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8.572420 - HALFFTER, R.: Chamber Music, Vol. 3 - String Quartet / Cello Sonata / 3 Movements / 8 Tientos (Breton String Quartet, Stokes, F.J. Segovia)
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Rodolfo Halffter (1900–1987)
Música de Cámara • 3

 

El catálogo de Rodolfo Halffter abarca casi todos los géneros sonoros, desde el teatral a la miniatura solista y nos hallamos ante un músico instrumental cuyo pensamiento nace y se adapta a ese género que tendemos a identificar con la música pura o absoluta.

Nacido en Madrid el 30 de Octubre de 1900, fallecido en México el 14 de Octubre de 1987, su vida se polariza precisamente en esa dualidad hispanomexicana. Formado en Madrid con su madre y con Francisco Esbrí, temprano descubridor de las vanguardias europeas, Schönberg incluido, fue pieza fundamental en la intelectualidad de la Generación del 27 y en el afán regeneracionista surgido en torno a la II República. Apoyado por el pianista Fernando Ember y el crítico Adolfo Salazar, desde 1922 su presencia compositiva es notable transitando los senderos que van desde el neoclasicismo a la vanguardia, desde la influencia internacionalista de corte francés a la entraña de la música hispánica animada por Falla.

Tras la guerra civil se instalará en México. Allí, durante treinta años desempeñará la cátedra de Análisis Musical del Conservatorio Nacional de Música y se integrará de lleno en la vida musical y cultural mexicana de la que llegará a ser también un símbolo. Fue creador de la revista Nuestra Música (veintinueve números entre 1946 y 1953), de las Ediciones Mexicanas de Música y maestro de varias generaciones de compositores mexicanos.

Aunque se sintió plenamente mexicano, no dejó nunca de considerarse igualmente español y en sus últimos años multiplicó sus contactos con España. Su lenguaje musical fue evolucionando sin perder sus bases y se acercó claramente a una vanguardia que él practicará con tanta libertad como personalidad.

En tres ocasiones se acercó Rodolfo Halffter al cuarteto de cuerda pero no lo aborda por vez primera hasta bien entrados sus cincuenta años. El Cuarteto para instrumentos de arco, op. 24, se realiza entre 1957 y 1958 por encargo de la Universidad de Michigan y dedicado al Cuarteto Stanley, que lo estrenó en Ann Arbor el 18 de Abril de 1958 dentro de la Exposición de Arte Mexicano organizada por la Universidad de Michigan.

La obra posee cuatro movimientos y es una solución interesante al problema de mezclar las formas clásicas con la práctica dodecafónica que ya el compositor intentaba por aquellas fechas.Las series estén hábilmente manejadas de manera que, a veces, puedan mostrar aspectos más diatónicos que cromáticos. El primer movimiento se titula Sonata y los elementos temáticos proceden por transposición en vez de por modulación tonal. En todo caso nos hallamos ante una forma muy sólida que resulta extraordinariamente expresiva. La Cavatina es básicamente una forma de Lied aunque tratada con un sentido del melos que tiene que ver con el énfasis del canto teatral. Hay aquí un sentido irónico soterrado en cuanto al tratamiento melódico de la serie y sus acompañamientos. El Scherzo es voluntariamente danzante y lo que en el movimiento anterior era ironía aquí se convierte en fuerza motriz, incluso en alegría, aunque esta sea más evidente en la Fanfare final que es una especie de consecuencia del movimiento anterior pero orientada hacia una conclusión optimista, una de las más efectivas del autor.

