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8.572876 - GUERRA MANUSCRIPT (The), Vol. 2 (Sancho, Ars Atlantica)
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El Manuscrito Guerra, Vol 2
Música vocal profana española de la siglo XVII

 

Con este segundo volumen continúa la serie dedicada al llamado “Manuscrito Guerra”, un singular documento conservado en la Biblioteca Xeral de la Universidad de Santiago de Compostela. Consiste en una colección de tonos humanos de la segunda mitad del siglo XVII; su importancia radica sobre todo en que es una valiosa fuente para el conoci miento de la música vocal profana para solis ta del barroco español. El manuscrito com—prende mayoritariamente tonos para una voz y bajo continuo, presentados sin indicación de autor; tampoco aparece ninguna fecha que ayude a precisar cuándo fue realizado exactamente. En la portada es donde figura el nombre del copista, José Miguel Guerra, que da nombre al manuscrito, informando además que era escriba de la Real Capilla de su Majestad.

José Miguel Guerra era descendiente de hidalgos, y desde su primer empleo como escriba en 1667 hasta su muerte en 1722 con siguió acceder a otros puestos más importan tes y obtuvo honores y títulos. Los nuevos car—gos implicaban a veces la necesidad de viajar, y quizás esa fue la razón de la visita que hizo en 1692 a varias ciudades del noroeste espa ñol, incluida Santiago, sin que se sepa el moti vo concreto. Parece razonable pensar que Guerra llevaba el manuscrito consigo y que de este modo llegó hasta Compostela. La Biblioteca Xeral obtuvo el manuscrito gracias a que formaba parte de un conjunto biblio gráfico que le fue donado por un tal Miguel Marín Arén en 1880. Como el legado incluía otros manuscritos procedentes del monaste rio santiagués de San Martiño Pinario, es posi ble que allí estuviera también el Manuscrito Guerra y que Marín Arén lo obtuviera a causa de las desamortizaciones. Aunque fuese así, todas estas especulaciones no consiguen explicar cómo un manuscrito musical de la Casa Real fue a parar a Santiago; su calidad ortográfica y la presencia de dibujos y orna mentaciones parece indicar que estaba desti nado a un personaje distinguido.

El manuscrito consiste en una antología de cien tonos humanos, todos escritos para una voz solista, excepto dos que necesitan dos cantantes. “Tono” designaba un tipo de canción con acompañamiento instrumental de bajo continuo; podía ser para varias voces, pero en la época del Manuscrito Guerra predomina ba el destinado a un único cantante. “Humano” quería significar “profano”, para distinguirlo del de temática sacra. Los tonos humanos podí an interpretarse en muy variadas circunstan cias, especialmente como pieza aislada de entretenimiento más o menos privado, como número musical de una comedia teatral, o formando parte de una ópera o de una zar zuela. La temática predominante era la amo rosa, presentada eso sí con una cierta varie dad de caracterizaciones, desde lo serio hasta lo satírico, en un tono elevado o con un deje popular, casi siempre por medio de una retó rica textual que gustaba de la elaboración conceptual y de la continua reutilización de las imágenes tradicionales del lenguaje poéti co, con frecuentes referencias bucólicas o mitológicas.

Como el lenguaje poético, la música de los tonos tendía a una cierta tipificación: ritmo preciso y regular, melodía y armonía claras potenciando la articulación del texto, tendencia al silabismo, ausencia de ornamen—tación vocal virtuosística de tipo italiano, escaso uso de pasajes al modo libre del reci tativo. La estructura más habitual consistía en un cierto número de estrofas—las coplas—, acompañadas normalmente de un estribillo, sin que hubiera un modo tipificado de alter nancia entre estos dos elementos.

La parte del bajo continuo solía carecer de especificación instrumental, como así ocu rre en el Manuscrito Guerra, quedando a cri terio de los intérpretes la decisión sobre los instrumentos a utilizar. Cabe suponer que en la época podría emplearse eventualmente cualquiera de los que estuvieran disponibles y resultase adecuado; pero para el caso que nos ocupa de la música profana, los que las fuentes indican sin lugar a dudas son el arpa y la guitarra. En concreto en el Manuscrito Guerra dos piezas presentan las cifras emple adas en la notación específica de la guitarra. Se valoraba la capacidad de estos instrumen tos de cuerda pulsada de acompañar a la voz de forma que no la cubrieran, pues con la mayor o menor fuerza de la pulsación se podía variar la intensidad del sonido para adaptarlo a la línea vocal.

A pesar de que el Manuscrito Guerra no indique los autores de los tonos, más de la mitad de ellos se encuentran también en otras fuentes, lo que permite identificar algu nos de los compositores. Los más representa dos en la antología compostelana son Juan Hidalgo y José Marín.

Juan Hidalgo (1614–1685) fue arpista de la Capilla Real y compositor especialmente reconocido por su obra profana, sobre todo la relacionada con el teatro: música para comedias, autos sacramentales, óperas y zar zuelas. Muchos de sus tonos humanos fueron sin duda compuestos para tales espectáculos, en los que en varias ocasiones colaboró con Calderón. Hidalgo fue muy reconocido en su tiempo y permanece como el principal pio nero de la música teatral del barroco hispánico.

Estricto contemporáneo de Hidalgo, José Marín (1619–1699) fue guita rrista, cantante en la cuerda de tenor y com positor, además de sacerdote, y también se hizo muy conocido en Madrid por sus habi lidades musicales y por ciertas vicisitudes de su biografía. Fue acusado de asalto, robo y asesinato; aguantó la tortura sin confesar, fue encarcelado, intentó huir sin conseguirlo, y finalmente fue condenado al destierro y a galeras. Tras varios años volvió a Madrid, donde se dice que llevó una vida ejemplar hasta su muerte.

Juan de Navas (ca. 1650–1719) presenta una biografía con importantes lagunas. Era hijo de un arpista de la Capilla Real, y con el tiempo pasó a desempeñar la misma función, aunque también ejerció otras actividades musicales como la composición. Su obra es abundante y variada, destacando como autor de tonos; debieron ser apreciados en su tiempo, pues se conservan en numerosas fuentes ibéricas e hispanoamericanas.


José Ángel Vilas Rodríguez


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