About this Recording
8.572073 - GARCIA ABRIL, A.: Madre Asturias - A Collection of Asturian Songs (Pixan, Torres-Pardo)
English  Spanish 

Antón García Abril (nacido 1933)
Madre Asturias: Colección de Canciones Asturianas
Recreación sonora de Asturias

 

En la obra de Antón García Abril (Teruel, 1933), la relación con el folclore musical de Asturias constituye una faceta peculiar de su trayectoria creadora. Con una mezcla de oficio artesanal y fantasía poética, el compositor turolense ha recreado el paisaje sonoro asturiano bajo tres vertientes diferentes—coro, lied orquestal y lied para piano—, envueltas en un mismo ideal estético que aúna tradición popular e inspiración personal.

En 1982, por encargo de la Federación Coral Asturiana, García Abril compone sobre melodías extraídas del Cancionero musical de la lírica popular Asturiana, del folklorista y compositor Eduardo Martínez Torner, las Tres canciones asturianas para coro a capella: Una palomina blanca, ¡Que me oscurece! y Cuatro pañolinos tengo. En estas canciones corales se perfila ese rasgo del compositor que combina la fidelidad folclórica en la línea melódica con la recreación imaginaria en los desarrollos y armonizaciones de las canciones corales.

Dos años después, en 1984, García Abril escribe para el Proyecto musical “Lírica asturiana”, pensado e impulsado por el tenor Joaquín Pixán, el ciclo Catorce canciones asturianas, para voz y orquesta. Con la ayuda del Gobierno del Principado de Asturias y de varias empresas y sociedades asturianas, estas canciones se editaron en 1984 por la CBS, interpretadas por la Orquesta Filarmónica de Londres y Joaquín Pixán, bajo la dirección de Jesús López Cobos.

Las líneas del primer proyecto “Lírica asturiana” eran principalmente tres. Por una parte, promocionar y difundir la cultura asturiana más allá de las fronteras de esta comunidad y, especialmente, en tierras hispanoamericanas. Por otra, elaborar un repertorio concertístico en el que, partiendo de motivos populares asturianos, se trascendiese lo meramente local en aras de una obra culta de proyección universal. La tercera, crear nuevas canciones y desarrollos poéticos musicales, sobre las letras del escritor asturiano José León Delestal (Ciaño, Langreo, 1921–Madrid, 1989). De las catorce canciones del ciclo, cuatro de ellas no proceden directamente del folclore, sino que son de nueva creación: Madre Asturias, expresión de la emigración asturiana; El canto del urogallo, símbolo de la naturaleza astur; Adiós xana, protesta ecológica contra la contaminación y la destrucción del paisaje, y El Naranjo de Bulnes, una obra que tiene características de himno montañero.

El piano más allá del folclore

Tanto ha llovido,
Los naranjales han florecido
¡Pino verde!

– Canción popular asturiana

La nueva Colección de canciones asturianas, representa esa tercera vertiente de la obra de García Abril sobre el folclore asturiano: el lied para voz y piano. Este ciclo de canciones, escrito en el 2007 deriva directamente de la obra para voz y orquesta arriba citada, editada en 1984. ¿Estamos, entonces, ante una obra nueva o es una mera reducción o trascripción de la orquesta al piano del ciclo de Catorce canciones asturianas?

Indudablemente, el punto de partida de la colección para voz y piano es el mismo de la obra orquestal. Los textos son idénticos y la línea vocal, salvo pequeñísimos y nada significativos cambios, es similar en las dos obras. Sin embargo, la proyección y el vuelo del piano, protagonista con la voz y no mero acompañante de la voz, confiere a esta obra una nueva intencionalidad compositiva e interpretativa. No estamos ante una reducción de la obra orquestal, sino ante una recreación, una especie de “remirada” que esencializa y trasforma la obra original para orquesta y que a través de la pianista Rosa Torres-Pardo adquiere una honda proyección artística.

