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Joaquim Zueras
Sinfonía Virtual, April 2011

Andrés Ruiz Tarazona, en una breve pero interesante biografía sobre Granados editada en 1975 (Real Musical, Colección Músicos), dejó escrito que la obra de Granados se encontraba en un completo desorden. Faltaba una clasificación sistemática y de nada valían los números de opus para fijar las fechas, cuando constaban, además del problema de localizar y agrupar diversos manuscritos. Para colmo, añado yo, Granados se precipitaba en dar a publicar sus obras. Luego añadía mejoras que comunicaba a sus allegados y que estos han procurado transmitir. Pues bien, Alicia de Larrocha y Duglas Riva se encargaron de poner fin a esta desgraciada situación en colaboración con la Editorial Boileau, que en el 2001 editó una integral pianística en 18 volúmenes: 17 con partituras y documentos complementarios, y el último con un perfil biográfico del compositor junto con un estudio crítico. El criterio de catalogación, dada la imposibilidad de establecer una cronología exacta, ha sido temático. Así pues, tras las siglas DLR (Alicia de Larrocha, Riva) encontramos numeros romanos: I (Danzas), II (Goyescas), III (Juveniles), IV (Pedagógicas), V (Románticas), VI (Transcripciones), VII (Valses), VIII (Cuatro manos / dos pianos). Siguen dos puntos y el número arábigo de la obra con respecto a las demás de su temática, basándose en una cronología aproximada. Si se trata de una obra con varias piezas, tras un punto vuelve a constar la posición exacta de la pieza. Resumiendo, por ejemplo, la Danza española Nº2, Oriental queda clasificada como DLR I:2.2 según este criterio. Pero lo asombroso es que de las 254 obras editadas, 104 obras habían permanecido inéditas hasta entonces.

Durante más de diez años Douglas Riva ha grabado esta integral para el sello Naxos, incluyendo un buen número de World Première Recordings; un hallazgo, sobre todo, para los seguidores del compositor ilerdense, entre los que me temo que hay más extranjeros que españoles.

Para el Vol.1 se ha optado por las Doce danzas españolas, seguramente su obra más divulgada.Estas piezas se situarían entre los años 1887 y 1889. Es la etapa parisina en la que Granados contacta con los músicos de la Schola Cantorum y aprovecha con esmero las enseñanzas de Charles de Bériot. A su regreso a Barcelona las editó la Casa Dotesio (hoy Unión Musical Española) que puso título a diez de las doce. Estas danzas se circunscriben dentro del movimiento nacionalista. Granados, al igual que hizo Chopin con sus mazurkas, recoge las características melódicas y rítmicas de nuestro folklore y, de manera singular, genera con ellas una obra de gran atractivo. Massenet, Saint-Saëns y Grieg, entre otras celebridades, tenían estas piezas en alta estima. En cualquier caso, ¿quién no se ha sentido seducido por la delicada melodía en terceras de Oriental frente a un bajo inquietante, o por el repiqueteo a contratiempo de Andaluza que sostiene a un motivo tan inspirado? Como complemento, se ha incluido una transcripción de Agustín M. Martínez de la Improvisación sobre la jota valenciana, que Granados dejó registrada en una pianola durante su estancia en Nueva York, en 1916.

