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8.570457 - MASO, Jordi: Catalan Piano Album (The)
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El álbum del piano catalán

 

Este disco reúne una selección de obras escritas por compositores catalanes a lo largo de las primeras décadas del siglo XX, una época particularmente fecunda y estimulante en la historia de la música para piano en Cataluña. Fueron años de una enorme diversidad estilística: por un lado, dos figuras consagradas internacionalmente, Isaac Albéniz y Enrique Granados, fueron los continuadores de la tradición romántica (con raíces en el pianismo de Chopin, Schumann y Liszt), a la vez que incorporaron a menudo en su música elementos nacionalistas extraídos del folklore español (como también hicieran en sus respectivos países Grieg, Dvořák, Smetana o Sibelius). Por otro lado una creciente admiración por la obra de Richard Wagner promovió en Barcelona la creación de una influyente “Asociación Wagneriana” en 1901, que tuvo entre sus seguidores a compositores como Enric Morera, Juli Garreta o Jaume Pahissa. Pero quizá la influencia más importante en esos años fue la de la música francesa, muy especialmente Claude Debussy y Maurice Ravel –muy presente en la obra de Frederic Mompou o Manuel Blancafort–, pero también del grupo que apadrinó Erik Satie “Les Six” –admirados por Xavier Montsalvatge. Tampoco puede desdeñarse el influjo que sobre algunos compositores ejerció Igor Stravinsky, quien en una visita a Barcelona expresó su admiración por la música de Juli Garreta y concretamente por sus sardanas (la danza popular de Cataluña, escrita para un conjunto de instrumentos de viento llamado cobla). Más marginal fue la influencia de la Segunda Escuela de Viena, aunque la estancia de nueve meses en Barcelona de Arnold Schoenberg –propiciada por su alumno Robert Gerhard– fue un acontecimiento en la vida musical catalana, como lo fue también la celebración del XIV Festival de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea (SIMC) en el año 1936, donde se estrenó el célebre Concierto para violín “a la memoria de un ángel” de Alban Berg. Pocos meses después estallaría la Guerra Civil española (1936–39) a la que siguió una penosa posguerra, que marcaría un importante declive en la actividad musical del país.

El presente disco empieza y acaba con música de Frederic Mompou (1893–1987), uno de los compositores catalanes más reconocidos internacionalmente. Mompou fue, sin embargo, un compositor atípico: autodidacta, admirador de la música de Gabriel Fauré y Francis Poulenc, su música –de carácter íntimo, depurada y esencial (“mi único objetivo es escribir obras donde nada falte ni nada sobre”, declaró)– estuvo siempre al margen de las vanguardias y de las innovadoras técnicas de composición (“en primer lugar debe estar la obra, después el tratado teórico”). Siendo un excelente pianista, dedicó la mayor parte de su música a este instrumento. Su colección de 15 Canciones y Danzas, inspiradas en melodías populares catalanas, fueron escritas todas para piano excepto la nº13 y la nº15, originales para guitarra y órgano respectivamente. Mi versión pianística de la Canción y Danza nº13 respeta escrupulosamente el original compuesto por Mompou en 1972, salvo algún cambio ocasional de registro. La Canción es El cant dels ocells (El canto de los pájaros), una melodía popular navideña que hiciera famosa en todo el mundo el violonchelista Pablo Casals; la Danza recrea la canción El bon caçador (El buen cazador). Uno de los primeros intérpretes de las obras de Mompou fue el pianista Ricard Viñes (1875–1943), amigo del compositor barcelonés y principal introductor de su música en París. Viñes fue indudablemente uno de los grandes virtuosos de las primeras décadas del siglo XX, un pianista comprometido con la música de su tiempo, que impulsó la carrera de muchos jóvenes compositores españoles, franceses y rusos (estrenó obras de Ravel, Debussy, Poulenc, Satie, Mussorgsky, Balakirev, Falla, Turina y Granados entre otros). Sus únicas composiciones para piano conocidas fueron publicadas póstumamente en 1945 por el “Institut Français en Espagne” bajo el título Quatre Hommages pour le piano (Cuatro Homenajes para piano). A esta colección pertenecen las deliciosas y elegíacas miniaturas En Verlaine mineur (à la mémoire de Gabriel Fauré) escrita entre 1938 y 1939 y Menuet spectral (à la mémoire de Maurice Ravel) de 1937–38. Entre 1927 y 1930 escribió Josep Mª Ruera (1900–1988) su sardana de concierto Tocs de festa (Toques de fiesta). Alumno de Enric Morera y Joan Lamote de Grignon, Ruera tenía un talento especial para escribir sardanas de una complejidad y ambición infrecuentes en el género. Fue también un compositor notable en otros ámbitos y así sus 3 moviments simfònics (3 movimientos sinfónicos) se estrenaron en el ya mencionado festival de la SIMC en Barcelona en 1936. Sin embargo la carrera de Ruera, como la de tantos otros compositores catalanes, fue truncada por la Guerra Civil española y sus trágicas consecuencias: perdió a su esposa en el bombardeo de la ciudad de Granollers en 1938 y atravesó una posguerra marcada por necesidades económicas que mermarían su actividad creativa. Tocs de festa, concebida según confesión del propio autor como un homenaje a Stravinsky, es un excelente ejemplo de la “fuerza exultante de su música” (en acertada expresión del pianista Josep Mª Roger, primer intérprete de esta luminosa pieza). Los Tres divertimentos sobre temas de autores olvidados (1941) fue una de las primeras composiciones de Xavier Montsalvatge (1912–2002). En ellos el compositor utilizó melodías que escuchó tocar a un amigo que era músico ambulante. Según escribió en su autobiografía “quedé enamorado de estas inefables cadencias y las quise adaptar para unas piezas pianísticas con armonías politonales, pensando en el lenguaje que tan superiormente aplicó Milhaud”. El segundo Divertimento es una encantadora habanera, un ritmo al que Montsalvatge recurriría a menudo en sus primeras obras (un período que denominó “antillano”).

