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8.572141 - TURINA, J.: Piano Music, Vol. 6 (Maso) - Ritmos / Fantasia italiana / Fantasia sobre 5 notas / Fantasia cinematografica
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Joaquín Turina (1882–1949)
Ritmos • Fantasía sobre cinco notas • Fantasía italiana
Fantasía cinematográfica • Fantasía del reloj • Poema fantástico

 

La fantasía, esa facultad maravillosa que tiene el ánimo de reproducir por medio de imágenes las cosas pasadas o lejanas, de representar las ideales en forma sensible o de idealizar las reales, es el hilo conductor de este compacto. Sin ser imprescindible, la “fantasía” es, también, un elemento sustancial de la música. Joaquín Turina se distinguió siempre por su reiterado universo de fantasía, evocador de una infancia plena de sugerencias fantásticas.

La Sevilla en la que nace y crece el futuro compositor es una ciudad bañada de reminiscencias. El mundo árabe, lo oriental, la España ultramarina de América y lo legendario tiñen el muy romántico siglo XIX sevillano. Será este encrucijado cruce de recuerdos y de realidades el que nutra y tiña de “pintoresquismo” su idealizado hacer creativo. El sexto cedé del integral turinesco protagonizado por el pianista catalán Jordi Masó presenta obras en las que la fantasía no sólo figura en los títulos, sino que es también elemento sustancial que late en lo más hondo de sus pentagramas.

Las seis breves páginas pianísticas de la “fantasía coreográfica” Ritmos fueron compuestas entre octubre de 1927 y marzo de 1928, y son antecedente del ballet del mismo nombre que inmediatamente después—entre marzo y octubre de 1928—Turina escribe para la famosa bailaora Antonia Mercé, “La Argentina”. Se trata, en su versión orquestal, de una abstracta y bien coloreada alegoría de la danza, que conforma una de las mejores y más interesantes obras surgidas de la fértil pluma del compositor sevillano.

Turina escribe que con Ritmos quiso crear una obra puramente coreográfica, “representable y, a la vez, que pueda ser ejecutada en conciertos”. Ésta es su línea generatriz, aunque “una vez resuelta esta idea, surge un nuevo plan dinámico, que podríamos decir ascendente, según el cual Ritmos presenta un paso progresivo de las tinieblas a la luz”. Es el propio compositor el que detalla las características de cada uno de los números de la fantasía. “Un ‘Preludio’ muy breve, y de ambiente tenebroso, sirve de preparación a la ‘Danza lenta’, en ritmo de farruca, pero en compás ternario. Sigue un ‘Vals trágico’de relieves muy acusa dos, un poco apache, agrio a veces y, más tarde, suplicante. Es el tono de penumbra que sirve de paso al ‘Garrotín’, mucho más claro y optimista. Un ‘Intermedio’, como un idilio amoroso, viene a ser el prólogo de la ‘Danza exótica’, agitada y alegre, dentro de los ritmos americanos, de la que surgen fórmulas genuinamente españolas, entre las cuales todo el mundo percibe los acentos suplicantes del vals”. También los ritmos inconfundibles de un charlestón.

En 1934 el gran violinista y director de orquesta madrileño Enrique Fernández Arbós cumplía 70 años. Con tal motivo, varios compositores españoles—Falla, Bacarisse, Esplá, Ernesto Halffter y Rodolfo Halffter, entre otros– le dedican sendas obras. Turina compone la Fantasía sobre cinco notas, para la que recurre a las iniciales del músico interpretadas de un modo un tanto arbitrario, (A=La; R=Re; B=Si bemol; O=Do; S=Sol). Se trata de una pequeña suite de corte neoclásico, muy al gusto de la época, cuyos tres movimientos se regodean en temas derivados del nombre del homenajeado. Otro relevante director de orquesta español, el gironés Arturo Saco del Valle, es el destinatario de la Fantasía italiana opus 75, cuyos tres movimientos Turina completa entre el 19 de septiembre 1932 y el 5 de noviembre de ese mismo año. Bastante posterior es la Fantasía cinematográfica opus 103, compuesta en la primavera de 1945, y que es su última obra pianística de inspiración fílmica, género por el que Turina sentía particular predilección. Se trata de un vistoso rondó cuyo tema es interrumpido por diversos episodios caracterizados por su pluralidad de ambientes y variedad de ritmos de danza, en los que se advierten resonancias de zorcico y de farruca.

El reloj y el tiempo insondable han inducido infinitas piezas musicales: desde Ponchielli y la muy famosa Danza de las horas a la hondura straussiana de El caballero de la rosa; de la ligereza clásica de Haydn y su Sinfonía del reloj al fino humor raveliano de La hora española. Turina compone los “tres momentos para piano” que integran su Fantasía del reloj opus 94 entre octubre de 1942 y enero de 1943. Tres miniaturas en las que el veterano compositor, que entonces contaba 60 años, luce sus mejores habilidades pianísticas. El uso de los glissandos en ‘Las horas del rincón mágico’, las variadas armonías o el cuidadoso uso de las sonoridades son señas que lo atestiguan. El tríptico figura dedicado a Jesús Rubio, y su muy tardía edición no se produjo hasta 1989, cuando fue publicado en Madrid por Unión Musical Española.

“La música del Poema fantástico no es de tipo impresionista ni descriptivo. Los subtítulos de las piezas se limitan a evocar los lugares y el ambiente en donde se mueve la figura central, símbolo de la mujer madrileña, moderna y romántica a la vez, huidiza en unos momentos y expresiva en otros. Un doble tema se desarrolla en el curso de la obra a modo de variación, llevando expresión íntima a las ‘Viejas calles madrileñas’, reflejos exaltados en la ‘Encrucijada’, subiendo, poco a poco, en la ‘Tarde de cine’, mientras se oye, tenue y en la lejanía, la música de la película”. Son éstas palabras de Joaquín Turina acerca de este curioso Poema fantástico compuesto entre el 4 de enero y el 14 de marzo de 1944, y que el musicólogo y crítico español Federico Sopeña llegó a definir como “una de las obras más importantes del piano turinesco”. Desde su españolísimo romanticismo, la obra, como escribe Sopeña, transpira pasión fuerte y realista, “suspiros y desgarros eslabonados por un mágico vuelo en torno a la tonalidad fundamental, nos llevan de la mano al sitio más difícil de la música española, al rincón donde la danza se olvida y la copla no basta, porque se quiere decir y cantar algo concreto y personal”.

El primer movimiento—‘En el hall del hotel’—se inicia y concluye con un tiempo de vals “no muy rápido” que sugiere los ampulosos salones de los hoteles decimonónicos. ‘Viejas calles madrileñas’ es un plácido y “suavísimo” paseo musical en el que reaparece algún motivo del primer movimiento. ‘Sentimiento dramático’ pide Turina para la interpretación del tercer número, ‘Encrucijada’, que se distingue por su diseño cromático descendente. El poema termina con ‘Tarde de cine’, se trata de un animado fragmento de tiempos cambiantes, en el que en absoluto faltan los insinuantes acentos sevillanos que tanto marcan la obra de Joaquín Turina.


Justo Romero


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