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8.555793 - WALTON: Twelve (The) / Coronation Te Deum / Missa Brevis
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William Walton (1902-1983)

William Walton (1902-1983)

The Twelve • Coronation Te Deum • Missa Brevis

William Walton supusó un hiato en la manera de componer música en la Inglaterra del siglo XX. Antes de la Segunda Guerra Mundial, con un público expectante, tras la era de Elgar, Holst y Walton, con sus ritmos jazzísticos, su atrevida orquestación y sus austeras melodías, era la nueva gran esperanza de la música inglesa. Después de la guerra, el surgimiento del modernismo europeo hizo que Walton diese la impresión de ser un conservador, lo que le llevó a perder el favor de los críticos de la época. Afortunadamente, la historia suele ser menos rígida que la crítica musical contemporánea al juzgar a los compositores, y su reputación ha sido establecida de nuevo.

En lo que se refiere a la música coral compuesta por Walton, las obras hablan por sí solas. Trabajando durante unos sesenta años, creó un conjunto de obras relativamente pequeño que incluye algunas de los mejores trabajos dentro del canon anglicano, escribiendo himnos y cánticos que todavía son interpretados y admirados en iglesias y catedrales del mundo anglosajón.

William Walton se descubrió como músico y compositor con la música de la Iglesia Anglicana. Su padre era director del coro en la iglesia local de Oldham, donde William servía como joven corista y aprendiz. Su capacidad musical y su voz fueron suficientes para asegurarle la admisión en el coro de la Christ Church en Oxford. No podemos saber si su intensa experiencia en el mundo de la Iglesia Anglicana hizo de él un hombre profundamente religioso. Podría parecer que Walton, como Vaughan Williams, Britten y Tippett, todos ellos maravillosos compositores de música coral, no era demasiado "creyente", aunque su profunda espiritualidad hace que las obras resulten poderosas y memorables.

Su estancia en el coro de la Christ Church en Oxford convirtió a Walton en un músico prometedor, que ya a los dieciséis años, una edad inusualmente temprana, consiguió entrar en la universidad. Los rigores intelectuales de la vida universitaria provocaron el desinterés académico del joven Walton, que nunca llegó a licenciarse, pero Oxford le sirvió, al menos, para forjar una amistad con la influyente familia Sitwell, que contribuyó notablemente a su desarrollo como compositor.

Dada su formación, no es sorprendente que el Walton adolescente encontrase su primera forma de expresión en la música coral, género al que regresaría ocasionalmente durante toda su carrera. Aun así, es asombroso que una obra de la articulada sensibilidad y perfección de A Litany (Drop, drop slow tears) fuese pergeñada por un escolar de quince años.

Casi sesenta años después el patriarca de la música inglesa, laureado con la Orden del Mérito entre otras distinciones, todavía era capaz de volver con inusual frescura a clásicos de la liturgia anglicana como el Magnificat o el Nunc dimittis. El encargo le había llegado de Walter Hussey, deán de la catedral de Chichester, con el que la música coral del siglo XX tiene una deuda notable æa su compromiso y tenacidad se deben obras como Rejoice in the Lamb de Britten o los Chichester Psalms de Bernstein. El Magnificat combina una mirada nueva sobre textos familiares con un extraordinario sentido natural del ritmo y el dramatismo. En el Nunc dimittis Walton se sirve de la voz del bajo para reflejar la callada intercesión de Simeón ante el Todopoderoso.

Tres de las obras recogidas en esta grabación, The Twelve, A Litany y Jubilate Deo, se interpretaron por primera vez en la Christ Church y, como toda la música coral de Walton, contienen el espíritu del mundo sonoro creado en una de las catedrales más pequeñas de Inglaterra: un sonido musculoso e inmediato, muy distinto al halo distante que normalmente se asocia con la música catedralicia.. La miniatura épica de The Twelve, por ejemplo, sonaría fuera de lugar en grandes espacios, pero en una capilla universitaria como la de Saint John (Cambridge), de acústica muy similar a la de la Christ Church, aparece bajo la mejor luz posible. La música y el texto de su clímax, tan innovador como próximo al éxtasis, se entremezclan en un todo sobrecogedor. La obra nació como una colaboración con su viejo amigo, el poeta W. H. Auden.

