About this Recording
8.555495 - ALKAN: 12 Etudes, Op. 35 / Le Festin d'Esope / Scherzo Diabolico
English  French  German  Spanish 

El nombre de Alkan estuvo una vez junto al de Chopin, Liszt, Schumann y Brahms como el de uno de los mejores compositores para piano en la era que siguió a la muerte de Beethoven, ganándose una reputación como uno de los pianistas más excepcionales del momento. Aún así pasó gran parte de su vida sumido en una excéntrica oscuridad, apartado de la sociedad. Estos últimos años su música ha vuelto a la actualidad gracias a gentes como Busoni, a principios del siglo XX, y a otros que le siguieron en su interés por resucitar la música de Alkan. Aunque dicho interés no se refleja todavía en los intérpretes, que encuentran en la obra del compositores abundantes dificultades técnicas.

Alkan nació como Charles-Valentin Mornage, el mayor de los cinco hijos de Alkan Mornage, un profesor de música cuyos antepasados se habían asentado en un barrio judío de París, el Marais. Sus hermanos y él escogieron utilizar el nombre de su padre en lugar del apellido familiar y todos ellos hicieron carrera en la música de una manera u otra. Charles-Valentin Alkan hizo su primera aparición en un concierto como violinista cuando tenía siete años, en 1821. En el Conservatorio fue alumno de piano de Joseph Zimmermann, futuro suegro de Gounod y profesor de Bizet y Cesar Franck, y obtuvo bastante éxito como niño prodigio, impresionando incluso al gran Cherubini. Disfrutó del favor particular de los patrones aristocráticos, incluyendo a la princesa Moskova y a otros miembros del círculo ruso en Paris y su éxito le predispuso a un rechazo inicial hacia el joven Liszt que acababa de debutar. Él sentía una gran afinidad con Chopin. Los dos tenían mucho en común, y los dos serían respetados en Paris como profesores privados de la aristocracia, aunque Chopin nunca se aisló de la sociedad, como lo haría Alkan pero sus innovaciones musicales también tomarían un camino distinto.

Habiendo concluido sus estudios con excelentes resultados, Alkan se instaló a finales de los 1830 en un apartamento en la Place d’Orleans. Seguía ocupándose de su faceta de compositor, sobre todo para el piano, publicando música que Schumann, en sus primeros trabajos de periodismo musical, encontraba, entre otras cosas, falsa y antinatural. Ciertamente el mismo Schumann habría encontrado dificultades insuperables en los Trois Grandes Études de 1838, una para la mano izquierda, otro para la derecha, y un tercero para las dos. En marzo del mismo año, tras una serie de conciertos en París que le habían situado como uno de los más grandes intérpretes de la época, Alkan se unió a Chopin en un recital celebrado frente a un público entusiasta. Este, parece ser, fue su ultimo concierto público en unos seis años, durante los cuales se rumoreaba que el músico había sido padre de un hijo fruto de su relación con una mujer casada: Elie Miriam Delaborde, futura pianista y editora de algunas de las obras de Alkan.

Las apariciones de Alkan en concierto en 1844 y 1845 fueron seguidas de un período de silencio aún mayor y de su retirada de la escena. 1848 en particular supuso una decepción importante. Considerado por muchos, y ciertamente por si mismo, como el sucesor evidente de Zimmermann en el Conservatorio, el nuevo director, Auber, decidió nombrar a Marmontel, un músico más joven por quien Alkan tenía poco respeto, como revelan las cartas que escribió apoyando su propia candidatura, citando a George Sand entre los que apoyaban su causa. Dio un concierto en 1849, el último en 25 años.

Aislándose de la vida musical de París, Alkan continuó enseñando e, intermitentemente, componiendo. Protegido de visitas no deseadas por un conserje vigilante, vivió la vida como un soltero hipocondríaco y excéntrico, continuando su enorme interés por las Escrituras, traduciendo del Talmud hebreo y más tarde de la versión siria del Nuevo Testamento. Sin embargo, en 1873 salió de su retiro para ofrecer una serie de Six Petits Concerts de Musique Classique en la Sala Erard, con el que había tenido una larga asociación. Como en sus programas de cuarenta años atrás, o en aquellos de los conciertos históricos de Rubinstein, ofrecía un sobresaliente resumen de la música de teclado, interpretada con una técnica y una precisión clásicas afectadas sólo ligeramente por la edad. Estos conciertos parece que continuaron de manera intermitente hasta el año de su muerte, en 1888, mientras los curiosos podían verle todos los lunes y jueves en la Sala Erard, donde un instrumento estaba a su disposición.

La forma en que Alkan murió ha sido objeto de algunas especulaciones. Aunque el relato ha sido románticamente embellecido, parece probable que muriese como resultado de un accidente doméstico, cuando un armario o una estantería se cayó sobre él. Si murió cogiendo una copia del Talmud de lo más alto de la estantería es algo que todavía no está claro. La historia enfatiza, al menos, sus intereses religiosos y literarios, ofreciendo un paralelismo interesante con la espectacular carrera de su contemporáneo Liszt, hecho abate, que había muerto en una pensión en Bayreuth, atendido por una de sus jóvenes alumnas, en 1886.

