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José Antonio Ruiz Rojo
Ritmo, January 2012

MAHLER, G.: Symphony No. 7 (Bavarian Radio Symphony, Jansons) 403571900101
MAHLER, G.: Symphony No. 9 (Lucerne Festival Orchestra, Abbado) (NTSC) ACC-20214
MAHLER, G.: Knaben Wunderhorn (Des) / Symphony No. 10: Adagio (Kozena, Gerhaher, Boulez) (NTSC) ACC-20231

Después de muchos años de dedicar la mayor parte del tiempo libre (más una parte del no tan libre) a escuchar música (clásica y no clásica, pero sin apenas sucedáneos) llega un momento en que uno se siente capaz de clasificar las interpretaciones en directo o envasadas en sólo tres categorías (cosa normal, pues al menos por razones culturales, puede que también neurológicas, los humanos solemos elaborar tablas triádicas): versiones muy buenas, versiones únicamente interesantes y versiones del todo irrelevantes. Como es lógico, las versiones muy buenas (en los planos técnico y expresivo) son a la vez interesantes, pero estas últimas no tienen por qué ser buenas (en efecto, no lo son si fallan en uno de estos planos, por más que aporten enfoques novedosos o abran perspectivas prometedoras). He aquí el grano. Lo demás es paja y matices mil (puntuamos y graduamos, nosotros con asteriscos), pero la paja es, sin remedio, paja. Y si el crítico no lo tiene claro significa que no ha acumulado la suficiente experiencia y/o conocimiento (en el terreno del arte casi es lo mismo) o, dicho de manera simple, carece de criterio, un mal bastante extendido.

¿A qué cuento vienen estas consideraciones pelín intempestivas? A que estoy harto de la hiperinflación de grabaciones perfectamente prescindibles que, como algunas de las que ahora me toca comentar, sólo atienden a la oportunidad comercial (en ocasiones con determinadas efemérides como coartada) de colocar una y otra vez en el mercado obras de compositores que se piensa siguen teniendo tirón entre un público más amplio que el formado por los aficionados incondicionales a la música clásica. En tiempos de crisis, en lugar de grabar partituras nuevas que merezcan la pena, se insiste en las de siempre, sin importar la competencia o incompetencia del intérprete (a algunos, ya veteranos, les adorna un currículo demoledor) y al dictado relativista del “todo vale” y “algo bueno saldrá”. Se trata de una especie de democratización del juicio que en el fondo oculta lo que no es sino una grave falta de respeto al consumidor. Por ejemplo, y por entrar ya en los discos de este lote mahleriano, ¿qué pinta Philippe Herrewege en un terreno que, como demuestra su trayectoria profesional, le es por completo ajeno? No sé qué gana Harmonia Mundi con incluir en su catálogo y a cualquier coste obras de Mahler (ésta es una grabación de 2005 lanzada ahora en coincidencia con el centenario de su muerte), pero, aunque a mí se me escape, algo conseguirá porque otros sellos discográficos comparten similares y vergonzosas prácticas. ¿Y el inefable Valery Gergiev? Sin duda más aseado que el belga en este repertorio, tampoco es el ruso un intérprete excelso de Mahler, aunque como lo frecuenta bastante cierta familiaridad le va cogiendo. Las versiones de las sinfonías Cuarta y Quinta que nos propone el DVD de Major (registradas en los Proms de 2010 con la World Orchestra for Peace que fundara Georg Solti en 1995) y la versión de la Quinta con la estupenda Sinfónica de Londres (del mismo año 2010) ni son maravillosas (basta compararlas con las referenciales de Klemperer, Bernstein, Barbirolli o Barenboim) ni son interesantes (nada nuevo nos ofrecen). Versiones del montón y, por consiguiente, paja. ¿Salvamos al irregular Mariss Jansons? He de confesar que su Séptima de 2009 con la también gloriosa Sinfónica de la Radio de Baviera es bastante potable, sobre todo teniendo en cuenta lo difícil que resulta encajar esta sinfonía en un marco formal co herente. Aun así, se advierten inconsistencias y lagunas expresivas y, globalmente, queda lejos de las lecturas de Chailly, Barenboim o Klemperer (de ésta, la verdad, queda muy lejos). Tampoco hay revelaciones o detalles de interés, por lo cual la meto en el mismo saco de las anteriores. Irrelevante pero no desastrosa, como sucede igualmente con la Novena de Abbado al frente de la sorprendentemente engrasada Orquesta de Lucerna (del año 2010, ya criticada por quien esto firma con motivo de la simultánea edición en Blu-ray), y a diferencia, eso sí, de la Segunda de William Steinberg con la Sinfónica de la Radio de Colonia del año 1965 (publicada, claro, en el mágico 2011), que es un despropósito de cabo a rabo perpetrado por un director insignificante (al contrario del antaño genial Abbado) sólo calificable de “histórico” porque lleva más de treinta años desaparecido. Paja seca, sequísima.

