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8.225240-41 - USANDIZAGA: Mendi Mendiyan (High in the Mountains)
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José María Usandizaga (1887-1915)
Mendi Mendiyan

Aunque Usandizaga no procedía de una familia de músicos, su vocación se reveló desde muy temprana edad, lo que hizo que sus padres le llevaran a estudiar al conservatorio de San Sebastián, su ciudad natal, con Beltrán Pagola. Se trasladó con 14 años a París ingresando en la Schola Cantorum, donde estudió piano con Grovlez y composición con Vincent d’Indy. Sus geniales dotes como pianista le auguraban una brillante carrera como concertista pero una dolencia en una de sus manos le apartó temporalmente del piano y le hizo centrarse en la composición. De sus años de estudiante en París son la Suite en La, Dans la mer y la Obertura Sinfónica sobre un tema de canto llano, así como el Cuarteto op. 31.

De regreso a España, su talento teatral le convertiría, con sólo tres obras, en una de las grandes figuras del género. Primero fue uno de los impulsores del movimiento musical vasco con el estreno en Bilbao en 1910 de su pastoral Mendi Mendiyan con libreto de José Power. A continuación vendría su mayor éxito: Las Golondrinas, estrenada originalmente como zarzuela en Madrid en 1914 y convertida en ópera por su hermano, el también compositor Ramón Usandizaga. Su última ópera fue La Llama, acabada también por su hermano y cuyo estreno póstumo tuvo lugar en Madrid en el año 1918.

Además del teatro escribió: Umezurtza (La huerfanita) e Ytzaia para orquesta y coros; la obertura Bidasoa; el poema sinfónico Hassan y Melilan; la fantasía para orquesta Irurak bat; En la aldea están de fiesta, para órgano; la Fantasía para violonchelo y piano; el Cuarteto de cuerda; y la Rapsodia vasca, Chopin-Vals y algunos bocetos de Impromptus para piano solo, además de otras muchas obras corales como la rapsodia para orfeón Euskal Herri Maitiari.

Su vida estuvo marcada por los problemas derivados de una frágil salud. Falleció en San Sebastián en 1915, tras una larga dolencia tuberculosa, malográndose así una de las más prometedoras carreras de la historia de la música vasca.

El éxito del estreno en 1910 de la pastoral Mendi Mendiyan significó para la música vasca el comienzo de una nueva etapa: la del teatro lírico y el nacionalismo. Si el siglo xix, exceptuando algún modesto ensayo, había soslayado el ambiente vasco en sus obras, con Mendi Mendiyan, que supuso la primera incursión de su autor en el teatro, el prematuramente desaparecido Usandizaga demostró estar, pese a su juventud, plenamente capacitado para abrir camino, junto con su compañero Jesús Guridi, a futuras realizaciones más ambiciosas.

En ausencia de una tradición teatral en lengua vasca y ante la necesidad de elegir para la obra un argumento, bien entre las leyendas y la historia o bien un drama de aldea, fue el presidente de la Coral de Bilbao, José Power, quien acometió la tarea de dotar al músico de un libreto apropiado, que sería traducido al vasco por el poeta donostiarra José Artola, y en el que se describe la tragedia que surge entre un grupo de pastores a principios del siglo xx en lo alto de las montañas de Aizkorri. El amor de la protagonista, Andrea, por el pastor Joshe Mari desata la envidia de Gaizto, que también pretende a Andrea. Rechazado por ésta y tras saber que Andrea y Joshe Mari se aman, un arrebatado Gaizto sale al encuentro del joven rival tras la romería y lo mata con un hacha. Andrea se resiste a bajar de las montañas en invierno, aferrándose a la cruz que se levanta en el lugar donde murió Joshe Mari. Se trata de una trama lineal, más bien frágil, sin apenas episodios secundarios. El pueblo aparece como excusa para el despliegue de danzas, fiestas y escenas típicas. No hay humor ni situaciones equívocas; sí, en cambio, un rasgo de contraste verista, la fiesta popular como telón de fondo del drama y un final de conmovedora tristeza.