García Abril entrelaza en estas canciones un diálogo inseparable entre dos opuestos. Folclore imaginario, en la concepción pianística, y dato directo o folclore real, en la línea vocal. El antecedente estético de este proceder, con una complejidad técnica pianística más acusada en el caso del maestro turolense, se remite a la “Asturiana”, de las Siete canciones populares españolas, de Manuel de Falla. El piano no sólo arropa una melodía, sino que la recrea, la evoca, la enmarca y la proyecta con lirismo, fantasía y libertad.

Las fuentes concretas de las catorce canciones están, fundamentalmente y por orden de importancia, en los siguientes cancioneros: 40 canciones asturianas, de Baldomero Fernández (1914), 20 canciones asturianas, de Manuel del Fresno (1931) y, ocasionalmente, el cancionero de Hurtado—Cien cantos populares asturianos (1890) y el cancionero de Torner. A ellos hay que sumar las cuatro canciones sobre textos de Delestal, arriba aludidas. En la concepción pianística de las canciones, emplea García Abril unos rasgos estilísticos como la ambigüedad modal y la fluctuación tonal, la utilización de contracantos que derivan, como si fuese un proceso de interiorización, de pequeñas células de la melodía vocal, la variedad rítmica y la búsqueda de un color sugerente que libera, enriquece e individualiza cada una de las catorce canciones.

[1] Vaqueiras: La “vaqueirada”, denominada por los folcloristas como “baile de pandero” es una forma de canto y danza característica de los “vaqueiros de alzada”, habitantes de las brañas del Occidente de Asturias que, como grupo social diferenciado, desarrollaron expresiones folclóricas muy peculiares. Escritas en compás de 3/8, estas “vaqueiradas”, recogidas principalmente de Baldomero Fernández (N. 21 y 22) y Torner, presentan varias modalidades melódicas, hilvanadas por una melodía que se escucha en el preludio pianístico y que deriva de un adorno melódico, una especie de melisma, con el que se cierra cada vaqueira. La ambigüedad modal y los contratiempos y desplazamientos y heterometrías rítmicas son algunas de las características que confieren vigor y fuerza a estas Vaqueiras. El ámbito de la voz, como corresponde a la música popular es de una tesitura limitada que se mueve entre el La3 y Sol4 en el ¡Ey! final.

[2] Non te pares a mió puerta: Un lied encantador estructurado en tres secciones. La canción procede del cancionero de Baldomero Fernández (N.30), del que conserva la tonalidad inicial de Mi bemol Mayor, aunque con un tratamiento ligeramente politonal con un abierto Do menor en el piano. La sección intermedia, “Amor siento y amor canto”, desarrolla una melodía vocal propia del compositor sobre un texto original de Delestal. Una especie de glosa a esta emotiva canción de desamor.

[3] Ayer vite na fonte: La canción se basa en el cancionero de Manuel del Fresno (N.9), con la que comparte la tonalidad inicial de Fa sostenido menor. El preludio pianístico, intercalado con la melodía vocal confiere a la obra un carácter plástico, muy descriptivo. En la sección intermedia, “sospiro por amores que yo tenía” García Abril conservando la letra tradicional, modifica y varía la melodía con gran naturalidad expresiva. La tesitura de la voz oscila entre el Fa sostenido 3 y el Fa sostenido 4 de la coda final.

[4] Tengo de subir al puerto: El tema de la canción se extrae del cancionero de Baldomero Fernández (N. 33). En Asturias se popularizó esta canción a través del cantante José Manuel González, “El Presi”. En la tonalidad predominante de Fa sostenido menor, el motivo inicial del piano, predominante en la obra, recrea el ornamento melismático de la voz sobre las palabras “¡qué haré yo!”, que cierra cada estrofa.

[5] Yo no soy marinero: La fuente principal de esta canción está en Baldomero Fernández (N. 10). Escrita en la tonalidad de Do menor, los acordes repetidos de corcheas crean una animada tensión rítmica. La sección intermedia que comienza “Si el amor es cadena no es de hierro” es una glosa escrita por León Delestal sobre la que el compositor traza una línea melódica original. De nuevo, la creación melódica se engarza, con naturalidad, con la canción popular de la que parte.

