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8.557632 - GURIDI: El caserio (The Homestead)
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Jesús Guridi (1886-1961)
El Caserío -- Comedia lírica en tres actos

Libreto original en castellano: Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw

Santi - Vicente Sardinero (Baritone)
Ana Mari - Ana Rodrigo (Soprano)
José Miguel - Emilio Sánchez (Tenor)
Chomín - Felipe Nieto (Tenor)
Don Leoncio / Don Jesusito / Manú - Fernando Latorre (Tenor)
Eustasia / Inosensia - Maria José Suárez (Soprano)

Sociedad Coral de Bilbao (Gorka Sierra, Director)
Orquesta Sinfónica de Bilbao
Juan José Mena, Director

 

El estreno en 1926 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid de El caserío, comedia lírica en tres actos, supuso para Jesús Guridi uno de sus más resonantes éxitos; tras sus experiencias escénicas anteriores — Mirentxu y Amaya—, y sin abandonar el ambiente vasco en su obra, quiso emprender un nuevo camino con la zarzuela, confiado en que su maestría y olfato teatral habrían de situarle entre los grandes del género.

La primera de las siete obras líricas en lengua castellana que escribió Guridi fue el inicio de su fructífera colaboración con los libretistas Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw, convertidos en referencia máxima de la zarzuela después del éxito de Doña Francisquita. Se trataba de poner música a una historia en torno a la vida del imaginario pueblo de Arrigorri, en Vizcaya; Santi, dueño del caserío Sasibill, espera asegurar el futuro del caserío con la boda entre sus sobrinos José Miguel, juerguista y vividor y la dulce Ana Mari, de cuya madre estuvo secretamente enamorado, teniendo que emplear el ingenio para despertar en el mujeriego José Miguel el amor por su prima.

La trama transcurre con paso firme hasta su previsible final, narrado con las justas dosis de ingenuidad y humor, sin olvidar por supuesto las notas pintorescas: cánticos, festejos, procesiones y danzas y torneo de bertsolaris; en la narración se encuentran representados los diferentes estamentos sociales, incluyendo en los diálogos algunos giros sintácticos particulares del castellano hablado en las aldeas del País Vasco.

A diferencia de Amaya, que seguía el modelo de drama lírico en sentido wagneriano, El Caserío presenta una clásica estructura de zarzuela en números consecutivos, con distintas romanzas, concertantes y coros. El color local vasco recorre la partitura a lo largo de los tres actos por la utilización de ritmos de danza y muy especialmente el ritmo de zortziko, tan característico de esta música, y que sirve como hilo conductor del discurso musical, apareciendo en las páginas más notables de la obra y amoldándose al distinto carácter de la acción: tierno y sentimental en la Romanza de Santi, grandioso en el prólogo del segundo acto, desafiante en la Canción de los bertsolaris y amoroso en el final del segundo acto. El Caserío contiene cantos y ritmos de danzas populares vascas, además de melodías originales moldeadas según las formas de la música popular, técnica en la que Guridi fue un consumado maestro. Asimismo, incluye, como era tradición en el género, algunos números construidos sobre ritmos y danzas de moda como la americana — Canción de José Miguel del acto segundo—, populares como los aires de seguidilla del dúo cómico del tercer acto o el sonsonete con repiqueteo rítmico del Canción del trébole, sin olvidar el aire melódico, al estilo de la tradición operística italiana, del dúo de Ana Mari y José Miguel del primer acto, todos ellos envueltos en un vivo colorido orquestal y un magnífico aprovechamiento de las posibilidades teatrales y expresivas de la escritura para los coros.

