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8.557332 - BLANCAFORT, M.: Piano Music, Vol. 1 (Villalba) - Peces de joventut / Cancons de muntanya / Notes d'antany
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Manuel Blancafort (1897-1987)

Manuel Blancafort (1897-1987)

Obra completa para piano, vol. 1

 

Manuel Blancafort i de Rosselló nació en el pueblo termal de La Garriga (provincia de Barcelona) el 12 de agosto de 1897. Proveniente de una familia culta de la burguesía catalana, los Blancafort eran propietarios de un reputado balneario, frecuentado, a lo largo de los años, por numerosos artistas, intelectuales y políticos de renombre. Allí había instalado el padre, un hombre inquieto y apasionado por las nuevas tecnologías, una fábrica de rollos para pianola (Rotllos Victòria) que se convertiría en una verdadera escuela de música para el joven Blancafort desde que cumplió los 15 años.

 

Tras algunas lecciones de su padre, que poseía una sólida formación musical, y de Joan Alsius, que le enseñó las nociones básicas de la escritura musical, empezó a trabajar en la fábrica paterna donde su actividad consistía en estudiar atentamente las más diversas partituras con el fin de transformar cada una de las notas en una serie de perforaciones sobre rollos de cartón. Este trabajo le permitió aprender con detalle los diferentes estilos de escritura musical, desde los clásicos hasta Debussy, Ravel y Schoenberg, lo que le ayudó a completar una formación que más bien se podría calificar de autodidacta. Al mismo tiempo, su vida en el balneario le facilitó el encuentro con importantes músicos y compositores, como Joan Lamote de Grignon y Frederic Mompou, a quienes mostró sus primeras composiciones, pidiéndoles consejo.

 

El encuentro con Mompou, en 1914, fue el más decisivo tanto en el aspecto  musical como en el estético y espiritual. Como un hermano mayor, Mompou apoyó, desde el principio, el talento de Blancafort y guió sus primeros pasos en la composición y la vida musical francesa (una de las más ricas de la época).

 

En 1926, el pianista Ricardo Viñes estrenó en Paris su obra El parc d’atraccions (El parque de atracciones) provocando el entusiasmo de un público exigente acostumbrado a lo mejor y lo más nuevo de la creación musical de los años veinte. Enseguida, uno de los editores más importantes, Maurice Sénart, se interesó por él y publicó la mayor parte de sus obras.

 

Desgraciadamente, este fulgurante inicio se vio pronto truncado. Las necesidades de una familia que crecía año tras año (tuvo once hijos), el cierre de la fábrica de rollos debido al éxito creciente del gramófono y los problemas derivados de la guerra civil, obligaron a Blancafort a establecerse en Barcelona y a trabajar, casi el resto de su vida, en una compañía de seguros. No obstante, a pesar del fastidioso horario de tal actividad y gracias a la inestimable ayuda de su esposa, pudo encontrar esos preciados momentos que le permitían componer una obra cuya importancia advirtió el compositor y musicólogo Manuel Valls al declarar que nos encontrábamos ante “una obra que representa la síntesis viva de la cultura musical catalana”.

 

El aislamiento provocado por el franquismo, y, sobre todo, el cierre de las fronteras con Francia, no ayudó a la difusión internacional de su música, aunque, en su país, los premios y las distinciones oficiales se sucedieron desde 1949 hasta el día de su muerte en Barcelona el 8 de enero de 1987.

 

En la obra de Blancafort, profundamente arraigada en Cataluña, el contenido emocional y estético se halla siempre ligado a una sólida estructura formal. Esta actitud “clásica”, en el sentido estricto de la palabra, donde la inteligencia ejerce un control sobre el sentimiento, está presente desde sus primeras obras. En ellas, a pesar de las abundantes connotaciones románticas, el compositor procura escribir, según sus propias palabras, “algo que se sostenga”. Clara, simple y lejos del trascendentalismo alemán en boga, su música intenta ser tonal, lógica y concisa en su forma. En este sentido, la música francesa le parece el mejor ejemplo a seguir “sin que ello suponga afrancesar nuestra música… ella debe hablar de lo catalán en lenguaje europeo”.

