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8.555957 - Preludes and Choruses from Zarzuelas
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Preludios y coros de Zarzuelas

Preludios y coros de Zarzuelas

La zarzuela perdura, y es que rueda por el mundo gracias a sus signos inequívocos de identidad. Ya lleva años gozando de un reconocimiento nuevo, tanto en España como fuera de sus fronteras.

Tiene este género un nacimiento humilde y populachero. Sus primeros representantes, Hernando, Oudrid, Gaztambide o Soriano Fuertes, carecieron de recursos técnicos para una obra de entidad. Cuando Rafael Hernando empezó a poner música a pequeñas comedias y el pueblo de Madrid se reconoció en un teatro ligero, dinámico y alegre, la zarzuela triunfó. A partir de ese momento tomó dos direcciones: Por un lado, la zarzuela "grande", abiertamente italianizante, y por otro, el "género chico", plenamente castizo, y cuyo nombre de "chico" alude sólo a las dimensiones de las obras, siempre en un acto, frente a los tres actos habituales de la zarzuela. Progresivamente, la que podríamos llamar "Gran Zarzuela" obedeció a influencias extranjeras, de modo que cuando llega una de sus épocas de gran apogeo -el siglo XIX- continúa en sus líneas melódicas, en su ambiente y hasta en sus libretos, los patrones de la ópera cómica francesa, la opereta vienesa y, en mayor escala, la ópera italiana.

El género chico, por su parte, cuaja cuando la influencia extranjera cede paso al popularismo nacional, a lo que llamamos "casticismo", es decir, el ingreso en el lenguaje hablado de giros, modismos, acentos y prosodia de origen popular. Sucede otro tanto en cuanto al lenguaje musical, cuyas partituras habían de seguir, por fuerza, la letra y el espíritu de los libretos. Pero no solo fueron los aires populares españoles los que penetraron en nuestro teatro lírico; también fueron españolizados —y hasta "madrileñizados"- aires extranjeros, tales como el schottis, la polka o la mazurca. De esta manera se produjo un fenómeno en el que el pueblo dio al género chico un gran bagaje musical y literario y, en contrapartida, sus autores y compositores devolvieron al pueblo ese bagaje vertido y ampliado a un repertorio que las gentes harían suyo y que pasaría definitivamente al acervo popular..

Ese popularismo nacional da también paso al sainete, género teatral definido de manera espléndida por don Ramón de la Cruz, el de pintarnos a nosotros mismos, retratar nuestros tipos, costumbres, lenguaje y ambiente. Mientras la zarzuela se mantuvo unida al sainete, nuestro teatro lírico tuvo un auge y una profusión de títulos avasalladora; cuando el sainete dejó de estar de moda, la zarzuela registró su punto más débil y hubo de intentar su renovación a través de la alianza con la opereta francesa y vienesa, ya en el siglo XX, aunque nunca faltarían autores, como Sorozabal, que extenderían la línea castiza hasta los años cincuenta.

El momento más brillante de la zarzuela corresponde, prácticamente, a los últimos diez años del siglo XIX. Semejante proceso tiene su base de lanzamiento en Madrid, entonces capital pintoresca y localista que aglutinaba todo ese fenómeno autocomplaciente y casi narcisista, el cual explica el "madrileñismo" zarzuelero que absorbe la aportación folklórica regional y periférica, como es el caso de lo andaluz, lo aragonés con sus jotas o lo venido de las tierras hispánicas en ultramar, con sus tangos, habaneras, guajiras, etc. Pero hay que recordar siempre que si la zarzuela perdura por la música que nos legaron Barbieri, Chueca, Bretón, Chapí, Fernández Caballero, Giménez, Serrano, Vives, Luna..., también buena parte de su triunfo se debió a los libretistas.

Del discurrir de la zarzuela tenemos en la presente antología orquestal y coral una muestra suculenta.

Italianizante por completo en su Jugar con fuego (1864), Barbieri evolucionará gradualmente hacia un teatro popular de Madrid. El barberillo de Lavapiés (1874) y trozos de Pan y toros (1864) representarán el comienzo de un camino que convertirá a Barbieri en el verdadero creador del género chico.

La música "madrileña" de Agua, azucarillos y aguardiente (1897), de Federico Chueca, es una pieza que ilustra mejor lo que era el Madrid de aquél tiempo que la lectura de un libro a él dedicado. Chueca logró convertir sus creaciones en temas que el pueblo tomó como propios. El chaleco blanco (1890) y El bateo (1901), zarzuelas totalmente castizas, están llenas de instinto, gracia y donaire.

El rey que rabió (1891) de Ruperto Chapí, fué uno de sus grandes aciertos. Suya, también, El tambor de Granaderos (1894) constituye una auténtica delicia musical. Su rítmica y pegadiza obertura, es una de las mejores páginas del músico alicantino y merece ser incluida, por su valor intrínseco, en todas las antologías de zarzuela.

Andalucía cobra vida en dos documentos históricos compuestos por Jerónimo Giménez y referidos al maestro gaditano de danza, Luis Alonso: El baile de Luis Alonso (1896) con libro de Javier de Burgos y su secuela, La boda de Luis Alonso (1897). Alegre y chispeante brilla Fernández Caballero con la partitura de El dúo de La Africana (1893), la fuerza de cuya música hizo olvidar el endeble argumento.

