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Pedro González Mira
Ritmo, October 2012

WAGNER, R.: Lohengrin (Vienna State Opera, 1990) (NTSC) 100957
WAGNER, R.: Lohengrin (Bayreuth Festival, 2011) (NTSC) OA1071D

En el momento de redactar estas líneas hacía unos días que había escuchado por Radio Clásica la versión de Lohengrin del Festival de Bayreuth del último verano. O sea, prácticamente la misma que aparece en este DVD, que procede de la edición del año 2011. Lo que escuché en la retransmisión me gustó a medias; en el caso de este DVD, como además he podido ver, me ha despejado las posibles dudas: esta es una versión que no me interesa nada. La puesta en escena de Hans Neuenfels me ha parecido excesiva, muy pedante, fea e inútil. Desde luego prefiero la muy tradicional de Wolfgang Weber (la del otro DVD aquí reseñado), donde cada cosa es lo que tiene que ser. Lo he escrito mil veces: no soy contrario a las puestas “de autor”; no me asustan las disgresiones. A lo que soy contrario es a la gratuidad y el esnobismo.En Alemania se están volviendo locos con esto de utilizar las óperas de sus grandes maestros como laboratorio para realizar nuevas interpretaciones de su propia historia. Está bien. Pero basta ya; mirarse tanto el ombligo no conduce a nada bueno. En fin, cosas peores están haciendo, y hay que aguantarse. ¿Se salvan, al menos, los cantantes y la dirección musical? Un poco los primeros y algo más la segunda. Annette Dasch es –dicen– la Elsa de hoy. Pues qué pena. A mí me parece una cantante absolutamente insuficiente para este papel. Es cierto que hace lo que puede con mucha entrega, pero el resultado es muy pobre vocalmente. Y su aportación a la sicología del personaje, parca; da notas, y no siempre correctamente. Otra cosa es el trabajo de Klaus Florian Vogt. Canta bien, comprende el personaje, da las notas muy bien y tiene buena presencia. Pero a la voz le falta dimensión; no volumen sino dimensión dramática, peso, color ( es muy poco viril). Pero es lo que hay hoy. Los malos Telramund y señora (Jukka Rasilainen y Petra Lang) son eso, bastante malos, y el pajarero de Georg Zeppenfeld está más que cumplido. Por último, la dirección de Andris Nelsons es plausible, a veces tirando a bruta. Pasable y con buenos detalles musicales, en todo caso, aunque sin una idea global clara de lo que quiere decir.

Sale al mercado junto a este otro Lohengrin, una reedición de la versión vienesa de 1990, también en vivo, claro, de Abbado, con Domingo y Studer. Se ve bien (es un Lohengrin con armaduras, cisnes y todas esas cosas), pero lo interesante es lo que se escucha. Claudio Abbado dirige prodigiosamente, pero sin asumir demasiados riesgos dramáticos. Su visión es ultrarromántica, y aunque hace sonar a la orquesta de manera increíblemente hermosa, a veces se le va un poco la mano en determinadas a mi juicio exageradas delicuescencias sonoras. Personalmente prefiero otras opciones; prefiero algo más de confrontación dialéctica en la idea central de la obra, de alguna manera ese insufrible grado de incomunicación física y síquica de todos hacia todos que, a la postre, los conduce a la ruina, el desastre y la muerte. Entiendo que esta ópera es algo más que un canto a los “sonidos azules” de su pasta sonora; hay mucha carne que cortar en los personajes de Elsa y Lohengrin, tan desubicada y confusa ella, tan autoritario y falso místico él. Pero en fin, esta versión sí cuenta con dos cantantes de bandera para la pareja principal. Plácido, tan intuitivo como siempre, sí sigue ese criterio, apartándose del mundo sonoro que crea Abbado.Es un Lohengrin atormentado y premonitorio, que marca un camino solitario y único. Naturalmente, además de cantarlo de ensueño. Y más claramente se aparta Elsa, para la que una Cheryl Studer en plena forma vocal reservó lo mejor de sí misma. Es una Elsa que busca y rebusca más que dejarse llevar por su desdichado destino, algo que no suelen hacer las cantantes con este rol; salen a escena ya vencidas por la fuerza de su destino. No lo hace así Studer, a mi entender, una de las mejores y más interesantes Elsas de los últimos tiempos. Los Telramund, Ortrud y rey Enrique de, respectivamente, Hartmut Welker, Dunja Vejzovic y Robert Lloyd, muy entonados, pero a otra altura creativa. © 2012 Ritmo



