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8.570756 - MONTSALVATGE, X.: Piano Music, Vol. 2 (Maso) - El Arca de Noe / 5 Ocells en Llibertat / Concierto de Albayzin
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Xavier Montsalvatge (1912–2002)
Obras para piano • 2

 

Xavier Montsalvatge es uno de los compositores catalanes más importantes del siglo XX. Estudió en el Conservatorio de Barcelona con Francesc Costa (violín) y composición con Lluís Millet, Enric Morera y Jaume Pahissa. Sus 5 Canciones negras lanzaron su carrera internacionalmente e inició una brillante trayectoria como compositor, cultivando todos los géneros y viendo sus obras estrenadas por algunos de los solistas más destacados de la época (Alicia de Larrocha, Henryk Szeryng, Jean Pierre Rampal, Victoria de los Ángeles, Narciso Yepes, Nicanor Zabaleta, entre otros).

Si el primer volumen de la música completa para piano de Xavier Montsalvatge (8.570744) estaba dedicado a las obras que el compositor escribiera desde sus inicios (1933) hasta su primera madurez (1966), el presente disco se centra en la producción pianística de sus últimos años. Muchas de las obras las originaron encargos. Este es el caso de las cuatro piezas que abren esta grabación: la primera, Alegoría a Turina, fue compuesta en 1982, año en que se conmemoraba el centenario del nacimiento del compositor andaluz Joaquín Turina. El Ministerio de Cultura español solicitó a Montsalvatge una pieza para esa efeméride y el compositor utilizó para abrir y cerrar su obra una cita de Orgía, la tercera de las célebres Danzas Fantásticas del compositor sevillano. Aunque el compositor recurre a menudo en la Alegoría a inflexiones rítmicas andaluzas, la obra está lejos del pintoresquismo que caracterizaba la música de Turina: las armonías disonantes, los asomos de politonalidad y el carácter sarcástico y desinhibido de la música es puro Montsalvatge.

Las Tres piezas para la mano izquierda (1983–87) fueron también encargos de diferentes instituciones. En el caso de Sí, a Mompou, la Associació Catalana de Compositors en el año 1983 quiso homenajear al compositor catalán Frederic Mompou en su 90 cumpleaños encargando una pieza breve a sus compositores asociados. Montsalvatge respondió con esta obra hipnótica, cercana a la atmósfera de Le gibet de su admirado Maurice Ravel, cuyo título juega con el doble significado de la palabra “si” en español: “sí” afirmando la adhesión a la música de Mompou –compositor con quien Montsalvatge compartía no sólo amistad sino también ideales estéticos—y la nota musical “si”, repetida hasta cuarenta y dos veces a lo largo de la pieza. Cuatro años después, en 1987, para conmemorar los diez años de la muerte del compositor de Alicante Óscar Esplá, Montsalvatge escribió Berceuse a la memoria de Óscar Esplá para un concierto homenaje que finalmente no se llevó a cabo. Montsalvatge se valió en esta ocasión de una Berceuse que Esplá incluyó en la suite para piano Cantos de antaño. Esta “divagación melódica”—en palabras de Montsalvatge —figura entre las páginas más intensas y logradas de su producción para piano. La última de las piezas para la mano izquierda fue un encargo que en el año 1987 la Fundación Albéniz—presidida por Paloma O’Shea —hizo a veinte de los más destacados compositores españoles del momento con la intención de editar un volumen en el que se incluían, además de las partituras encargadas, artículos, documentación y fotos que ilustraban la conexión del gran pianista Artur Rubinstein con España. Montsalvatge contribuyó Una página para Rubinstein, subtitulada significativamente “Balada”, una pieza por momentos brillante que exige del pianista una considerable dosis de agilidad para que el oyente no perciba que está escrita para una sola mano. Montsalvatge acabó reuniendo las tres piezas para la mano izquierda en un solo volumen formando un tríptico, aunque también pueden interpretarse cada una por separado.

En El arca de Noé (1990) Montsalvatge afrontó el reto de escribir una obra que pudiera ser tocada por los niños que estudian el piano, a la manera del Álbum de la Juventud de Robert Schumann. El resultado fue una deliciosa colección de miniaturas, llenas de humor, en la que la música imita los sonidos o los movimientos de seis animales. La pequeña suite acaba con un Vals “para ser bailado por todos los animales del arca”, según reza la partitura (un vals que, irónicamente, Montsalvatge indica que puede tocarse “lento o rápido, según la habilidad de quien lo interprete”).

Schubertiana fue compuesta en el año 1993, cuando la Schubertiada de Vilabertrán encargó a seis compositores catalanes una “variación” sobre el célebre Impromptu D935 nº2 en la bemol mayor de Franz Schubert. La obra colectiva, se interpretó—como “Tema con variaciones”—en un concierto del Festival Internacional de Música de l’Empordà.

