Classical Music Home

The World's Leading Classical Music Group

Email Password  
Not a subscriber yet?
Keyword Search
in
 
 Classical Music Home > Naxos Album Reviews

Album Reviews



 
See latest reviews of other albums...

Gonzalo PĂ©rez Chamorro
Ritmo, September 2011

BUSONI: Doktor Faust (Zurich Opera, 2006) (NTSC) 101283
KLEIBER, Carlos: Traces to Nowhere (Documentary, 2010) (NTSC) 101553
BRUCKNER, A.: Symphony No. 9 (rehearsal) (Munich Philharmonic, Celibidache) (1991) (NTSC) 101555

Es muy probable que el primer DVD que usted adquiriera para comprobar las maravillas tecnicas que nos contaban los que ya habian probado este formato fuera de Arthaus. En mi caso fue asi. Recuerdo que compre dos operas que aun guardo como tesoros, no solo por ser los primeros en iniciar una serie de conquista de estanterias, defendidas por los cds que pronto se rindieron ante el imparable avance del DVD, tambien por sus maravillosos contenidos. Se trataba de La Zorrita astuta de Janacek por Mackerras y Hytner y del Peter Grimes de Britten por Atherton con un Peter incomparable, el llorado Philip Langridge. Ahora, que recorro con mi vista las estanterias pobladas de DVDs, observo que Arthaus ocupa un lugar de honor, acaparando en cada repisa suficientes titulos como para ser el sello audiovisual mas importante del mundo dedicado a la musica “seria”. En esta pagina va a ser imposible citar todas las referencias del sello, y menos aun las que son imprescindibles, pues su catalogo, como vamos a ver, es muy amplio.

Por poner un ejemplo, solo de Fidelio hay cinco grabaciones, lo que ya puede intuirse como un sello absolutamente consolidado. La Carmen de Kleiber-Zeffirelli (Domingo-Obratzsova) es un imprescindible, como los tres Wozzeck o los Berlioz (Condenación de La Fura y Troyanos de Wernicke). El mismo Atherton borda un Billy Budd con escena del director en Peter Grimes, Tim Albery. El resto de Britten es de primer nivel, a destacar el Owen Wingrave (pelicula dirigida musicalmente por Nagano), con un maravilloso documental anexo. Otras excelentes producciones son el Doktor Faust de Busoni por Jordan-Gruber, Rusalka de Dvorak por Conlon-Carsen (con Fleming) o los Monteverdi (Ritorno de Harnoncourt y Poppea de Jacobs), Haendel (variadisimo) y Gluck del sello aleman. De Janacek contamos con las estimables Jenufa y Katia por Andrew Davis, aunque la joya es La Zorrita de Mackerras-Hytner. Como Fidelio, de Mozart los titulos tienen donde escoger, pues hay varias versiones de cada opera, destacando el Così y Don Giovanni de Muti, Bodas de Bohm (1966 en Salzburgo), Bodas de Barenboim, Clemenza de Harnoncourt- Kusej o las Flautas de Stein-Ustinov (con Gedda) y Levine- Ponnelle. Otro imprescindible es el Boris Godunov del Liceo con Salminen como Boris y la direccion de Weigle y escena de Decker, asi como la Khovanchina de Abbado. Jugosos son los variados Offenbach y las !tres! Diálogos de Carmelitas (Muti, Latham-Koenig, Young), como los Prokofiev, en especial El Ángel de Fuego (Gergiev) y El amor de las 3 naranjas de Nagano. Puccini tiene sitio de sobra, destacando la conocida Tosca de Pappano o la deslumbrante escena de Pountney para el fallido Turandot musical de Gergiev. Este director escenico borda una delicada Reina de las Hadas de Purcell, con el inolvidable borracho haciendo de las suyas. De Rossini tenemos algunos imprescindibles, como El Barbero de Zedda-Fo (puede que “mi” version) y La Cenerentola de Chailly. Moses und Aron de Schoenberg por Gatti y Lady Macbeth de Shostakovich por Conlon son dos apuestas plenamente logradas, que culminan en varios Strauss de primera fila, como la Ariadna de Bohm, el Capriccio con escena de Carsen y cantado por Fleming, las Elektras de Abbado-Kupfer y Gatti-Lehnhoff, el excepcional Die Frau ohne Schaten de Sawallisch-Ichikawa (pudo verse en Madrid) o el Rosenkavalier con escena de Carsen. De Verdi hay de todo, desde un Trovador de Karajan a un Macbeth de Sinopoli-Ronconi, pasando por un Otello de Barenboim, mientras que de Wagner sobresale el Lohengrin de Abbado (con Placido). No hay que olvidar las joyas de Hartmann, Henze o Die Soldaten de Zimmermann.

