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8.570260 - DON QUIXOTE IN SPANISH MUSIC
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Don Quijote en la Música Española

 

Cinco son las obras que completan este CD, basadas todas ellas en la novela cervantina de El Quijote, escritas por compositores españoles. Su sonoridad nos permite disfrutar de una forma de recepción de una obra siempre viva y sugerente, que mantiene su actualidad no sólo en términos de diversión y a la vez reflexión, sino también como sujeto de inspiración. De la sonoridad de mediados del siglo XIX de la mano de Barbieri (1861) a la música incidental de la banda sonora de la película de Pabst en versión de Jorge Fernández Guerra (2005), del recordatorio de los aires españoles a la tradición sinfónica europea; porque el Quijote permite crear y recrear músicas que van de la fidelidad a la utopía, del intento de reflejar programáticamente las mil y una aventuras a la idealización amorosa. Nunca un pasado fue tan presente.

Don Quijote

Con fecha 30 de enero de 1861 acordaba la Real Academia de la Lengua Española celebrar por primera vez, el 23 de abril de dicho año, el aniversario de la muerte de Cervantes con un oficio fúnebre que se realizaría en la Iglesia de las Trinitarias de Madrid, en donde reposaban sus restos, y que por la tarde se representase una obra. El encargo recayó en Ventura de la Vega que escribiría un texto en tres actos bajo el título de Don Quijote de la Mancha ; se contó además con la colaboración del compositor Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894) que escribiría un número con música para cada uno de los actos. El estreno se produjo en el Teatro del Príncipe de Madrid en la fecha prevista.

En el primer acto será Cardenio quien entone el famoso Ovillejo “¿Quién menoscaba mis bienes?”, en forma de una sentida aria de corte romántico, para tenor y orquesta, de cuerda en tempo Andante. En el segundo figura el número de mayor duración, un Bailete con “aire de manchegas” realizado a gran orquesta, a modo de briosa jota en ritmo ternario de gran brillantez orquestal que será la encargada de reflejar el ambiente y las andanzas del Quijote, con recurrentes motivos musicales de claro extracto español y que pretende situar al oyente en el espacio sonoro y geográfico de la novela cervantina. El número de cierre situado en el tercer acto en Tempo de Marcha para orquesta y solo de tenor con coro de bajos, nada tiene que ver con la novela del Quijote. Es una Loa a la figura de Cervantes en su faceta como hombre de armas, a la vez que hace referencia a su carrera literaria de dimensión universal y entra en consonancia con el acto que se estaba conmemorando.

Dicha celebración y el estreno de la tarde fueron el principio de la recepción de la novela cervantina en la música española, siendo ésta la primera grabación que se realiza de la obra.

Don Quijote velando las armas

Poema sinfónico de Gerardo Gombau Guerra (Salamanca 1906- Madrid 1971) que fue escrito para optar al Premio de Composición de 1945 convocado por el Real Conservatorio de Música de Madrid. Está basado en el capítulo III «Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo Don Quijote de armarse caballero» de la primera parte de la novela y cuyo tema obligado figuraba en la convocatoria. La obra fue galardonada con el primer premio por unanimidad. Se estrenó en el Teatro Monumental Cinema de Madrid el 23 de marzo de 1947 por la Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la dirección del compositor junto con el Preludio sobre la primera salida de Don Quijote de Esteban Vélez, que había sido estrenado un mes antes por la misma orquesta. La obra está dedicada a su maestro de composición Conrado del Campo, en una dedicatoria en la que la admiración y el cariño de Gombau quedan manifiestas.

Podemos considerar esta obra como la primera composición orquestal de grandes dimensiones del autor en la que ya se evidencia una gran madurez artística y técnica. Poema sinfónico de corte programático, la música pretende describir los episodios de la novela cervantina a la que el propio autor hace continuamente referencia en su partitura. Se estructura en un preludio y una sinfonía en la que el primer tema se identifica con Don Quijote y el segundo representa a Dulcinea, después de un desarrollo en el que se tratan diversos episodios y que se cierra con una reexposición invertida, es decir: primero se escucha el tema de Dulcinea y después el de Don Quijote, pues como el propio autor indica “está invertida por exigencias del trazado literario”, cerrándose con una brillante sección de carácter recopilatorio.

