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8.557631 - GURIDI: Sinfonia Pirenaica
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Jesús Guridi (1886-1961):
Sinfonía pirenaica • Espatadantza de ‘Amaya’

Nació Jesús Guridi en Vitoria en 1886. Tras su presentación en los ambientes musicales de Bilbao en 1904 se trasladó a estudiar a París, Lieja y Colonia, pasando a su regreso a dirigir la Sociedad Coral de Bilbao para la cual escribió una amplia obra, cuyo núcleo principal son las colecciones de cantos populares vascos y una de sus obras maestras: Así cantan los chicos para coro y orquesta. Durante esos años, además de estrenar Mirentxu y Una aventura de Don Quijote, trabajó en la composición de la gran epopeya de la lírica vasca Amaya (1920). Dentro de este campo obtuvo uno de sus triunfos más rotundos con la zarzuela El caserío a la que siguieron otras como La meiga y La cautiva. Entre sus obras de mayor renombre internacional figuran las Diez melodías vascas, Sinfonía pirenaica, Homenaje a Walt Disney para piano y orquesta, Cuarteto en la menor para cuerda y Seis canciones castellanas. Además de destinar al órgano páginas valiosísimas como el Tríptico del Buen Pastor, realizó numerosas partituras para obras teatrales y cinematográficas. Desempeñó la cátedra de órgano del Conservatorio de Madrid del que fue director desde 1956 hasta su muerte acaecida en Madrid, en 1961.

Compuesta en 1945 y estrenada en febrero de 1946 por la Orquesta Sinfónica de Bilbao bajo la batuta de Jesús Arámbarri, la obra es una evocación musical de las montañas, su alma y sus peligros, rozando en algunos momentos, sin abandonar el plano abstracto, el estilo narrativo propio del poema sinfónico aunque sin programa ni guión específicos.

La sinfonía consta de tres movimientos, cada uno de los cuales se asemeja al modelo de sonata, sin corresponderse totalmente con la estructura clásica. El paisaje sonoro está definido por un cierto carácter modal, presente en muchas canciones populares del País Vasco, consistente en el uso del modo mayor con la alteración variable de los grados séptimo y tercero. La elección de texturas orquestales y disposición de voces tiene una intención expresiva. Un ejemplo de ello lo encontramos en el primer movimiento en el cual la sonoridad permanece largo tiempo en tesitura grave cerrada para ir haciéndose más transparente a medida que imaginamos ganar altura en la ascensión; también abundan los efectivos descriptivos, queriendo representar las infinitas sonoridades que proporciona la naturaleza: desde la luz y el silencio de las alturas hasta las tempestades.

Comienza el primer movimiento, Andante sostenuto, con una seccíon formada por fragmentos del primer tema, de ambiguo carácter modal en el tono de sol. En la segunda sección, Allegro molto moderato, aparece el tema completo en escritura coral en la sección de cuerda, alternándose después las diferentes familias con las voces agrupadas a modo de registros de órgano. El segundo tema, en la tonalidad de re, tiene cierto aspecto de variación del primero por su giro melódico similar, aunque con armonías diferentes. El colorido oscuro y la disposición cerrada de las armonías marcan el principio de la obra para ir ganando en luz durante la dificultosa ascensión a la cumbre sonora.

El juego de sonoridades de la orquesta es el principal protagonista del segundo movimiento, Presto non troppo, con efectos bellísimos logrados a través de delicados cambios tímbricos. Dos ideas temáticas principales: una estructura armónica formada por las tríadas sol menor y mi bemol mayor y un ritmo de danza ejecutado primero por el requinto en una amalgama de compases de tres por cuatro y seis por ocho, que forman el primer núcleo. Un pasaje de arpa y celesta precede a un evocador segundo tema, con lejanos ecos de gregoriano, tocado por primera vez por las violas con sordina antes de iniciar un amoroso diálogo con los cellos.

Los cambios de compás otorgan variedad rítmica al tema principal del Allegro brioso, en la tonalidad de sol mayor, cuya cabeza sirve de motivo recurrente a lo largo de todo el movimiento. Al igual que en el primer Allegro, la segunda idea temática conserva algunas características interválicas de la primera, asemejándose a una variante de la misma con las alteraciones de los grados tercero y séptimo de la escala. Una apoteosis final preparada con sumo cuidado pone un brillante remate a una de las grandes cimas de la carrera de Guridi.

Al igual que había sucedido algún tiempo atrás en la mayoría de los países europeos, Amaya supone el intento de crear una ópera nacional vasca, reflejo artístico de un progresivo sentimiento nacionalista, mediante la narración de hechos basados en la historia, mitología y literatura del Pais Vasco, unidos a la bellísima música popular vasca, de inconfundible y vigoroso caracter. Dado que dicha música tradicional se expresa fundamentalmente a través del canto y la danza, parece lógico pensar que la ópera sea un medio perfectamente apropiado para plasmar su esencia.

El acto segundo culmina con la escena mas espectacular de la obra: la Espatadantza o Danza de las Espadas (Acto II, Escena IV), una danza guerrera, extraordinariamente llamativa y de obligada ejecución en todas las grandes fiestas del Pueblo Vasco. La Espatadantza está escrita en una característica combinación de ritmos binario y ternario y conducida, en su comienzo, por dos de los mas característicos instrumentos autóctonos del folklore vasco: el txistu – instrumento de viento – y el tamboril con el que generalmente se acompañan las melodías de aquél.

Santiago Gorostiza


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