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8.557333 - BLANCAFORT, M.: Piano Music, Vol. 2 (Villalba) - Jocs i danses al camp / Cants intims I
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Manuel Blancafort (1897-1987)

Manuel Blancafort (1897-1987)

6 Peces breus • 8 Peces per a piano • Jocs i danses al camp • Cants íntims I

 

Manuel Blancafort fue uno de aquellos compositores que, en un siglo XX marcado por las músicas llamadas “vanguardistas” y por la ruptura de una visión del mundo y del arte que, en su esencia, permanecía inmutable desde hacía siglos, supo permanecer al margen de la convulsa época que le tocó vivir y preservar su propia personalidad creativa alimentándose de un profundo y rico mundo interior. Un mundo construido sobre la experiencia de la naturaleza, de lo íntimo y del recuerdo. A todo ello contribuyeron el paisaje de su tierra natal, La Garriga, y un carácter retraído con clara tendencia a la melancolía: “Siempre tuve predilección por el silencio y el retiro y mi juventud transcurrió sin diversiones, haciendo vida de solitario”, escribía en 1929.

Según cuenta el propio compositor, la mayor parte de sus composiciones de juventud fueron escritas al volver de la montaña, tras pasar largas jornadas bajo el sol, el viento, la niebla o la lluvia. Son páginas de un diario sin palabras, donde la música le sirve para fijar artísticamente sus impresiones poéticas y en las que, a pesar de una clara actitud romántica, se observa ya una preocupación por la forma concisa y bien estructurada: “¿Romanticismo? ¡Cuidado! No niegues, no traiciones la inteligencia”. En este sentido, la viva impresión que le produjeron el estreno de Iberia, de Albéniz, y el descubrimiento de las músicas francesa y rusa le sugirieron el camino a seguir. Imaginó, entonces, como reacción contra el wagnerismo imperante de la época, una música catalana dominada por la claridad, “simple, descargada de excesos contrapuntísticos y de cromatismos nebulosos que ahogarían la pureza expresiva de nuestra lírica”.

 

El ideal de “la obra bien hecha”, no improvisada ni espontánea, el producto acabado, ponderado, construido, y el gusto por el intimismo lo acercaban de forma clara a los postulados del “Noucentisme” catalán, movimiento cultural de alcance político, cuyo manifiesto teórico-estético había expuesto el escritor y filósofo Eugeni d’Ors (1881-1954) en 1908. Ambos se conocieron en 1918, mientras d’Ors pasaba unos días en el balneario propiedad de los Blancafort. En ese encuentro, al que también asistió Mompou, se escuchó música de los dos compositores y se habló de la nueva dirección que debía tomar la música catalana; pero, además, d’Ors tuvo la oportunidad de hojear un pequeño opúsculo, Le Coq et l’Arlequin, que acababa de aparecer ese mismo año y que evidenciaba la proximidad de dos posturas estéticas similares en muchos aspectos. Con este manifiesto de las nuevas tendencias francesas, Jean Cocteau se hacía portavoz de las ideas propugnadas por los compositores del “Groupe des six” francés que Mompou había revelado a Blancafort y que ambos adoptaron como propias.

 

Con este 2˚ volumen, continuación del anterior, se cierra, dentro del ciclo pianístico, una primera etapa del compositor dominada por la obra corta, aislada o formando una suite, de estructura ternaria, carácter íntimo y nostálgico, de sabor popular, y por el empleo casi exclusivo de tonalidades menores: “Mis primeros cuadernos para piano, páginas intimistas, son testimonio de mi amor por la simplicidad y mi apego a los giros de nuestros temas raciales”. Las 6 Peces breus (6 Piezas breves) y las 8 Peces per a piano        (8 Piezas para piano) son un claro ejemplo de este primer estilo de juventud y con ellas se completa la serie de miniaturas pianísticas, iniciadas en el disco anterior, con las que Blancafort elabora, inconsciente-mente, un verdadero “banco de datos” ya que, además del valor intrínseco de cada una de ellas, algunas de estas melodías las utilizará, a menudo profundamente transformadas, en obras posteriores. Por otro lado, la pieza breve, típica de la escuela francesa y cultivada por muchos compositores europeos durante estos años, le sirvió a Blancafort para consolidar un oficio que le permitiría abordar, más tarde, las grandes formas del repertorio sinfónico. En ellas vemos reflejado el carácter de un compositor que, de formación fundamentalmente autodidacta, suple la falta de verdaderos maestros con un rigor y una exigencia extremos en el oficio de componer. Y buena prueba de ello es la minuciosidad con la que revisa sus obras, anotando, una y otra vez, cualquier modificación sin que ello suponga, por otro lado, una pérdida de la frescura original. El resultado es, en definitiva, el de una obra ejemplar tanto por su factura como por la inspiración que la alienta.