Una frase melódica de apariencia modal por la alteración del séptimo grado de la escala, utilizado frecuentemente en las obras de ambiente vasco, sirve como inicio del Preludio del acto primero, encuadrando la historia en un paisaje lleno de paz y sentimiento, en cuyo horizonte más próximo se anuncia la fiesta, por medio del txistu y el tamboril, con un coro interno sobre la base rítmica del baile del ariñ-ariñ. Tras el dúo de Ana Mari y José Miguel y el cuarteto del trébole, el momento más emotivo es la romanza de Santi, Sasibill mi caserío, en tres partes en la que dos estrofas de zortziko clásico en compás de 5/8 engloban una larga frase lírica. Como una anticipación del final feliz el coro canta al amor con boca cerrada.

El segundo acto se abre con el Preludio, uno de los números más célebres de toda la obra; una pequeña joya orquestal recordatorio de los principales temas, que nos conduce a una serie de escenas festivas tradicionales: el juego de la pelota vasca, la costumbre de callejear entonando canciones a coro: Pello Joshepe, la procesión, oraciones y la espatadantza. En medio de todo ello, José Miguel, mediante una melodía suavemente balanceada en ritmo de americana —Yo no sé—, toma conciencia de sus verdaderos sentimientos, concentrándose en el terceto final del acto el mayor suspense y dramatismo de la obra.

La naturaleza, el monte y la lluvia crean el ambiente para el lamento de Ana Mari, cuya sencilla religiosidad se subraya por medio de una melodía con lejanos ecos de cantos de iglesia —En la cumbre del monte. A este número le sucede, en un vivo y feliz contraste, el inevitable dúo cómico con la alusión irónica al deseo de contraer matrimonio de los solteros —Dise mi madre—, que lleva el enredo hasta su resolución final en medio de grandes celebraciones.

Santiago Gorostiza

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Sinopsis Argumental

La acción transcurre en Arrigori, una aldea imaginaria en Vizcaya, en las primeras décadas del siglo XX.

Acto Primero

Se desarrolla en el patio del caserío “Sasibill” y sus dependencias, entre las que se incluye una sidrería. En este momento en Sasibill viven Santi, alcalde de la localidad, y sus sobrinos Ana Mari y José Miguel, hijos de dos hermanos de Santi que emigraron a América buscando hacer fortuna. Al morir sucesivamente los padres de José Miguel y de Ana Mari, Santi trajo a sus sobrinos de vuelta al caserío. Desde entonces, Ana Mari vive en Sasibill dedicada a sus quehaceres para satisfacción de su tío, que la adora. No ocurre así con José Miguel, joven alegre y apuesto, que se divierte todo lo que puede y que se ha hecho pelotari. Con ellos vive un sirviente, Chomín, que está a cargo en el caserío de las más diversas faenas. En la modesta sidrería, viven el matrimonio formado por Manú y Eustasia con su hija Inocencia (Inosensia), torpe y desaliñada, para la cual su madre trata de encontrar un buen partido.

Amanece en Sasibill y se oye el canto de un coro lejano.“Cuando sale el sol quiero contemplar desde mi ventana el arrebol…” Eustasia sale de su casa, vestida para ir a misa, y se encuentra con Ana Mari que está impaciente porque su primo José Miguel no ha regresado aún de una juerga en Bilbao. Al aparecer su tío, Santi, Ana Mari le cuenta que José Miguel regresó temprano la noche anterior y que ya se ha ido a misa. Santi no se lo cree. Aparece también Manú y después don Jesusito, secretario del ayuntamiento. Eustasia vuelve a su casa a buscar a su hija. Santi manda a Chomín que se ocupe de las vacas y los cerdos durante la celebración de la misa. Se van todos y quedan solos en escena Ana Mari y Chomín; Chomín le declara su amor y le propone llevarla a México. Ana Mari le rechaza amistosamente.

