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8.572636 - MONTSALVATGE, X.: Piano Music, Vol. 3 (Maso, Villalba) - Calidoscopio / 5 invocaciones al Crucificado
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Xavier Montsalvatge (1912–2002)
Música para dos pianos

 

Xavier Montsalvatge es uno de los compositores catalanes más importantes del siglo XX. Estudió en el Conservatorio de Barcelona con Francesc Costa (violín) y composición con Lluís Millet, Enric Morera y Jaume Pahissa. Sus 5 Canciones negras de 1945 le dieron fama internacional. A lo largo de su carrera cultivó todos los géneros y vio sus obras estrenadas por los solistas más prestigiosos del momento como Alicia de Larrocha, Henryk Szeryng, Jean Pierre Rampal, Victoria de los Ángeles, Narciso Yepes, Nicanor Zabaleta, entre otros.

La actuación de los Ballets Rusos de Diaghilev en el Teatro del Liceo de Barcelona en 1933, causó en Montsalvatge un gran impacto, y a lo largo de toda su vida declaró tener una “verdadera pasión por la danza escénica”. No es extraño que su catálogo de composiciones incluya una veintena de ballets (aunque algunos quedaran inacabados y otros se hayan perdido). Barcelona Blues (1956) fue un encargo de los Ballets de Juan Tena y la versión para dos pianos data de 1961. En la música de Montsalvatge—especialmente en su primera época—es muy patente la influencia de la música “antillana” o cubana (en el Cuarteto Indiano o en las célebres 5 canciones negras, por mencionar sólo dos ejemplos). La influencia del jazz quizá no es tan evidente en su música, aunque él siempre manifestara un “incondicional entusiasmo” por los grandes clásicos como Louis Armstrong, Duke Ellington o Benny Goodman.

Montsalvatge escribió Calidoscopio en el año 1990 por encargo de la Fundación Albéniz. La obra representa un compendio de los lenguajes que Montsalvatge había utilizado a lo largo de su trayectoria. Considerando que Montsalvatge, hablando de su personalidad musical, declaró en una ocasión que tenía “avidez por conocer lo nuevo y afán de evolucionar y aprender contemplando el pasado”, no debe extrañar la presencia de un fugato de aroma neoclásico—aunque de carácter claramente burlón—en la sección central del primer movimiento de Calidoscopio, titulado Aproximación a la fuga. En realidad, Montsalvatge se está citando a sí mismo, ya que el sujeto del fugato ya había aparecido en una fuga de su Partita para orquesta de 1957 y en Selfparáfrasis, una pequeña pieza para clarinete y piano de 1970. Montsalvatge era amante de los títulos estrambóticos: en una ocasión confesó que a menudo decidía primero el título, y después escribía la música. El segundo movimiento del Calidoscopio ostenta el extraño epígrafe de Capricho sobre la banalidad camuflada y tiene un aire cercano al lirismo naif de Erik Satie (empezando por un acompañamiento “a la gymnopédie”). Calidoscopio acaba con un brillante Collage para Albéniz, donde Montsalvatge se parafrasea a sí mismo en la sección central (utilizando un fragmento precisamente de su muy anterior Barcelona Blues) y, en un momento mágico y de gran belleza, homenajea a Albéniz citando Cuba de la Suite España” (y no es casual que Montsalvatge, declarado admirador de la música cubana, cite precisamente esa pieza de Albéniz).

En 1998 la pianista Alicia de Larrocha solicitó a Montsalvatge una pequeña pieza para ser interpretada junto con Joaquín Achúcarro como propina en un concierto de homenaje a Victoria de los Ángeles en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. El compositor escribió este breve Homenatge, libremente basado en la canción popular catalana El cant dels ocells, que Victoria de los Ángeles acostumbraba a cantar en sus recitales.

