio entre los instrumentos crea una mayor sensación de intimidad. La tonalidad se desplaza a la brillante tonalidad de La mayor en el animado scherzo, Molto vivace. Una gran parte de este movimiento se toca pianissimo, y la alternancia de cuerdas frotadas y pulsadas produce un efecto de rápida delicadeza. El finale, Allegro con moto, comienza con un tema vigoroso, anunciado al unísono. El segundo tema aparece en el violonchelo, acompañado por figuras arpegiadas en el piano. Tras un habilidoso desarrollo polifónico, que podría sugerir la educación de Widor en la tradición bachiana, el quinteto llega a una poderosa y resonante conclusión.

Aunque lleva un número de opus más alto, el Trío en Si bemol mayor, Op. 19, es probablemente la más antigua de las obras de cámara publicadas de Widor. Compuesto en 1875, quizás quince años antes del quinteto, es también una obra de proporciones generosas. Con apoyo armónico del piano, la cuerda al unísono anuncia el tema inicial del Allegro. Sigue una idea semejante a un recitativo para violín y violonchelo con interrupciones a cargo del piano. Como es característico, el segundo sujeto despide una sensación de elegancia. En su empleo de un ritmo de siciliano, el segundo movimiento tiene su origen en la suite de danzas barroca. D’Indy haría una reverencia al pasado cuando compuso su Suite dans le style ancien en 1886. La impresión es de delicadeza y de matices medidos cuidadosamente, aunque su apacible estado de ánimo da lugar a momentos de gran intensidad. Sobre un acompañamiento de la cuerda tocado pizzicato y arco, el piano anuncia el bien definido tema del scherzo, marcado Vivace. Le sigue un animado diálogo instrumental. Curiosamente, el trío realiza una falsa entrada en Sol menor del scherzo antes de modular a Mi bemol mayor. Una sensación de juvenil vitalidad y frescura invade el fluido tema del rondó del Presto final. Con cada reaparición de este tema no se pierde nada de su leve ligereza. Su vitalidad caracteriza el trío en su conjunto e infunde a esta pieza camerística precursora de Widor una agradable sensación de confianza y maestría.

(Traducción: Luis Gago)


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