En la siguiente escena aparecen Miren y Cata, aldeanas localidad que bromean con Ana Mani; Ana Marise ausenta y entra en escena José Miguel cantando desenfadadamente,“Yo te diré al oído lo que te he de decir.” José Miguel, hablando sobre un fondo de música, coquetea con las aldeanas y les dice que Ana Mari no le interesa como mujer porque es su prima. Quedan ahora a solas Ana Mari y José Miguel, que cantan, al principio alternativamente y más tarde en un dúo, finalizando el encuentro con un diálogo hablado, “Buenos días.Buenos días.¡Ya viniste!¡Cómo no!El tío Santi…” Ella le reprocha la vida que lleva, que es fuente de disgusto para Santi, su tío. José Miguel canta a la vida, la juventud y el amor. Ella le anima a buscar una mujer. José Miguel comenta que cuando Santi fallezca ambos heredarán y ella podrá aspirar a casarse con un marqués. Interrumpe la escena Chomín, que vuelve a insinuarse a Ana Mari, pero ella no le toma en serio.

Chomín, Manú, don Jesusito y José Miguel, aprovechando que Santi y Eustasia están en misa, han robado un barril de vino que tenía guardado Eustasia. Cantan todos alegremente,“Con el trébole, trébole, trébole, con el trébole y el toronjil…” En un momento dado, Chomín, Ana Mari e Inosensia se quedan a solos. Chomín se confiesa enamorado, sin decir de quien. Ana Mari le dice que es aún joven para casarse, pero Inosensia no parece estar de acuerdo.

En la siguiente escena (hablada) aparecen Santi y don Leoncio, un sacerdote viejecito y simpático, haciéndose confidencias. Durante la conversación, don Leoncio confiesa conocer la secreta tragedia de Santi, el cual, enamorado de la misma mujer, Marichu, que su hermano Martín, nunca expresó sus sentimientos, facilitando así el enlace de su hermano con ella; Martín y Marichu tuvieron una hija: Ana Mari. Santi cuenta que una noche soñó que él era quien se había casado con Marichu y que Ana Mari, muy parecida físicamente a su madre, era su propia hija. Desde entonces Santi considera a Ana Mari como tal. Siguiendo con las confidencias, Santi dice a don Leoncio que desearía que Sasibill fuera a parar a manos de Ana Mari en el futuro, aunque es consciente de que a José Miguel, también sobrino suyo, le correspondería por mayorazgo y que, a pesar de la vida desordenada que lleva, no le gustaría tener que desheredarlo. Don Leoncio le propone que case a los dos primos entre si, en lo cual ya había pensado Santi o, en otro caso, que se case él mismo con Ana Mari, Santi dice que esta idea no le agrada ya que piensa que no podría hacer feliz a su sobrina, veinticinco años más joven que él. Por otro lado, Santi está convencido de que su sobrino vive en el caserío solamente esperando el momento de heredar. Ante este conflicto de difícil solución, don Leoncio propone a Santi que proclame su intención de casarse, diciendo que aún no ha decidido con quien, y espere la reacción de José Miguel, que seguramente se irá de Sasibill para no volver, quedando así el caserío para Ana Mari. Santi recibe la propuesta como una gran idea agradeciendo a don Leoncio su consejo.

En la siguiente escena Santi canta su amor por el caserío,“Sasibill, mi caserío, tibia cuna de mi niñez...” y se lamenta de su frustrado amor por Marichu, consolándose ante la idea de que Ana Mari, en quien proyecta platónicamente el amor por su madre, “se acogerá al regazo” de Sasibill. En la siguiente escena Santi anuncia, en presencia de José Miguel, don Jesusito, Manú, Eustasia y Chomín su intención de casarse el próximo invierno aunque revela, para alivio de Chomín, que aún no ha elegido esposa, lo que hace que Eustasia, llena de expectativas, salga corriendo en busca de Inosensia. José Miguel, enfadado por la noticia, llama a Ana Mari, la cual al enterarse, y aunque sorprendida, no ve pega alguna en el proyecto a pesar de la edad ya madura de su tío, e incluso al conocer que aún no ha elegido novia, se ofrece a buscarle una entre sus amigas. Al final del acto se unen Miren, Cata y el coro general de aldeanos que aparecen precedidos por el tambor de Chomín; más tarde don Leoncio se suma a la general algarabía. “Acudiros y llegaros que no es broma el pregonsito...” Santi vuelve a anunciar sus planes con la aprobación de Ana Mari para sorpresa de José Miguel. Los aldeanos creen que la intención de Santi es casarse con su sobrina y proclaman su alegría ante el hecho de que Sasibill vaya a tener una buena casera. Quedan aparte por un momento Ana Mari y José Miguel, que contrastan sus opuestas reacciones ante los planes de su tío. Santi y don Leoncio, que han visto la escena, comentan entre si que la idea ha sido buena y “Mejor que te piensas. ¡Quizá que sí!”