El ballet esta muy presente (Black & White de Kylian), los recitales instrumentales, los numerosisimo conciertos sinfonicos (la serie dedicada a la Filarmonica de Berlin) y los imprescindibles documentales, como los de Solti (uno de los mas hermosos de cuantos existen), varios sobre Celibidache (ensayando Novena de Bruckner), Furtwängler’s Love, las series “In Rehearsal”, Carlos Kleiber (Traces to nowhere), Gubaidulina con Muter, Kubelik, Karajan, la coleccion de Musica del siglo XX de Rattle (Leaving Home), Sinopoli en la busqueda de Egipto o The Reichsorchester, sin olvidar los documentales en formato pelicula, como Bruckner’s decision o sobre Gesualdo de Werner Herzog. Como se ve, hay toda una vida para dedicarla a Arthaus.




Javier Extremera
Ritmo, July 2011

KLEIBER, Carlos: Traces to Nowhere (Documentary, 2010) (NTSC) 101553
KLEIBER, Carlos: I am Lost to the World (Documentary) (NTSC) 705608

Este 3 de julio se cumplieron ochenta y un años del nacimiento de uno de los directores de orquesta más especiales, inaccesibles y mágicos que haya dado la música del siglo pasado. Estos dos DVD’s sobre su vida y su arte que presentamos este mes (ambos con subtítulos) nos vienen de perlas para sacar la tarta y el reclinatorio mientras tarareamos el Dies Irae. Carlos Kleiber—curiosamente—también se iba de este mundo otro día de julio de 2004 (¡el 13 cómo no!). La vida y la muerte unidas por el mismo hilo mensual. Sirvan estos magníficos trabajos de exploración para rendir homenaje a este irrepetible director que parece sacado de una película de Woody Allen y al que si Freud le hubiese hincado el diente en su diván, seguramente el padre del Psicoanálisis hubiera acabado trabajando de domador de leones. Personalidad oblicua y laberíntica la de este “enfant terrible” del podium, siempre obsesionado con buscar enfermizamente el Santo Grial de la perfección, bajo el amparo de su abultada billetera. Hijo de otro grande—Erich—el pequeño Karl cambió su nombre cuando su venerado padre—una alargada y siniestra sombra shakesperiana en su vida—se exilió a Buenos Aires a sugerencia de Hitler. Su hipnótico estilo marcaría a toda una generación, con esos brazos interminables que convirtieron el arte de agitar la batuta y sentir la música en un ballet. Nadie se ha movido nunca en un atril como él. Puro fuego salpicado de protones, elegancia, sensibilidad y magia de chistera dorada. Con él las transiciones orquestales se transformaban en pulidos diamantes. Verle dirigir era como viajar subido en una alfombra mágica. Con Mr. Rubato las cancelaciones dolían el doble.

La primera de las propuestas es Traces To Nowhere (Huellas hacia la nada) firmado por Eric Schulz, el mismo que hace unos años co-dirigiera uno de los mejores documentales que he visto en mi vida: Max Lorenz: Hitler’s Siegfried (Medici Arts 2056928). Lástima que el milagro no vuelva a repetirse, pese a la enorme calidad del nuevo producto. Schulz se centra bastante en el ensayo filmado de 1970 con la Südfunk-Sinfonieorchester (Arthaus, 101 062), todo un documento visual de su inalcanzable talento y un impagable espejo por donde espiar a esta persona alérgica a las filmaciones y entrevistas. El realizador utiliza la misma técnica narrativa que en el caso Lorenz, es decir, ponerles a los participantes a la fiesta fragmentos del ensayo para ver sus reacciones y comentarios. Entre los invitados al confesionario están Michael Gielen, Manfred Honeck, Otto Schenk, Plácido Domingo, su hermana Verónica Kleiber o Brigitte Fassbaender que no se corta al magnificar las dotes amatorias del homenajeado, o lo que es lo mismo, vociferar a los cuatro vientos que el promiscuo Carlos también llegó a dirigirla sin ropa. Por la boca muere el pez, ya que fue un cáncer de próstata el que le apartó para siempre del mundo de los fluidos (otra de sus grandes debilidades fue la “angelical” Lucia Popp). Entre los momentos imborrables que nos regala el filme destacan verle visitar la tumba de Karajan—cual personaje de John Ford—siempre al llegar y al irse de Salzburgo u oírle indicar a Margaret Price que cante el Liebestod como si Isolda estuviera haciendo de nuevo la Primera Comunión. Sus continuas espantadas (más propias de un torero) y la eterna pregunta de ¿por qué dirigió tan poco? siguen sostenidas en el aire pavoneándose de su incuestionable incontestabilidad. Unos dicen que porque se vio atrapado por la tela de araña de las partituras que dirigió y heredó de su padre (¿vigencia del mito Electra-Agamenón?). Otros porque es imposible alimentarse todos los días solamente de bombones.