Llegamos por fin al grano (tres de nueve, un porcentaje bajo). Son discos que contienen versiones de alta calidad interpretativa y cuya compra aconsejo sin reservas a quienes sientan atracción por la música de Mahler, en particular por dos de las obras clave del posromanticismo: La canción de la tierra y el Adagio de la Décima Sinfonía. Pierre Boulez dirige esta última pieza (una página asombrosa, insisto) con una concentración absoluta, un equilibro tímbrico prodigioso (marca de la casa) y una intensidad (sin arrebatos epidérmicos) pocas veces alcanzada, todo ello dentro de una lógica interna implacable. Quizás el mejor Mahler de Boulez que he escuchado, ya que en otros acercamientos (sin duda magníficos) encuentro al francés excesivamente controlado, y desde luego una de las mejores versiones existentes de la obra (¿por encima de Chailly?). Aquí intelecto y corazón van de la mano, por decirlo de un modo ciertamente cursi (espero que también comprensible). Completan el DVD una entrevista con el director y doce de los lieder de Des Knaben Wunderhorn en versión para mezzo y barítono, muy bien cantados por la Kožená y Gerhaher, aunque de nuevo es la batuta de Boulez lo más destacable del disco de Accentus (imagino que al límite de lo que es posible obtener de la actual orquesta de Cleveland). Cotejar este registro con el arriba citado de Herreweghe prueba hasta qué punto podría haberme ensañado con la lamentable propuesta del flamenco. Por otro lado, el famoso barítono norteamericano Thomas Hampson también se atreve, además en solitario, con este ciclo de lieder y, como era previsible, logra un gran resultado. Por si fuera poco, el CD juega otra baza ventajosa: por primera vez, y respetando los deseos del compositor, un conjunto de cámara sustituye a la habitual orquesta sinfónica, distribución que permite comunicar la transparencia y los efectos sonoros originales consustanciales al tipo de lied cultivado por Mahler y a sus coordenadas estéticas. El tercer disco de este grupo de cabeza, con una fenomenal Canción de la tierra (versión para tenor y barítono) grabada en vivo en 1964, lo protagonizan Fritz Wunderlich y Dietrich Fischer- Dieskau, dos intérpretes que no necesitan ninguna presentación, acompañados por un entonado Josef Krips a los mandos de la Sinfónica de Viena. Hay registros superiores (por ejemplo, Walter con Ferrier y Patzak o Klemperer con Ludwig y el mismo Wunderlich), pero no se pierdan éste. Hoy día casi nadie canta así. © 2012 Ritmo



Gonzalo Pérez Chamorro
Ritmo, November 2011

CHOPIN, F.: Piano Works (Barenboim - The Warsaw Recital) (NTSC) ACC-20102
MAHLER, G.: Knaben Wunderhorn (Des) / Symphony No. 10: Adagio (Kozena, Gerhaher, Boulez) (NTSC) ACC-20231
PROKOFIEV, S.: Scythian Suite / BERG, A.: Lulu-Suite / TCHAIKOVSKY, P.I.: Symphony No. 6 (S. Bolivar Youth Orchestra, Abbado) (NTSC) ACC-20101

Podemos comenzar a hablar por el que es uno de los recitales pianísticos más impactantes de los últimos años, el registrado por Accentus en Varsovia el 28 de febrero de 2010, interpretado por Daniel Barenboim con música de Frédéric Chopin. Últimamente no estamos muy acostumbrados a ver a Daniel Barenboim sentado, pero cuando lo hace surge un concierto como este, que me atrevería a llamar histórico, pues lo es por el simple hecho de que uno de los pianistas más importantes de la historia tocara en Varsovia en el Bicentenario del nacimiento de Chopin (los responsables municipales del Ayuntamiento de Zwickau, ya saben, el pueblo natal de Schumann, podrían haber seguido estos pasos). Este regalo impagable que es este DVD de maravilloso contenido y con un DTS que ofrece unos armónicos naturalísimos, esenciales para entender el pianismo de Barenboim (no conozco otro músico que conceda tanta importancia al sonido, a su antecedente y su consecuente), ofrece algunas de las obras chopinianas que Barenboim siempre ha tocado en sus recitales, bien como bises o formando parte del programa (Nocturno op. 27/2, Polonesa op. 53, Valses opp. 34/2 y 64/1, Berceuse op. 57, Fantasía en Fa menor), además de pesos pesados como la Sonata op. 35 o la Barcarolla op. 60. De entrada, este Chopin alcanza una densidad que no es habitual, plasmada por un uso del acento endiabladamente tenso, con una modernidad bestial (maravilloso el enlace que hace entre la Marche funèbre y el Presto de la Sonata), dentro de unas gamas dinámicas amplísimas, aunque los pianissimi no lo son tanto, por suerte, ya que son pianissimi como en la interpretación del Libro I de Preludios de Debussy (EuroArts, ver RITMO de septiembre de 2010, en la sección “Una obra”), repletos de densidad y escasamente cristalinos. Si Chopin es la esencia de la música horizontal, con Barenboim alcanza la cumbre en su tensión vertical (Fantasía en Fa menor, descomunal Sonata con el Scherzo más impresionante que haya escuchado), armónicamente inestable, enigmático y profundo como nunca (ni Arrau mete tanto “miedo” como Barenboim). Hay pianistas que han dejado imprescindibles testimonios en Chopin, como Rubinstein (Barenboim lo tiene a él muy en cuenta), Zimerman, Arrau, Ashkenazy, Richter, Pogorelich o Kissin, por citar mi grupo de imprescindibles en Chopin. Barenboim, con este recital en Accentus, ha entrado de lleno, una vez más, en la Historia del Piano