El Vol.2 contiene la suite Goyescas. Granados, en carta a su amigo, el compositor y pianista Joaquín Malats, declara: “He compuesto una colección de goyescas de gran vuelo y dificultad pianística…Me enamoré de la psicología de Goya, de su paleta. De él y de la duquesa de Alba, de su maja señera de sus modelos, de sus pendencias, amores y requiebros. Aquel blanco rosa de las mejillas, contrastando con blondas y terciopelo negro con alamares. Aquellos cuerpos de cinturas cimbreantes, manos de nácar y de jazmín posadas sobre azabaches, me han trastornado”. Aquella obsesión fue tomando cuerpo, sometiendo el material al criterio de amigos y conocidos. Falla escribió: “Nunca olvidaré la lectura que, en casa de Joaquín Nin, nos hizo Granados de la primera parte de sus Goyescas. Esta danza tan luminosamente rítmica con la que empieza la obra, aquellas frases tonadillescas traducidas con tal sensibilidad, la elegancia de ciertos giros melódicos, unas veces impregnados de ingenua melancolía, otras de alegre espontaneidad, pero siempre distinguidos y sobre todo evocadores”. La suite se compone de siete piezas divididas en dos series: la primera comprende Coloquio en la reja, El fandango del candil, Los requiebros y Quejas o la maja y el ruiseñor. La otra serie reúne El amor y la muerte, Epílogo: Serenata del espectro y El pelele. Douglas Riva opina que Goyescas es una de las auténticamente grandiosas efusiones del piano romántico y una de las más importantes obras para teclado escritas en España. La primera serie de Goyescas se estrenó en 1911 en el Palau de la Música de Barcelona en y en 1914 dio a conocer ambos cuadernos en la Sala Pleyel de París. Serenata goyesca es una pieza localizada en el Archivo Granados de Barcelona y es probable que fuera compuesta como esbozo preliminar de las Goyescas. El disco nos brinda la oportunidad de escucharla por primera vez.

Entre otras obras, en el Vol. 3 se encuentran las Escenas Románticas. Como Albéniz, en la música Granados se detectan dos tendencias: la nacionalista y la puramente romántica con claras influencias de Schumann y Chopin. A esta segunda línea pertenecen las Escenas Románticas, de una emotividad intensa, que fueron estrenadas en el Palau de la Música en 1904. El cuaderno está dedicado a una de sus alumnas, María Oliveró. Se ha dicho que la dedicatoria suscitó los celos de Amparo, su mujer, prohibiendo a Granados que volviera a interpretarlas. El Capricho español, de 1890, está dedicado al empresario Eduardo Conde, cuyo mecenazgo permitió a Granados estudiar en París. El casticismo y el andalucismo presentados con un refinamiento muy personal caracterizan esta composición. El Libro de horas son tres miniaturas que nos remiten a un pasado impreciso a través de la contemplación de un jardín, la muerte de un ruiseñor y una tenebrosa ejecución. El Allegro de concierto debe su concepción a un concurso convocado por Tomás Bretón, director del Conservatorio, en 1904. Se trataba de componer una pieza para el examen final del último curso de piano. Granados fue el compositor premiado. Antonio Fernández—Cid ha escrito sobre este Allegro: “La obra ofrece todos los méritos y condiciones requeribles para el fin propuesto: brillantez, dificultad, atracción directísima, virtuosismo y color. Supone, por sus amplios despliegues, una evasión del intimismo peculiar en Granados…Temas de amplio y feliz contorno melódico, octavas, acordes, arpegios. El fragmento, escrito con una maestría y un dominio palpables, de grandes alientos románticos en las frase, de gran efecto en su conato de patetismo final, está dedicado a Joaquín Malats”. La Danza lenta, publicada en 1914, más que rítmica es elegíaca, sin duda por estar dedicada a la memoria de Vicente Esteve, alumno de Granados. La atmósfera de desconsuelo del inicio cede el paso a una ralentizada jota valenciana, como oída desde la lejanía, que se aproxima gradualmente sin que su intensidad creciente logre disipar la tristeza. Paisaje, de 1912, con un tema más bien pálido y débil, se muestra como un apacible cuadro sonoro de leves atisbos impresionistas. El encanto de la meditativa Barcarola, dedicada a Massenet, radica en su serena indefinición, poco más que un bosquejo a la acuarela. Por último, queda por mencionar el radiante Preludio en re y otro Allegro de concierto, ambos manuscritos rescatados del olvido.

