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8.555498 - THALBERG: Fantasies on Operas by Bellini
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Sigismond Thalberg (1812 - 1871)

Fantasías sobre óperas de Bellini

Un cierto misterio envuelve el nacimiento y los orígenes del pianista virtuoso Sigismond Thalberg, del que popularmente se supone que fue hijo ilegítimo del Conde Moritz Dietrichstein y la Baronesa von Wetzlar, y que nació en Pâquis, cerca de Ginebra, en 1812. El certificado de nacimiento de Thalberg, sin embargo, le adjudica unos padres diferentes y relativamente legítimos, ya que lo hace hijo de un ciudadano de Frankfurt, Joseph Thalberg. No parece haber ninguna razón especial, por tanto, para suponer que el nombre Thalberg fuera una invención. La leyenda, sin embargo, cuenta la historia de la Baronesa proclamándolo un valle (Thal) que un día se elevaría hasta las cimas de una montaña (Berg). La formación de Thalberg tuvo lugar en Viena, donde uno de sus compañeros de estudios, el Duque de Reichstadt, hijo de Napoleón, casi lo convenció de emprender una carrera militar. Triunfaron los intereses musicales y Thalberg pudo estudiar con Simon Sechter y con Hummel, un alumno de Mozart. En Viena tocaba en fiestas provadas, causando una especial impresión cuando, a los catorce años, tocó en casa del Príncipe Metternich. En 1828 había empezado ya la serie de composiciones que habrían de convertirse en un importante y necesario complemento de su carrera como virtuoso. En 1830 realizó su primera gira de conciertos por el extranjero, por Inglaterra, donde recibió clases de Moscheles. En 1834 fue nombrado Kammervirtuos del Emperador en Viena y el año siguiente se presentó en París, donde recibió clases de Kalkbrenner y Pixis. En la década de 1830, París era una ciudad de pianistas. El Conservatorio estaba lleno de ellos, mientras que los salones y las salas de exposición de los principales constructores de pianos, Erard y Pleyel, resonaban con el virtuosismo de Kalkbrenner, Pixis, Herz y, por supuesto, Liszt. La rivalidad entre Thalberg y Liszt fue fomentada en gran medida por la prensa. Berlioz se erigió en el defensor del segundo, mientras que Fétis pregonaba las excelencias del primero. Liszt, en la época en que Thalberg llegó a París, se hallaba en Suiza, donde se había retirado con su amante, la Condesa Marie d'Agoult. Fue ella quien escribió, bajo el nombre de Liszt, un despreciativo ataque de Thalberg, al que Fétis contestó en términos igualmente ofensivos. La conocida como princesa revolucionaria, la Princesa Belgiojoso, se apuntó un importante golpe de efecto social cuando convenció a los dos virtuosos para que tocaran en su salón en un concierto en ayuda de los refugiados italianos. Al igual que en otras competiciones, la victoria la compartieron diplomáticamente entre los dos. Thalberg tocó su Fantasía de Moisés y Liszt replicó con su nueva paráfrasis sobre la ópera Niobe de Pacini. La Princesa declaró que Thalberg era el primer pianista del mundo, mientras que Liszt era único. Más tarde encargó una serie de variaciones sobre un tema patriótico de I Puritani de Bellini a los seis pianistas más destacados de París, a las que contribuyeron Liszt, Thalberg, Chopin, Pixis, Herz y Czerny. Esta obra de autoría compartida, Hexaméron, permaneció en el repertorio concertístico de Liszt.

