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8.572455 - TURINA, J.: Piano Music, Vol. 7 (Maso) - Album de viaje / Viaje maritimo / Evocaciones / Mallorca / Tarjetas postales
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Joaquín Turina (1882–1949)
Álbum de viaje, Op. 15 • Viaje marítimo, Op. 49 • Evocaciones, Op. 46 • Mallorca, Op. 44 • Tarjetas postales, Op. 58

 

El viaje ha sido desde siempre tema recurrente para la imaginación y la creación artística y literaria. Quizá con especial incidencia en el universo intransitable de la música. Winterreise, de Schubert; Meeresstille und glückliche Fahrt, de Beethoven y también de Mendelssohn-Bartholdy; El viaje circular, de Tomás Marco; Escales de Ibert; Recuerdos de viaje, de Albéniz; Sinfonía número 8, “The Journey”, de Rautavaara; Götterdämmerung de Wagner o Il viaggio a Reimsde Rossini son algunas de las incontables obras que utilizan el viaje como motivo inductor.

Joaquín Turina evoca en el piano, desde su talante costumbrista, imágenes y recuerdos de viajes, unos reales y otros imaginarios. Él mismo fue viajero empedernido. Recorrió con ojos y oídos bien abiertos Europa, Marruecos, Estados Unidos y la Cuba posespañola. Sus viajes sonoros reflejan fugaces visiones, tamizadas por un inconfundible sentir musical, cuya fina expresividad es trufada de referencias localistas, tanto ambientales como de motivos temáticos o rítmicos.

El Álbum de viaje opus 15 data de 1915, y tiene su origen en el recorrido que Turina realizó por Marruecos, Gibraltar y el sur de la provincia española de Cádiz entre el 9 de agosto y el 8 de septiembre de ese año, invitado por la escritora María Lejárraga, esposa del también escritor Gregorio Martínez Sierra. Los viajeros recalaron en Algeciras, Gibraltar y Tánger. Las cinco páginas que integran la suite son fantasías miniaturescas que, a modo de pinceladas, describen etapas del trayecto.

El primer número es un sereno “retrato” musical de María Lejárraga, quien en sus memorias cuenta que Turina inicialmente lo denominó La compañera de viaje, pero que posteriormente cambió este título ante la reacción escandalizada del muy puritano Manuel de Falla, amigo de ambos, y que no había encajado bien este periplo al margen de los respectivos cónyuges.

El casino de Algeciras es una plácida y muy mediterránea evocación cuya partitura reclama expresamente “sentimiento popular”. En la sección central, un curioso y vivo vals epigrafiado “lejano” alegra la atmósfera. En Gibraltar, la rocosa colonia británica asentada en el extremo sur de la provincia de Cádiz, Turina juega con hábil humor y su puntito de ironía con las notas del himno británico God Save the Queen, que se escucha mezclado con giros típica-mente andaluces. Paseo nocturno es un suave episodio que, a modo de intermedio y en forma de nocturno, prepara el exótico número final, la brillante Fiesta mora en Tánger, de la que Turina efectuó posteriormente una transcripción para cuarteto de laúdes. Álbum de viaje se escuchó por vez primera el 9 de mayo de 1916 en los salones del Hotel Ritz de Madrid. Como no podía ser de otro modo, el manuscrito figura dedicado a María Lejárraga.

Viaje marítimo data de 1930, año en que sus tres piezas fueron publicadas en Maguncia por la editorial Schott. La primera, Luz en el mar delata el influjo del impresionismo de Debussy, mientras que en la segunda, En Fiesta, el compositor deja asomar su inclinación pintoresquista para trazar pentagramas cargados de ritmo y vivo carácter popular. El oscuro, silencioso y algo inquietante comienzo de la página que clausura el tríptico, Llegada al puerto es sólo introducción de la extravertida explosión de color que corona fragmento y suite.

Como buen y viajado andaluz, Turina siempre miró con afecto y admiración a la lejana Cataluña. Evocaciones es un hermoso y entrañable homenaje a la geografía de cultura que vio nacer a músicos como Soler, Albéniz, Casals, Montsalvatge, Victoria de los Ángeles, Alicia de Larrocha o el propio intérprete protagonista de este registro, Jordi Masó. Catalán era también el ilustre destinatario de sus pentagramas, Rafael Moragas. Y en Barcelona, en el modernista Palau de la Música Catalana, se escucharon por vez primera estas tres evocaciones catalanistas, el 29 de octubre de 1928, tocadas por Turina.

Un mundo grisáceo, casi mágico, invade Paisaje, fragmento que abre la colección y cuyo punto álgido es una expresiva y repetitiva melodía de claros acentos catalanes. La serena suavidad de Mar, la segunda evocación, remite sin duda al cálido mediterráneo que baña la costa catalana. Sin embargo, la tumultuosa sección central rompe el calmo ambiente, a modo de esas inesperadas tormentas que con frecuencia emborronan la idílica imagen mediterránea. Como no podía ser de otra forma, para el último número Turina reserva una Sardana, la danza característica y representativa de Cataluña.

La suite Mallorcafue compuesta entre el 21 de junio y el 10 de septiembre de 1927. Es un tríptico que recoge perspectivas diferentes de un viaje a la isla balear, que Turina dio a conocer en el curso de un recital ofrecido en Madrid, el 27 de mayo de 1928. La contemplación de las milenarias estalactitas de las famosas cuevas mallorquinas del Drach inspira a Turina un mundo cargado de fantasía e imaginación, de leyendas y espejismos que parecen reflejados en el lago que el viajero encuentra en el centro de la gruta. La sombra de Chopin en Valldemossa se percibe con exquisita discreción en Noche en la bahía de Palma. Se trata de un andantino en 6/8 que insinúa una suave barcarola. Como contraste, y para cerrar la obra, Turina opta por un vertiginoso y anecdótico fragmento que titula Por la carretera en auto, en el que describe un viaje de apenas 30 kilómetros, los que separan el puerto mallorquín de Sóller con Palma de Mallorca. Un accidentado recorrido cargado de divertidas onomatopeyas y citas populares, que incluye desde villancicos hasta canciones folclóricas francesas y españolas.

La tarjeta postal fue un valioso medio de comunicación hasta la invención del correo electrónico. También era un documento que testimoniaba ante amigos y familia los viajes del remitente. Las cinco pequeñas páginas que integran la colección Tarjetas postales nacieron entre el 13 de marzo y el 8 de septiembre de 1930. Documentan viajes de Turina al País vasco, a las Ramblas de Barcelona, a Madrid, Granada y a una festiva romería de la que el compositor no da referencias, aunque en su final surge un ritmo de zorcico que sugiere algún indeterminado lugar del País Vasco. Además del inconfundible ritmo quebrado de la popular danza vasca (que también define la pieza que abre la suite), Turina ilustra estas tarjetas musicales con aires de sardana, zambra y hasta de chotis. La colección se estrenó el 21 de abril de 1932, en Madrid, tocada por la “joven y linda” pianista argentina Elisa Bullé Urtasun, discípula de Turina.


© Justo Romero


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