El Vol. 4 recoge los Valses poéticos, una de sus colecciones más representativas de Granados por su gracia y exquisitez. Sobre las fechas en que fueron compuestos, hoy se acostumbra a situarlos alrededor 1894, mientras que antes se daba como probable el año 1886. En este CD podemos saborear once valses inéditos en la colección Apariciones: Valses románticos, cierto que algo menos ambiciosos. Durante el siglo XIX la música ocupaba una posición relevante en Cuba. Un desahogo espiritual frente a una situación política inestable y, digámoslo también, un signo de distinción. Los teatros se llenaban con violinistas como Vieuxtemps, óperas con sopranos como Adelina Patti y también se celebraban conciertos de cámara y tertulias en algunos salones. A causa de ese vaivén cultural entre las dos orillas atlánticas, las maneras de las danzas cubanas y las habaneras eran utilizadas por músicos españoles. Si escuchamos, por ejemplo, las Danzas españolas Op. 37de Albéniz, podemos interrogarnos si algunas no tendrán más de cubanas que de españolas. En este gusto por lo exótico se enmarca la cadenciosa A la cubana, que Granados compuso antes de que España perdiera el dominio sobre la isla, aunque fue publicada en 1914. Al igual que Schuman con su Álbum de la juventud, Granados compuso Cuentos de la juventud y Escenas infantiles—Miniaturas, inspirándose en sus tempranos recuerdos y pensando en sus hijos. Pese al carácter sencillo y a veces ingenuo de estas piezas, su objetivo principal no es el pedagógico. En 1894, transcribió para piano solo la jota Miel de la Alcarria a partir de la música para escena que compuso con el mismo nombre. Más amplia y elaborada resulta la chispeante Rapsodia Aragonesa. En las pruebas de imprenta de 1901 Granados tachó el título añadiendo “no, no, no, no, no y no”, pero prevaleció el criterio del editor. Baldomero Cateura (1856–1926) fue un mandolinista catalán que inventó cuatro pedales más para el piano, que permitían singulares efectos de matiz y color. Para el Piano Cateura, Granados compuso Aparición, una extraña obrita; desenfadada y divagante al principio y al final, contiene un breve y solemne intermedio homófono.

La mitad del Vol. 5 lo ocupan las Escenas poéticas. El primero de los cuadernos fue publicado en 1912 y el resto poco después de la muerte del compositor. El tono de estas piezas es quedo y a menudo cálido, con títulos tan sugestivos como Recuerdo de países lejanos o El ángel de los claustros. En A la pradera podría haber tomado como modelo una danza catalana. El aroma extrovertido y alegre de muchas obras de Albéniz contrasta con el intimismo impresionista de Azulejos, para el crítico Justo Romero: “de una exquisitez melódica y tímbrica que anuncia y se anticipa a los pentagramas ravelianos. Obra de última madurez, Azulejos es, sin duda, verdadera obra maestra del repertorio pianístico de todos los tiempos, digna de figurar junto a las doce maravillosas joyas de Iberia”. Cuando Albéniz falleció la obra llegaba al compás 63 y Granados, a petición de la viuda, completó la composición con 89 compases más. El deslumbrante Valse de Concert, plagado de filigranas en la mayor parte de su discurso, fue publicado en 1914. Es el más dramático y largo de su producción valsística. La selección de este CD concluye con seis piezas de rasgos árabes: Fantasía—Sheherezada, Arabesca, Canción árabe, Moresque, Canción Morisca y Oriental. La última—un tema con variaciones, intermezzo y final—es la de mayor envergadura.