Los magníficos Douze Études dans tous les tons mineurs, Opus 39, aparecieron en 1857, tras diez años en los cuales Alkan se había mantenido apartado de los escenarios sin publicar nada. Su obra es extensa e incluye una sinfonía en cuatro movimientos y un concierto en tres movimientos para piano, terminando con una brillante excursión hacia la variación con Le festin d’Esope, veinticinco variaciones sobre una melodía original. El motivo en el que están basadas estas variaciones ha sido comparada con una melodía hasidic, con la que comparte cierta semejanza, aunque hay ciertos rastros de temas mucho más conocidos. El título, El festín de Esopo, ha sido interpretado de varias formas. Algunos han afirmado que cada variación es un animal de una de sus fábulas. Ronald Smith, experto en Alkan, ha sugerido con convencimiento que el festín en cuestión se narra en una vida apócrifa deEsopo, una anécdota correctamente desdeñada por La Fontaine. Esopo, un esclavo, recibió órdenes de su maestro de conseguir comida para dos banquetes sucesivos para unos filósofos. El primero con la mejor comida y el de la segunda noche con lapeor. El esclavo Esopo sirvió lengua de buey, acompañada de diferentes condimentos, en cada ocasión, demostrando que el mundo tiene poder para el bien y para el mal. Alkan aporta cualquier posible disfraz para sus veinticinco variaciones y es posible, por supuesto, que pensara tanto en el festín celebrado por Xanthus, maestro de Esopo, y sus invitados, como en los animales de las fábulas. El tema, en mi menor sugiere una nana, seguida de una variación con la melodía en el bajo, sucedida por versiones de creciente brillantez, descansando brevemente en el tono mayor y explotando todos los registros del piano. Una variación de registro agudo es seguida de una ferocidad militar y de un ritmo suavemente marcado, desembocando en una brillante ornamentación repleta de filigranas. Cascadas de figuras descendentes son seguidas de acordes bruscos en el registro más bajo, una variación coral, una versión jocosa, un siniestro trémolo y demás variaciones de una ingenuidad asombrosa de la que la melodía nunca se aleja demasiado. El Scherzo diabólico es una virtuosa exploración de un mundo en el que Liszt se había aventurado con éxito en su estilo mefistofélico. Tras su Trio central, de textura acórdica, vuelve el Scherzo original, con sus abruptas melodías.

Los Douze Études dans tous les tons majeurs, Opus 35 (Doce estudios en todos los tonos mayores), pertenecen a un periodo anterior en la vida de Alkan y fueron publicados en 1847. Los tonos mayores están situados en grupos de cuartas ascendentes, haciendo una transición armónicamente satisfactoria de uno a otro. Hay una pequeña insinuación en el primer estudio en la mayor de las considerables exigencias técnicas por venir. El segundo estudio, en re mayor, contrasta legato y staccato. Seguido por un Andantino en sol mayor y el insistente trémolo del estudio en do mayor. El quinto está marcado como Allegro barbaro, una indicación más asociada a Bartók que a otros compositores anteriores y, aunque en fa mayor, utiliza únicamente las notas blancas del teclado, consiguiendo una estructura modal abierta. El sexto estudio apela a la flexibilidad extrema de la mano en sus diseños en octavas. En el séptimo estudio, en mi bemol, nos encontramos con un elemento programático con el título de L’incendie au village voisin (Fuego en la aldea vecina), un acertado cuadro sonoro en el cual la serenidad pastoral es destrozada por el estallido del fuego, apagado con dificultad por los bomberos, un alivio evidente por el cual los habitantes de la aldea dan gracias con un himno. Todo el estudio es un ejemplo de un género que una vez estuvo de moda y que se manifestaba de muchas otras formas menos valiosas en los salones de la burguesía. El octavo estudio, en la menor, intercala una melodía legato con un acompañamiento staccato y es seguido por un estudio en do sostenido -igual enarmónicamente a re bemol-, Contrapunctus, una muestra de ingenuo contrapunto utilizando una amplia gama del teclado y con una sección central canónica que regresa con toda crudeza hacia la conclusión. El décimo estudio, en sol bemol, lleva el título de Chant d’amour-chant de mort (Canción de amor-canción de muerte), un juego de palabras más que obvio. Añadido a éste encontramos un apéndice latino: Cuando esperas la luz, llega la oscuridad. El amor en sus dos formas, quizá los griegos ágape y eros, un reflexivo Eusebio y un apasionado Florestán en contraste, interrumpido su progreso y transformado por la metamorfosis en una poderosa imagen de la muerte, finalmente victoriosa. El siguiente estudio, en si mayor, con su melodía interna, acompañada acórdicamente, nos lleva hasta una octava final con un estudio en un inusual 10\16 apelando a una destreza ya habitual en nuestros días y dando fin a una obra de una variedad y un virtuosismo extraordinarios.

Keith Anderson

Traducción: Rafael Suñén


Close the window