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8.557272 - RODRIGO: Piano Music, Vol. 1
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Joaquín Rodrigo (1901-1999)
Música para piano • 1

A lo largo de su dilatada vida, Joaquín Rodrigo escribió más de dos centenares de composiciones, creando una prolífica variedad de piezas orquestales, conciertos, canciones y música instrumental para guitarra, piano, violín, violonchelo y otros instrumentos, actualmente cada vez más demandada y valorada en todo el mundo. La presente grabación incluye algunos de los mejores ejemplos de las obras para piano de Rodrigo. El compositor fue un pianista virtuoso que tocó numerosos recitales en diversos períodos de su vida, en los que figuraban tanto sus propias composiciones como selecciones representativas de maestros españoles del teclado del siglo XVI en adelante. Su formidable memoria y su brillante técnica aseguraron que pronto se consolidara como un admirable intérprete que también escribía para el piano con brío y conocimiento.

Joaquín Rodrigo nació el Día de Santa Cecilia, el 22 de noviembre de 1901, en Sagunto, cerca de Valencia. En 1905 un brote de difteria afectó a su vista y en unos pocos años perdió todo vestigio de visión. A partir de los siete años asistió a la Escuela para Ciegos de Valencia donde, con sus dotes musicales cada vez más manifiestas, tocó el violín y el piano. Más tarde dio clases de composición con Francisco Antich Carbonell, renombrado organista y maestro de la parroquia local. En el otoño de 1927 el joven compositor viajó a París, ingresando en la École Normale de Musique. Su profesor, Paul Dukas, uno de los maestros de la música francesa de principios de siglo, influyó enormemente en Rodrigo, especialmente en aspectos de orquestación. En 1928 el presidente francés concedió a Manuel de Falla la Legión de Honor. Rodrigo interpretó sus propias piezas para piano en la ceremonia, ampliando así su reputación como compositor y pianista.

En torno a la misma época Rodrigo conoció a Victoria Kamhi, una joven pianista judía de Estambul, hija de un hombre de negocios. A pesar de diversas dificultades, económicas y de otro tipo, finalmente se casaron en enero de 1933, pero un año más tarde la falta de recursos suficientes forzó su separación, un dilema que se resolvió sólo cuando Rodrigo recibió una prestigiosa beca Conde de Cartagena, lo que le permitió reunirse con su esposa en París. En 1936 surgió un nuevo desastre con el estallido de la Guerra Civil española, lo que hizo que dejara de poder disponer de los fondos de la beca. Finalmente Rodrigo y su esposa encontraron refugio durante dieciocho meses en el Instituto para Ciegos de Freiburg. En 1938 visitó España brevemente para dar conferencias y conciertos en la Escuela de Verano de Santander pero, al no conseguir obtener un empleo adecuado en su país natal, se vio obligado a vivir durante otro año en París. En 1939 Rodrigo completó el Concierto de Aranjuez, una obra que pronto gozaría de fama internacional.

Rodrigo regresó a España a comienzos de septiembre de 1939. La vida era difícil, pero con la ayuda de colegas, Falla incluido, a Rodrigo le ofrecieron varios trabajos remunerados y después de años de privaciones, las tornas empezaron a cambiar con el estreno en Barcelona del Concierto de Aranjuez el 9 de noviembre de 1940. El 27 de enero de 1941 nació la hija de Rodrigo, Cecilia. La reputación de Rodrigo como un gran compositor español empezó ahora a adquirir consideración internacional.

A l’ombre de Torre Bermeja (A la sombra de Torre Bermeja) fue escrita como homenaje fúnebre tras la muerte del gran pianista español Ricardo Viñes (1875-1943), y publicada por primera vez en un álbum conmemorativo en Madrid. Rodrigo comentó que “era una especie de paráfrasis de la obra de Albéniz, de su primera época, titulada Torre Bermeja”. La música de Albéniz aparece reflejada en todo momento en rápidos arpegios y en la campana de la vieja torre repicando.

Las Cuatro piezas para piano, escritas entre 1936 y 1938, evocan aspectos de la vida española, desde la animación de la danza a la nostalgia de glorias pasadas. Caleseras es un homenaje a Federico Chueca (1846-1908), que compuso cuarenta zarzuelas y una serie animados valses, cuyos ecos pueden oírse aquí. El título hace referencia a la calesa, el carruaje tirado por caballos que fue muy popular en el Madrid de comienzos del siglo XX. El ritmo y la melodía ligeramente sincopada evocan ciertamente el trote de caballos. Puede resultar útil comparar el Fandango del ventorrillo en términos de brillantez y de colorido con la pieza para guitarra de Rodrigo En los trigales.

