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8.570757 - CASABLANCAS, B.: Piano Music (Maso)
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Benet Casablancas (b. 1956)
Obras para piano

 

El piano ha sido, y sigue siendo en buena medida, el instrumento de los compositores. La relación con sus teclas es, casi siempre, más íntima y cotidiana que la que el creador musical pueda tener con cualquier otro instrumento. El pianista-compositor parece sin embargo cosa del pasado; es raro encontrar hoy en día casos de compositores entregados en exclusiva o muy preferentemente a la música para piano solo como Chopin, Schumann, Scriabin, Rachmaninoff o, en un ámbito más cercano al músico que aquí nos ocupa, Granados, Albéniz o Mompou. Sin embargo, el piano mantiene su atractivo para muchos creadores, por ser en sí mismo un objeto musical fascinante y representar uno de los instrumentos más ricos en tradición y repertorio y, al mismo tiempo, un tesoro de posibilidades todavía insospechadas.

En los últimos años el compositor Benet Casablancas (nacido en 1956 en la ciudad de Sabadell, cercana a Barcelona) ha consolidado su posición como uno de los compositores españoles más activos e interesantes de la actualidad. Su sólida formación musical y humanística le ha permitido desarrollar un lenguaje muy personal que, a pesar de estar firmemente basado en el conocimiento y el amor por la gran tradición clásica (con la Segunda Escuela de Viena como una de sus referencias fundamentales), está abierto a influencias muy diversas, a las que puede dar respuesta sin caer en compromisos eclécticos. En las primeras fases de su carrera la música para piano solo está representada por piezas relativamente escasas en número, aunque muy significativas. En cambio, una de las características más llamativas de la producción reciente de Casablancas es la importante cantidad de piezas pianísticas que presenta (como evidencian las fechas de composición de las obras que contiene el presente registro). La madurez en que se encuentra su idioma le ha permitido extraer consecuencias de la gran literatura para el instrumento, con un creciente virtuosismo en la escritura y una extraordinaria riqueza de detalle en la textura y en los recursos armónicos y polifónicos, dejándose guiar siempre por la sonoridad del piano y su dinámica gestual como criterios finales de la estructura musical.

La selección aquí presentada, que reúne la práctica totalidad de las obras para piano de Benet Casablancas, tiene su elemento más antiguo en el Preludi i fuga en do, de 1976, que puede resultar una interesante introducción a su obra por tratarse de una pieza muy temprana y en la que, a pesar de las enormes diferencias con el lenguaje maduro del compositor, puede advertirse su búsqueda del rigor constructivo y el prurito artesanal en la segura escritura contrapuntística. La futura personalidad musical de Casablancas puede advertirse más claramente en la serena inquietud del casi expresionista Preludio que en el neoclasicismo quasi hindemithiano de la Fuga, pero este estudio polifónico permite ya observar a un joven compositor con una inusual autoexigencia en la calidad de su oficio.

Una de las más decisivas incursiones tempranas del compositor en el terreno pianístico fue Dues peces per a piano, de 1978. A pesar de su brevedad y de que se trata teóricamente de un fruto del período de formación de Casablancas, este díptico sorprende por su ambición expresiva. La relación lento-rápido que se establece entre ambas piezas (con raíces en la tradición) se complementa con el contraste extremo entre el lirismo reflexivo que predomina en la primera y la violencia de la segunda (contraste que se invierte cuando se contraponen las respectivas secciones centrales). La intensidad cantabile de la primera pieza da paso en la segunda a un virtuosístico campo de compleja actividad en el que puede sentirse la afinidad con la tercera pieza del Op. 11 de Schönberg.

Después de mucho tiempo apartado de la composición pianística, Tres peces per a piano, compuesta en 1986 para atender al encargo del pianista Albert Nieto, representa para Casablancas uno de los momentos más significativos en su aproximación al género pianístico. La experiencia adquirida en diversas composiciones orquestales y de cámara y la riqueza creciente de sus referencias da lugar a un magnífico tríptico, con un contenido expresivo y una complejidad en su elaboración que sitúan a esta obra sin duda entre las obras pianísticas en un lugar muy importante en la producción del compositor. La riqueza de la escritura instrumental está generada por una polifonía no menos compleja y por un tratamiento temático en el que la influencia de la Escuela de Viena está muy presente. La elocuente expresividad se hace compatible con el rigor contrapuntístico, con texturas surgidas de elaboradas constelaciones motívicas. El carácter meditativo de las piezas inicial y final pone en mayor relieve las oposiciones extremas de la central. Los contrastes de ésta, la cual puede llegar a la mayor violencia pero que también puede entretenerse en el tintineo ornamental, son lo más opuesto a la desnuda austeridad con que termina el ciclo.

En 1997 Casablancas contribuyó al homenaje a Schubert realizado en la Schubertíada de Vilabertran (con motivo del segundo centenario del nacimiento del compositor austríaco) con el Full d’àlbum, subtitulado “Variación sobre un tema de F. Schubert”. El tema elegido es la idea inicial del Impromptu en La bemol mayor D.935. En el rico y elaborado discurso de la pieza, anticipo del lenguaje pianístico más reciente de Casablancas, la presencia de la melodía del Impromptu no tiene el carácter de cita, sino que su substancia motívica impregna la construcción armónica y polifónica de la composición.