Acto segundo

Es tarde de fiesta en la plaza mayor de Arrigorri a la que se han sumado cuatro muchachos de Elgoibar, dos pelotaris locales, Mingorreta y Lecanda II, además del acordeonista Polcaperes y el Sacamuelas.

“Pello Joshepe tabernan dala...” En medio de la alegría general, se lanzan “vivas” a Elgoibar y Arrigorri entre bromas y faroles sobre las respectivas destrezas de los pelotaris elgoibaitaffas y las del Chiquito de Arrigorri. Todos animan a Polcaperes a tocar el acordeón, mientras el Sacamuelas trata de vender a todos una poción mágica.

Aparece José Miguel acompañado de otro pelotari, Eibarrés IV. Eustasia se sorprende al ver a José Miguel que se ausentó hace ya más de un mes; “la boda del tío Santi mal, mal te sentó...”, le dice. Eustasia le informa de que Santi aún no ha elegido novia y resulta evidente que tiene la esperanza de que elija a Inosensia. Entra en escena Ana Mari. Se van todos dejándoles solos. José Miguel le pregunta cómo van los planes de casamiento de Santi y le explica que los proyectos de su tío les perjudican a los dos. Añade que ha vuelto con la intención de quedarse un año. Ana Mari se alegra mucho por esto y conmina a José Miguel a cambiar de vida. El le explica su plan de quitarle a Santi cualquier chica con la que pueda pensar en casarse. Al comentar José Miguel que ha oído que Santi se ha fijado en Inosensia, Ana Mari le dice que la chica está muy enamorada de Chomín. Ambos se despiden, no sin que José Miguel insinúe que hay algo que le quiere decir “luego; una tonteriá”, a lo que Ana Mari responde que “para una tontería nunca es tarde”. José Miguel se queda solo al entrar Ana Mari en la iglesia y canta,“Yo no sé qué veo en Ana Mari que nunca, nunca vi.” Expresa que ahora ve a Ana Mari de manera distinta, dándose cuenta de que se ha enamorado de ella. Entran en escena, uniéndose a José Miguel, Eustasia, Inosensia y Chomín. José Miguel, ante un comentario desagradable de Eustasia sobre la chica, piropea a Inosensia para sorpresa de Chomín.