También Pastoral d’Automne (Pastoral de Otoño) forma parte de una obra conjunta: en el año 1994 Cecilia Colien Honegger pidió a cuarenta destacados compositores españoles y portugueses una obra breve, técnicamente accesible, para poder ser interpretada por estudiantes de piano. La bucólica Pastoral de Montsalvatge fue incluida en el volumen—titulado Álbum de Colien—,que refleja las diversas estéticas musicales que pervivían en la Península Ibérica al final del siglo XX.

La Milonga de 1996 es una nueva aproximación de Montsalvatge a los ritmos de la América Latina, en este caso la “milonga”, una danza uruguayana próxima al “tango”. La pieza fue estrenada en Londres por su dedicatario, el pianista Enrique Pérez de Guzmán.

También del año 1996 data el Impromptu en el Generalife (1996), revisión—o, mejor dicho, “transformación”—del viejo Impromptu nº3 del año 1933, que el compositor realizó para conmemorar el cincuentenario de la muerte de Falla, lo que le permitió incluir en los últimos compases una cita del primer movimiento de las Noches en los jardines de España del compositor andaluz. La breve pieza fue estrenada por Alicia de Larrocha.

El título original de Cinc ocells en llibertat (Cinco pájaro en libertad) era “Cinc ocells engabiats” (Cinco pájaros enjaulados), pero el compositor cambió su idea inicial al darse cuenta que los pájaros evocados por la música no suelen vivir en jaulas. Compuesta en 1997, se trata de una suite de dimensiones y ambición mucho más modestas que las obras en que Messiaen evoca el cantos de los pájaros, aunque la influencia del gran compositor francés es obvia en algunos momentos (en la última pieza, El cucut, por ejemplo). En El rossinyol, Montsalvatge cita la canción popular catalana “Rossinyol que vas a França”, mientras en La merla”—quizás la pieza más virtuosística de la colección —aparecen pequeños clusters con carácter scherzando que serán característicos en la última época del compositor (ya aparecían en el “Concierto del Albayzín” de 1977). El compositor dedicó cada una de las piezas de esta suite a uno de sus nietos, y la última a sus dos perros. También Bressoleig (Balanceo), escrita en 1998, tiene como dedicatario a un niño: Martí, hijo de Llorenç Caballero, editor de las últimas obras de Montsalvatge. El compositor escribió esta sencilla berceuse el día del nacimiento del niño.

Las exigencias técnicas y el virtuosismo de Alborada en Aurinx (1999) vienen justificados por el hecho de ser un encargo del XLIII Concurso Internacional de Piano de Jaén que se celebró en 2001, siendo obra obligada para todos los participantes a esa edición del concurso. La pieza, según contaba el propio compositor, evoca un alba imaginaria en Aurinx o Auringia, el nombre romano de la ciudad de Jaén. Se trata de una pieza notablemente más extensa que el resto de las obras para piano de esa época, y su voluptuosidad y energía la acercan a la música del brasileño Heitor Villalobos, compositor que Montsalvatge conoció y admiró.

La última pieza que Montsalvatge compusiera para piano, el Improviso epilogal del año 2001, fue un encargo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y está dedicada al director de esa academia, Ramón González de Amezua en su ochenta aniversario. A pesar de su condición de “epílogo”, y por tanto quizás también de despedida—el compositor estaba ya muy enfermo cuando la compuso—, la pequeña pieza es esencialmente irónica y desenfadada: la sección central ostenta la indicación “con alegrezza”, reapareciendo los característicos clusters juguetones que tanto gustaban al compositor. La pieza fue estrenada por Alicia de Larrocha.

La última obra del disco es la más temprana: el Concierto de Albayzín fue iniciado en el año 1976, completándose en 1977. El concierto, escrito para el clavicembalista colombiano Rafael Puyana, fue un encargo del Festival Internacional de Música de Granada, y aunque el título hace referencia a un pintoreso barrio granadino, la música no tiene ninguna otra referencia andaluza. Este Concierto figuraba entre las obras de las que Montsalvatge estaba más satisfecho: “El Concierto de Albayzín”, escribió, “es, junto con Laberinto, mi obra sinfónica donde he conseguido reflejar mi pensamiento musical con más veracidad”. Aunque, según confesión propia, Montsalvatge quiso alejarse de la influencia de dos obras para clave solista que admiraba (el Concerto Campestre de Poulenc y el Concerto para clave y cinco instrumentos de Manuel de Falla), la influencia de este último es patente en algunos pasajes particularmente austeros del segundo movimiento. El estreno tuvo lugar en Granada en el año 1978, y años después, el compositor realizó una versión de la obra para ser interpretada con un piano en el papel solista, que es la versión que se ofrece en este disco.


Jordi Masó


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