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CD-16276 - Vihuela and Vocal Music (16th Century) - PISADOR, D. / MUDARRA, A. / WILLAERT, A. / FUENLLANA, M. de (Si me llaman) (El Cortesano)
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LA MÚSICA VOCAL DE DIEGO PISADOR

 

En ocasiones, la fantasía y el empeño de una persona pueden llevarle a acometer empresas de gran envergadura, y en las Españas del siglo XVI publicar un libro, máxime si era de música, era algo tan heroico que implicaba arriesgar la propia fortuna; pues la tipografía hispana nunca estuvo a la altura, en cuanto al volumen de producción, de la de los países más importantes de Europa.

Éste es el caso de Diego Pisador, uno de tantos hidalgos de existencia no demasiado holgada, que se ganaba la vida como mayordomo—o lo que es lo mismo, recaudador de impuestos—del conde de Monterrey, en la noble ciudad de Salamanca. Su afición, la vihuela; su afán, publicar un libro para que su “ciencia quedase en los libros perpetua e inmortalmente”, pero también para “que uno con sólo entender el arte de la cifra sin otro maestro alguno, pueda comenzar a tañer y ser músico acabado”. Nobles ambiciones. Nuestro vihuelista empleó diecisiete años de su existencia para sacar a la luz su ambicioso proyecto, quince años para concebirlo y dos para imprimirlo. Alquiló materiales de imprenta, tipos, prensas, contrató operarios y se convirtió en editor e impresor de su propia obra. Tan grande debió ser el gasto que no dudó en  pleitear con su padre y con su hermano por la herencia de su madre recién fallecida. Su padre, Alonso Pisador, nunca vio con buenos ojos ni la obsesión de Diego por su libro, ni su oficio de mayordomo, ni su soltería, de modo que le recomendó: vender al impresor sus derechos sobre el libro, vender su mayordomía y casarse. Diego hizo caso omiso de los consejos de su padre y publicó su Libro de música de vihuela en 1552. En cuanto a la venta de su oficio nada sabemos, pero albergamos fundadas sospechas sobre su casamiento posterior.

Tal vez la historia no haya sido demasiado justa con nuestro vihuelista salmantino y, con demasiada frecuencia, se le ha acusado de chapucero tanto en la impresión como en la calidad de su música. Es cierto que su libro contiene erratas, pero no más que otros anteriores como el de Mudarra, y en cuanto a su música, parece claro que se defiende mejor en las formas vocales que en las instrumentales, más abstractas, pero no hay que olvidar que el resto de vihuelistas representan la élite musical y algunos ostentaron cargos en las más importantes cortes españolas.

Se ha afirmado también que Pisador estuvo al servicio de Felipe II, debido a la dedicatoria que abre el libro, pero no tenemos ninguna constancia de ello. Tal vez su cargo de administrador de la ciudad de Salamanca le implicó en la organización de los festejos que tuvieron lugar en 1543, a lo largo de una semana, con motivo de los esponsales del príncipe Felipe y María Manuela de Portugal.

Lo que sí sabemos es que el libro de Pisador es un reflejo de la música de consumo de las clases altas y medias españolas cuyo vehículo principal era la vihuela. Pero además nuestro vihuelista muestra un gusto exquisito en su elección y en la variedad de repertorio, principalmente en las obras para voz e instrumento. Es muy posible que uno de los grandes atractivos de la vihuela fuera la posibilidad de su disfrute privado, bien para tañer las músicas polifónicas de los grandes maestros, bien para cantar las melodías y poemas que causaban furor entre las gentes. Desde finales del siglo XV, además de la poesía italiana, una mucho más humilde va a entrar en palacios y casas distinguidas, se trata de la poesía popular que llegará a los cortesanos y burgueses a través de la música. Los poetas músicos, con su voz y su vihuela, tomarán los rústicos romances y villancicos y los elevarán a la categoría de poesía culta. De esta forma la modesta pastorcilla se colocará a la altura de damas y caballeros mediante una vestimenta más apropiada: la música y la glosa cortesana.

El Libro de música de vihuela contiene una excelente representación de este repertorio popular glosado en lo textual y revestido de polifonía en lo musical. En la presente grabación se recoge casi la totalidad de los villancicos para voz y vihuela publicados por este “vezino de Salamanca” según se denomina él mismo. Cuatro de ellos pertenecen a Juan Vázquez, aunque no fueron publicados hasta unos años después del libro de Pisador, lo que evidencia que la circulación manuscrita de las obras era un hecho muy común, principalmente en la península ibérica donde la imprenta estaba muy atrasada con respecto a Italia o Francia.