Se unen en la siguiente escena don Jesusito, Mingorreta, Lecanda, Eibarrés, Santi, don Leoncio, Manú, los de Elgoibar, espatadantzaris, la procesión y la banda de música. Cantan a la Virgen María y a la Gloria de Dios,“Reina del Cielo hermosa. Madre del Redentor.” entrando la procesión en la iglesia. Permanecen fuera José Miguel, Inosensia y Chomín. José Miguel dice a Chomín que su amada es una ingrata y no le escucha, y animado por Inosensia, Chomín dice que sabe hablar en verso, habilidad que José Miguel comparte ya que su padre fue un gran versolari. Chomín hace una burda demostración de sus dotes de versificación que entusiasma a Inosensia. Una vez ha entrado Chomín en el café, José Miguel tontea con Inosensia. Ella le dice que sus padres quieren que se case con Santi, pero ella prefériría un hombre más joven, aunque fuera pobre. José Miguel le insinúa que Chomín ha pensado mucho en ella y que incluso ha compuesto unos versos para ella. Chomín sale recitando una estrofa lastimera lo cual hace que Inosensia se haga ilusiones.Los que estaban en la iglesia se dirigen después de la misa al partido de pelota y quedan en escena Santi y don Leoncio. Santi dice que no va al partido porque juega su sobrino, pero admite haber apostado por él, porque sabe que es el mejor. Se les une Ana Mari ofreciéndoles de beber. Ana Mari, que aún no ha comprendido los sentimientos de José Miguel, aprovecha la presencia de don Leoncio para hablar a su tío. Le dice que hace más de un mes que anunció su deseo de casarse y que como no se decide por una novia ella está pensando en una mujer que le dé compañia y tal vez un hijo que sea el nuevo amo del caserío, y sugiere que esa mujer es ella. Ante la sorpresa de su tío, Ana Mari aclara rápidamente que si él ya ha hecho la elección, retira su propuesta. En el momento en que don Leoncio propone dar gracias a Dios por cumplirse los deseos de Santi, les interrumpe Chomín para informarles de que el partido de pelota va empatado. Quedan solos Santi y Ana Mari. En el dúo que sigue,“Con alegría inmensa tu resolución oigo de tus labios Ana Mari.”se expresan sentimientos encontrados. Santi expresa su alegría pero a la vez su preocupación por el sacrificio que ella hace de su juventud y su temor a que con el tiempo se arrepienta. Ella dice que no es sacrificio pagarle por su bondad y le asegura que no se tendrá que arrepentir, aunque confiesa, sin que él la oiga, que pierde un amor y entierra una ilusión. Santi le revela la pasión que sintió por su madre en el pasado que “en ti renacer la ve por fin mi corazón”. Chomín, que ha oído lo anterior, sin ser visto, lo acepta con resignación.

Después de dos escenas intrascendentes entre varios de los presentes a la fiesta, nos encontramos con José Miguel, Chomín, y diversos personajes secundarios, a quienes después se unen Eustasia e Inosensia. José Miguel quiere convidar a todos para celebrar que ha ganado el partido de pelota. Interviene Chomín diciendo que nada hay que celebrar ya que ese día no ha habido más que desgracias. Preguntado por José Miguel, Chomín le dice que lo que está pasando afecta al bolsillo de José Miguel y al corazón del propio Chomín. Convienen en hablar en verso y piden a Eustasia e Inosensia que sirvan vino y sidra para todos. Sigue un diálogo cantado en verso entre Chomín y José Miguel, “Chiquito de Arrigorri, bravo José Miguel...” Chomín empieza advirtiendo a José Miguel que abra los ojos ya que ha ganado el partido pero lleva las de perder con la familia, a lo que José Miguel responde que él domina tanto el juego como la familia, “en casa soy el amo”. Entre los comentarios generales Chomín apunta que es el amo “hasta que te eche el ama”. José Miguel replica explicando que piensa abortar los planes de su tío seduciendo a cualquier mujer que aquél pretenda, lo que sin duda conseguirá por ser más joven. Chomín le informa que Santi ya ha elegido mujer y anuncia que la novia es Ana Marí y que él mismo oyó hablar de ello a los dos. José Miguel, perdiendo la compostura, le tacha de mentiroso y dice que se burla de Ana Mari por despecho, conminando a Chomín a decir que no es verdad. Chomín insiste en que no miente y que él mismo los vio. Ante la insistencia de Chomín, José Miguel finalmente le cree, exclamando, en un aparte, “¡Lerdo de mí!... ¡Ana Mari¡” Al final del acto Ana Mari, Santi, don Leoncio y el coro popular se unen al resto de personajes.“¡Basta ya de bailes y de boberías!”

