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8.557623 - HALFFTER: Dom Lindo de Almeria / La madrugada del panadero
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Rodolfo Halffter (1900-1987):
Paquiliztli · Obertura festiva · Obertura concertante
La madrugada del panadero · Don Lindo de Almería

El miembro más antiguo de una familia española de músicos de origen prusiano, Rodolfo Halffter nació en Madrid el 30 de octubre de 1900. Autodidacto como compositor, recibió una gran inspiración del Tratado de armonía de Schoenberg quien, junto con Debussy, habría de tener una influencia decisiva en la música de su madurez. Gracias a los buenos oficios del crítico Adolfo Salazar, él y su hermano Ernesto fueron presentados a Manuel de Falla, por entonces el más destacado compositor español. Ernesto dedicó varios años a concluir su “cantata escénica” Atlántida. Otro estímulo llegó de la Residencia de Estudiantes, un lugar de reunión de artistas y pensadores progresistas entre los que se encontraban García Lorca y Salvador Dalí.

Tras la derrota del gobierno republicano español en 1939, Halffter optó por el exilio voluntario en Ciudad de México, donde dio clases en la Escuela Superior Nocturna de Música y donde se ganó el respeto de compositores como Carlos Chávez y Blas Galindo. En 1941 empezó una vinculación de treinta años con el Conservatorio Nacional, mientras que su prestigio como escritor se vio consolidado por su puesto de director de la revista Nuestra música y de las Ediciones Mexicanas de Música en 1946. Halffter no volvería a España hasta 1962, cuando su música, junto con la de Cristóbal, sobrino de Ernesto y Rodolfo, recibió el debido reconocimiento. Tras ser objeto de numerosas distinciones en sus últimos años, murió en Ciudad de México el 14 de octubre de 1987.

Siguiendo el ejemplo de Falla, Rodolfo Halffter desarrolló un estilo de contrastes rítmicos y tonales muy marcados, realzado por acentos sincopados que recuerdan a Stravinsky y a las inflexiones politonales a la manera de Milhaud. En 1953 empezó a adoptar elementos del serialismo (el primer compositor mexicano que lo hizo), pero su uso de estas técnicas no fue nunca a costa de sacrificar su lenguaje esencialmente melódico.

Entre sus últimas obras, una de las más sorprendentes es Paquiliztli, compuesta en 1983 para siete percusionistas, aunque el enfoque de Halffter es más deudor de los compositores suramericanos a los que estaba asociado que a figuras pioneras como Varèse o Cage. Tras abrirse con una idea semejante a una marcha en el xilófono y la caja, salpicada por intervenciones de platillos, bombo y timbales, la pieza genera un impulso vivaz al tiempo que traza un colorista esquema armónico, con la idea principal como un elemento constante bien en sí misma o como una presencia motívica.

Compuesta en 1952, la Obertura festiva explica desde su título su atmósfera y su propósito. El tema principal, elegante y animado alternativamente, y con prominentes intervenciones solistas de la madera sobre las texturas de la cuerda, tiene más de una insinuación de la época clásica española tan amada por Falla. La pieza avanza como una secuencia de ideas relacionadas con este tema, manteniendo en el proceso un robusto optimismo.

De escala similar, la Obertura concertante data de 1932 y se encuentra, por tanto, entre las obras impresas más antiguas de Halffter. Los nítidos perfiles del intercambio inicial para piano y orquesta, integrados como iguales, tal como sugiere el título, en vez de enfrentarse mutuamente como opuestos, mantienen su vigencia en el curso de la pieza, en la que puede percibirse la influencia de Stravinsky y, en menor medida, la de Poulenc y Prokofiev. La sección central, iniciada por un solo rapsódico del piano, es de un carácter más lírico y tras ella una repetición abreviada de la música inicial pone fin a esta obra compacta y agradable.

Junto con el Concierto para violín escrito para Samuel Dushkin, el ballet-pantomima La madrugada del panadero contribuyó a consolidar la reputación de Halffter en México. Compuesta a partir de un argumento de inspiración folklórica de José Bergamín, la suite arreglada en 1940 reúne las principales danzas en una secuencia adecuada para su interpretación en concierto. La animada Entrada recuerda el estilo del ballet de Falla El sombrero de tres picos. Una colorista Escena introduce la deliciosa Danza primera, tras la cual la saltarina Danza segunda presenta una incisiva escritura rítmica de cuño stravinskyano. La animada Danza tercera tiene una idea recurrente para piano, flautas y cuerda en pizzicato, mientras que la Danza cuarta, de mayor empaque, se cierra con un silencio expectante. Esto nos prepara para el Nocturno, una pieza atmosférica que incluye una imaginativa escritura ostinato para piano y se erige en el indiscutible momento culminante de la suite del ballet, que concluye a continuación con el enérgico humor de la Danza final.

Cinco años antes, Halffter y Bergamín habían colaborado en un ballet titulado Don Lindo de Almería. Estrenado en el Festival ofrecido por la Sociedad Internacional de Música Contemporánea en 1936, la partitura conoció un éxito inmediato, recibiendo rápidamente interpretaciones en París y Ciudad de México (la primera obra de Halffter que se escuchó en este último país). Aunque los incidentes retratados son arquetípicamente españoles, no hay ningún intento de contar una historia por medio de la secuencia de danzas: se trata más bien de música para la escena siguiendo el ejemplo de los posteriores ballets de Stravinsky, una intención consolidada por el recurso a material de los Siglos de Oro españoles, el XVI y el XVII, y la instrumentación para cuerda y percusión.

Bulliciosas cuerdas divisi son el puntal de la Introducción y Danza primera, tras los cuales una sombría e intimista Escena sirve de prólogo de la contrastante Danza segunda, con las castañuelas incorporándose al ambiente de gran animación. Los armónicos de los violines inician la Danza tercera de un modo sorprendente, reapareciendo regularmente para colorear la música con una ambivalencia armónica, mientras que la mordazmente neoclásica Danza cuarta está instrumentada sólo para cuerda. La Ceremonia nupcial es solemne y contenida y su expresividad apenas se ve alterada por un pasaje fugado más incisivo que surge brevemente. Un barroco carácter cortés impregna la Danza quinta, pasando, a través de una breve Escena anticipatoria, a la Danza final. En ella se unen elementos que habían aparecido anteriormente en el ballet, que se encamina, como es de rigor, hacia una incisiva y efervescente apoteosis.

Richard Whitehouse
Traducción: Luis Gago


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