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Gonzalo Pérez Chamorro
Ritmo, October 2014

Puede que el mayor Bruckner grabado e interpretado jamás. Este fue el reencuentro de Celibidache con la Filarmónica de Berlín, en 1992. No hay palabras para describir tal interpretación. © 2014 Ritmo




Pedro González Mira
Ritmo, October 2012

Se sabe, sé, que Sergiu Celibidache fue un director de muchas singularidades. En tiempos, tuve, tuvimos, la suerte de poder disfrutar de su arte en vivo en un buen puñado de conciertos (con la OSRTVE), que revelaron más de un dato crucial para abordar su difícil personalidad y su inmenso arte. Y rara vez no quedamos seducidos por ese arte, así como por su afilada dialéctica y punzante palabra,cuando, además de hacer música, soltaba la lengua, particularmente sangrante al referirse a sus colegas. Tras su paso por esos conciertos en los primeros 70 del siglo pasado, lo volvimos a escuchar en varias ocasiones al frente de agrupaciones de mayor calidad, ya algo después (hizo una gira con la Sinfónica de Londres en 1978 que incluyó cuatro conciertos en Madrid) o, al final de su vida, en toda la década de los 80 y principios de la de los 90, con su orquesta, la Filarmónica de Munich, en innumerables ocasiones también en Madrid. Luego sabemos lo que sabemos del maestro rumano por sus conciertos españoles, sobre todo en la capital, y poquísimo por los discos—casi siempre piratas—a los que fue alérgico durante toda su vida, hasta que al final de su existencia se dejara grabar en vídeo.

Era necesario hacer estas precisiones, porque con esos datos—y las distintas “piratadas” discográficas más o menos legales; recuérdense las cajas de EMI con interpretaciones “autorizadas”—se puede concluir algo que es bastante común entre los grandes maestros del pasado: Furtwängler y Knappertsbusch aparte (porque no llegaron a la revolución del digital), si un Karajan, un Kubelik, un Bernstein, un Böhm, un Solti o un Klemperer no fueron lo que todos hoy sabemos que fueron hasta muy a finales de su vida, a Celibidache le ocurrió lo mismo. Solo se le debe de reconocer como a un maestro en la cumbre total, sin discusión, por los últimos trabajos de su vida. Y muy particularmente por su Bruckner; a mí me parecre que el mejor de los posibles hasta ese—y este—momento.

Pues bien, el concierto grabado en el DVD que nos ocupa pertenece a ese período y contiene una sinfonía del compositor austriaco. Pero es algo más: para mí es la más grande y mejor interpretación que nunca escuché al maestro rumano; de música en general, pero también de Bruckner en concreto. Y añadiría más: no me importa afirmar que,a mi juicio, se trata de una de las grabaciones capitales de la historia del disco.¿Sabré explicar por qué? Una vez más las dudas me asaltan cuando he de moverme en semejantes terrenos creativos. Lo intentaré.

Esta versión rompe patrones, en sentido estricto. No puede ser valorada como consecuencia de una determinada intención sentimental previa ( la cosa sería: gran maestro se reconcilia con gran orquesta), que de alguna manera pueda conducir a una versión calificable con adjetivos, como ya se ha dicho alguna vez: un Bruckner así o asá, de tal o cual color, sereno o enfadado, apolíneo o dionisíaco… Lo del reencuentro entre director y orquesta es pura anécdota; lejos de lo sentimental, al escuchar esta interpretación las impresiones son muy otras; uno tiene la sensación de estar asistiendo a una clase de música; tiene la sensación de que le están explicando lo que sucede de manera precisa y didactica: ‘mira esta nota esta aquí por esto y por esto, y no puede ser de otra manera’, parece que a cada momento nos esté diciendo el organizador de todo aquello. Y a mí me vuelve loco eso ( Klemperer me gustaba especialmente; eso es lo que hacía al final de su vida: colocar cada nota al lado de la otra explicando que no podía ser de otra forma), porque, además, un proceso como este, como el buen sexo o la buena mesa, nada de superorgasmos exprés o suculentas pero dañinas hamburguesas, ha de durar mucho. ¡Y vaya si dura aquí! Pero atención; en música—como en la vida—es conveniente distinguir entre tiempo absoluto y tiempo relativo. El tiempo en sí (los tempi lentos, quiero decir) no determina ni define ni resuelve situaciones sonoras. A veces incluso deteriora la música: el Parsifal más lento de la historia del disco es una plastez inasumible; no digo el nombre del autor de la versión. Y por eso es comprensible que los directores tiendan a correr, porque así se pierde esa relatividad que complica, para ganar en espectáculo, siempre bienvenido por los públiclos menos exigentes. No; no hablo de duración en sentido absoluto, en sentido global. Hablo del valor de los tiempos internos de los sonidos, de cómo laten cuando salen al exterior. Y es absolutamente milagroso que la acumulación sonora de una orquesta del tamaño y la densidad sonora que requiere la Séptima de Bruchner no acabe en tragedia estética, hundida en la miseria, cuando se establecen tempi como los que practica Celibidache en esta ocasión. Ahí está el secreto de la unicidad de este trabajo, en la relación tempo-tensión (melódica y armónica), que alcanza la perfección total. Pero hay más, porque el equilibrio entre partes en esa relación no se consigue por el camino rápido, el del contraste puro entre polos, sino por un macroestudio del valor relativo de los microinstantes absolutamente sorprendente. En cristiano: cada sonido en su sitio y asentado de la manera que tiene que estarlo, porque, sencillamente, la lógica indica que ni puede estar en otro lugar, ni de otra manera. Tan fácil como eso y, a la vez, casi nada.