De estética postromántica Gombau se referirá a esta obra como el “poemón conradiano-straussiano”, reconociendo las deudas hacia la gran tradición sinfónica europea a la vez que mantiene un aliento nacionalista característico de la música española de esta época, heredado de su maestro, con guiños a la geografía sonora castellana en la que transcurren las aventuras del caballero de la triste figura.

Ausencias de Dulcinea

Poema sinfónico para bajo solista, cuatro sopranos y orquesta que el compositor Joaquín Rodrigo (Sagunto 1901-Madrid 1999) escribió entre diciembre de 1947 y enero de 1948, basado en el poema Árboles, yerbas y plantas…, capítulo XXVI de la primera parte del Quijote. La obra fue presentada al concurso organizado por el Patronato del IV Centenario del Nacimiento de Miguel de Cervantes obteniendo por unanimidad el primer premio, y dedicada al bailarín José Greco. Se estrenó en Madrid en el Teatro Español en concierto de gala, como clausura del año cervantino, el 19 de abril de 1948 por la Orquesta Nacional de España bajo la dirección de Eduardo Toldrá con el bajo Chano Gonzalo como solista.

En su autocrítica, Rodrigo escribe:

“¿Hay algo comparable a llevar una obra en sueños? …. Tardé mes y medio. En las estrofas de Cervantes alternan la grandeza con la ironía y esto resulta bastante complejo. Lo que sí me ha ayudado es el estrambote en que se repite por tres veces

Aquí lloró Don Quijote
Ausencias de Dulcinea
del Toboso”

El poema se estructura en 12 números en los que son constantes los cambios de carácter y tempo para expresar el lance entre lo heroico y lo amatorio, orientación que queda definida desde el principio en el tratamiento de las voces y la orquesta, por eso la obra se abre con resonancias de fanfarria que reflejan la época de la caballería en fff, mientras que el lirismo del amor no correspondido es representado por oboes, violoncellos y arpas. Cuatro voces de soprano homogéneas se encargan de representar a Dulcinea que canta pasajes de carácter coral con factura contrapuntística en fuerte contraste con la rotunda voz de bajo de Don Quijote que llora su amarga soledad. Rodrigo expresa así su intencionalidad:

“Vi que se podían utilizar cuatro voces en torno a la de Don Quijote y establecer de este modo los contrastes entre lo caballeresco, lo ideal y lo burlesco. Mientras Don Quijote canta en serio, siempre en serio, la orquesta marca lo gracioso, y se obtiene así el espíritu total de la poesía […]. El hecho extraordinario de utilizar no menos de cuatro sopranos en la obra se explica porque ni al Norte, ni al Sur, ni al Este, ni al Oeste encontrará Don Quijote ese fantasma que es su Dulcinea”.

La resurrección de Don Quijote

Obra del compositor granadino José García Román (1945) para orquesta de cuerda, compuesta entre noviembre de 1993 y febrero de 1994 y fruto de un encargo de la Orquesta y Coro Nacionales de España. Se estrenó el 22 de febrero de 1994, en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música de Madrid, por la Orquesta de Cámara Reina Sofía dirigida por Mark Foster.

Amante y buen conocedor de la literatura cuya prensencia es constante en su producción musical así como en su pensamiento y escritos, fuentes literarias muy variadas son las que discurren por sus obras desde el Nuevo Testamento a escritores de todas las épocas: Ben Jafacha, Góngora, Lope de la Vega, Paul Verlaine, Unamuno, García Lorca, Canetti, Celaya, Simone Weil, por citar sólo algunos. No es de extrañar por tanto que para esta ocasión La resurrección de Don Quijote, se inspirase tanto en la obra cervantina como en el poema «Vencidos» de León Felipe (1884-1968), nº 3 del primer volumen de Versos y oraciones de caminante, cuyo motivo principal se centra en los versos “Por la manchega llanura/ se vuelve a ver la figura/ de Don Quijote pasar”.

