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8.555955 - TURINA: Sinfonia sevillana / Danzas fantasticas / Ritmos
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Joaquín Turina (1882-1949)
Sinfonía sevillana • Danzas fantásticas • Ritmos • La procesión del Rocío

 

La escuela nacionalista española de segunda generación, la que recogió las enseñanzas de Albéniz y Granados, tuvo dos figuras principales, Falla y Turina, que demasiadas veces han sido vistas como antagónicas, cuando sería mucho más adecuado entenderlas como complementarias. En efecto, su comprensión del nacionalismo fue muy diferente; ambos pasaron por el París crisol de culturas de la época, pero Turina llevaría a cabo una obra mucho más asentada en las tradiciones formales –con amplia atención, por ejemplo, a la música de cámara–, en tanto que Falla discurrió por senderos más libres.

Joaquín Turina nació en Sevilla el 9 de diciembre de 1882. Sus primeros estudios musicales fueron en la capital andaluza con Evaristo García Torres (armonía y contrapunto) y Enrique Rodríguez (piano) y en Madrid con José Tragó. Su larga estancia en París, de 1905 a 1914, fue decisiva para su formación. Allí prosiguió su aprendizaje del piano con Moszkowski y de composición con D’Indy. Fue una fase de absorción de influencias y contactos humanos, pues Turina entabló entonces amistad con Debussy, Ravel y Florent Schmitt. Sus primeras obras nacieron con una cierta orientación modernista, pero los consejos de Albéniz le llevaron a alimentarse del acervo popular andaluz. Esta orientación puede ya apreciarse en la Suite Sevilla (1908), para piano, y muy especialmente en el Cuarteto de cuerda (1910), donde se estilizan las sonoridades de la guitarra. Ya antes de finalizar su etapa francesa Turina fue conocido en Madrid con la interpretación de La procesión del Rocío, dirigida por Enrique Fernández Arbós, cuyo éxito e inmediata programación en París catapultaron su nombre por toda Europa. A su regreso a España, dio a conocer como director de orquesta numerosas obras suyas y en 1921 ganó un premio en San Sebastián con su Sinfonía sevillana. No sería el único galardón, ya que le fue concedido el importante Premio Nacional de Música en 1926, por su Trío con piano Nº1. Mas entre uno y otro no fue menos significativo el prestigio que le brindó el estreno de su ópera Jardín de Oriente en el Teatro Real de Madrid en 1923 y sólo vuelta a programar después de más de cincuenta años. Desde 1926 ejerció la crítica musical en el periódico El Debate y, en el campo de la enseñanza, llevó a cabo una profunda labor de renovación como profesor de composición en el Conservatorio de Madrid. Todas estas actividades no le apartaron de la composición, aumentando continuamente su catálogo pianístico –Turina era un pianista muy dotado– con obras como Danzas gitanas (1930), Mujeres de Sevilla (1935), Poema fantástico (1944), e igualmente de cámara con el Trío nº2 (1933) y Las musas de Andalucía (1942). Turina murió en Madrid el 14 de enero de 1949.

La Sinfonía sevillana es la obra maestra de Turina dentro del apartado orquestal y la primera pieza importante de este género producida en España en el siglo XX. Escrita en 1920, supera la influencia de la Schola Cantorum parisiense por medio de un nacionalismo andalucista idealizado, aunque los ritmos utilizados en verdad procedan del acervo popular. Ahora bien, la obra posee una construcción muy flexible y una orquestación de gran ligereza. Los títulos de los movimientos son indicativos del fuerte poematismo que caracteriza a la música. El primer tiempo, Panorama, traza un cuadro general; el segundo, Por el río Guadalquivir, es posiblemente el más conseguido, con su clima poético y sutil orquestación, mientras que Fiesta en San Juan de Aznalfarache constituye una auténtica explosión de color y ritmo. La Sinfonía le mereció a Turina el premio del Gran Casino de San Sebastián. Fue estrenada en Madrid, por la Sinfónica de la ciudad, dirigida por Enrique Fernández Arbós, el 11 de septiembre de 1920.

Turina escribió con rapidez dos versiones consecutivas de las Danzas fantásticas, la de piano –más íntima– y la de orquesta, que acabó el 30 de diciembre de 1919. Esta última forma es la más divulgada por su colorido y la dimensión sinfónica que imprime a la música de danza. Los tres movimientos figuran en la partitura con frases procedentes de la novela La orgía de José Más, autor de narraciones de ambiente sevillano. El primer número, Exaltación, se basa en una jota aragonesa, aunque sometida a una transformación en profundidad. Ensueño da vida al corazón afectivo de la obra; es una poética romanza que mezcla elementos melódicos andaluces con el ritmo vasco del zorcico. Orgía es una brillante farruca andaluza cuyos giros melódicos evocan el cante flamenco. Las Danzas fueron estrenadas por la Filarmónica de Madrid, dirigida por Bartolomé Pérez Casas, el 13 de febrero de 1920.

Turina escribió su ballet Ritmos pensando en Antonia Mercé "La Argentina", bailarina que hacía furor en España en los años veinte y a la que el compositor admiraba grandemente. Sin embargo, la obra nunca llegó a montarse coreográficamente. Como pieza orquestal, el mismo Turina la estrenó en Barcelona al frente de la Orquesta Pau Casals, el 25 de octubre de 1928. Ritmos contiene una música de fuerte sello nacionalista y una orquestación muy cuidada; en el último número se rememoran motivos de los anteriores, lo que da al conjunto un carácter cíclico. En la época del estreno, se hablaba de que los diversos movimientos recorren una gama de colores, desde los más oscuros a los más luminosos, pero esta interpretación se ha quedado algo trasnochada en la actualidad.

La Procesión del Rocío, acabada en 1912, fue el primer trabajo orquestal de Turina y la obra que le dio a conocer al gran público. Es un poema sinfónico que describe la procesión celebrada una vez al año en el pueblo de El Rocío, en las marismas entre Sevilla y Huelva –junto a la hoy reserva natural de Doñana–, que por su reunión de carretas y caballistas resulta muy pintoresca. Turina refleja ese ambiente de manera muy narrativa, por medio de una orquesta que toma muchos elementos de los maestros impresionistas franceses. La entrada del cortejo en el iglesia del pueblo es reproducida literalmente, con el tañido de las campanas y una banda que toca el himno nacional español. En marzo de 1913, Fernández Arbós estrenó la obra con la Sinfónica de Madrid.

Enrique Martínez Miura


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