Las Piezas sobre cantos populares españoles, ubicadas en el Vol. 6, siendo otra obra emblemática, brillante y de técnica compleja, no obtuvo la aceptación de las Doce danzas españolas porque los motivos y los contornos no son tan expositivos como sugeridos, lo que exige una mayor atención por parte del público. Como observa Antonio Fernández-Cid, el oyente primero percibirá variedad, luego el atractivo que contienen y más tarde la completa lógica en las proporciones y en los desarrollos. Fueron compuestas en 1895, cuando Granados actuaba como intérprete para la Sociedad Catalana de Conciertos en el Teatro Lírico. Están dedicadas a Cecilia Gómez de Conde, nuera de su mecenas. El Preludio, con su rasgueo guitarrístico y una copla estilizada, nos sitúa en un clima de inconfundible españolidad. Este modelo, de manera más vivaz y acentuada lo encontramos en Añoranza. Ecos de la Parranda presenta variados contrastes, interrumpidos por un cantabile más levantino que andaluz. La Vascongada recoge dinámicos motivos y ritmos norteños. La Marcha Oriental es otra muestra de ese exotismo tan caro a Granados. La Zambra es una evocación granadina bajo el original prisma del compositor. El Zapateado es la pieza más popular del conjunto, que sorprende por su fogosidad, su mezcla de ritmos binarios y ternarios, y que reclama virtuosismo por parte del ejecutante. Granados compuso la Suite Elisenda para orquesta de cámara, piano, arpa y soprano en 1912. Más tarde, de los cuatro movimientos transcribió el primero para piano solo y lo tituló El jardín de Elisenda, dedicado a Pau y Guillermina Casals. Es de efecto hipnóptico por la utilización casi constante de la parte aguda del teclado, lo que sugiere unas campanillas de cristal o la lluvia al caer con suavidad en un estanque. De los Tres impromtus los dos primeros fueron editados en 1912 y el último en 1914. El primero parece una improvisación, el segundo es una bucólica pastoral y el tercero de un romanticismo elegante y por momentos arrebatado. El título Países soñados—Palacio encantado en el mar nos hace pensar en un proyecto de álbum no realizado. ¿Conocía Granados el preludio La catedral sumergida de Debussy? Seguramente, pero en su Palacio encantado hay mucho más tardorromanticismo que elementos impresionistas. La escritura de Granados en esta pieza se acerca más al Liszt de la leyenda San Francisco de Paula caminando sobre las aguas que al lenguaje debussista. Cito finalmente la Serenata dedicada a su mujer, La Parranda—Murcia posible fruto del viaje para recoger muestras populares para su ópera María del Carmen, la vehemente Danza característica, una sucinta Pastoral, una Sardana de concepción libre y una Jácara cuyo material melódico aprovechó en parte en la suite Goyescas.

En el Vol. 7 aparecen dos colecciones de valses más y un vals suelto: Diez Valses sentimentales, de 1890, hasta ahora inéditos, concisos y carentes de complicaciones. Douglas Riva se pregunta si no serán ensayos cara a su posterior Cartas de amor—Valses íntimos, por la reutilización de algunos materiales. Más amplio y extrovertido es el Exquise—Vals tzigane, publicado alrededor de 1900. Granados ejercía la enseñanza. En 1901 fundó la academia que llevaba su nombre y que, tras su muerte, dirigiría su alumno Frank Marshall. Andrés Ruiz Tarazona escribe en su biografía: “Granados fue un profesor excepcional. Había heredado de Pedrell el respeto a los gustos y al temperamento de los alumnos y así puso él en práctica una beneficiosa tolerancia que no impedía el rigor ni el estudio”. Para sus discípulos escribió en 1905 los Seis estudios expresivos en forma de piezas fáciles. El primero es un tema con variaciones en el que está presente la influencia de Schumann. El segundo tiene semejanzas con el Preludio en do sostenido menor de Chopin, por los saltos en semicorcheas y la resolución en corcheas. En el tercero, El caminante, contrasta la serenidad del canto del bajo con el agudo acompañamiento interrogativo. El cuarto es una susurrante Pastoral a la que siguen dos partes más animadas. El quinto, La última pavana, está inspirado en un poema de Apeles Mestres. El sexto, María, es una hermosa romanza sin palabras. Han aparecido Siete estudios más, sin fecha, en los que se pretende que el alumno se ejercite y supere determinadas dificultades prácticas, como, por ejemplo, el uso de terceras seguidas. Los cuatro Bocetos, pese a su sencillez, también podrían haber servido como estudios expresivos. El inédito L´himne dels morts fue un encargo del músico Eduard López Chávarri para una publicación especial del Círculo de Bellas Artes de Valencia, cuyos beneficios serían destinados a las víctimas de las inundaciones del río Turia. Es más elegíaca que sombría. El gusto de Granados por las formas antiguas, aprovechando el sonido imitativo del clave, una de las posibilidades del Piano Cateura, pueden apreciarse en A la Antigua—Bourrée y en el Minuetto. La extensa La góndola—Escena poética durante años se consideró perdida, hasta que en el 2001 la musicóloga Laura Guastevi localizó una copia en el Conservatorio del Liceo en Barcelona, en la que puede leerse: “Una noche tranquila, iluminada por la luna / Venecia duerme mientras que la góndola de los enamorados / cruza el lago de plata”.