Más directo al grano y a la esencia del personaje (por lo que supera en cuerpo y alma al anterior documental gracias a su poder de concentración y ritmo) es I Am Lost To The World (Estoy perdido al mundo) dirigido con aliento por Georg Wübboldt, que esclaviza nuestros ojos nada más arrancar los primeros fotogramas. Mientras suena la Muerte de Isolda le vemos dirigiendo/ danzando la etérea escena desde el foso sagrado de Bayreuth, gracias al borroso blanco y negro de una cámara de seguridad. A ver quién es el valiente que pulsa el Stop. Entre los testigos citados a declarar algunos se repiten (Schenk o Gielen) y otros se erigen en graníticos testimonios bíblicos (Muti y Sawallisch). El absorbente viaje subterráneo que nos propone el realizador nos conduce por las ciudades que formaron parte de su vida: Dusseldorf (germen de su talento), Stuttgart (el polluelo al fin rompe el cascarón), Munich (su centro de operaciones preferido), Bayreuth (inolvidables Tristanes), Viena (el genio alcanza su máxima plenitud pese a las peleas con sus filarmónicos) y Japón (el país del silencio y las geishas, búnker de su cuenta corriente). Su cegadora luz se apagó para siempre hace ya siete años en su casa de Eslovenia. Murió sólo, abrazado a su ansia y desesperación, por lo que fue condenado a dormir en una tierra extraña junto a Stanka, su compañera y bastón vital. Se nos fue el Stanley Kubrick de la dirección orquestal, el atleta musical obsesionado por poner el listón de la perfección siempre más alto, viviendo en la delgada línea que separa la locura de la cordura, una prima donna de la batuta que transformó la energía atómica en técnica directoral, siempre nadando a contracorriente atrapado en el remolino de la vida y los sonidos. Si tiene pasta en su bolsillo no lo dude, cómprese los dos DVD’s, no se arrepentirá. Si la crisis le ha zarandeado fuerte adquiera solamente este último. Y si su banco le ha dejado en calzoncillos intente robarlos. Merece la pena arriesgarse.



Sebastian Spreng
El Nuevo Herald, May 2011

KLEIBER, Carlos: I am Lost to the World (Documentary) (NTSC) 705608
KLEIBER, Carlos: Traces to Nowhere (Documentary, 2010) (NTSC) 101553

Incomparable, elusivo, excéntrico, único, genial son adjetivos clásicos para definir a Carlos Kleiber (1930–2004), el director de orquesta berlinés tan cercano a cubanos y argentinos, porque creció entre ambos países cuando su padre abandonó Alemania en protesta contra el nazismo. Entre 1935 y 1949, Erich Kleiber dirigió en La Habana, Buenos Aires y el resto de América. Naturalizado argentino, su hijo Karl pasó a llamarse Carlos, significativo detalle que estampó la carencia de patria e identidad lingüística que lo obligaron a ser ciudadano del mundo.

El ilustre Erich no quería la misma profesión para su hijo, afirmaba “¡Un Kleiber es suficiente!”. Contra viento y marea, Carlos debutó en Argentina a los 20 años marchándose luego a Europa a estudiar química a desgano. Para despistar—o no ser comparado—usó el pseudónimo Karl Keller dirigiendo a escondidas de su ídolo. Pero, en el podio del debut europeo lo aguardaba una rosa y ésta tarjeta: “Suerte… el viejo Keller”.