Plegaria de la Infanta de Castilla se abre en una atmósfera semejante a la de una zarabanda que recuerda la admiración de Rodrigo por la música renacentista. Tras un delicado comienzo, sin embargo, la obra evoluciona hacia un ejemplo técnicamente exigente y apasionado de pianismo del siglo XX. Una carta de Joaquín Nin-Culmell indica que esta composición representa posiblemente una conmovedora plegaria por la paz durante la Guerra Civil española. Danza valenciana proporciona una de las infrecuentes referencias de Rodrigo a las tradiciones de su Valencia natal, que toma su inspiración del tema popular “l’ui el dos” (el uno y el dos” a la manera de la jota levantina, una danza de corro. El variado material incluye escritura a dos voces, brillantes diseños ornamentales de arpegios y animados intercambios entre bajo y acordes.

Pastoral, una de las piezas de aprendizaje de Rodrigo, se ha comparado con el estilo de la canción de Mompou, pero también posee una delicada atmósfera mozartiana o schubertiana. Rodrigo describió la obra como “escrita en términos de la égloga del siglo XVIII [...] inspirada más o menos por la primavera que, como se sabe, ha inspirado mucho a los compositores”.

Preludio de añoranza posee una significación especial, ya que se trata de la última pieza para piano que escribió Rodrigo. Encargada por la Fundación Albéniz para conmemorar el centenario del nacimiento de Artur Rubinstein (1887-1982), fue estrenada en Madrid por Joaquín Soriano el 21 de marzo de 1988. La composición se desarrolla sobre tres motivos, patéticos diseños arpegiados, un pasaje melódico que tiene como contrapunto en el bajo una escala descendente, e interludios acórdicos. Una breve coda se desvanece en el silencio.

Berceuse de Printemps (Nana primaveral), escrita durante la primera primavera de Rodrigo en París (1928), recuerda la niñez, las cajas de música y la suavidad de la primavera más que cualquier derroche de actividad o de dicha tras el invierno. Su compañera, Berceuse d’Automne (Nana de otoño) (1923), es una pieza sombría que incluye la repetición múltiple de un solo acorde setenta veces. En 1957, Deux Berceuses daría lugar al poema sinfónico Música para un jardín.

Otra obra de aprendizaje, Bagatela (1926) combina una ligera destreza con una abundancia de humor. Dedicada “A mis amigos Eduardo Chávarri y Enrique Gomá”, la composición representó un último gesto retrospectivo a los años valencianos de Rodrigo. Bagatela contiene ese elemento de humor sardónico en sus ritmos y estados de ánimo impetuosos a los que Rodrigo nunca renunció, así como una sensación de disfrute por su propia maestría ante el teclado.

Las Cuatro estampas andaluzas (1946/52) fueron escritas, como comentó el compositor, bajo el signo de lo andaluz, pero no incluyen los temas populares de esa región. Aquí Rodrigo creó sus propias melodías para celebrar el sur de España. El vendedor de chanquetes es un vívido retrato de un vendedor callejero que ofrece chanquetes, un pescaíto frito muy degustado en Málaga.

La atmósfera cambia en Crepúsculo sobre el Guadalquivir y nos traslada a un atardecer sevillano, anunciado por diseños sombríos recurrentes en el bajo antes de que la vida nocturna haga su aparición con un brillante despliegue. Las Seguidillas del diablo, escritas a petición del bailarín español José de Udaeta, representan las impresiones de Rodrigo de la danza satánica, un género utilizado espectacularmente por varios compositores, incluidos Paganini y Liszt. Barquitos de Cádiz, dedicada a la brillante pianista inglesa Harriet Cohen, comienza con un Adagio, evocador de una sensación de calma en el mar. La segunda parte, marcada Allegretto, adopta la forma de un polo gaditano, una canción y danza muy popular en Cádiz. Comenzando con una serie de poderosos arpegios, esta sección crece en intensidad hasta convertirse en una fuerte tormenta, que concluye con una coda apropiadamente vigorosa.

