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8.557335 - BLANCAFORT, M.: Piano Music, Vol. 4 (Villalba) - American Souvenir / Sonatina antiga / Ermita i panorama / Romanca, intermedi i marxa
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Manuel Blancafort (1897-1987)
Pastorella • Sonatina antiga • American Souvenir • Ermita i panorama
Cavatina i diàleg • Romança, intermedi i marxa

 

Dedicado a J. V. Auñón, i.m.

Tras un intenso período de viajes por Europa y América, Blancafort regresa a La Garriga, su pueblo natal, con el deseo de sumergirse de nuevo en la composición. Se inicia, así, una de las etapas más prolíficas del compositor. Entre 1927 y 1931 compone, con la idea ya madurada de escribir para la orquesta, su primera gran obra sinfónica Matí de festa a Puiggraciós (Mañana festiva en Puiggraciós), el ballet El rapte de les sabines (El rapto de las sabinas), orquesta algunos números de El parc d’atraccions (El parque de atracciones) y aborda la música para teatro con la zarzuela La falç al puny (Con la hoz en la mano). Escribe, además, algunas canciones y la mayor parte de las obras para piano que integran este disco, al mismo tiempo que sigue ocupándose del negocio familiar de los rollos para pianola, que vivía entonces su época de mayor esplendor.

La efervescencia vital de estos años, en los que el nacimiento de cuatro hijos más amplía la familia hasta ocho, viene acompañada de una polémica entrevista, publicada en el periódico “La noche”, en la que declara: “Huir de Wagner es el primero de los mandamientos que precisa imponer la nueva música catalana”. Esta afirmación, escandalosa en un entorno de ferviente wagnerismo, lo convierte en un “enfant terrible” de la música al tiempo que suscita importantes adhesiones. De éstas, nacería el CIC, grupo de “Compositors Independents de Catalunya” (Compositores Independientes de Cataluña). La larga gestación del grupo, iniciada a finales de 1927, culmina en 1931 con la reunión de los compositores catalanes más relevantes del momento: Joan Gibert-Camins, Ricard Lamote de Grignon, Baltasar Samper, Eduard Toldrà, Frederic Mompou, Manuel Blancafort, Agustí Grau y Robert Gerhard. A pesar de la heterogeneidad estética de sus componentes, les unía la idea de hacer una música de profunda raíz catalana y la voluntad de proyectarse internacionalmente como generación. Un único concierto, celebrado en junio de ese mismo año, sirvió de presentación pública del malogrado grupo, que se disolvió poco tiempo después. No obstante, el impulso creativo de estos compositores conformó una etapa clave en la evolución de la música catalana, propiciada, además, por la llegada de la Segunda República española (1931-1936). Es éste, efectivamente, un período de gran impulso cultural y político que dotaría a Cataluña de un Estatuto propio y acogería el resurgimiento de los nacionalismos (como ya sucedía en otras regiones de Europa).

Barcelona es durante estos años una ciudad en auge a nivel internacional. En 1929, a pesar de la gran crisis económica, se celebra la Exposición Universal y en abril de 1936 acoge el XIV Festival de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea (SIMC) conjuntamente al III Congreso Internacional de Musicología. En este festival, donde se estrena mundialmente el Concierto para violín y orquesta “a la memoria de un ángel” de Alban Berg, se produce uno de los acontecimientos más importantes en la carrera musical de Blancafort. Un jurado internacional, entre el que figuran Ernest Ansermet y Anton Webern, selecciona su obra Sonatina antiga para incluirla en la programación oficial. Junto a ella se escuchan obras de Walter Piston, Egon Wellesz, Benjamin Britten y Béla Bartók, promoviendo, así, la consagración definitiva del compositor.

Pastorel·la (Pastorela) fue escrita para satisfacer diversas peticiones que le habían hecho de componer para violín. Una primera versión para piano solo, inédita, dio paso a la versión para violín y piano que estrenaría Francesc Costa, a quien está dedicada la obra. Más tarde, Blancafort realizaría una nueva versión para orquesta de cuerda que tendría un gran éxito internacional. La obra se inicia con una amplia introducción de carácter inquieto, incluso doloroso, que desemboca en una rústica melodía de aire pastoril que justifica su título. Presentado este tema dos veces, la pieza termina con reminiscencias de la introducción y una simple coda.