[6] Ella lloraba por mí: La cabraliega” o “Cuando salí de Cabrales” es uno de los prototipos de tonada asturiana, que se entona tradicionalmente a capella. El tratamiento pianístico de sugerente carácter romántico, unido al sentido modulante de la armonía cada vez que se repite la tonada (Fa Mayor–menor, La Mayor, Fa sostenido Mayor, Mi bemol Mayor) envuelve la rudeza de la tonada de una delicada emoción.

[7] El Naranjo de Bulnes: El Naranjo de Bulnes o Pico Urriello es la montaña mítica que condensa buena parte de la historia del alpinismo en Asturias. Sobre la letra de Delestal, García Abril compuso una canción que posee ciertas características convencionales de himno. Estructurada en dos secciones, la primera en Mi menor y la segunda, el estribillo en Mi Mayor, la obra finaliza con un Sol sostenido 4 sobre la palabra “arriba”.

[8] No llores niña, no llores: De nuevo se parte en este lied del cancionero de Baldomero Fernández (N.9). La primera estrofa, en La menor, es popular. Tras un interludio pianístico, Delestal escribe la letra de una segunda estrofa, con la misma melodía inicial, pero en el tono de Do menor.

[9] Una estrella se perdió: En esta canción, Antón García Abril une tres melodías diferentes: “Meneate, buena moza”, “xiringuelu” recogido por Baldomero Fernández (N.27), una variación de esta melodía con letra de Delestal que comienza “Al vuelo de tu donaire”, y, finalmente, tras una transición de carácter rítmico,“Si la llevan que la lleven”, N. 4 del cancionero de Manuel del Fresno.

[10] Duérmete neñu: Esta añada, nombre de las canciones de cuna en Asturias, se encuentra en el cancionero de Manuel del Fresno (N.2). El motivo del preludio pianístico, que posee cierto carácter interrogativo, parte de esa queja “¡Ay, agora non!”. La sección intermedia “Tras las montañes ya duerme el sol” es una nueva creación melódica sobre versos de Delestal.

[11] El canto del urogallo: Esta es otra de las canciones originales de Delestal en la que el urogallo, uno de los íconos de la fauna asturiana, representa una alegoría del canto del enamorado. García Abril no sigue en la música modelos populares asturianos, sino que adopta un discurso musical libre y fluido, en la tonalidad predominante de Fa menor.

[12] Hasta los naranjales han florecido: Esta añada figura en el cancionero de Baldomero Fernández (N. 36). La melodía muy modal sobre el modo de Fa posee un evocativo carácter arcaico. La sección intermedia, “Si a las nubes miras, dime que ves”, en La bemol, está escrita por Delestal. Las figuraciones rítmicas del piano aluden de una manera descriptiva al mecer de la cuna. Es una de las canciones más hermosas de todo el ciclo.

[13] Adiós xana: Delestal escribió este poema, de explícito trasfondo ecológico, como denuncia de las explotaciones mineras a cielo abierto y la brutal pérdida y deterioro del paisaje natural. El preludio pianístico, en la tonalidad en Sol menor, abre como un pórtico esta canción, de inspirada melodía, estructurada en dos secciones.

[14] Madre Asturias: Es la canción del emigrante asturiano que con la distancia, acrecienta su amor y su nostalgia a la tierra. Para un texto original de José León Delestal, García Abril compone una canción que se ajusta a las formas más generales de la canción popular española. Se estructura en un preludio, en la tonalidad de La menor, y dos secciones, en Sol menor, la primera, a la que sigue el esperanzado Sol Mayor del estribillo. Una de las líneas del acompañamiento recrea un floreo melódico característico de la tonada y de una profunda fuerza evocativa.

Ramón Avello


Close the window