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8.554788 - KILAR: Angelus / Exodus / Krzesany
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Wojciech Kilar (n. 1932)

Obras sinfónicas y corales

Wojciech Kilar nació en la entonces polaca ciudad de Lwów, en la actualidad L’viv, en Ucrania, el 17 de julio de 1932. Estudió piano y composición en la Academia de Katowice de 1950 a 1955, y más tarde en la Escuela Estatal Superior de Música de Cracovia hasta 1958. En 1957 asistió a la Escuela de Verano de Darmstadt, y durante 1959-60 fue discípulo de Nadia Boulanger en París. En 1960, su Oda Béla Bartók in memoriam recibió el Premio de la Fundación Lili Boulanger, el primero de una larga lista de premios que habrían de llegar.

Prolífico compositor de bandas sonoras, sobre todo para grandes directores de cine polacos como Krysztof Zanussi y Andrzej Wajda, Kilar conoció el éxito en Occidente en los años noventa con sus bandas sonoras para Drácula de Bram Stoker de Francis Ford Coppola, por la que recibió un premio ASCAP en 1993, La muerte y la doncella de Roman Polánski y El retrato de una dama de Jane Campion. Tras un período de experimentación en los años sesenta, sus obras de concierto destacaron por su franqueza de expresión y la inmediatez de su impacto. Las fuentes tradicionales polacas, sagradas y profanas, son a menudo prominentes, en un lenguaje que, según el crítico Adrian Thomas, ha "... sido considerado diversamente como espuriamente kitsch, ingenuamente devocional o intuitivamente postmoderno".

Krzesany (1974), inspirada por las montañas polacas, fue el primer gran éxito de Kilar fuera de Polonia, gracias en parte a una grabación de Witold Rowicki que disfrutó de una amplia difusión en Occidente. La inicia la cuerda con una apasionada afirmación al unísono con armonías cromáticas y suplicantes. La dinámica se apacigua, la cuerda grave toca una respuesta pasiva y un movimiento danzable en los bajos se abre camino hacia una repetición de los compases iniciales, ahora en el metal y en la cuerda. Tres rápidos glissandi descendentes en toda la orquesta dan paso a un tema meditabundo en la cuerda solista y más tarde llega un silencio general antes de una secuencia de poderosos acordes orquestales al unísono, con el metal y la percusión saliendo a la luz para acrecentar el impulso. Música más tranquila en la cuerda aporta el necesario respiro antes de la escalonada aproximación orquestal a la perorata de la obra, un estentóreo tumulto folklorizante para cuerda, reforzada por el estridente viento y la sonora percusión. Acordes mantenidos en el metal irrumpen gradualmente en la textura, momento en el cual la obra llega a una conclusión repentina que para el corazón.

Angelus (1984) es un tratamiento musical a gran escala del texto del Ave Maria. Recitaciones susurradas, alternativamente para voces masculinas y femeninas, incrementan gradualmente la intensidad emocional y dinámica. Cuando las voces se unen al unísono, un redoble de timbales da paso a un estallido para coro y orquesta en torno a las palabras Jesus y Amen. Una soprano solista entra en frases extáticas, complementada por la contención devocional del coro. Los acordes del piano sustentan una textura de una riqueza respighiana mientras la soprano continúa con su extasiada meditación, con el coro respondiendo a modo de eco algunas de sus frases hasta que se llega a un breve clímax, de nuevo sobre el nombre Jesus. Cuando la escritura vocal pasa a ser más implorante, la música se desplaza hacia un estallido fuertemente efusivo, interrumpido por un golpe de tam-tam que devuelve al solista y al coro a su invocación inicial. La cuerda y los timbales aportan la base de la bendición de la sección final, en la que la esencia emocional de la obra se lleva a una noble apoteosis. Estos tonos mesurados vuelven a ascender hasta un clímax, que queda enseguida interrumpido, dejando que la música concluya por sí sola en una atmósfera de calma caritativa. La recitación inicial reaparece brevemente sobre la cuerda grave, concluyendo con un Amen susurrado.

Exodus (1981) es una de las grandes obras corales más sorprendentes de Kilar, gracias principalmente a su impulso rítmico semejante al Bolero. A un palpitante movimiento del arpa van uniéndosele fragmentos de una melodía para clarinete que van fusionándose gradualmente, con la cuerda incorporándose para completar la armonía y ampliar la órbita emocional. La pandereta añade un ritmo a contratiempo al marcado por el arpa, mientras que la cuerda aguda contribuye a la textura con una suntuosa cantilena. El tema del clarinete lo retoma el piano y la cuerda solista y a continuación la música desciende y atraviesa diversos planos armónicos, mientras que se deja que la cuerda grave continúe el tema principal acompañada por profundos acordes de la mano izquierda del piano. La textura se completa gradualmente una vez más, contrayéndose gradualmente en una presentación del tema semejante a una marcha en trompetas y trombones. Éstos ceden el primer plano a la cuerda aguda antes de que toda la orquesta acabe exponiendo la frase inicial del tema, que se queda sonando repentina y reflexivamente en el viento solista y la cuerda. Ésta última acrecienta el impulso, se reanuda el movimiento de marcha y el coro entra con rápidas repeticiones de frases bíblicas. Domine se repite con un fervor creciente y el tema principal regresa a los gritos de Alleluia. El coro y la orquesta se unen para una exposición marcial del tema principal y la obra concluye en una atmósfera de júbilo desenfrenado.

Victoria (1983) condensa este proceso en una breve oda conmemorativa. Un grandioso gesto orquestal precede al coro en una música conmovedora y orffiana de una contundencia militar. Cuando el movimiento amaina, las palabras Deus dixit marcan el regreso de los acordes iniciales, poniendo punto final a la obra de un modo sencillo pero eficaz.

Richard Whitehouse

Traducción: Luis Gago


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