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8.572262 - GRANADOS, E.: Piano Trio / Piano Quintet (LOM Piano Trio)
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Enric Granados (1867–1916)
Trio para violín, violonchelo y piano, op. 50 • Quinteto con piano, op. 49
Intermezzo de Goyescas para trío

 

Enric Granados es, con Manuel de Falla e Isaac Albéniz, uno de los músico más relevantes de la España de cambio de siglo. Y si usamos la palabra “músico” es porque su relevancia se manifiesta en los tres campos que hacen de él un artista integral: la interpretación, la composición y la pedagogía. Falla destacó más como compositor y Albéniz como intérprete, mientras que Granados repartió por igual sus esfuerzos en los tres terrenos: como intérprete fue admirado en Europa (sus éxitos en París fueron destacados), como compositor fue llamado “el Grieg español” y la difusión de sus Goyescas fue notable, y como pedagogo dejó una huella incuestionable en la escuela pianística española con la creación de la Academia Granados y la publicación de trabajos de técnica pianística pioneros en España.

Granados nació en Lleida (Cataluña) en 1867. Estudió piano en Barcelona y a los veinte años viajó a París donde trabajó con músicos como Fauré, Debussy, Ravel o Saint-Saëns. De regreso a su tierra se consolidó como el más grande pianista de su época. Tocó con Pau Casals, Jacques Thibaud, Emil von Sauer o Camille Saint-Saëns, compuso decenas de obras para piano, música de escena, obras sinfónicas, lieder y música de cámara, y como pedagogo fundó en 1901 la Academia Granados (más adelante, Academia Marshall) por la que pasaron decenas de alumnos que luego fueron grandes intérpretes. Granados murió en 1916 junto a su esposa al ser torpedeado por un submarino alemán el barco en el que viajaban cuando volvían de Nueva York, después del estreno de su ópera Goyescas y de ofrecer un recital privado al presidente de los Estados Unidos.

Su trabajo como compositor es a menudo asociado a las obras del nacionalismo español de Isaac Albéniz y de Manuel de Falla, aunque quizás el término “neoromántico” se adaptaría mejor al estilo sumamente expresivo de Granados. Entre sus composiciones destacan las Danzas españolas para piano y los diferentes cuadros de Goyescas también para piano—obras inspiradas en el mundo pintado por del gran artista español Francisco de Goya—y el Intermezzo que compuso para la ópera de mismo título. La música de cámara incluye una docena de obras entre las que destacan con luz propia dos composiciones de 1894: el Quinteto con piano op. 49 y el Trio op. 50.

Después de sus estudios en París (1887–89), Granados se instaló definitivamente en Barcelona donde empezó su carrera profesional compaginando la interpretación, la composición y la docencia. En 1892 protagonizó como solista el estreno en España del Concierto para piano de Grieg, sus Danzas españolas para piano empezaron a ser conocidas en Europa y su fama como profesor de piano no hacía más que crecer. En 1893 se casó con Amparo Gal, con la que tendría 6 hijos, y constató que las oportunidades que le ofrecía Barcelona para desarrollar su carrera musical eran escasas. Pronto viajaría a Madrid para buscar más fortuna, pero antes trabajó duro en la capital catalana. A este período corresponden las dos obras de cámara mencionadas, escritas con la intención no ya de darse a conocer, sino con el ánimo de hacerse un hueco entre los compositores del momento y empezar a recibir encargos remunerados (hecho que se produciría pronto con encargos llegados del teatro musical).

La escritura pianística de ambas obras revela la mano de un virtuoso de este instrumento y presenta claros guiños a la música de salón propia de la época y giros melódicos de raíz nacionalista. Aún así, no estamos ante obras de marcado acento hispano sino que se trata de música bañada de romanticismo apasionado más que de referencias a la música o a la tradición popular.

El Trio op. 50 consta de cuatro movimientos. En el primero destaca el juego imitativo entre los tres instrumentos y las líneas melódicas amplias y generosas. El Scherzetto respira aires de danza y juega con los pizzicatos de la cuerda y los staccattos del piano dando especial relevancia al contenido rítmico. En una segunda sección, el aire de música popular toma protagonismo con una brillante imitación del bordón propio de instrumentos populares—como la gaita—, que precede a un interludio donde el piano juega con un aire morisco que prepara un final lleno de ritmo y simpatía. En contraste, el Duetto es la parte más íntima y sentimental de la obra protagonizada por un diálogo entre el violín y el violonchelo. Finalmente, la danza y los elementos populares—aunque discretamente— vuelven a la partitura en un final brillante que exige una gran compenetración de los intérpretes.

El Quinteto op. 49 es una obra que, sin pretender ser una partitura de gran trascendecia, consigue seducir al oyente por su gracia y espontaneidad. La frase inicial de la obra es interpretada al unísono y ya presenta los elementos rítmicos que definen la escritura de Granados. A pesar de que el ambiente que presenta tiene cierta tensión y es muy apasionado, la segunda sección es más expresiva e intensa. La parte final retoma el motivo principal del movimiento con gran energía. El segundo movimiento es una página bellísima, llena de buen gusto y refinamiento. Los instrumentos echan mano de las sordinas para generar un sonido lejano y bucólico en el que crean un ligero balanceo—gracias al compás ternario delicadamente apuntado—sobre el que parece que se mecen las hadas. El movimiento final contrasta por la preeminencia del elemento rítmico, esta vez claramente definido, y por la utilización de armonías modales que dan un carácter quasi zíngaro a un trepidante tema principal que va reapareciendo a modo de rondó.

El famoso Intermezzo de la ópera Goyescas fue escrito en una sola noche, poco antes de su estreno en Nueva York y se ha convertido—con toda seguridad—en la página más interpretada de las que compuso Granados. El montaje operístico tenía que haber sido estrenado en París, pero el estallido de la Primera Guerra Mundial impidió que se llegara a celebrar. A instancias de algunos amigos de Granados, el estreno se trasladó a Nueva York donde Pau Casals, el gran violonchelista y director catalán, colaboró activamente en la producción. Pocos días antes del estreno Granados recibió el encargo de componer un interludio instrumental, partitura que compuso en pocas horas. Segun él mismo confesó a Pau Casals: “He hecho una cosa vulgar, de cara al público. ¡Me ha salido una jota aragonesa!” , a lo que el maestro Casals contestó: “Perfecto: ¿no era Goya aragonés?”. De los múltiples arreglos que de esta obra se han realizado destacan dos firmados por Gaspar Cassadó: uno para violonchelo y piano y este para Trío. Entre los centenares de violonchelistas que recibieron clases de Pau Casals, Gaspar Cassadó destaca como uno de los más relevantes. Cassadó formó dúo con la prestigiosa pianista Alícia de Larrocha (formada en la academia que Granados fundó en Barcelona) y con ella interpretó en innumerables ocasiones el Intermezzo de Granados que él mismo transcribió. En la versión para Trío destaca la introducción a unísono (que recuerda los primeros compases del Quinteto), la presentación del tema cantabile en la voz del violonchelo que lo pasa al violín, y las primeras notas del tema central (la jota) también al unísono de los instrumentos de arco.

Suele ocurrir que los autores con una obra celebérrima sufren para dar a conocer el resto de su catálogo. Este es el caso de Granados que durante muchos años ha pagado con el olvido del resto de sus obras el precio de escribir una partitura genial como sus Goyescas. A más de 90 años de su desgraciada muerte, grabaciones como la presente del LOM Piano Trio, ayudan a recuperar la memoria del genio leridano y, sobre todo, ayudan a recuperar su música.


David Puertas Esteve, músico y periodista
Barcelona, otoño de 2008


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