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8.555343 - BAX: Symphony No. 4 / Nympholept
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Arnold Bax (1883-1953): Obertura para una comedia picaresca • Nympholept • Sinfonía núm. 4 en Mi bemol mayor

Hijo de unos padres cultos y de buena posición social, Arnold Bax nació en Streatham pero pasó buena parte de su infancia en Hampstead, donde se estableció más tarde su familia, siendo educado en casa por un profesor particular y viéndose fuertemente influido por el ambiente culto y acomodado en el que se encontraba. Su temprano interés por la música convenció a su padre, un abogado, de dejarlo matricularse en la Royal Academy of Music de Londres a los diecisiete años. Allí estudió piano con Tobias Matthay al tiempo que daba clases de composición con el wagneriano Frederick Corder.

En 1902 Bax encontró el poema The Wanderings of Usheen (Oisin), del poeta irlandés W. B. Yeats, y descubrió en él mismo una fuerte identidad celta, aunque racialmente descendía de una familia que llevaba mucho tiempo establecida en East Anglia. Él y su hermano, el escritor Clifford Bax, quedaron cautivados en su primera visita a Irlanda. Se establecieron allí durante un tiempo, relacionándose con destacadas figuras de la vida musical irlandesa, y el propio Bax logró cimentar una reputación como poeta y escritor, asumiendo, en sus aventuras literarias, el nombre de Dermot O’Byrne y estudiando las leyendas irlandesas y el antiguo idioma irlandés. Una visita a Rusia con una muchacha ucrania que había conocido en Londres y su amiga italiana introdujeron otra influencia en su formación cultural. Aunque su intento de conquistar a la muchacha ucrania no se tradujo en nada, pudo absorber algo del espíritu de la música rusa, profana y religiosa, y quedó asombrado por el esplendor de su Ballet Imperial, al igual que habría de sucederle con los Ballets russes de Dyagilev tras su regreso a Londres. Su regreso trajo también consigo el matrimonio con la hija del entonces distinguido pianista español Carlos Sobrino y el regalo de una casa que le hizo su padre. Bax, sin embargo, no pudo quedarse en Londres. No pasó mucho tiempo antes de que la pareja alquilara una casa en Irlanda y más tarde regresaron a Inglaterra, viviendo en diversos lugares, pero separándose finalmente, permitiéndole así a Bax seguir con sus propias aventuras musicales y amorosas con mayor libertad.

Son muchos los indicios que apuntan a que la década de 1920 fue la que le dio a Bax sus años de mayor éxito. Su creatividad era prolífica y sus obras se interpretaban profusamente. Con el final de su matrimonio pudo continuar su estrecha asociación con la pianista Harriet Cohen, aunque esto no impidió otras relaciones. Escribió un buen número de piezas para piano para Harriet Cohen, incluido un concierto para piano para la mano izquierda después de que una lesión en 1948 le dejara inutilizada durante un tiempo su mano derecha. La década de 1930 le reportó honores públicos y, al final de la década, el nombramiento de Master of the King’s Musick, aunque sus dotes no se prestaban fácilmente a la composición de obras celebratorias ocasionales, como parecía exigir el puesto. Los cambios en el estilo y el gusto musical le dejaron a Bax alienado de algún modo del mundo en el que se encontraba. Sin embargo, siguió componiendo, incluida una Marcha de la Coronación en 1952 para la coronación del nuevo monarca. Murió, como debió de desear, en Irlanda, mientras se encontraba con su amigo, el compositor irlandés nacido en Alemania Aloys Fleischman, en Cork, el lugar que más amaba.

Bax escribió su Obertura para una comedia picaresca en 1930 mientras estaba con la joven Mary Gleaves, a quien había conocido en 1926 y con la que tuvo una relación cada vez más intensa con el paso de los años, aunque ésta fue aparentemente desconocida por Harriet Cohen hasta después de la muerte de la mujer de Bax, de la que se había separado, en 1947. Siguiendo su costumbre de la época, viajó con ella a la costa oeste de Escocia, a Morar, en el otoño de 1930, y fue allí donde escribió la nueva Obertura y donde trabajó en su Cuarta Sinfonía. Dedicó la primera obra a Sir Hamilton Harty, que ofreció el estreno, con la Orquesta Hallé, en Manchester, en noviembre de 1931, presentándola al público londinense el mes de febrero siguiente. Descrita por Harriet Cohen como un pastiche y escrita, aparentemente, como respuesta a un desafío de escribir una obra en el estilo de Richard Strauss, la Obertura está instrumentada para gran orquesta, espléndidamente utilizada en la descripción de un Eulenspiegel inglés y sus aventuras. Los ingredientes incluyen un tema cómico-heroico para clarinete bajo, fagot y tuba, un Sancho Panza respondiendo al animado comienzo con la cuerda. Hay toques románticos y bulliciosos antes de una sección predominantemente para cuerda, marcada Molto moderato e interrumpida brevemente por un fragmento de un vals del Barón Ochs que regresará cuando la azarosa historia se acerque a su conclusión.

