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8.557228 - DONOSTIA: Basque Preludes / Nostalgia
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José Antonio Donostia (1886–1956)
Obras para piano

La importancia del Padre Donostia, tanto en su labor de compositor, sin duda uno de los mejores de toda la historia de la música vasca, como en su faceta de folclorista, recuperador de melodías populares y autor de música religiosa, sinfónica y escénica, merece, sin duda, un mayor reconocimiento del que se le ha otorgado hasta ahora.

José Gonzalo de Zulaica y Arregui nació en San Sebastián, en el País Vasco, el 8 de diciembre de 1886. A los diez años de edad su familia decidió enviarlo al colegio de los capuchinos en Lekároz, Navarra, donde cursó estudios de piano, armonía y contrapunto con el Padre Otano. Ingresó en el noviciado de la orden capuchina y al ordenarse sacerdote tomó como nombre el de Padre J.A. de Donostia. Era natural que en aquella situación personal su atención se viera atraída principalmente hacia dos fenómenos que tendrían gran importancia en el panorama musical europeo: el nacionalismo musical y la restauración litúrgica del gregoriano de san Pío X. El Padre Donostia dedicó gran parte de su tiempo a la investigación del folclore popular y al estudio del gregoriano. Tras una temporada de estudio y meditación decidió acometer la empresa que tanto había deseado durante aquellos años: la creación de sus Preludios vascos para piano, sobre temas populares. También en los años que transcurren entre 1910 y 1920 aparecen otras producciones como Euskal Eresiak, Melodías catalanas, etc.

En enero de 1920, la inmediata repercusión que había tenido su música le hizo trasladarse a París para perfeccionar su técnica. Allí conoció a Ravel y estudió todas las vanguardias artísticas de la época, para iniciar después una serie de viajes por distintas ciudades de Francia y Argentina, donde la ejecución de sus obras fue recibida con entusiasmo. En la década de 1920 escribió Los tres milagros de santa Cecilia y La vie profonde de Saint François d’Assise. Sus composiciones orquestales abarcan además las versiones instrumentales de numerosas piezas vascas, Preludios vascos, Acuarelas vascas, Infantiles y las obras escénicas citadas. En 1936, al inicio de la guerra civil española, tuvo que exiliarse a Francia, donde se dedicó principalmente a la música religiosa. Entre las obras más importantes de sus últimos años se encuentran el Poema de la Pasión y la Missa pro defunctis. De regreso a España tras la contienda se instaló en Barcelona, donde colaboró en la fundación del Instituto Español de Musicología. El resto de su vida transcurrió entre Barcelona y el Baztán navarro, donde falleció en 1956.

La obra del Padre Donostia supone, ante todo, el mayor empeño de dignificación de la melodía popular vasca, profundizando en su espíritu, transmitiéndola, con fidelidad y elegancia, y logrando un perfecto equilibrio entre la asimilación directa de lo popular y la influencia enorme de sus coetános: los impresionistas Ravel y Debussy.

El núcleo principal de la obra para piano del Padre Donostia consta de los cuatro cuadernos de Preludios (1912–1916), a los que hay que añadir el Menuet basque, el Andante para una sonata vasca, Herrimina (Nostalgia), Homenaje a J.C. de Arriaga, Prière plaintive á Notre- Dame de Socorri y dos composiciones originales para guitarra: Tiento y canción y Vora’l Ter.

Característica común a los cuatro cuadernos es la reproducción estricta de la melodía popular, que nunca deja de percibirse con nitidez. Sobre la melodía surge un lenguaje expresivo con una intencionalidad clara de describir el texto: fondos armónicos que representan paisajes; diseños rítmicos, recitativos impresionistas, músicas lejanas de romerías, juegos infantiles, etc., todos ellos de una gran sencillez y llenos de nostalgia poética. Aunque apenas hay diferencia de época entre las obras, en las posteriores el lenguaje musical y armónico del Padre Donostia va alejándose ligeramente de su inicial clasicismo para ir dejando paso a un lenguaje de carácter más impresionista.

Santiago Gorostiza


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