La fama de Carlos eclipsó la de Erich, fallecido en 1956, en circunstancias oscuras, justo el día del bicentenario de Mozart. Si fue uno de los cinco grandes de su época (en una foto célebre posa con los otros cuatro: Arturo Toscanini, Wilhem Furtwängler, Otto Klemperer y Bruno Walter) Carlos ha pasado a ser el emblemático “director de directores”—una reciente estadística lo ratifica—e incluso el favorito de antípodas como Riccardo Muti y Claudio Abbado que no vacilan en proclamarlo “El más grande del siglo XX”.

No importa que su repertorio haya sido pequeño, sus exigencias extremas, sus demandas insólitas y sus desplantes legendarios (se dió el lujo de rechazar el ofrecimiento de la Filarmónica de Berlín al morir su admirado Karajan que bromeaba “Carlos sólo dirige cuando tiene vacío el refrigerador”). Natural, elegante y originalísimo, en ocasiones, sus tempi espasmódicos quiebran toda lógica pero, al final su magia le da la razón. Con bríos inéditos, su ímpetu poético corresponde a las intenciones del compositor.

Al morir, más de pena por la muerte de su mujer (“Ella era mi samurai, yo sólo un miedoso”) que del cáncer que padecía, el mundo musical se preguntó por que no se lo había “obligado” a dirigir más. Se editó su esencial aunque escueto legado discográfico y aparecieron todas sus filmaciones—hasta alguna codiciada toma “pirata”—pero faltaba un documental biográfico.

A siete años de su desaparición dos DVD igualmente valiosos vienen a llenar ese vacío, son un muestrario del respeto y veneración que despierta. Estoy perdido para el mundo—alusión al Lied de Mahler que jamás registró—se concentra en sabrosas opiniones de músicos y colegas (“Cuando dirigía su rostro era el de la música”, “Lo impulsaba el miedo”, “Perfeccionista a ultranza, le era un suplicio ser Carlos Kleiber, creía que no podría dirigir y cuando lo hacía sucedía un milagro”) que tampoco olvidan sus amenazas “¡Si el público aplaude a destiempo, desalojo la sala!”. Salpicado con los referenciales ensayos de Sttutgart, más revelador todavía son las tomas mudas del foso del Festival de Bayreuth en Tristan e Isolda: Kleiber no dirige, sino que nada en la música. Es un vuelo hacia el éxtasis. “Puedes imitar su técnica pero no sus gestos, son libres como un pájaro” concluye Muti.

Más emocional, Huellas a la nada recorre su último viaje desde su hogar en Munich al pueblo esloveno de su esposa donde se recluyó para morir. Opinan, entre otros, Plácido Domingo (“Trabajas sin cesar, eres mi opuesto”), Otto Schenk (“Llevó su profesión al absurdo por su exceso de talento”) y Brigitte Fassbaender (“Era un dictador absoluto pero humano; florecía en el podio”) no obstante, es su hermana Verónica quien coloca el broche de oro al refutar los cargos contra su padre y trazar un recuerdo enternecedor de “mi pobre hermano; un ser tan frágil que no pensamos sobreviviría”.

Paradójicamente Carlos, que hacía suyas las palabras del poeta Zhuangzi, “No hay que dejar huellas”; vivió y dirigió para competir, superar y liberarse de su padre y, quizás, sin querer no hizo más que dejar la impronta indeleble del gen• io.

El único reparo posible a estos documentos imprescindibles es una añoranza por una mayor investigación sobre su infancia en Latinoamérica, una que lo marcó a fuego y que como la suma de su nombre lo indica rubricó la síntesis de dos mundos, Carlos + Kleiber = único.






Famous Composers Quick Link:
Bach | Beethoven | Chopin | Dowland | Handel | Haydn | Mozart | Glazunov | Schumann | R Strauss | Vivaldi
6:29:23 PM, 4 August 2015
All Naxos Historical, Naxos Classical Archives, Naxos Jazz, Folk and Rock Legends and Naxos Nostalgia titles are not available in the United States and some titles may not be available in Australia and Singapore because these countries have copyright laws that provide or may provide for terms of protection for sound recordings that differ from the rest of the world.
Copyright © 2015 Naxos Digital Services Ltd. All rights reserved.     Terms of Use     Privacy Policy
-208-
Classical Music Home
NOTICE: This site was unavailable for several hours on Saturday, June 25th 2011 due to some unexpected but essential maintenance work. We apologize for any inconvenience.