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8.557923 - RODRIGO: Piano Music, Vol. 2
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Joaquín Rodrigo (1901-1999)
Música para piano • 2

 

A lo largo de su dilatada vida, Joaquín Rodrigo escribió más de dos centenares de composiciones, creando una prolífica variedad de piezas orquestales, conciertos, canciones y música instrumental para guitarra, piano, violín, violonchelo y otros instrumentos, actualmente cada vez más demandada y valorada en todo el mundo. La presente grabación incluye algunos de los mejores ejemplos de las obras para piano de Rodrigo. El compositor fue un pianista virtuoso que tocó numerosos recitales en diversos períodos de su vida, en los que figuraban tanto sus propias composiciones como selecciones representativas de maestros españoles del teclado del siglo XVI en adelante. Su formidable memoria y su brillante técnica aseguraron que pronto se consolidara como un admirable intérprete que también escribía para el piano con brío y conocimiento.

Joaquín Rodrigo nació el Día de Santa Cecilia, el 22 de noviembre de 1901, en Sagunto, cerca de Valencia. En 1905 un brote de difteria afectó a su vista y en unos pocos años perdió todo vestigio de visión. A partir de los siete años asistió a la Escuela para Ciegos de Valencia donde, con sus dotes musicales cada vez más manifiestas, tocó el violín y el piano. Más tarde dio clases de composición con Francisco Antich Carbonell, renombrado organista y maestro de la parroquia local. En el otoño de 1927 el joven compositor viajó a París, ingresando en la École Normale de Musique. Su profesor, Paul Dukas, uno de los maestros de la música francesa de principios de siglo, influyó enormemente en Rodrigo, especialmente en aspectos de orquestación. En 1928 el presidente francés concedió a Manuel de Falla la Legión de Honor. Rodrigo interpretó sus propias piezas para piano en la ceremonia, ampliando así su reputación como compositor y pianista.

En torno a la misma época Rodrigo conoció a Victoria Kamhi, una joven pianista judía de Estambul, hija de un hombre de negocios. A pesar de diversas dificultades, económicas y de otro tipo, finalmente se casaron en enero de 1933, pero un año más tarde la falta de recursos suficientes forzó su separación, un dilema que se resolvió sólo cuando Rodrigo recibió una prestigiosa beca Conde de Cartagena, lo que le permitió reunirse con su esposa en París. En 1936 surgió un nuevo desastre con el estallido de la Guerra Civil española, lo que hizo que dejara de poder disponer de los fondos de la beca. Finalmente Rodrigo y su esposa encontraron refugio durante dieciocho meses en el Instituto para Ciegos de Friburgo. En 1938 visitó España brevemente para dar conferencias y conciertos en la Escuela de Verano de Santander pero, al no conseguir obtener un empleo adecuado en su país natal, se vio obligado a vivir durante otro año en París. En 1939 Rodrigo completó el Concierto de Aranjuez, una obra que pronto gozaría de fama internacional.

Rodrigo regresó a España a comienzos de septiembre de 1939. La vida era difícil, pero con la ayuda de colegas, Falla incluido, a Rodrigo le ofrecieron varios trabajos remunerados y, después de años de privaciones, las tornas empezaron a cambiar con el estreno en Barcelona del Concierto de Aranjuez el 9 de noviembre de 1940. El 27 de enero de 1941 nació la hija de Rodrigo, Cecilia. La reputación de Rodrigo como un gran compositor español empezó ahora a adquirir consideración internacional, incrementándose año tras año hasta que en las últimas décadas de su vida pasó a ser no sólo el compositor español más conocido, sino que su Concierto de Aranjuez alcanzó la mayor popularidad de todas las obras clásicas del siglo XX. En los últimos años el público ha disfrutado cada vez más con interpretaciones y grabaciones que revelan la variedad absolutamente asombrosa de su prolífica producción como compositor.

Danza de la amapola representa el regreso del compositor a la escritura para piano solo en 1972 tras un lapso de veinte años, durante el cual se había dedcado a un amplio espectro de obras para guitarra, violín o voz, entre otras cosas. Esta obra, dedicada a su nieta, Cecilita, nos recuerda el comentario de Rodrigo de que “para mí las voces de mis nietas son la mejor música”. Se trata de una composición sucinta, brillante, que evoca las Invenciones a dos voces de J. S. Bach por su claridad, cerrándose con una vivaz coda.