La única Sonata para violonchelo y piano, op. 26, se escribe entre 1959 y 1960 por encargo del II Festival Interamericano de Música que se celebró en Washington en 1961. La obra la dedica al violonchelista argentino Adolfo Odnoposoff y a Berta Huberman. El propio Odnoposoff será el encargado del estreno, junto a la pianista y compositora mexicana Alicia Urreta, el 26 de Abril de 1961 en el Auditorio Coolidge de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

La obra posee tres movimientos y en ella el compositor se aleja momentáneamente del dodecafonismo expreso, aunque haya rastros seriales, para regresar a un cierto neoclasicismo modal con excursiones hacia lo politonal y una nueva presencia de los elementos hispánicos que afloran acá y allá en la pieza. Inicialmente tenemos un Allegro deciso que es una concentración de la forma sonata donde lo importante no es tanto el desarrollo como la manera en que se implican las raíces bitemáticas y la forma en la que la reexposición es en realidad una variación. Tempo di siciliana es un segundo movimiento en el que nuevamente nos encontramos con la forma Lied y unos expresivos intentos melódicos que en el violonchelo alcanzan una real calidez. La obra se cierra con un Rondó Allegro en el que esta forma vuelve a servir al compositor para establecer un muy característico, y no poco hispánico, estribillo recurrente en el que las estrofas intermedias introducen elementos nuevos siempre sorprendentes y pertinentes. La obra fue editada por Ediciones Mexicanas de Música y Peer Music, USA.

La segunda aproximación al cuarteto de cuerda, Tres movimientos, op. 28, se realiza en 1962 por encargo de la Universidad Nacional Autónoma de México para los Conciertos de Difusión Cultural. Se estrenó en el Auditorio de Medicina la Ciudad Universitaria de México el 21 de Abril de 1963 con el Cuarteto de Bellas Artes y sería publicada en 1966 por Ediciones Mexicanas de Música.

La obra es en realidad el segundo cuarteto del autor, pero éste prefiere no denominarla como tal sino simplemente como Tres movimientos, tal vez por regresar al lenguaje dodecafónico y alejarse así de los modelos formales tradicionales aunque no por ello deje de haber aquí un cierto aire neoclasicista. Los tres movimientos, pese a ser coherentes entre sí, muestran cierta independencia y el Allegro inicial no es tan claramente una forma sonata sino un desarrollo variativo de una célula de cuatro notas que funcionará como leit-motiv del movimiento y no dejará de estar de alguna manera presente en las otras piezas. La segunda es un Larghetto de sobria expresividad y despojado melodismo. El Allegro con el que concluye la obra recoge ese aliento métrico que es característico de tantos finales halffterianos.

La tercera obra para cuarteto, Ocho tientos, op. 35, es probablemente la culminación de su trayectoria en este terreno y una absoluta decantación de su lenguaje y su mensaje estético. Nace en 1973 por encargo del XXII Festival Internacional de Música y Danza de Granada y fue estrenada el 2 de Julio de 1973 en el Patio de los Leones de la Alhambra por un ocasional cuarteto formado por prestigiosos profesores de los Cursos Manuel de Falla. Los violinistas Agustín León Ara y Antonio Gorostiaga, el viola Enrique de Santiago y el violonchelista Pedro Corostola. Sería editada en 1975 por Ediciones Mexicanas de Música.

La obra no se atiene a la forma habitual del cuarteto y utiliza deliberadamente la palabra “tiento” que usaron los músicos españoles del XVI para designar algo parecido al ricercare italiano. El autor confiesa que intentó ocho pruebas o experimentos breves para ofrecer grandes contrastes y lograr lo que él mismo llama un “caleidoscopio tímbrico”. Quiere superar dodecafonismo, politonalidad y tonalidad en un continuo cambiante y expresivo. Resonancia armónica tonal y contrapunto serial se pueden dar así la mano en una obra que es cambiante, sugerente y de enorme expresividad, además de un evidente logro formal. Ninguno de los ocho tientos lleva títulos y además deberían interpretarse sin solución de continuidad. El primero estudia disonancias paralelas en los violines mientras el segundo es rítmico y el tercero refleja esa ironía que es connatural al autor. El cuarto cruza los pizziccatti con armonías politonales. El quinto vuelve al sarcasmo y el humor se extiende al sexto con los diálogos entre agudos y graves. El séptimo es de una polifonía doliente que, según algunos tratadistas, se acerca al cante jondo. El octavo es alegre y vigoroso para cerrar la pieza con un aire optimista.


Tomás Marco


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