Otro vals encabeza el Vol. 8, en concreto el Carezza—Vals. Esta obra está dedicada a Pepita Conde, hija de su mecenas. De aire despreocupado y cercano al vals vienés, estaría destinado a ser interpretado en los salones de la familia Conde, junto con otras obras como La sirena, Los soldados de cartón, Elvira y Clotilde. Piezas livianas de quien busca agradar y entretener, evitando someter a la benefactora familia a planteamientos musicales de mayor nivel. El Álbum de melodías, París 1888 lo forman 22 miniaturas, 16 inéditas. Pecados de juventud, apuntes en los que Granados se divertía, ora remedando estilos, ora imaginando ambientes. Son curiosos algunos títulos como En el abanico de María de Alba, ¡Oh!, ¿Beethoven?, Wagner—Melodrama o La esclava muerta. Quedan por citar dos piezas inéditas: Una Dolora de apesadumbrado lamento y Dans le bois, danza en compás ternario que Granados envió por carta a Amadeo Vives, durante su estancia en París.

El Vol. 9 está compuesto por un álbum de dos discos con Transcripciones de sonatas de Scarlatti (1685–1757), compositor napolitano que desde 1729 acompañó a Barbara de Braganza, esposa de Fernando VI, como profesor. Compuso 555 sonatas para clave. Felip Pedrell infundió en Granados una gran estima por la música española del siglo XVIII. En aquella época poco se sabía de Scarlatti y el interés del público por su obra era muy escaso. Por ello decidió transcribir 26 sonatas del clave al piano. Estas transcripciónes se basan en una romantinización de la partitura: añadió octavas, sextas, terceras, suprimió ornamentaciones, colocó indicaciones de expresión…En la actualidad la validez de tal actividad es cuanto menos discutible, pero fue el modo de dar a conocer la música de Scarlatti restándole una severidad extraña a los oídos del público de entonces.

Del Vol. 10 destacaría las obras en las que se exige la intervención de otro pianista; para ello se ha contado con la participación de Jordi Masó. El poema a piano a cuatro manos En la aldea es un conjunto de diez piezas que describen una idílica jornada campestre en la que se celebra una boda. También para piano a cuatro manos compuso Dos airosas Marchas militares, quizás pensando en su padre, Calixto Granados, oficial del ejército. Otras Tres marchas militares para piano solo aparecen en el disco. La impresionante Transcripción de Triana de la Suite Iberia de Albéniz para dos pianos es la única del catálogo en este formato. Respecto a las piezas para piano solo, mencionar un nuevo y bello Intermezzo para la ópera Goyescas más largo que el anterior, cuatro Melodías más, las chopinianas Mazurka alla polacca y la Mazurka en A minor, ambas de inspiración temprana, un lírico Andantino espressivo “para la educación del sentimiento”, una resuelta Andalucía—Petenera, el Canto del pescador y La Berceuse.

Douglas Riva ha interpretado a Granados muy acorde con las cualidades pianísticas que adornaban al compositor: delicadeza de pulsación, dulzura en el ataque, admirable musicalidad, equilibrio en la intensidad, una expresividad desprovista de afectación junto con un notorio conocimiento de cada una de las obras de esta integral.



Josep Pascual
Scherzo, November 2010

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