Nympholept tiene sus orígenes en el verano de 1912 como un poema para piano dedicado a Tobias Matthay. En el autógrafo de la obra Bax escribió: "El cuento relata cómo alguien que paseaba en un amanecer de verano por unos bosques embrujados fue seducido por las ninfas y, atrapado por su resplandor y sus peligrosas danzas, quedó embelesado para siempre por la vida llena de sol de los bosques". Bax orquestó la obra en 1915, dedicándola a Constant Lambert y añadiendo la inscripción: "Atrévete a entrar en estos bosques encantados", una cita que está tomada de The Woods of Westermain de Meredith, añadiendo que el título está tomado de Swinburne (véase Lewis Foreman: Bax, A Composer and His Times, 1983, un estudio en profundidad del compositor). La palabra griega, de la que el título es una versión inglesa, significa "atrapado por las ninfas", de ahí desenfrenado o embelesado. El paganismo de este tipo queda reflejado en el Prélude à l’après-midi d’un faune de Mallarmé y Debussy, o en la evocación contemporánea del mundo antiguo por parte de Ravel. La atmósfera es la de las posteriores Spring Fire y The Happy Forest. Nympholept se estrenó en concierto en 1961, no interpretándose nunca, al igual que Spring Fire, en vida de Bax. Instrumentada para gran orquesta, manejada con una gran destreza, la música evocadora asciende a un clímax de una intensidad rapsódica antes de amainarse y volver a la atmósfera apaciblemente lírica del comienzo.

Bax dedicó su Cuarta Sinfonía a Paul Corder, hijo y discípulo de Frederick Corder y miembro del círculo de Bax. La obra fue completada en Morar en febrero de 1931 y se estrenó un año después en San Francisco con la Orquesta Sinfónica de San Francisco dirigida por Basil Cameron. El compositor afirmó que el mar había sido su inspiración, cuando la marea estaba alta e iluminado por el sol, explicando la sinfonía como una evocación de la naturaleza. Instrumentada para maderas a tres, seis trompas, tres trompetas y trombones, tuba tenor y bajo, percusión, arpa, celesta, órgano y cuerda, la sinfonía comienza con un tema fuertemente marcado, sostenido por un Mi bemol grave en los contrabajos, fagotes y contrafagot y un pedal del órgano de 16 pies. El mar sube y baja en una figuración más rápida, dando paso a un tercer elemento característico con un sabor escocés, un material que se desarrolla antes de la aparición de una melodía del oboe, acompañada por clarinetes, y seguida de una melodía de flauta, acompañada por madera y cuatro violonchelos solistas, el grupo del segundo tema. El desarrollo de estas ideas incluye un cantarín Allegretto semplice antes de que se restablezca la atmósfera original. El movimiento lento, como ha señalado Lewis Foreman, contiene referencias motívicas y reminiscencias de la Romanza para piano de 1918, escrita para Harriet Cohen, pero ahora asociada supuestamente a Mary Gleaves. La extensa melodía del movimiento lento en Mi mayor es introducida por la madera, aportando una nueva evocación del mar, en calma y luego cada vez más agitado, con momentos que parecen sugerir de nuevo Escocia y la costa oeste. El Allegro final irrumpe en medio de la serenidad final del movimiento lento y su conmovedor comienzo stravinskyano da paso a una marcha y al sonido de trompetas lejanas. Hay una emocionante relajación de la tensión en un pasaje para madera y violín solista, con la melodía del oboe retomada posteriormente por los violonchelos y los primeros violines. Un Allegro scherzando da paso a un solo de flauta que nos recuerda dulcemente a Escocia antes de una marcha triunfal final que combina las ideas precedentes a modo de conclusión.

Keith Anderson

Traducción: Luis Gago


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