 

La composición de Jocs i danses al camp (Juegos y danzas en el campo) y Cants íntims I (Cantos íntimos I) se entrelaza en el tiempo. Ambos cuadernos los escribe Blancafort durante los años inmediatamente anteriores a su matrimonio con Helena París, a quien están dedicados, y son un magnífico ejemplo del carácter dual de su música. Jocs i danses al camp presenta el lado más lúdico y extrovertido del compositor, acompañado por el empleo de un material melódico de rasgos populares, mientras que Cants íntims I refleja el lado nostálgico e introvertido (introspectivo) a través de un lenguaje más abstracto. Se convierten, así, en las dos caras de una misma moneda y ejemplifican los deseos de su autor: “La música debe ser un medio para expresar los sentimientos interiores y las impresiones del exterior”.

 

En su versión original, Jocs i danses al camp estaba formado por cinco números (el sexto se añadiría muy posteriormente) que iban acompañados por pequeñas anotaciones con las que Blancafort pretendía plasmar el carácter lúdico del ciclo. Así, en I escribe los siguientes versos: “S’ha perdut un anell a veure qui el troba...” (Se ha perdido un anillo a ver quien lo encuentra...), mientras la música refleja esa desesperada búsqueda con el empleo de un ritmo vivo (precipitado en su sección central), unas armonías a menudo ásperas y con la insistente inclusión del Lent (lento) y su marcado carácter desalentador. La coda, no obstante, parece sugerir un final feliz con la aparición de una melodía claramente bailable. En II (“seguim l’ombra d’un núvol”) propone seguir la sombra de una nube, algo caprichosa, que enseguida se esfuma sumiendo a sus perseguidores en una profunda tristeza. Como consuelo, Blancafort sugiere, en III, andar descalzo sobre la hierba (“de peus descalços damunt l’herba”) y bailar al son de un flabiol (instrumento típico del folclore catalán) que ejecuta, en la sección central, su “tonada del flabiol”. Más relajados parecen el juego dándose las manos (‘Joc donant-se les mans”) y la apacible danza que en IV introducen un pequeño respiro antes de las desenfrenadas carreras de V, “Vine, vine vine, vine! Corre, corre, corre!” (¡Ven, ven, ven, ven! ¡Corre, corre, corre!). De nuevo, en la tradicional sección central de las formas tripartitas, Blancafort incluye esta vez un “cant per anar a la guerra” (canción para la batalla) cuyos versos, de marcado carácter nacionalista, evidencian el fuerte arraigo del compositor a su tierra. El ciclo se termina animadamente con una nueva referencia a lo popular: una melodía de Sardana (danza tradicional catalana).

 

El espíritu agitado y, a menudo, desolador que recorre Cants íntims I es un ejemplo perturbador de esa “tristeza incomprensible” de la cual nos habla Blancafort y que lo acompaña desde su infancia. Del mismo modo que en Jocs i danses al camp, la ausencia de compás y de barras divisorias, de clara influencia mompouiana y francesa, favorece los ritmos inestables y las armonías envolventes. Los epígrafes que acompañan cada uno de los números son harto explícitos del carácter extremo de esta obra que desconcierta por su final: una apaciguante canción de cuna como cierre a uno de los ciclos más desgarradores del compositor. Ricard Viñes, el famoso pianista leridano que estrenó numerosas obras de Debussy, Ravel, Satie, Poulenc y Milhaud, incluiría a menudo esta obra en sus recitales, mostrando así el favor creciente del cual gozaba, en los círculos musicales europeos, la música de Blancafort.

 

Miquel Villalba


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