La obra arranca con una melodía de cuatro notas que deja paso a un coral que ya había escrito el compositor con anterioridad y que sirve de base estructural a la composición, junto con un ostinato que bajo distintas formas va circulando de un grupo instrumental a otro. Textura de gran complejidad, densa, casi obsesiva con toques minimalistas, en la que el compositor indaga en los aspectos tímbricos creando un lenguaje muy personal de gran efectividad poética, más tonal que en otras obras anteriores. La utilización del tema del Quijote es metafórica, es una recreación muy libre en la que el compositor intenta transmitir, según escribe “una manera de expresar en música… el deseo de que vuelvan a cabalgar todos los héroes que desde su locura sean capaces de ofrecer esperanza a nuestra sociedad, en cierto modo desencantada”.

Begoña Lolo

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Tres momentos de Don Quichotte

Esta obra está escrita entre agosto de 2004 y febrero de 2005 y se estrenó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 14 de abril de 2005 por la Orquesta de la Comunidad de Madrid. Recoge tres números de los más de veinte que constituyeron el proyecto de poner música a la proyección de la película Don Quichotte, de G. W. Pabst, que tenía como principal dificultad el hecho de ser hablada e incluso cantada, contando con música y canciones escritas por Jacques Ibert con destino a realzar la presencia del gran bajo ruso Chaliapin como protagonista de este filme de 1933; lo que constituía una excepción dentro de un proyecto que busca el encuentro entre películas mudas y música de hoy. Esta característica terminó configurando gran parte del estilo de la música que realicé, ya que las convenciones y la retórica visual del cine mudo –con su capacidad de abstracción, vista a ojos de hoy– desaparecen en una película hablada. El resultado terminó siendo, por tanto, muy distinto al que suele caracterizar los resultados de otras proyecciones y, desde luego, al tipo de música que realizo habitualmente, por más que constituyó para mi un feliz reencuentro con mi práctica juvenil de música de teatro.

La música de este Don Quichotte, en efecto, narra la acción y lo hace desde lo que yo he denominado “música cinematográfica idealizada”, alcanzando momentos de alto lirismo especialmente cuando Chaliapin canta las célebres canciones de Ibert y que, en la proyección, quedaban sin más sonido que el de mi composición.

Para esta grabación he elegido tres momentos que constituyen una pequeña suite extraída del conjunto. El primer momento, la letra J, corresponde con la primera salida de Don Quijote; en ella el héroe despierta a Sancho y ambos salen de noche al campo, no sin antes demorarse para que Don Quijote cante a Dulcinea. Clima nocturno que se refleja en la música en un Adagio. El segundo momento, letra V, corresponde a la última aventura, que en la cinta de Pabst es la del ataque a los molinos de viento que terminarán dejando malparado al caballero y precipitando su muerte en la escena posterior. El último momento seleccionado, letra X, es ya el epílogo de la película en el que sólo se ve en imágenes el libro del Quijote en el proceso inverso de quemarse, renaciendo de sus cenizas, nunca mejor dicho. El filme acompaña esta larga y estática secuencia con la última canción de Don Quijote. La elección de estos tres momentos musicales ha sido motivada, sobre todo, por la mayor autonomía musical que ofrecen con respecto a otros, así como por una alternancia expresiva que les da un cierto valor ternario de vagas resonancias sinfónicas. Se trata de una selección muy representativa del todo, pero que queda todavía lejos de lo que podría ser una suite de esta música que al menos debería ser el doble de larga y que, quien sabe, quizá desarrolle algún día.

Jorge Fernández Guerra

 

Los textos cantados: www.naxos.com/libretti/570260.htm

 


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