Tras la muerte de su profesor Paul Dukas (1865-1935), Rodrigo compuso un homenaje que se publicaría en La revue musicale en 1936, junto con piezas similares de Falla, Messiaen y otros. El resultado fue Sonada de adiós, escrita en Salzburgo (Austria). El compositor describe esta obra como “escrita sobre un tipo de pedal [...], es decir, un ostinato, bien armonizado con una buena melodía [...] Es como un repique de campanas [...] y a partir de esta base nacen los dos breves temas”. Rodrigo se cuida de indicar que Sonada de adiós es realmente Sonada, algo que suena y, por tanto, no una Sonata. La inusual tonalidad de La bemol menor crea unas sonoridades fascinantes.

En 1931 Rodrigo escribió sólo una única obra, Serenata española, dedicada al pianista José Iturbi. Aquí retrata un vívido paisaje español, utilizando secciones contrastantes para expresar la vitalidad de Iberia. Tras un comienzo con una exhibición virtuosística de arpegios, entra el tema principal. Sigue una atmósfera diferente, indicada como marcato, con ecos de la Danza ritual del fuego de Falla. Estos dos elementos tienden a acercarse y el tema principal va seguido del motivo marcato, atravesando diversas modulaciones. Una breve coda, que recuerda a Albéniz, presenta una conclusión más apacible antes de que fulgurantes notas repetidas pongan fin a la obra.

El Air de ballet sur le nom d’une jeune fille fue compuesto durante el período estudiantil de Rodrigo (1929/1930). En forma de minueto y trío, la obra comienza con trece notas en una serie que contiene el nombre de Victoria Kamhi, su futura esposa. La pieza se caracteriza por los contrastes entre esta frase melódica en diversos diseños y disonancias intermitentes en el bajo que agitan la textura. Una serie de adornos según avanza la obra impulsan la música hacia una mayor complejidad tonal. En el trío aparecen nuevos elementos, como el bordón en los bajos y los ritmos alterados.

Zarabanda lejana, dedicada “A la vihuela de Luis Milán”, fue escrita en 1926, antes de que Rodrigo fuera a París. La obra alcanzó éxito como la primera pieza para guitarra del compositor, como un solo para piano y también en una versión para orquesta de cuerda. Los recursos del teclado resaltan la sensible distribución de los modelos acórdicos, sus evocadoras sonoridades y, sobre todo, la soberbia ornamentación. La zarabanda combina la dignidad de la danza y la sutileza de las armonías del siglo XX de Rodrigo.

Finalmente, las Cinco piezas del siglo XVI muestran el amor de Rodrigo por la música del Siglo de Oro español. La colección comienza con Diferencias sobre “El Canto del Caballero” de Antonio de Cabezón (ca. 1510-1566), un compositor y organista que, al igual que Rodrigo, quedó ciego desde la niñez. Las variaciones de Cabezón incluyen elegantes texturas contrapuntísticas y numerosos momentos dramáticos. El tema, expuesto en los ocho compases iniciales, se ve sometido en la primera variación a ornamentación en las voces inferiores, mientras que el tiple conserva la canción del caballero. Al final Rodrigo introduce libremente dobles octavas con un floreo que recuerda a Busoni. La segunda variación desplaza la melodía modificada al tenor, la tercera sitúa el tema en la contralto, acompañada por adornos, mientras que la última sección se caracteriza por octavas muy marcadas en un apasionante finale fortissimo.

En la década de 1930, gracias a su amistad con el guitarrista y musicólogo Emilio Pujol (1886-1980), Rodrigo se sintió atraído por el descubrimiento de la vihuela, una guitarra española del siglo XVI, y por su tablatura impresa en exquisitas colecciones de las cortes reales. Rodrigo puso a su público en contacto con estas pequeñas obras maestras por medio de transcripciones pianísticas. Dos Pavanas (1535/1536) de Luis Milán, de la corte valenciana, y una de Enríquez de Valderrábano, publicada en 1547 en Valladolid, presentan encantadoras líneas melódicas y la belleza rítmica de esta danza. La Fantasía que contrahace la harpa de Ludovico de Alonso Mudarra utiliza técnicas de disonancias notablemente sofisticadas y la publicación original (Sevilla, 1546) incluye consejos para el intérprete impresos debajo de los pasajes discordantes sobre el hecho de que “de aquí al final hay algunas notas falsas; si se tocan correctamente no parecerán malas”.

Graham Wade
autor de Joaquín Rodrigo, A Life in Music,
Joaquín Rodrigo: Concierto de Aranjuez, and
Distant Sarabandes: The Solo Guitar Music of Joaquín Rodrigo.
Traducción: Luis Gago


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