Durante el viaje que lo llevó a Norteamérica en 1923, Blancafort escribió un cuaderno de viaje, donde muestra una desconocida e interesante faceta de escritor poético e irónico, y anotó algunos apuntes musicales que le servirían para componer la suite American Souvenir (Recuerdo de América). De los tres números que la integran, dos se conservan en su versión original para piano, mientras que el ragtime Discontinuous melody (Melodía discontinua) sólo existe en versión orquestal. Transatlàntic en ruta (también titulado ‘Paquebote en el mar’) es una evocación de la travesía hacia los Estados Unidos en el enorme trasatlántico británico “Mauretania” y recoge las impresiones contrastantes entre la calma y la soledad del océano con sus bellos crepúsculos y el bullicio de la vida a bordo “donde todo es vértigo, risas y griterío acompañados constantemente por el ritmo de los bailables americanos”. Un primer tema de acordes majestuosos evoca el lento navegar del barco, mientras por una puerta entreabierta se oyen músicas de jazz y cabaret. Un nuevo tema más sinuoso elaborado con síncopas y tresillos, y que describe el inmenso océano, conduce a episodios alternativos de melodías jocosas y temas nostálgicos. La pieza se construye, así, como un diálogo entre el tumulto del barco y el rumor del mar, terminando con una solemne coda de irisadas resonancias. Siguiendo las mismas pautas descriptivas, Blancafort, entusiasta del gran Charlot, quiso plasmar musicalmente en su Homenatge a Chaplin (Homenaje a Chaplin) el arte multifacético del genial actor con sus alternancias entre los delirios de grandeza y las decepciones irreparables, entre la comicidad desternillante y las ternuras sentimentales. Toda una sugestiva transcripción musical...¡con pirueta final incluida!

Compuesta en 1929, Sonatina antiga (Sonatina antigua) fue escrita siguiendo la moda de los “retornos”, con Ravel y Stravinsky a la cabeza, y su mirada al pasado con la idea de reencontrar las viejas formas y renovarlas: “Quería hacer una cosa nueva sobre moldes antiguos”, dice el compositor. La obra, inspirada en el clasicismo de Bach y Scarlatti y muy alejada del estilo habitual del compositor, sorprende por el osado tratamiento armónico y la amplitud y rigurosidad formales, en claro contraste con sus breves páginas anteriores. Exercici (Ejercicio), que evoca tanto la práctica técnica de escalas y arpegios como los trabajos escolásticos de contrapunto, se caracteriza por el uso abundante de la politonalidad y por sus imprevisibles modulaciones. En Recreació (Recreación) la sombra de Bach está muy presente, aunque este tributo a tan ilustre predecesor no desdeña insospechadas asperezas armónicas. Estos dos movimientos extremos, notables ejercicios de música pura y cerebral, enmarcan esa pequeña joya que es Tendresa (Ternura). El carácter “affettuoso” con que se despliega la melodía, de un profundo lirismo, no esconde momentos atormentados ni desesperados. El aprecio que Blancafort sentía por este tema lo llevó a retomarlo y reelaborarlo en Cavatina i diàleg (Cavatina y diálogo), donde lo presenta en su forma más simple y lo desarrolla en un estilo más dialéctico.

La aventura neoclásica de Sonatina antiga, sin continuidad en la producción futura del autor, queda pronto desmentida con el díptico pianístico Ermita i panorama (Ermita y panorama), que se interpreta sin pausa. Su melodía inicial, igualmente rescatada de una obra anterior (véase Cançó en l’ermita, vol. 1, Naxos ref. num. 8.557332), evoca el silencio crepuscular y la penumbra en el interior de la ermita de Puiggraciós, situada en una colina cercana a La Garriga. En su sección central, una melodía popular, presentada con sencillez y desarrollada después con gran amplitud pianística, apunta al color local del ambiente y del paisaje. En contraste con el carácter íntimo y concentrado de Ermita, Panorama describe la vitalidad exultante ante la visión, desde la cumbre, del paisaje bañado en luz. Un primer tema característico de danza alterna con otro más agitado y contrasta, a su vez, con un tercer tema “molto tranquillo”, más breve, que permite recobrar el aliento antes del desbocado final, de gran virtuosismo pianístico.

Recién terminada la Guerra Civil, la numerosa familia Blancafort se ve obligada a trasladarse a Barcelona para afrontar de la mejor manera posible la nueva situación. A pesar de las privaciones que ello implicará en su actividad creativa, el compositor logra acondicionar un lugar donde aislarse en su nueva residencia y allí escribe Romança, intermedi i marxa (Romanza, intermedio y marcha). Romança se construye sobre dos temas de aire sentimental, uno reposado y otro más movido, escritos al estilo de una serenata italiana y que bien podrían cantarse “al pie de una ventana veneciana”, según una imagen sugerida por el propio compositor. Intermedi juega con dos elementos: Una inocente tonada infantil y un breve coral a cuatro voces. Una vez expuestos en pianísimo, ambos temas son trabajados y ganan impulso hasta alcanzar un brillante clímax. Vuelve, después, la simplicidad original y finaliza con una majestuosa coda. Marxa revive una escena captada por el propio compositor. Así la narra: “Un vulgar vagabundo llega a un pequeño pueblo. Sucio y maltrecho, saca de su hatillo una resplandeciente flauta de plata. Al toque del instrumento la gente se le acerca, mientras, con su disparatada actuación, provoca risas y griterío. De repente, levanta la mano y con gesto imperativo reclama silencio. Con la mirada perdida en el vacío, ofrece una dulzona melodía a ritmo de vals que induce a los asistentes, embobados, a llenar su gorra de monedas hasta el punto de rompérsele entre las manos”.

Miquel Villalba


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