Los 3 Divertimentos sobre temas de autores olvidados de 1941 fue una de las primeras obras que dieron a conocer el nombre de Montsalvatge. Reflejan su fascinación por la música de “Les Six”, en particular por Darius Milhaud y sus experimentos politonales. En las tres piezas—un Chotis, una Habanera y un Vals-Jota—el compositor utilizó melodías que había oído tocar a músicos ambulantes (melodías tan populares que ya nadie conoce el nombre de sus autores, de ahí el grotesco título de la obra). El segundo divertimento significó la primera aproximación de Montsalvatge a los ritmos “antillanos”. En el año 1983, el propio compositor realizó esta versión para dos pianos (o para piano a cuatro manos).

Sum Vermis fue un encargo de la Semana de Música Mediterránea de Alicante en el año 1973. Montsalvatge confiesa en sus Papeles autobiográficos que la poesía de Jacint Verdaguer quedaba “lejos de la literatura más afín a mi sensibilidad pero me impresionaba por su torturada simbología”. El poema se recrea en las miserias del ser humano y sólo encuentra un resquicio de esperanza en los últimos versos. “En Sum Vermis”, continúa el compositor, “se adivina todo el drama del poeta a través de unas imágenes de un masoquismo patético, de una exaltación alienada comparable a la de los más grandes místicos de la literatura hispana”. Para decidir la instrumentación, Montsalvatge tuvo presente que la obra se tocaría en un recinto austero, el Castillo de Santa Bárbara de la ciudad de Alicante, y optó por una conjunto de cámara cuyo referente más obvio es la Sonata para dos pianos y percusión de Béla Bartók. La obra consta de un único y extenso movimiento, que Montsalvatge declaró haber compuesto bajo el “embrujo de la fuerza del verbo de Verdaguer”.

Las 5 invocaciones al crucificado (1969) fueron escritas a raíz de un encargo de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, y era una de las obras preferidas del propio Montsalvatge, quien siempre lamentó que se interpretaran raramente en concierto (probablemente a causa de su inusual instrumentación: voz, piano, celesta, arpa, tres flautas, contrabajo y cinco percusionistas). Cada una de las invocaciones está en una lengua latina diferente y el lenguaje musical de Montsalvatge varía según la intención de cada una de las piezas, poniendo de manifiesto el eclecticismo estético del compositor catalán. “Me propuse que la música fuera como un eco de la intensidad dramática de los textos seleccionados”, comentaba el autor en las notas al programa del día del estreno, “e hice uso en cada momento de los recursos y de la técnica compositiva que me pareció más adecuada y afín a la significación de los poemas”. La primera invocación, De passione Christi, es un texto en latín de Venancio Fortunatus (s. VI), y sigue “un cierto rigor dodecafónico”, según palabras del compositor. La segunda, Pianto della Madonna, una lauda de Jacopone da Todi, poeta italiano del siglo XIII, es una deliciosa siciliana de armonías claramente tonales. La tercera invocación, La Vierge couronnée, es un poema en francés de Albert Flory (1890–1978), cantado con el acompañamiento cristalino de las tres flautas y el arpa. La siguiente Lamentatio parte de un texto en español del poeta franciscano del siglo XV Iñigo de Mendoza. Esta cuarta invocación, punto culminante de la obra, combina el uso de una serie dodecafónica con la evocación de los sonidos de los tambores y los “pifres”, un instrumento de viento de origen germánico del siglo XIV (de la familia de las flautas traveseras) que se toca durante de la Semana Santa de Girona, ciudad natal del compositor. La obra acaba con D’oració de temps sobre un texto en catalán del humanista dels siglo XIII Ramon Llull. Las 5 invocaciones al Crucificado, sin ser la obra más conocida de Montsalvatge, debe situarse sin duda entre las más personales del autor. En las cinco canciones el compositor declaró haber dejado constancia de “recuerdos de los años de infancia, cuando los desfiles de Semana Santa por las estrechas calles del casco antiguo de Girona, mi ciudad, me producían un indecible pavor; la memoria de una impresionante procesión de gitanos en el Sacromonte granadino; unos convulsas y transidas saetas escuchadas en Murcia y la estampa de las típicas calles y templos de Cuenca en la semana de Pascua”.


Jordi Masó


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