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8.555956 - GRANADOS, E.: Spanish Dances (orch. R. Ferrer)
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Enrique Granados (1867-1916)

Danzas Españolas (orquestadas por Rafael Ferrer)

Enrique Granados nació en Lérida el 27 de julio de 1867. Durante su infancia, pasó unos años en las islas Canarias, época que siempre añoró como un paraíso perdido. La inclinación hacia la música se manifestó muy pronto, pero lo principal de su formación académica se lo debió a Joan Baptista Pujol. Felipe Pedrell, uno de los padres fundadores de la música española contemporánea, se interesó por el joven al oírle tocar el piano en un concurso. En 1886, Granados tuvo que ganarse la vida como pianista de un café, pero en 1887 el joven músico se mudó a París, donde amplió estudios con Bériot. Se trató con el pianista Ricardo Viñes, con el que dio varios conciertos a dúo, y también cayó bajo los influjos conservadores de la Schola Cantorum. Algún estudioso —como Collet- afirma que las Danzas españolas datarían de la estancia parisiense. De regreso de París, las Danzas se fueron editando una a una hasta 1890, y le ganaron a su autor el reconocimiento internacional. Tocó inmediatamente como pianista recitales y conciertos con orquesta. Pasó 1892 y parte de 1893 en Madrid, donde dio a conocer dos de sus mejores obras de cámara, el Quinteto op. 49 y el Trío op. 50. De vuelta a Barcelona, en 1895, tocó la parte de piano de la Rapsodia española de Albéniz, dirigida por el compositor. Su ópera María del Carmen, estrenada en Madrid en 1898, tuvo una aceptación mediocre y hoy ha caído en el olvido. Otras obras suyas escénicas de fines del siglo XIX esperan todavía una posible revisión. Un peso histórico mayor supuso la fundación de la Academia Granados, a la que pertenecería Frank Marshall y tiene actualmente en Alicia de Larrocha una de sus últimas figuras. En 1903, ganó un premio de composición del Conservatorio de Madrid con el Allegro de concierto, quedando por delante del mismo Falla. Una de sus incursiones más importantes en la música orquestal, el poema sinfónico Dante data de 1908; al año siguiente, compuso su obra maestra indiscutible, Goyescas, para piano, estrenada en Barcelona en agosto de 1911. En esta composición, demostraba Granados su afinidad con el mundo dieciochesco plasmado por Goya en su pintura. En 1912, el pianista norteamericano Ernest Schelling le convenció para que compusiera una ópera a partir de la obra de piano. Con ese objeto, se serviría de un libreto de Periquet. La versión escénica de Goyescas sería su última gran obra, aunque habría que recordar también las canciones llamadas Tonadillas, que participan de una atmósfera muy similar. La ópera Goyescas se estrenó en el Metropolitan de Nueva York el 26 de enero de 1916. En el viaje de regreso a España, Granados y su esposa murieron, el 24 de marzo, al ser torpedeado el barco británico Sussex por un submarino alemán.

No ha podido establecerse con total seguridad la fecha de composición de las Danzas españolas para piano. El propio Granados afirmaba haberlas escrito en 1883, lo que las convertiría en una creación de extrema juventud. La otra posibilidad es que las redactase en París, en 1888, o que al menos allí tomasen su forma definitiva, porque el estreno fue en Barcelona en 1890 con el autor al piano. En cualquier caso, las Danzas representan la música más claramente nacionalista de Granados, ejemplo notable de la influencia de los planteamientos de Pedrell. La inspiración popular está, sin embargo, revestida de un lenguaje completamente romántico. Granados no procede aquí a armonizar motivos folclóricos, sino que sus temas son originales, aunque la conexión con el acervo popular sea evidente. No son probablemente las Danzas expresión de una música grande, pero están escritas con elegancia y finura.

Las Danzas tuvieron una gran repercusión en su época; así, César Cui, miembro del grupo ruso nacionalista de los cinco, le escribe a Granados expresándole su simpatía: "Gracias por sus Danzas españolas, son preciosas; encantadoras tanto por la melodía como por la armonización. Es curioso que todas las muestras ricas y auténticas de ciertas naciones tengan un aire de familia semejante". Se sucedieron las ediciones más o menos fiables, de modo que los títulos difieren mucho de unas a otras. Se consideran títulos auténticos los de las Danzas nºs 2, 4, 5, 6, 7 y 11. Dada su popularidad, varios músicos han emprendido la orquestación parcial de las colección, entre ellos García Farià y Lamote de Grignon; la completa de esta grabación se debe al compositor, violinista y director de orquesta Rafael Ferrer.

La Danza I, en Sol mayor, está dedicada a Amparo Gal, esposa del músico. Aparece con el falso título Galante en algunas publicaciones. Más que un ambiente cortesano, se acerca al casticismo con su ritmo parecido al del bolero. La siguiente, Danza II, en do menor, Oriental, se dedica a Julián Martí. Su sencillo motivo doliente, algo exótico, recuerda a la música árabe. La Danza III, en Re mayor, dedicada a Joaquín Vancells, se inicia con un tema ligero en octavas; su clima general la acerca a las tonadillas. A veces figura bajo el título espurio Fandango. Más arcaica suena la Danza IV, en Sol mayor, Villanesca, dedicada a T. Tasso, no el escritor italiano sino el padre de una alumna. La Danza V, en mi menor, Andaluza (dedicada a Alfredo García Farià), evoca la guitarra con su escritura; a la frase amplia y melancólica del comienzo le sigue un episodio central más sosegado. Muy brillante es la Aragonesa, Danza VI, en Re mayor, dedicada a D. Murillo, que recuerda una rondalla. En ocasiones se toca con un crescendo continuo que no se ajusta a las indicaciones originales de Granados, que señala Allegretto poco a poco accelerando. La parte central, Molto andante espressivo, es una espectacular jota. En la Danza VII, en Sol mayor, Valenciana, el autor español realiza un "Homenaje a César Cui". A pesar del título, se trata de otra extrovertida jota, pero ahora la estilización del lenguaje popular es máxima. La Danza VIII, en Do mayor (Asturiana en unas ediciones; en otras, Sardana), presenta un suave balanceo rítmico. En la Danza IX, en Si bemol mayor, se juega con el diseño binario dentro de un esquema rítmico ternario. La Danza X, en Sol mayor (título apócrifo: Melancólica), figura dedicada a su alteza real la Infanta Doña Isabel de Borbón, y en ella se recrea nuevamente la sonoridad de la guitarra. El orientalismo regresa con la Danza XI, en sol menor, Arabesca, indicada Largo a piacere. La serie concluye con la Danza XII, en la menor, titulada en algunas ediciones Bolero, porque éste es en efecto el ritmo de baile que la sustenta y que sella simétricamente el conjunto.

Enrique Martínez Miura


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