El periodismo musical ha convertido en leyenda la derrota y partida de Thalberg, así como la rivalidad ininterrupida entre él y Liszt. Sí pervivió un elemento de competencia, aunque no parece haber existido una abierta animosidad y Liszt escribió una carta de condolencia a la viuda de Thalberg tras la muerte de éste en 1871. Thalberg siguió disfrutando de una carrera de la mayor distinción, realizando giras incluso por América, adonde Liszt nunca fue, con recitales en Brasil y en La Habana en una prolongada estancia con el violinista Vieuxtemps, y en Estados Unidos, donde, en el espacio de dos años, ofreció 56 recitales en Nueva York, interpretando un repertorio principal pero no exclusivamente integrado por sus propias composiciones. Liszt, entretanto, incluyó en su repertorio algunas de las paráfrasis y fantasías operísticas de Thalberg, que había menospreciado públicamente en su día por medio de Marie d’Agoult. En 1843 Thalberg se casó en París con la hija del famoso bajo Luigi Lablache. Los intentos de componer para la ópera se tradujeron en fracasos, con Florinda, representada en Londres en 1851 y Cristina di Svezia en Viena cuatro años más tarde. Su carrera como virtuoso continuó hasta 1863, cuando se retiró a Posilippo, cerca de Nápoles, para ocuparse el resto de los años que le quedaran de vida de cuidar de sus viñedos. Murió en Posilippo en 1871. La Grande fantaisie sur des motifs de la Norma, op. 12 de Thalberg se ganó los elogios de Schumann, que generalmente tenía poco tiempo para el mero virtuosismo técnico. En la manera de tocar de Thalberg y, en consecuencia, en sus composiciones para piano, había un elemento de clasicismo y esto atrajo ciertamente a Clara Schumann y a otros, a los que no les gustaba el exhibicionismo de Liszt y su costumbre de "mejorar" la música de otros en sus interpretaciones. Thalberg aplicaba una disciplina considerable a sus ejecuciones y su postura vertical, aducía, era el resultado de fumar en una pipa de agua mientras practicaba ejercicios técnicos. Chopin, sin embargo, no se mostró impresionado, señalando que Thalberg utilizaba el pedal izquierdo para sus propios efectos y no para asegurarse un sonido delicado por medio de la pulsación, como él mismo habría hecho. Un efecto concreto utilizado por Thalberg consistía en la ejecución de una melodía que se tocaba con los pulgares de la mano derecha y la mano izquierda, rodeada por arriba y por debajo de arpegios, dando la impresión de tres manos y no dos. Logró esto en parte gracias a su sutil manejo del pedal derecho. Los críticos alabaron sus escalas de una claridad cristalina y el tono cantable que era capaz de producir, tal y como se enseña en su obra pedagógica, L'art du chant appliqué au piano, en la que se sirve de ejemplos tomados de la ópera. La fantasía sobre temas operísticos era en el siglo XIX una composición de gran importancia por derecho propio, que servía para deleitar a las audiencias gracias a la familiaridad de su material melódico y a la inventiva y el artificio empleados en su presentación virtuosística. Thalberg optó por escribir fantasías sobre temas de una serie de óperas de Vincenzo Bellini (1801 - 1835), el compositor más destacado de ópera italiana en la década a partir de 1825. Norma trata el característico conflicto operístico entre amor y deber, ambientado aquí en la antigua Galia, donde la sacerdotisa druída del título, casada en secreto con un enemigo de su pueblo, el oficial romano Pollione, resuelve su dilema asegurando la muerte de ambos. La ópera se estrenó en Milán en 1831. Thalberg no intenta tratar los temas en el orden en que aparecen en la ópera, otorgando una gran importancia, por ejemplo, a la marcha que sigue a la provocación del primer acto para rebelarse contra Roma protagonizada por el padre de Norma, el archidruída Oroveso, que aparece en el ecuador de la fantasía.

La ópera de Bellini I Capuleti e i Montecchi se estrenó en La Fenice de Venecia en 1830. La ópera trata de la trágica historia de amor de Romeo y Julieta y de sus dos familias enfrentadas. La fantasía aporta una deslumbrante serie de variaciones sobre una famosa melodía. Beatrice di Tenda, que se centra en la desgraciada vida del Duque de Milán, un hombre sin escrúpulos, conoció un éxito mucho menor cuando se representó por vez primera en Venecia en 1833, aunque a Thalberg le brinda el material que necesita. La ópera de 1829 La Straniera, ambientada en una improbable Bretaña medieval, se estrenó en Milán y las complejidades de su argumento se vieron mitigadas por el tratamiento de Bellini.

La Sonnambula subió por primera vez a los escenarios en Milán en 1831 con Giuditta Pasta, que más tarde estrenaría el papel de Norma. Thalberg incluye en su Grand Caprice el corazón del drama, en el que se ve a la heroína, Amina, que se muestra como una sonámbula, cruzando peligrosamente un puente podrido, llevando flores que le ha dado su amante Elvino, que había sospechado de su fidelidad. Sigue su aria dirigiéndose a las flores marchitas junto con otros temas tomados de la ópera. Liszt escribió también una fantasía sobre temas muy conocidos de La Sonnambula y una obra con el título característico de Réminiscences de Norma, al tiempo que dedicaba un souvenir similar de I Puritani a la Princesa Belgiojoso, que había dado clases de piano con Bellini. El único tratamiento de Thalberg de I Puritani siguió siendo la variación con la que contribuyó a Hexaméron.

Keith Anderson

(Traducción: Luis Gago)


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