La que es una de las formaciones orquestales que más líneas reciben en la prensa no especializada, la Sinfónica “Simón Bolívar” de Venezuela, tiene en Accentus su espacio con un maestro de la talla de Claudio Abbado en un precioso programa especialidad del italiano, la Suite Escita de Prokofiev (recuerdan su versión con Chicago en DG…), la Suite de Lulu con Anna Prohaska y la Sexta Sinfonía de Tchaikovsky. Muy sorprendentes son las Cantatas de Wilhelm Friedemann Bach por el Coro Bach de Mainz y L’arpa Festante dirigidos por Ralf Otto. Nada que decir a Kissin tocando el Concierto núm. 2 Chopin con la dirección de Antoni Wit, en el que Nikolai Demidenko también toca el Concierto núm. 1, otro producto dedicado al aniversario chopiniano de 2010. De ese mismo año es el concierto ofrecido en la entrega de los Premios Nobel, con Joshua Bell tocando el Concierto de Tchaikovsky con la Royal Stockholm Philharmonic y la dirección de Sakari Oramo, que se completa con una espléndida Quinta de Sibelius. Verdaderamente emocionante es la Novena de Mahler de Abbado con la Orquesta del Festival de Lucerna, mágico instante en el que el italiano parece renacer de su enfermedad y mostrar cara a cara con la música la lucha interna y la victoria, con un emocionante final, de los que dejan huella. Otro Mahler de factura muy opuesta es el de Boulez, misma grabación que la editada por DG con el Adagio de la Décima y Des Knaben Wunderhorn con Kozená y Gerhaher. El interés del concierto con Maisky, Argerich y Neeme Järvi dirigiendo a la Sinfónica de Lucerna está en el estreno de Romantic Offering de Rodion Shchedrin. Accentus está editando de Chailly sus nuevos Mahler con la Gewandhaus de Leipzig, en este caso Segunda y la multitudinaria Octava, a la espera de que se vaya lógicamente completando el ciclo, que puede complementarse con una Segunda de Alan Gilbert con la Filarmónica de Nueva York. De lo más inmediato por aparecer está el esperado Liszt de Barenboim con la dirección de Pierre Boulez.



Sebastián Spreng
El Nuevo Herald, July 2011

Sin hartar ni indigestar, dos valiosos DVD complementan la generosa oferta Mahler y en cada uno hay nombres afortunadamente habituales para la audiencia de Miami.

En el primero, Mahler es el elegido por Pierre Boulez para celebrar sus 85 años y sus 45 de asociación con la Orquesta de Cleveland. El francés brinda un programa que revela su intención de ilustrar el universo mahleriano como un fin de partida. Para ello comienza con el Adagio de la Décima sinfonía (obra última e inconclusa) y finaliza con la versión original de las 12 Canciones del cuerno mágico de la juventud, frutos frescos y tempranos que pintan toda la dulzura, ironía, angustia y sorna del entonces joven compositor. Boulez tiene relevantes solistas en la mezzosoprano Magdalena Kozena y el barítono Christian Gerhaher, pero es en la transparencia y poderío sonoro de la orquesta donde reside el lujo de la edición. Reflejado en ese Adagio inmenso, mortalmente enfermo anotará en la partitura “Por ti vivo, por ti muero” y condensará en “el grito de las cuerdas” (según Lagrange) la desesperación de haber sido engañado por su esposa Alma, otra instancia reveladora de un genio que se extinguió a los 51 años ( Mahler, Pierre Boulez, ACC 20231).






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8:25:55 PM, 21 December 2014
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