La Orquesta Filarmónica de Berlín está inmensa; viendo tocar a los músicos, parece que son conscientes de estar inmersos en una experiencia estética y emocional irrepetible. Porque sí; la razón y el orden campea a sus anchas por los pentagramas de la la sinfonía, pero si de ello el lector infieriera que se trata de una imponte experiencia intelectual, pero solo eso, he de apresurarme a decir que no; a lo que todo ello conduce es, a la postre, a un cúmulo de bellezas indescriptibles y solo comprobables a través de sucesivas y largas escuchas. Con esta versión sucede como en una parte significativa de las músicas barrocas que nacen con vocación didática y pronto pierden de vista ese objetivo para convertirse en creaciones universales de incomensurable valor estético: Celibidache somete la partitura a un proceso técnico y racional de recreación imenso, para llegar a la máxima belleza y emoción.

Para mí, esta es la más hermosa de las versiones posibles para una de las más hermosas músicas nunca escritas, precisamente por eso, poque el camino seguido para su consecución es ese y no el contrario. La casa, desde los cimientos, no desde el tejado… © 2012 Ritmo



Sebastian Spreng
Miami Clásica, September 2012

No sólo de Mahler vive el hombre. Quien no sea adicto a Bruckner tiene aquí la oportunidad de incorporar una nueva pasión a su lista y por otra parte, la mejor manera de celebrar el centenario del nacimiento del director Sergiu Celibidache (1912–1996), motivo de esta esperada edición en DVD.

Bruckner y Celibidache forman una pareja ideal y todo aquel que desee comenzar a interiorizarse con la obra del austríaco tiene aquí la ocasión perfecta, la de ver y escuchar una de sus grandes sinfonías de la mano de su profeta dirigiendo “la” orquesta por excelencia, la filarmónica de Berlin cuya textura y perfección sonora rivaliza con las de Dresden y Viena, gloriosos exponentes de la tradición bruckneriana.

Igualmente idolatrado y vilipendiado, postergado (y apenas menos elusivo que Carlos Kleiber), el mítico Celibidache emerge supremo y fiel a sí mismo en esta ocasión, cuando después de casi cuatro décadas regresó a dirigir (sería la última vez) la orquesta que lideró entre 1946 y 1952 como sucesor interino de Wilhelm Furtwängler. Y lo hace con la Séptima Sinfonía de Bruckner, favorita de Furtwängler, y en el Schauspielhaus (Konzerthaus) de Schinkel (no en la Philharmonie “de Karajan”) donde tiene lugar este concierto a beneficio de los orfanatos rumanos auspiciado por el gobierno alemán.

Günther Wand, Eugen Jochum, Haitink, Giulini, Chailly, Karajan, Dohnanyi y naturalmente Furtwängler son algunos de los directores que dejaron huella en esta sinfonía y en este reencuentro berlinés, el rumano obtiene una densidad, hondura y lustre sin parangón. Se está frente a una versión plena de voces interiores, robustas y transparentes, donde Celibidache parece unir todas las facetas hasta esculpir un bloque monolítico, no para todos los gustos ni para quienes sientan excesiva su retórica.

Ritual del principio al fin, y el célebre Adagio es de una belleza aplastante, es una lección magistral del “sonido” de su compositor favorito. En la música de Bruckner se concretan las premisas estéticas y la compleja espiritualidad del director. El control absoluto e inmaculado, el detalle más obsesivo, el fluir de la tensión y el discurso orquestal exhiben un equilibrio asombroso, en definitiva, los rasgos característicos de “Celi”.

El DVD añade un documental de casi una hora (El retorno triunfal) donde se constata la obsesión del maestro durante los ensayos. Es un capítulo aparte, tan imperdible como sus comentarios sobre los críticos, el sonido francés versus alemán, una inolvidable disquisición sobre cómo atacar las notas y sobre las orquestas de Berlín (“Tantas caras nuevas en la que fue mi primera orquesta”) y la Filarmónica de Munich (“Las orquestas no existen, no estan hechas de músicos, son 120 directores”) que fue su hogar durante lustros.

En su achacada megalomanía, su ego desaparece al fundirse con la música para renacer como en un canto a sí mismo. El veterano budista zen que odiaba las grabaciones (y sus buenas razones tenía) bregaba porque cada función fuese una experiencia trascendental. He aquí una muestra tan esencial como, afortunadamente, adictiva☼ © 2012 Miami Clássica




Ritmo, July 2012

De reciente aparición en DVD, coincidiendo con el aniversario del rumano, esta interpretación de la Séptima de Bruckner de marzo y abril de 1992 (1 de abril principalmente) supuso el regreso triunfal tras 38 años de quien fue expulsado de una orquesta para la que parecía haber nacido (se completa con el documental “The Triumphant return”) ¿ Podríamos decir que es la más grande Séptima de Bruckner? ¿Se podría afirmar que es el Bruckner más grandioso jamá ocurrida? Podrían contestarse negativamente (cuestionable, como poco) o afirmativamente (razonable), pero sí es verdad que esta Séptima está en algún lugar más allá de cualquier calificación, la que tienen los acontecimientos verdaderamente irrepetibles. Como suele ocurrir con Celibidache, no la recomiendo a no ser que ya no se quiera volver a escuchar otra que no sea esta. © 2012 Ritmo






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6:03:24 PM, 21 October 2014
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