Los albores del nuevo Siglo traen consigo una destacable aceleración en la producción pianística de Casablancas. La primera pieza terminada en esta importante fase es el Scherzo del año 2000. Escrita en homenaje al compositor catalán Josep Maria Ruera (cuya pieza Tocs de Festa es citada brevemente hacia el final), es el movimiento para piano solo más extenso de Casablancas. Su lenguaje ha evolucionado notablemente desde la anterior composición. La exigencia de rigor en la escritura y el deseo de coherencia formal no son menos evidentes, pero las influencias asumidas (e integradas con engañosa facilidad) se ha ensanchado. En la construcción de los acordes (formados con frecuencia a partir de agregados de raíz politonal), en la creciente preponderancia de la dimensión puramente sonora del discurso, que adquiere un peso comparable al de la sintaxis motívica y la polifonía, puede verse una feliz unión de las referencias centroeuropeas con las del impresionismo más meridional y, aún, de otras músicas que el compositor sabe asimilar en una poética cada vez más personal. De acuerdo con el título, la música se recrea en acciones muy diversas, con frecuencia de carácter lúdico y guiadas por la fascinación del puro sonido pianístico. A pesar de que una animación hiperactiva domina la pieza, no faltan momentos de detenimiento lírico.

El uso de la palabra “epigrama” como título para una pieza musical tiene una cierta tradición, pero pocos compositores lo han hecho suyo como Casablancas, el cual ha dado el nombre de epigramas a varias de sus más importantes composiciones. Los Set epigrames de 2000-03, colección formada por páginas sumamente contrastantes entre si en tempo y carácter, son incluso más concisos, y más cercanos, por lo tanto, a lo “epigramático”, que las composiciones orquestales o camerísticas de Casablancas con la misma denominación.

Las Tres bagatel·les de 2001-03 son piezas mucho más ambiciosas de lo que su título podría sugerir, como puede deducirse del hecho de que son, aparte del Scherzo, los tres movimientos para piano solo de más duración escritos por Casablancas. La dinámica con que se suceden los procesos creadores de tensión y los momentos de quietud en que resuelven es iluminada por el equilibrio entre la brillantez virtuosística (que tiene en esta obra un papel especialmente importante) y el preciosismo sonoro de inspiración impresionista.

Si bien en tiempos de Schumann era todavía posible que el gran compositor escribiera música “infantil” (tanto por lo que hace a la expresión poética como a la dificultad técnica de la escritura pianística), la evolución posterior de los lenguajes musicales ha hecho de la música para niños un terreno de especialistas didácticos con presencia muy limitada de los creadores musicales más relevantes. Bartók (Mikrokosmos), en cuanto a la pedagogía, o Mompou (Scènes d’enfants), en sus referencias expresivas, representan dos importantes excepciones. El Tríptic infantil, de 2001-03, es la contemplación más directa y elocuente del mundo de la infancia que se encuentra en la música de Casablancas. A pesar de que su personalidad es perfectamente reconocible en este breve tríptico, las piezas sugieren el mundo perdido de las melodías infantiles. Los títulos de las tres partes de la obra y mucho de su carácter revelan la afinidad con la obra antes citada de Mompou y otras del mismo compositor, cuya aproximación al universo infantil y a la canción popular son una referencia ineludible para compositores catalanes de generaciones posteriores.

El primero de los Tres aforismes fue compuesto en 1996, pero la obra completa fue terminada en 2003. Esa primera pieza está escrita sólo para la mano izquierda, y contiene un breve recitativo introspectivo como parte central entre las dos inquietas secciones extremas. También el segundo aforismo, dentro de la concisión que sugiere el título, desarrolla una estructura ternaria, con un circunspecto pasaje de contrapunto imitativo casi satírico en el centro, en contraste con las texturas más irregulares del inicio y de la conclusión. La brevedad de la tercera pieza y su final abierto la hacen merecedora, todavía más que las otras, del título de aforismo.

En el año 2005 el pianista Jordi Masó solicitó a varios músicos españoles una pequeña pieza para realizar un original homenaje al compositor Joaquim Homs (1905- 2003). La contribución de Casablancas fue Tombeau, basada en uno de los acordes del Impromptu nº6 de Homs. Los acordes repetidos, a la manera del ritmo monótono de una procesión fúnebre, establecen el carácter elegíaco de la música, con diversos episodios que pueden tanto ascender a la dulzura del registro agudo como intensificar la dolorosa expresión general en pasajes más agitados.

El género de la música para piano a cuatro manos parece vinculado con la Hausmusik de épocas pasadas, y se encuentran pocos ejemplos de obras importantes para ese medio en tiempos recientes. Es por ello que los Tre Divertimenti para piano a cuatro manos de 2006, escritos precisamente para los intérpretes de esta grabación, representan una muy sugerente y novedosa aportación. Si bien el piano a cuatro manos no ha sido tradicionalmente un terreno para desplegar el virtuosismo, en la primera y en la última de las tres piezas predominan los pasajes brillantes, con el tipo de escritura propia de las composiciones inmediatamente anteriores de Casablancas, favorecida ahora por los recursos que un segundo pianista ofrece en el juego gestual y en la densidad de los acontecimientos sonoros. El disponer de un ámbito mayor facilita también la creación de áreas armónicas altamente diferenciadas, una preocupación fundamental en la música reciente del compositor. En el Notturno central los momentos de contemplación estática crean ricas pero extremadamente delicadas texturas. Esta obra, por ahora la última en el catálogo pianístico del compositor, hace evidente que su creatividad en este campo está muy lejos de agotarse. Esta grabación es testimonio de una producción madura y muy completa y, al mismo tiempo, anuncia sin duda nuevas obras a esperar con el mayor interés.

Víctor Estapé


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