Al comienzo del siglo XX, uno de los nombres que se impondrán será el de Amadeo Vives, preocupado por problemas instrumentales y de forma. Aquí se nos ofrece el hermoso intermedio de Bohemios (1904). Con esta obra, Vives consigue un tipo de comedia musical ligero y bello con los aires que invaden el nuevo siglo: la opereta. En pleno auge de ésta, el aragonés Pablo Luna nos lleva de Madrid a Aleppo, y de allí a la India con la partitura de El niño judío (1918), en cuyo inspirado preludio la trompeta entona el famosos tema de la Canción Española, de color marcadamente patriótico, e incluso patriotero. Soutullo —gallego- y Vert -valenciano- trabajaron juntos sobre una leyenda castellana en La leyenda del beso (1924), título importante que los reveló como compositores. Su lírico y apasionado intermedio es de todos conocido. Tres años más tarde, estrenarían una zarzuela de ambiente regional, La del soto del parral (1927); el diálogo entre el coro femenino y el masculino aquí interpretado, constituye una de las piezas más famosas de esta zarzuela.

Excelente página orquestal es el preludio que abre el 2º acto de El caserío (1926), de Jesús Guridi, - uno de los más interesantes compositores -, en el que escucharemos el "txistu" como instrumento evocador del folklore vascongado. El equilibrio de sus elementos y la fuerza de la instrumentación lo colocan fuera de las líneas tradicionales de nuestra zarzuela.

Gran renovador del sainete madrileñista sería otro vascongado, Pablo Sorozábal, quien dota de modernidad al género por la actualidad de sus libretos. Don Manolito (1942), sainete en dos actos, así nos lo corrobora.

Compases todos ellos de música que perdura, haciendo reverdecer nuestra zarzuela cada día.

Manuel García Franco

Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid

Creados en 1987 y 1984 respectivamente por iniciativa de la Consejería de Cultura, la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid se han presentado con éxito en algunos de los principales centros musicales de España. Desde su fundación, han venido desarrollando una gran actividad de difusión musical tanto en su región como fuera de la Comunidad, siendo su Director Titular Miguel Groba, hasta junio de 2000. En la actualidad continúa su labor merced al patrocinio de la Consejería de las Artes de la Comunidad de Madrid. Además de su ciclo permanente de conciertos en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, colaboran asiduamente en el Festival de Otoño de Madrid, Festival Mozart, o Festival Andrés Segovia, así como en el ciclo de Cámara y Polifonía organizado en el Auditorio Nacional. Han actuado, entre otros, en el Festival Internacional de Santander, Festival de Música Contemporánea de Alicante, Semana de Música Religiosa de Cuenca, Festival Internacional de Música y Danza de Granada, Festival Internacional de Música de Galicia, y el Festival Mozart de la Coruña. Han sido dirigidos por directores prestigiosos y han actuado, asimismo, con importantes solistas. Para RTVE y Radio Nacional y para sellos internacionales han realizado varias grabaciones importantes. Desde enero de 1998 la Orquesta de la Comunidad de Madrid es la Orquesta Titular del Teatro de La Zarzuela. El Coro de la Comunidad de Madrid, desde la inauguración del Teatro Real, ha intervenido en varios títulos operísticos, entre los que cabe destacar el estreno de la ópera de Antón García Abril Divinas palabras o la grabación de la ópera Merlin de Albéniz. Desde septiembre de 2000, Jordi Casas Bayer es el Director del Coro y José Ramón Encinar es el Director Titular de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid.

Miguel Roa

Nacido a Madrid en 1944, en 1964 debuta con Rigoletto en el desaparecido Teatro Eslava. Ha sido titular de la Orquesta Juventudes Musicales de Madrid y de la Orquesta Santa Cecilia de Pamplona, actualmente Orquesta Pablo Sarasate.En 1971, se incorpora al Lyric Opera of Chicago y al año siguiente asume la Dirección Musical de Escenario del Massimo Bellini, de Catania, actividad que realiza en los años 1972 y 1973. A partir de 1974 accede a la Dirección de Repertorio Operístico del Coro Nacional de España, que simultanea con la docencia en la Escuela Superior de Canto, de Madrid, y su nominación como Segundo Director en los Festivales de Ópera. En 11978 se incorpora al Teatro de La Zarzuela y en 1985 es nombrado Director Musical del mismo. Desde 1985 ha dirigido todas las primeras producciones de la Compañía Lírica Nacional, así como las de la Compañía Nacional de Danza, interviniendo, además, en casi todos los Festivales de Ópera nacionales, extendiendo sus actividades a Francia, Italia, así como en el Covent Garden de Londres, Teatros de la Ópera de Los Ángeles y Washington y Teatro Colón de Buenos Aires. Su discografía comprende títulos como El gato montés y Doña Francisquita, así como grabaciones con las Orquestas de la Comunidad de Madrid y Sinfónica de Sevilla que abarcan las obras más características del género lírico español. Momentos significativos de su carrera son los protagonizados por Plácido Domingo en conciertos celebrados en Chicago, con la Chicago Symphony Orchestra, Munich con la orquesta de la Radio de Baviera, Barbican Centre, con la Orquesta del Covent Garden, así como en Washington, Madrid, Sevilla, Los Ángeles, Pasadena, Bogotá o Buenos Aires. En octubre de 2000 realizó una extensa gira con la Orquesta de la Comunidad de Madrid, que culminó con el memorable concierto celebrado en el Carnegie Hall de Nueva York.


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