La profunda influencia del lenguaje que Walton desplegó en The Twelve atraviesa como una línea continua todo el renacimiento musical inglés, de Warlock a Britten y de Finzi a Howells. Quizás con esta idea, los miembros del Henry Wood Memorial Trust encargaron a Walton poner música a un poema de John Maseield. El himno resultante, Where does the uttered music go? (1946), celebra la vida de Henry Wood, fundador de los London Promenade Concerts. El sugerente poema de Masefield inspiró a Walton en una de sus obras más inquietas, una reflexión sobre la naturaleza efímera de la música.

Pero Walton no necesitaba que los textos fueran ingleses para encender su imaginación musical. En el Festival Coral Internacional de Cork de 1974 presentó el himno Cantico del Sole, inspirado en una oración en italiano de san Francisco de Asís. Algo no tan sorprendente si tenemos en cuenta que Walton y Susanna, su mujer argentina, habían vivido mucho tiempo en la hermosa isla italiana de Ischia.

El Coronation Te Deum, que abre esta grabación, explica sólo con su título la posición que Walton había alcanzado en la vida musical británica por entonces. La obra, un himno coral, nació como un encargo para celebrar el inicio del reinado de Isabel II en 1952. La versión que aquí aparece sigue el popular arreglo de Simon Preston con una reducción para órgano de Mark Blatchy. La original incluía orquesta, órgano y un gran coro dividido en distintos grupos para conseguir un efecto antifónico. Incluso en su forma más modesta la pieza retiene su grandeza innata y un sentimiento festivo que comparte con obras como Belshazzar’s Feast.

El Jubilate Deo que lo acompaña se estrenó casi veinte años más tarde, en 1972, en la Christ Church de Oxford. La obra se abre con una escala descendente en el órgano que recuerda el repicar de las campanas tras una misa de domingo en la catedral. La misma idea musical, extrañamente poderosa, reaparece en el coro en "Serve the Lord with gladness", donde la escala descendente adquiere un efecto antifónico en el que cada entrada retoma la anterior. El conjunto constituye un magnífico ejemplo del Walton más jubiloso.

El himno de 1938 Set me as a Seal muestra otra faceta del compositor. Esta joya de dos minutos, un himno nupcial de tono invocador y tranquilo, es el tipo de pieza sobre la que Walton podía trabajar durante meses.

Antiphon, inspirada en el poema de George Herbert, es la obra más reciente de esta colección. La adaptación que Vaughan Williams hizo del mismo texto ha oscurecido la presencia de la versión de Walton en el canon coral británico. Compuesta en 1977, celebra el 150 aniversario de la Iglesia de Saint Paul de Rochester (Nueva York).

Walton compuso la Missa brevis en 1966 para los Amigos de la Nueva Catedral de Coventry. Con sus siete minutos de duración es evidentemente una misa breve, pero muy efectiva en el contexto litúrgico gracias a sus memorables melodías angulares, armonías ásperas y la tensión que recorre toda su estructura. Muestra uno de los rasgos más carácterísticos de Walton, la voz que escuchamos suena tan segura que la obra podría haber sido compuesta en cualquier momento entre 1917 y 1977. Sin ser abiertamente innovadora, la música tiene una originalidad armónica y melódica que nunca resulta forzada y, de alguna manera, consigue abrir un espacio en el que crear un centro fijo. Es música afilada, poderosa y arrebatadora, capaz de fundirse con el texto de una forma nunca superada en el repertorio coral inglés.

Barry Holden

Traducción: Rafael Suñén


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