José Miguel se encara a Santi exigiendo que aclare si es verdad lo que se dice de que ya eligió novia. Santi le confirma que piensa casarse con Ana Mari. Todos expresan su sorpresa y proclaman lo acertado de la decisión, menos Eustasia y Manú que se lamentan y Chomín que prefiere no opinar. En esto, José Miguel reacciona con energía y se sitúa en el centro de la escena cogiendo a su prima de la mano, “Dulce Ana Mari... ... que responde emocionada “¡José Miguel!”. Preguntada por José Miguel, Ana Mari, que se siente ya comprometida, no expresa toda la verdad y confirma haber dado su palabra y querer a su tío como sobrina y como mujer. José Miguel le expresa en voz baja sus sentimientos “¡Mi bien!” pero, en la algarabía reinante, no llega a comprender que es correspondido por Ana Mari. José Miguel interrumpe los gritos de alegría de los presentes y se dirige a su tío para decirle que, dado que ya tiene mujer, él, José Miguel, sobra en el caserío. Santi le dice que no se vaya pero José Miguel insiste en marcharse. Mientras, Ana Mari se lamenta de que José Miguel no le hubiera declarado antes sus sentimientos. Se despiden unos y otros y se va José Miguel. Santi se dirige a don Leoncio diciéndole “¡Volverá!”, a lo que el sacerdote asiente. Santi se dirige a todos pidiéndoles que la emoción no les impida bailar y todos se entregan con alegría a la danza.

Acto Tercero

El último acto se desarrolla en el transcurso de una velada de invierno que tiene lugar en la cocina de Sasibill. Nos encontramos en la primera escena con Ana Mari, Inosensia, Eustasia, Miren, Cata, Santi, don Leoncio, don Jesusito, Manú, aldeanas y aldeanos. Están sentados, desgranando espigas de maíz cuyos granos recogen en cestos. Santi y don Leoncio, que no toman parte en la faena, están junto al fuego.

Suena el coro, “Mientras llueve sin cesar se hace grato trabajar del hogar alrededor.” Ana Mari canta una canción que evoca a una moza que llora la muerte de su amado hasta que ella finalmente muere también encontrándosela un pastor, “En la cumbre del monte, de la luna a la luz...” mientras el coro continúa con su canto. Al finalizar los cánticos, unos personajes hablan con otros de cosas sin importancia, cruzándose bromas, hasta que quedan solos Santi y don Leoncio. El primero comenta a don Leoncio que no tiene otro remedio que casarse, ya que está posponiendo el asunto una y otra vez. Pero la situación creada no le gusta porque él siempre creyó que Ana Mari tenía puestos sus ojos en José Miguel y que su ofrecimiento de casarse con Santi estaba motivado en parte por sacrificio hacia él y en parte por despecho por su primo “que es el ciego más ciego del mundo”. Al preguntarle don Leoncio si Santi no advirtió la tristeza y rabia de José Miguel al despedirse de Ana Mari, su amigo le dice que sí, pero que no comprende cómo nunca volvió, “¡Si él quisiera a Ana Mari como yo a su madre...!” Don Leoncio dice que tiene que hablar con Ana Mari para hacerse cargo de la situación, replicándole Santi que Ana Mari nunca habla del asunto y que últimamente está muy seria y descuidada. Ambos están de acuerdo en lo difícil que es saber lo que piensa una mujer. “Para adivinar eso habría que estar en gracia... o enamorado.” Eustasia e Inosensia, que han oído algo de lo anterior, hablan entre ellas. Eustasia le dice a su hija que trate de conquistar a Santi, pero la chica le contesta que es demasiado joven para casarse. Al decirle su madre que Santi es un buen partido, Inosensia se queja de la diferencia de edad que les separa. Eustasia le dice que tiene que declararse a Santi, amenazándole si no lo hace. Inosensia se queda pensativa no sabiendo cómo decirle que ella ya quiere a otro hombre.