Siguiendo el reflejo de la corriente nacionalista que emergió en distintos países de Europa en el siglo xix, Mendi Mendiyan supone el intento, precedido de algunos ensayos de otros autores, de crear para el teatro un estilo genuinamente vasco, inspirado en motivos del folklore popular, abundante en cantos y danzas apropiados para la representación escénica de la vida vasca, como las canciones suletinas Eguntto batez nindaguelarik -aria de Joshe Mari- y Txorittua, nurat hua? –canción de Kaiku-, así como el titi biliti tradicional de las fiestas del alarde de Hondarribia y algunos aires populares para la escena de la romería.

Poseedor de una sólida formación internacionaly de un agudo instinto para el drama, Usandizaga moldea su obra según la fórmula instaurada por Wagner, que tanta influencia tendría sobre la música teatral europea. En la estructura musical prevalece el sistema de los temas o motivos conductores, leitmotiv, que caracterizan a cada personaje del drama y cuyas distintas transformaciones de color armónico, orquestal o rítmico expresan las vicisitudes y estados de ánimo por los que atraviesa cada personaje. El amor, los temores y la pasión están asimismo caracterizados de una forma que apenas hace necesario seguir el texto una vez reconocidos los temas. La historia fluye a través de un entramado de fragmentos motívicos envuelto en notables logros de orquestación. De las canciones populares apenas se toma más que la esencia y el carácter, aunque de vez en cuando se presenta alguna canción íntegra. La escritura vocal presenta un predominio del diálogo declamado –apenas hay un breve pasaje a dúo al final de la escena de Andrea y Joshe Mari–, con ausencia de concertantes vocales, aparte de los números corales aislados. El canto en general tiene forma de recitado silábico, con valores rítmicos breves y melodías inspiradas en los giros y cadencias propias del folklore vasco.

El motivo del lobo, que sirve de base para el prólogo de la obra, envuelve el comienzo de la obra en un ambiente perturbador. El centro de la acción son los propios pensamientos y preocupaciones de la protagonista: la pesadilla reveladora de su inocencia de carácter, el amor que siente por Joshe Mari y la desazón que le produce la narración de Kaiku, sostenidos en temas procedentes del cancionero vasco-francés. Los negros presagios se constatan al final del acto con las palabras ‘agur mendiko paketasuna’ del abuelo Juan Cruz.

Una de las páginas más conocidas de la ópera, la canción de Joshe Mari Alare! sobre la melodía anteriormente citada, da comienzo al segundo acto y tras ella su sentimiento de cariño hacia Andrea crece en intensidad en un pasaje orquestal apasionado sobre el tema del amor. La tensión dramática aumenta en el episodio de la caza del lobo en uno de los momentos de mayor agitación de toda la obra.

Nada hace presagiar al comenzar el tercer acto la tragedia que va a suceder posteriormente. Asistimos en él a las escenas más típicas y reconocibles de toda la obra en lo que constituye, sin duda, una lograda representación de una romería vasca: la marcha al son del titi biliti, el rezo del Ave Maria y, después la fiesta, aurresku y ariñ ariñ, generalizándose la danza hasta que las campanas de la ermita llaman al rezo del Angelus. Al retirarse la gente y tras un apasionado dúo de amor entre los dos jóvenes, se precipita la venganza de Gaizto y la muerte de Joshe Mari.

El epílogo, tal vez la parte más lograda de la obra, trae un ambiente musical diferente al escuchado hasta ahora. La desolación de la protagonista, que ha conocido el dolor por primera vez en su vida, se ve acompañada por las campanadas del reloj de la ermita y lejanos cánticos de pastores. La orquesta describe la caída de la nieve con los violines, mientras Andrea recuerda su feliz infancia, llorando junto a la cruz, antes de decidirse a regresar con su hermano Txiki; mientras, la orquesta describe su dolor, terminando la pastoral con el canto popular base del tema de Joshe Mari.

Santiago Gorostiza


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