Segun Sebastian Spreng
Miami Clásica, August 2012

Richard Wagner quería que el Teatro de los Festivales de Bayreuth fuese un laboratorio de experimentación pionero. Casi siglo y medio después, su bisnieta Katharina se lo ha tomado al pie de la letra y junto a su hermanastra Eva, desde el 2008 regentes del teatro de la verde colina, están poniendo al festival patas arriba. Los trabajos del revolucionario Wieland Wagner en la década del cincuenta y sesenta empalidecen frente a estas enfants-terribles y si tío Wieland probó que “menos es más”, sus sobrinas nietas quieren mostrar a toda costa que para su generación “más es más”.

Un ejemplo categórico ha sido la radicalización sufrida por Lohengrin, la mas “italiana” de las óperas del compositor. Para esta aventura, el catalizador de las aguerridas hijas de Wolfgang Wagner ha sido el director Hans Neuenfels quien concibe la tristemente ópera favorita de Hitler como una “metáfora de la autoridad”, un experimento donde el pueblo son ratas de laboratorio y los protagonistas los únicos con aspecto, mas o menos, humano. Neunfels sitúa la acción en un impoluto recinto atemporal – perfecto marco del escenógrafo Reinhard von der Thannen – detrás de un muro con agujeros como “de queso”, queso emblemático de la lucha por el poder que se añade al motor de la historia, la resolución de la identidad del misterioso caballero del cisne. Una propuesta controvertida, delirante y visualmente disparatada que hoy por hoy, funciona. Si logra trascender y sostenerse con el paso del tiempo es otro cantar, por ahora Neunfels comulga con la inmediatez y originalidad, implacables rectoras del momento en el mundo del arte actual, dos condiciones que no se le pueden negar.

Columna vertebral de la ópera, el siempre magnífico coro de Bayreuth por obra y gracia de von der Thannen se convierte en un centenar de ratas gigantes – negras, grises, blancas, amarillas y algunas rosadas, francamente simpáticas – que según el régisseur simbolizan “lo inteligente, lo cómico, lo repugnante y el instinto de supervivencia del pueblo alemán”. Las sorpresas no dan pausa ni tregua sucediéndose hasta el final cuando el heredero Gottfried emerge de un huevo-urinal para cortar su cordón umbilical. Es el último susto después de, entre otros, una Elsa flechada como San Sebastián de los fifties que además encarna a Leda y la dualidad Odette/Odile del Lago de los cisnes (con port-de-bras incluido) y una repelente Ortruda como letal Aufseherin de Ravensbuck o Bergen-Belsen. Completan el concepto los aleccionadores dibujos animados, con ratas por supuesto, que preceden cada acto, enseñando “verdades” a la Brecht.

Al igual que para la referencial lectura de Nikolaus Lehnhoff en Baden-Baden, Klaus Florian Vogt vuelve a conquistar como Lohengrin. Definitivamente un gusto adquirido para puristas, su voz rara, blanca y poderosa posee características únicas que al unirse a su ideal physique-du-rol hacen del hijo de Parsifal una excelente carta de presentación. Pese a algún agudo destemplado, Annette Dasch es una Elsa adecuada y Petra Lang una Ortruda odiosa como pocas con un Entweihte Götter antológico. Su consorte, es el excelente finés Jukka Rasilainen mientras que Georg Zeppenfeld y Samuel Youn cumplen como el rey Enrique y el heraldo.

Lidera la extraordinaria orquesta del festival el joven letón Andris Nelsons encargado de aportar la cuota de emoción y calor imperiosamente necesitados para combatir la frialdad del ascético experimento que transcurre en escena.

Con el desenfado de su insólito “Chorus Line” aderezado como el mejor Disney, esta “desacralización” de Lohengrin, asombra, provoca, enfurece, divierte y entretiene gracias al conjuro de Neuenfels donde faltaría Wagner como flautista de Hamelin para concitar al ratonaje. Sólo queda la esperanza de que este éxito no sea otra trampa para ratones que motive a Bayreuth a convertirse en un zoológico, mas parecido a un parque de diversiones que al templo musical soñado por el bisabuelo de las hermanastras. Previsiblemente, el coro de bravos y abucheos del público es un show aparte☼ © 2012 Miami Clásica






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2:26:43 AM, 22 October 2014
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