 

El piano fue el instrumento elegido para sus primeras obras. Elección que se produjo de una forma natural si se tiene en cuenta el contacto diario con la pianola, la simpatía por una estética, la francesa,  que lo requiere asiduamente y la amistad con un enamorado del instrumento como Mompou.

 

Las obras de juventud (1915-1919), grabadas en este primer volumen, muestran la preferencia de Blancafort por la pieza breve, aislada o constituyendo un ciclo, la forma simple del Lied y su interés por los pequeños hechos cotidianos y los sentimientos íntimos donde la naturaleza y los recuerdos nostálgicos impregnan cada una de las páginas: “siempre me ha gustado el silencio y el aislamiento… mi existencia ha transcurrido en un mundo de tristeza que yo mismo he creado”. El joven compositor, en busca de un lenguaje propio, procura poner música a sus impresiones poéticas.

 

Las siete Peces de joventut (Piezas de juventud), la mayoría de ellas en tonalidad menor, son un buen ejemplo de esa actitud fundamentalmente romántica y nos introducen directamente en el universo del compositor. Podemos imaginar fácilmente el número de esbozos destruidos antes de ese primer logro que es Record (Recuerdo), su opus 1, con el que firma su carta de presentación. Nos hallamos ante una obra que contiene ya todas las características de su producción posterior: la simplicidad del lenguaje y una aguda sensibilidad melódico-armónica bajo un sólido marco estructural. La deuda con Grieg y sus Lyrische Stücke es incuestionable…

 

La naturaleza y sus misterios supondrán para Blancafort una fuente inagotable de inspiración. Así se constata en esos “cantos sin palabras” que constituyen las nueve Cançons de muntanya (Canciones de montaña) donde se escucha el susurro del viento entre las ramas (I), la caída pausada de la nieve sobre un paisaje helado (III), el silencio crepuscular que antecede la noche (VI y VIII) y las lejanas resonancias del valle a la media luz del alba (II), mientras que la tristeza del recuerdo y la partida (IV y VII) se mezcla con la alegría de coronar la cima bajo la resplandeciente luz del día (V y IX).

 

Las ocho piezas de Notes d’antany (Notas de antaño) transcurren en la misma atmósfera introvertida de las obras precedentes y asombran por la precoz madurez que desprenden. Lament (Lamento) y La lluna brilla (La luna brilla) anuncian ya los Nocturnos de (escritos 20 años más tarde), Record d’infantesa (Recuerdo de la infancia) evoca la nostalgia de épocas pasadas, mientras que la luz otoñal con la que se inaugura el ciclo, En arribar la tardor (Al llegar el otoño), con su rojizo alfombrado de hojas en el jardín (Al jardí), se disipará, en dos ocasiones, con la algarabía de Els joiosos companyons (Los alegres camaradas) y el griterío de los pájaros en primavera (Ocells al cel d’abril – Pájaros bajo el cielo de abril).

 

La Canción, de estructura breve y carácter popular, fue empleada a menudo por el joven Blancafort. Las 12 Cançons muestran esta preferencia y su interés por las melodías tradicionales catalanas (la armonización de las cuales era una práctica habitual). El compositor estaba convencido de la importancia del nacionalismo como elemento musical y manifestaba su intención de seguir las huellas de Albéniz, Granados y Falla sirviéndose del propio substrato catalán. Las cuatro últimas canciones, así como Tema popular de Notes d’antany (se trata de la canción tradicional catalana La filla del carmesí) son un magnífico ejemplo de la riqueza armónica de su lenguaje. Cançó en la solitud, Cançó del capvespre, Cançó en la ermita y Cançó a la platja (Canción de soledad, Canción del atardecer, Canción en la ermita y Canción en la playa) ponen música, una vez más, a la visión poética de un joven compositor propenso a la soledad y al amor por el paisaje.

 

El mundo de la infancia atrajo también a Blancafort. Cançó de la canalla (Canción de los niños) y Cançoneta per adormir (Canción de cuna), escritas al estilo del Children’s corner de Debussy, pasean nuestros recuerdos por la despreocupada alegría de un corro infantil y los efectos soporíferos de una canción algo monótona, mientras que en Cançó del pastoret el pastorcillo toca su flauta en diálogo con el eco de las montañas.

 

Miquel Villalba


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