En la siguiente escena Inosensia y Chomín están solos. Ella le explica que su madre le ha mandado hacer algo imposible. Chomín le ofrece su ayuda. Sigue un diálogo cantado, “Cuando hay algo que haser no se debe dudar.” en el que Inosensia, naturalmente faltando a la verdad, le dice que su madre quiere que se case con él y que tiene que convencerle de que es la esposa que le conviene. Chomín se sorprende sobremanera “¡Vaya escopetaso más imprevisto”, pero empieza a piropearla y acepta sus proposiciones. Antes de hacer mutis, cantan al unísono, “Hasta los animales del caserío van a saber que estamos en relasiones.” La escena que sigue, hablada, nos presenta a la nueva pareja y a Ana Mari que ha entrado diciendo a Inosensia que su madre la reclama. Ninguno de los dos acierta a explicar a Ana Mari lo de su reciente compromiso. Inosensia abandona la escena. Ana Mari se dirige a Chomín y le encarga que eche una carta al correo. La carta va dirigida al “Señor don José Miguel Echeandía” y Ana Mari se la entrega abierta para que Chomín pueda leerla y no haya malentendidos. Chomín, a su vez, le dice que está comprometido con Inosensia, de lo que Ana Mari se alegra. Sale Ana Mari, y Chomín se queda a solas con la carta en la mano. Entra Santi de improviso y se topa con Chomín a quien sorprende cerrando el sobre. Santi le pide la carta y le dice “¡Ah! ¿Tú eres el cómplice?”. Chomín se va y entra Ana Mari. Santi le dice que José Miguel no la quiere y acusa a Ana Mari de haber estado esperando, a pesar de todo, su regreso. Añade que es consciente de que ella en el fondo no desea casarse con el y le reprocha que haya continuado escribiendo a su primo. También le revela que interceptó las cartas enviadas por José Miguel, aunque sin abrirlas y se las da a Ana Mari diciéndole que si José Miguel la quisiera de verdad, habría vuelto a buscarla. Ana Mari pregunta a Santi si él la quiere y éste le contesta que, al principio, la quería como a una hija, pero que con el tiempo se dio cuenta de que no le gustaría que se casara con otro, aunque reconoce que los padres sufren mucho cuando sus hijas se casan. Deciden casarse, ambos resignados, y convienen que a la mañana siguiente anunciarán la fecha de la boda. Ana Mari se va y Santi va acercándose al fuego mientras preludia la orquesta.

La siguiente escena comienza con Santi cantando, “Sasibill, mi caserío, viejas losas del tibio hogar…” mostrando una vez más su apego por el caserío. Se abre violentamente la puerta y aparece José Miguel. Tío y sobrino se encaran. Santi le acusa de no venir en son de paz y dice estar dispuesto a defender a Ana Mari. José Miguel le connúna a apartarse diciendo que no sabe qué puede llegar a hacer por el amor de su prima. Santi queda sorprendido “¡Amor le tienes a Ana Mari!” y, al principio, no le cree. José Miguel confiesa que no sabia que la quería, pero que, al verla junto a Santi, de pronto comprendió lo que sentía por ella. Y añade que si él supiera que es a Santi a quien Ana Mari quiere, le envidiaría, pero se resignaría. “Ya nos vamos entendiendo” le dice Santi. Afirma José Miguel que Ana Mari no quiere a Santi, lo cual dice no ser una ofensa. Santi acepta que no podrá hacerla dichosa, aunque tampoco desgraciada, y que su vida en común estaría realzada por dos añoranzas, acusando a continuación a José Miguel de querer a Ana Mari por ser la heredera de Santi. Esto ofende a José Miguel que dice a su tío que él quiere a Ana Mari de verdad. Llaman los dos a Ana Mari para que dirima la disputa. Las cosas se aclaran y Santi les dice a sus dos sobrinos “casados, sólo espero teneros siempre aquí” mientras les abraza emocionado. José Miguel pide perdón a su tío. Precedidos por Chomín, entran en escena todos los que estaban en casa de Eustasia. Prosigue Santi cantando su alegría por poder transcurrir sus últimos días en su hogar teniendo en sus sobrinos a dos hijos amantes. Todos felicitan a Ana Mari proclamando que Sasibill tendrá una buena casera. Mientras todos se felicitan, Chomín abraza a Inosensia apasionadamente.

José Gortázar


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