Uno de los villancicos con mayor carga emotiva es Si la noche hace oscura donde la voz de una mujer reclama la llegada de su amado, de igual manera que hiciera Melibea esperando a su amado Calisto cantando: La media noche es pasada y no viene; / sabedme si hay otra amada que lo detiene. Sentimientos desgarrados son desgranados por otros villancicos, como el abandono del ser amado en Pártese partiendo o en Pues te partes y te vas; anhelos expresados en lenguaje culto en Quien tuviese tal poder o en Si te quitase los hierros. En ocasiones se plantean encuentros furtivos entre amantes como en Aquellas sierras madre, pero otras veces se trata de alusiones eróticas tan evidentes, donde incluso se alude a la pérdida de la virtud, como en Y con qué la lavaré, uno de los villancicos más famosos del siglo XVI, en Gentil caballero, en Mal ferida va la garça o en Por una vez que mis ojos alcé. Nuestra pastorcilla también reivindica su condición, frente a la moda de la poesía culta e italianizante que imponía la tez clara en las mujeres, reclama su morenez en No me llames sega la herba o se proclama la más garrida en Si me llaman.

Hacia mediados del siglo XV el marqués de Santillana nos habla de aquellos “romances e cantares de que las gentes de baxa e servil condición se alegran”. Con el paso del tiempo no sólo la gente de esta condición disfruta de ellos, las clases altas también se solazan con estas historias de moros y cristianos, de héroes y canallas, etc. Desde principios del siglo XVI se van a imprimir multitud de colecciones y de pliegos de cordel con los romances más conocidos. Estas narraciones solían cantarse con la misma melodía para cada cuatro versos, lo que permitía largas retahílas de versos con no demasiada música. Otro vihuelista, Luis de Narváez, así nos lo indica: “por ser la letra de estos romances muy conocida no se pone aquí sino los quatro pies primeros del romance porque de quatro en quatro pies se han de cantar”.

Guarte, guarte narra un hecho histórico antiguo, la muerte del rey don Sancho, quien tenía sitiada la ciudad de Zamora para arrebatársela a su hermana doña Urraca, a manos de Vellido Dolfos. Cuenta la leyenda que, tras el magnicidio, el autor del mismo fue perseguido por el Cid hasta la hoy conocida como la “puerta de la traición”. La mañana de San Juan relata la toma de la plaza de Antequera en 1410 por el futuro Fernando I de Aragón, suceso que trajo gran dolor a los moros de Granada. Finalmente, Paseábase el rey moro es uno de los romances moriscos que refleja los hechos acaecidos diez años antes de la caída de Granada, cuando Alhama fue tomada por las tropas cristianas. Unos años después, en la rebelión morisca de las Alpujarras, este romance fue prohibido por los graves perjuicios que ocasionaba al orden público ya que excitaba los ánimos de los revoltosos. Es un caso particular de romance por la presencia de un estribillo en forma de lamento: ¡Ay mi Alhama!

Un género diferente es el de las endechas de Canarias, en principio lamentos fúnebres, que más tarde se convirtieron en lamentos amorosos desdichados. La que aquí se presenta, Para qué es dama tanto quereros, debió de gozar de gran popularidad puesto que su melodía, aunque con diferente texto, aparece en otros libros como la colección de Fuenllana o uno de los libros del teórico Juan Bermudo.

La grabación de piezas vocales se completa con cinco villanescas, término que va a aparecer por primera vez en la península en las tablaturas de Pisador. Se trata de piezas sencillas, a tres voces, con ritmos ligeros y con cierto aire popular originadas en Nápoles, a la sazón perteneciente a la corona de Aragón. Su tema favorito es el lamento de los amantes. Estas piezas fueron “domesticadas” por Adrian Willaert a quien pertenecen cuatro de las recogidas en este disco. Alguna de ellas como la titulada Madonna mia fa trata el tema de las madonnas, véase “honorables y ricas cortesanas” abundantes en Roma, Venecia y Florencia, cuyos “favores” eran codiciados por nobles y hombres poderosos.

En fin las fantasías, llamadas así según otro insigne vihuelista, Luis Milán, porque “sólo proceden de la fantasía e industria del autor que las hizo”, representan esa parte de la música que traen más arte que dulzura como afirmaba Castiglione, y tal vez por ello nuestro tañedor salmantino no sale tan airoso como con las piezas vocales. A pesar de ello las fantasías incluidas en la presente grabación son las más logradas y elaboradas de las impresas en su libro.

Concluimos con unas palabras del propio Diego que definen su prudencia y sabiduría: “El discreto lector debe mirar que ninguna cosa sale de manos de hombres acabada, y con muchas cosas que se hallaren buenas, debe dar lugar a las que le parece no ser tales, principalmente que los que fácilmente juzgan muchas veces condenan lo mejor”.


Francisco Roa


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