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8.555347 - PRIN: Dioscures / Ephemeres / Le Souffle d'Iris
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Le souffle d'Iris fue escrita para flauta en Do por encargo de Pierre-Yves Artaud, y fue compuesta durante agosto de 1985 y 1986 en Aix-en-Provence. Aunque la obra es continua, pueden distinguirse tres movimientos. El aliento, como un lenguaje y como la mezcla de colores de una iluminación, le animó a Prin a tener en cuenta los valores que simboliza el Iris mitológico: amante de Zéfiro y madre de Eros, representa, como el arco iris, el vínculo entre dios y los hombres, el cielo y la tierra. El virtuosismo instrumental del solista se ve enriquecido por innovaciones técnicas específicas, como soplar dentro del instrumento, el sonido de las llaves, batir la lengua o producir sonidos de silbato, aunque sigue estando presente el método tradicional de tocar. La parte orquestal refleja el equilibrio tradicional del concierto: enfrentada a la parte solista, utiliza el mismo material básico, haciendo suyos sólo ocasionalmente los temas de la flauta.

Arabescos entrecortados de la flauta dan comienzo a la sección inicial Moderato, con los trémolos de la cuerda incorporándose para reforzar el suspense. El solista inicia un ensueño más amplio, aunque saltos frecuentes impiden que surja una línea melódica ininterrumpida. El viento y la percusión construyen un crescendo de actividad, tras lo cual un tema más sostenido se abre camino entre la cuerda grave, desplazándose al metal en un clímax efímero. Va perdiéndose la tensión y cuando reaparecen los gestos iniciales del solista comienza la sección Andante con un acorde mantenido en la cuerda aguda, con su sensación de espacio reforzada por sutiles cambios de armonía. Tras pasar a primer plano, esto se desvanece sobre un redoble del bombo y el solista se une a la orquesta en un expresivo discurso que marca el punto central de la obra. Ahora comienza la caprichosa sección Finale y su avance está subrayado por contundentes toques de percusión. Finalmente la música se abre expresivamente, con la exaltada cuerda y el metal impulsando a la flauta a una impetuosa cadencia. Las páginas conclusivas combinan lirismo y determinación, encaminándose hacia un breve clímax antes de que las intervenciones solistas finales desaparezcan gradualmente en el silencio.

El origen de Ephémères se remonta a 1972, cuando Prin escribió una obra para violín solo. Action-Reflex I consta de una serie de episodios que el solista puede intercambiar de acuerdo con las decisiones que tome en el momento. El instinto del momento presenta la obra como el fruto de una acción refleja, de ahí el título. Esta obra, revisada en 1992, se convirtió en Mémoire d'Ephémères. En 1973, por encargo de la O.R.T.F. para su orquesta de cámara, Prin orquestó la primera versión como Action-Reflex II, para violín, cuerda y percusión. El material del solista sigue siendo el mismo, pero el curso de la pieza se ve ahora determinado desde un principio. Insatisfecho con la orquestación, Prin la reelaboró en 1992 como Ephémères. La orquesta deja ya de prestar un riguroso contrapunto al solista, sino que brinda un fondo armónico mantenido. De la percusión sólo queda el piano, mientras que la cuerda se subdivide en múltiples secciones. La parte solista es muy virtuosística en todos los registros y se vale también de diversas técnicas de ejecución. Prin quiso rendir homenaje en la parte orquestal al compositor que más admira, Maurice Ravel.

Un acorde mantenido en el registro agudo del violín introduce ricas armonías en la sección de cuerda de la orquesta. A pesar de sus gestos virtuosísticos, la atmósfera es predominantemente contenida, con texturas plenas y expresivas. El solista inicia unos rápidos intercambios con el piano, rompiendo la velocidad, antes de lanzarse a una cadencia propulsiva, que culmina en un mantenido vuelo lírico. La cuerda se reincorpora discretamente, uniéndose al solista en una música de un desasosiego nocturno, apuntalada por un anguloso movimiento rítmico del piano. La textura se adelgaza para resurgir rápidamente con una intensidad renovada mientras el material de la cadencia del solista dirige la obra hacia sus bruscos gestos conclusivos.

Tras cuatro años de silencio, marcados por el deseo de abandonar el serialismo y el pensamiento abiertamente sistemático tras él, Prin escribió Dioscures por encargo de Yves Petit-Devoize, director del Festival des Arcs 1977. Un pasaje del Capítulo 10 del libro de Michel Tournier Vendredi ou les limbes du Pacifique, ‘Dioscuros, seres caídos del cielo como meteoros, el resultado de un intenso y repentino nacimiento. Su padre el sol los bendice y su llama los envuelve y les confiere la eternidad", marcó la fuente precisa de la génesis de la obra, su forma y su estructura. El trío de flauta, clarinete y violín se ve complementado por los dos grupos orquestales paralelos: la cuerda toca la misma música sin una sincronización rigurosa, al igual que hacen, en grados diversos, los pianos, las arpas y la percusión. Esta dualidad genera la tensión/relajación de la primera parte, los intercambios intensificadores de la segunda y, en la tercera parte, una libertad expresiva como en un sueño de eternidad hecho realidad. El material musical, aunque a menudo parece dispar, incluso fragmentario, constituye realmente un mundo sonoro coherente y reconocible en todo momento.

La obra comienza con sonidos incorpóreos de gongs y el piano tocado desde el interior, tras lo cual entra el violonchelo con una embelesada cantilena. La flauta solista hace sonar una réplica pensativa, seguida de una contribución igualmente circunspecta del clarinete. La dinámica crece gradualmente en intensidad, culminando en el sonido penetrante de la madera aguda. Esto se desvanece y llega entonces un movimiento más vívido, con el violonchelo, la flauta y el clarinete todos atraídos hacia esta mezcla percutiva antes de que regrese la calma. Una pausa y la música prosigue sobre armonías mantenidas en la cuerda grave. Las texturas suben y bajan en densidad, dejando finalmente a los tres solistas en un acuerdo lírico. Las páginas conclusivas muestran el lado más elocuente de la expresión de Prin, con sólo una brevísima ráfaga en la flauta para alterar la postrera calma.

Richard Whitehouse

(Traducción: Luis Gago)


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