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8.554809 - RHEINBERGER, J.G.: Organ Works, Vol. 4 (Rubsam)
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Joseph Gabriel Rheinberger (1839-1901): Obras para órgano, Volumen 4

Aunque su nombre tenga hoy para muchos escasa resonancia, Joseph Gabriel Rheinberger sigue siendo bastante familiar para los organistas, a cuyo repertorio contribuyó profusamente, especialmente con sus veinte sonatas para el instrumento. Sus contemporáneos lo tuvieron en una especial estima como profesor, conservando los valores clásicos en un mundo cambiante, y aún puede escucharse ocasionalmente parte de su música litúrgica católica.

Rheinberger nació en Vaduz, la capital del principado de Liechtenstein, en 1839, y era hijo del Tesoprero del Príncipe. Recibió sus primeras clases de órgano a los cinco años y dos años más tarde ya pudo servir como organista en Vaduz, realizando sus primeros escarceos como compositor. A partir de 1848 pudo recibir una educación más formal en la cercana localidad de Feldkirch con el director de coro Philipp Schmutzer, que había estudiado en Praga, y adquirir cierta familiaridad con la música de Bach, Mozart y Beethoven. Fueron los consejos del compositor Matthäus Nagiller los que convencieron a su padre para que le permitiera ir a estudiar en 1851 al Conservatorio de Munich. En este centro tuvo entre sus profesores, en teoría de la música, a Julius Joseph Maier, un discípulo de Moritz Hauptmann, alumno a su vez de Spohr y fundador de la Bach Gesellschaft. Su profesor de órgano fue el virtuoso Johann Georg Herzog, que entró a formar parte del claustro del Conservatorio en 1850, mientras que su profesor de piano fue Julius Emil Leonhard. También dio clases particulares con Franz Lachner que, de joven, había formado parte del círculo de Schubert en Viena. Durante sus tres años de estudio formal ya había mostrado una capacidad muy considerable como organista y como un maestro del contrapunto y la fuga. En la década de 1850 siguió escribiendo una serie de composiciones muy diversas, incluidas tres óperas y tres sinfonías, aunque a éstas se les negó la publicación. Su primera composición impresa fue una serie de piezas para piano, editadas en 1859, el año en el que entró a formar parte del claustro del Conservatorio de Munich, primero como profesor de piano y posteriormente como profesor de teoría. En los años siguientes fue nombrado organista de la Iglesia de San Miguel, dirigió la Sociedad del Oratorio, trabajó brevemente como repetidor en la Ópera de la Corte y a partir de 1867 ocupó el puesto de catedrático de órgano y composición en el Conservatorio, conservándolo hasta su muerte en 1901. Entre otras distinciones, en 1877 fue nombrado Kapellmeister de la corte y recibió honores académicos en Munich y en el extranjero. Disfrutó de la más alta reputación como profesor, con alumnos como Humperdinck, Wolf-Ferrari y Furtwängler, a los que inculcó un respeto por los principios sonoros clásicos. Su matrimonio en 1867 con una antigua alumna que había enviudado, la escritora Franziska von Hoffnaass, hizo que pusiera música a muchos de sus versos, parte de un amplio espectro de obras de todos los tipos. Sus composiciones para órgano, al tiempo que siguen ocupando un lugar en el repertorio interpretativo actual, han demostrado desde hace mucho tiempo ser un elemento valioso en la formación de nuevas generaciones de intérpretes.

La Sonata núm. 10 en Si menor, Op. 146 de Rheinberger, escrita hacia 1886, comienza con un Preludio y Fuga. El primero se abre sobre un prolongado pedal de tónica, una nota mantenida sobre la cual las voces superiores tejen su propio diseño imitativo. El sujeto de la Fuga posterior lo anuncian los pedales, respondidos por la mano izquierda, seguida de una tercera entrada en la derecha. Luego se introduce un segundo sujeto en valores más rápidos, confiado a los manuales antes de la entrada de los pedales con el primer sujeto cuando los dos elementos se combinan. El sencillo tema del segundo movimiento está en Sol mayor. La primera variación asigna el tema a la voz intermedia, mientras que la segunda incorpora ornamentación en ritmos de tresillos. La tercera, en corcheas, va seguida de una variación en notas más rápidas y una quinta con acordes más enfáticos, antes de la sexta versión del material en Mi bemol mayor y un tratamiento final del tema que va creciendo en tranquilidad en la conclusión tras un clímax dinámico. La influencia de Bach, bastante clara en el primer movimiento de la sonata, es manifiesta en la Fantasia conclusiva, aunque transformada por el lenguaje musical del siglo XIX. Esto resulta incluso más obvio en el Finale en Si mayor, que aporta sus propios elementos de tensión y relajación, explorando tonalidades más remotas antes de que alcance su majestuosa conclusión.

Rheinberger escribió los doce Tríos que forman la Opus 189 en noviembre y diciembre de 1897. El primero de la colección, en Re bemol mayor y marcado Andantino amabile, ofrece una melodía de un sencillo encanto. Va seguido de una pieza en Si bemol menor en la que el motivo inicial en el registro superior tiene un papel constante. El tercer Trío, en Mi bemol mayor y un cadencioso ritmo compuesto, se abre con un intervalo descendente similar y es equiparable por su delicada textura contrapuntística. El cuarto, en Do mayor, ofrece una apacible melodía de claro encanto con una parte acompañante en una figuración rápida, y el quinto de la colección, en Mi mayor, comienza con los pedales, que siguen tocando en todo momento en canon con la voz superior, mientras que la voz intermedia presta un constante acompañamiento.

La Sonata núm. 11 en Re menor, op. 148, fue escrita en 1887. El mes de diciembre anterior Rheinberger había sustituido a un indispuesto Hermann Levi para dirigir una reposición de su ópera Des Thürmers Töchterlein (La hija del torrero) en el Teatro Nacional de la Corte de Munich, y su puesto lo ocupó el joven director Richard Strauss en una representación posterior en enero de 1887. En este momento de su carrera Rheinberger era virtualmente incapaz de dar conciertos como organista debido a una lesión en su mano derecha que se negaba a curarse, a pesar de tres operaciones, y su salud, en cualquier caso, había sido siempre frágil. La nueva sonata tiene las dimensiones de una sinfonía, con un extenso primer movimiento que posee todas las características de una sonata-fantasía por sus variedades de estado de ánimo y de textura. La posterior Cantilena en Re bemol mayor presenta una melodía cantable, de carácter delicado, pero teñida de melancolía. El Intermezzo en Re bemol mayor encuentra el modo de encaminarse hacia Re mayor, tras una lenta conclusión que nos deposita en la Fuga final en Re menor, con sus reminiscencias del movimiento anterior. El sujeto, anunciado en la voz de tenor, es respondido por la contralto, el tiple y el bajo, en ese orden, con una textura formal progresivamente oscurecida mientras el sujeto aparece sobre un contrapunto constante y la música avanza hacia un clímax modulante en Re mayor.

(Traducción: Luis Gago)


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