La Mazurka es la primera de las Escenas románticas que Enrique Granados (1867–1916) escribió en 1904, una de las suites más substanciales del compositor. Aunque Granados es justamente célebre por sus obras de inspiración folklórica española (como Goyescas o las 12 Danzas españolas), una gran parte de su producción carece de elementos nacionalistas y está más cerca del universo del piano romántico de Schumann o Chopin. Esta melancólica y apasionada Mazurka contiene el distintivo carácter improvisatorio de la mejor música de Granados y sus voluptuosas armonías. La trayectoria de Joaquim Nin-Culmell (1908–2004) fue una de las más cosmopolitas entre los compositores catalanes: formado en Barcelona y París (donde estudió con Ricard Viñes, Alfred Cortot y Paul Dukas), se trasladó en 1938 a los Estados Unidos, donde residiría el resto de su vida. Entre 1956 y 1961 escribió una extensa colección de 48 Tonadas basadas en melodías populares de toda España. Para este disco he seleccionado tres piezas chispeantes que se inspiran en danzas de Cataluña. Joan Massià (1890–1969) fue un violinista prodigio formado en Bruselas con Alfred Marchot (alumno del legendario Eugène Ysaÿe). En su juventud formó un magnífico dúo con Blanche Selva –la pianista francesa responsable del estreno en París de la Suite Iberia de Isaac Albéniz– y durante algunos años desplegaron una intensa y exitosa actividad concertística por toda Europa. Como compositor, buena parte de la obra de Massià está destinada al piano –era un destacado pianista “amateur” y buen improvisador. Compuesta en 1924, El gorg negre (El estanque negro) fue su primera pieza pianística, una pequeña joya de intenciones descriptivas, escrita con un lenguaje próximo al romanticismo tardío. Diez años más tarde, en 1934, Massià escribió el Scherzo siguiendo el modelo de los scherzi de Chopin: partes extremas de gran virtuosismo, una sección central –el Trio– más lírica y reposada, y concluyendo con una Coda brillante. En esta obra ya están presentes algunas de las características propias de la música de Massià: uso de quintas vacías, acordes con cuartas y quintas paralelas, fragmentos de politonalidad y giros melódicos que evocan la música popular catalana. Manuel Blancafort (1897–1987) fue amigo íntimo de Mompou, y sus primeras obras reflejan claramente su influencia. Su Polka de l’equilibrista (Polka del equilibrista), sin embargo, está más cerca del espíritu sinvergüenza del grupo francés de Les Six o de Igor Stravinsky. Incluida en la suite de seis piezas El parc d’atraccions (El parque de atracciones), la Polka fue estrenada con gran éxito por Ricard Viñes, quien la incorporó como “encore” habitual en sus conciertos.

Antes de componer su indiscutible obra maestra, la Suite Iberia, Isaac Albéniz (1860–1909) compuso muchas piezas de música de salón de innegable encanto como la barcarola Mallorca. Escrita en Londres en 1890 (y publicada por Stanley Lucas, Weber & Co.), Mallorca es una pieza de lirismo desbordante y, aunque el compositor siempre fue muy autocrítico respecto a su música anterior a la Suite Iberia, esta barcarola figuraba entre las preferidas del propio Albéniz. “Yo creo que la gente tiene razón cuando sigue emocionándose aún con Mallorca, comentó en 1909. “En ella ahora noto yo que hay menos ciencia musical, menos idea grande, pero más calor, luz de sol, sabor de aceitunas”. Uno de los primeros intérpretes de la Suite Iberia de Albéniz fue el formidable pianista barcelonés Joaquim Malats (1872–1912). “Esta Iberia de mis pecados la escribo esencialmente por ti y para ti”, anotó Albéniz en una carta fechada en 1907. Virtuoso admirado en Europa y en los Estados Unidos, Malats compuso mucha música pianística de salón, siendo la Serenata española su pieza más popular. Ricard Lamote de Grignon (1899–1962) estudió con su padre, el compositor y director Joan Lamote de Grignon, de quien adquirió una sólida formación. En su música, extraordinariamente ecléctica, el propio compositor destacaba la influencia de Claude Debussy y Richard Strauss. El convent dels peixos (El convento de los peces) es una miniatura decididamente impresionista, de enigmático título, escrita probablemente en 1945. Joaquim Serra (1907–1957) ha pasado a la historia de la música catalana por su extenso catálogo de sardanas. Serra fue un compositor de extraordinario talento y su catálogo incluye música sinfónica, de cámara y una docena de magistrales canciones para voz y piano. Sus únicas aportaciones al repertorio pianístico fueron la Dansa (Danza) de 1931 y las 3 peces breus (3 piezas breves) de 1932. A esta última colección de miniaturas pertenece la sugestiva Cançó de bressol (Canción de cuna), pieza muy próxima a las sonoridades refinadas y vaporosas de Mompou. También Enric Morera (1865–1942) es recordado hoy por sus célebres sardanas. Morera fue asimismo un compositor muy prolífico –especialmente en el género lírico– y un profesor muy respetado e influyente. La Dansa nº1 (Danza nº1) – dedicada a Blanche Selva – pertenece a una serie de 3 Danses (3 Danzas) y pone de manifiesto una facilidad melódica cercana a Granados.

Los exquisitos Dos apunts (Dos apuntes) fueron una de las primeras composiciones de Robert Gerhard (1896–1970), quizá el compositor catalán de mayor proyección del siglo XX. Gerhard escribió el primer apunte en diciembre de 1921 y el segundo en marzo de 1922, formando un díptico que debe interpretarse sin interrupción y que revela una sorprendente afinidad con las últimas músicas de Scriabin. A pesar de la extrema brevedad de las dos piezas, Gerhard debía estar satisfecho del resultado puesto que ésta fue una de las obras que envió a Arnold Schoenberg cuando solicitó ser admitido en sus clases en Viena. Agustí Grau (1893–1964) es el compositor menos conocido perteneciente al CIC (Compositores Independientes de Cataluña), integrado por Mompou, Gerhard, Blancafort, Ricard Lamote de Grignon, Baltasar Samper, Eduard Toldrà y el pianista Joan Gilbert Camins. El grupo tuvo una vida efímera a causa de las enormes divergencias estéticas de sus miembros, aunque llegaron a celebrar un único concierto monográfico el 25 de junio de 1931 en Barcelona. Un año antes, en 1930, Grau compuso la barcarola Tamarit, una obra de cierta ambición, que hace uso en su sección central de cantos populares de inflexiones mozárabes provenientes de las tierras de Tarragona (al sur de Cataluña). Precisamente en Tarragona nació Xavier Gols (1902–1938), pianista y compositor fallecido prematuramente durante la Guerra Civil española a causa de una peritonitis. Ametllers florits, al lluny (Almendros en flor, a lo lejos) es la pieza que abre la suite titulada De les terres altes (De las tierras altas), escrita en 1936 y última obra para piano solo del compositor. En ella Gols se basó en cantos populares de la zona del Priorat (en la cordillera del Montsant), de ahí la mención de las “tierras altas” en el título de la obra. En Ametllers florits, al lluny Gols utiliza la melodía popular de esa región Ara ve lo mes de Març, a la que aplica su peculiar armonización de disonancias ásperas. Joaquim Zamacóis (1894–1976) fue muy popular en el mundo musical catalán como autor de libros didácticos de estudio obligado en los conservatorios catalanes. Su música, no obstante, es prácticamente desconocida, a pesar de su excelente factura y del buen oficio que acredita. La brillante Sardana está incluida en la suite de cinco piezas tituladas Aiguaforts (Aguafuertes) escrita en el año 1939. El disco concluye con el último de la serie de doce preludios que Mompou compusiera a lo largo de más de treinta años. Escrito en 1960, el Preludi nº12 (Preludio nº12) es una pieza desolada y obsesiva, cercana al espíritu de la Música callada –la indiscutible obra maestra del compositor y su creación más personal. Se interpreta aquí por primera vez a partir de la edición definitiva revisada en 2004 por el musicólogo Raül Benavides y publicada por la editorial barcelonesa Tritó.

Jordi Masó
Noviembre 2006


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