El álbum de Cecilia (1948) es una colección de “seis piezas para manos pequeñas”, dedicada a la hija del compositor, Cecilia Rodrigo, quien ofreció el estreno a los once años en el Círculo Cultural Medina de Madrid en mayo de 1952. Aunque escrito para un pianista joven, este álbum es muy exigente técnicamente, con inclusión de polifonía a dos voces y ritmos vivos. La suite comienza con María de los Reyes (Sevillanas), una recreación en miniatura de la danza flamenca de Sevilla, con la mano izquierda basada en las cinco primeras notas de una escala de Do mayor, que se contraponen a una delicada melodía secuencial. A la Jota (Jota de las Palomas) es otra forma de danza, que se caracteriza aquí por una sección lenta lenta antes de una breve coda. Canción del hada rubia y Canción del hada morena son movimientos contrastantes, con una atmósfera lírica lenta seguida de una pieza vigorosa con líneas melódicas staccato y ritmos punteados. El negrito Pepo, que hace referencia a un animal doméstico de la familia, ofrece escritura a dos voces con un bajo rítmico y una intrincada melodía, así como una sección central contrastante con ritmos agitados. El finale, Borriquillos a Belén, presenta diseños de armonía de filigrana y punzantes disonancias frente a una melodía imprevisiblemente caprichosa.

Tres Danzas de España (1941), inspiradas por poemas de Victor Espinós titulados Danzas viejas, son un segundo álbum complementario de las conocidas ahora como Cuatro piezas para piano de 1938. La primera de la secuencia, Rústica (dedicada al arquitecto y pianista Gabriel Abreu), comienza con el ritmo de las cuatro sílabas iniciales del poema, Tan-tarán-tan, que los trigos son verdes y los van a trillar. Este ritmo aparece repetido en todo momento hasta el finale de acordes resonantes. Danza de las tres doncellas, dedicada al pianista Nikita Magaloff, es una obra vivaz que evoca los delicados movimientos de los bailarines. Finalmente, Serrana, dedicada a Gonzalo Soriano, un pianista de Alicante, introduce reminiscencias de una danza tradicional que tiene posiblemente su origen entre los contrabandistas de la costa mediterránea.

Las Sonatas de Castilla, precedidas de una toccata, a modo de pregón, fueron compuestas entre 1950 y 1951 para conmemorar el ingreso del compositor en la prestigiosa Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que tiene su sede en el corazón de Madrid. El 18 de noviembre de 1951, Rodrigo ofreció el estreno de estas obras en esta augusta ceremonia. El compositor había comentado cómo el título nos remite al ámbito castellano, tan amado por él. La primera Sonata alude a la forma binaria y dieciochesca de Scarlatti, mientras que la segunda, Sonata en Fa sostenido menor, representa un estilo contrapuntístico del siglo XVI que se extiende a lo largo de cinco secciones. Sonata en Re evoca el siglo XIX con su forma ternaria, con inclusión de dos temas y marcada por los acentos incisivos del bolero. El Renacimiento se evoca, asimismo, en la siguiente, Sonata en el estilo de un tiento, desarrollando por medio de una escritura a dos voces un solo tema elegantemente ornamentado. En la última pieza, Sonata en La, Rodrigo vuelve al siglo XIX en un despliegue virtuosístico con el sabor característico de la tonadilla.

Suite para piano, escrita en Valencia en 1923, revela la tendencia del compositor a combinar formas antiguas de danza con elementos de una complejidad contemporánea. El Preludio inicial, por ejemplo, es una obra bitonal que va de brillantes diseños de arpegios a una segunda sección más delicada. Siciliana, una antigua danza siciliana con un nuevo ropaje, ofrece algunos colores armónicos de una notable variedad. La tradicional Bourrée tiene también reservadas varias sorpresas, comenzando en Mi mayor como una invención a dos voces que nos recuerda en ocasiones a la canción folklórica I'll go no more aroving, pero que concluye con humorísticas disonancias en Do sostenido mayor. Minué comienza de manera muy convencional con una sencilla melodía, pero un cambio de Sol mayor a Mi mayor marca el comienzo de una música característicamente disonante. Finalmente, Rigodón, originalmente una danza francesa del siglo XVII, presenta el movimiento más complejo. Desde una introducción poco densa de una melodía ligeramente sincopada a un diseño de bajo en staccato, la pieza evoluciona hacia un despliegue extraordinariamente virtuosístico, regresando ocasionalmente al motivo inicial antes de partir de nuevo en busca de acumulaciones cada vez más intrincadas de arpegios y figuraciones rítmicas.

Canción y Danza, escrita en 1925 y dedicada al compositor valenciano Manuel Palau, es estilísticamente diferente de cualesquiera otras composiciones pianísticas de Rodrigo. La obra se mantuvo oculta durante muchos años hasta que fue estrenada por la pianista Ana Vega Toscano en Madrid el 22 de noviembre de 1996, con motivo del 95º cumpleaños del compositor. El título sugiere que pudo verse influida por Federico Mompou (1893-1987), cuya Canción y Danza núm. 1 apareció publicada en 1924. La obra comienza con pocas notas, ciertamente características de Mompou, pero avanza rápidamente hacia pasajes con considerables disonancias mientras características líneas contrapuntísticas se combinan en sorprendentes efectos politonales. En la Danza, marcada Agitato, el compositor se embarca en una combinación de virtuosismo pianístico y extraordinarios clusters de fusas agrupados en complejos modelos rítmicos y contrapuestos entre sí. Sólo cabe conjeturar por qué Rodrigo no alentó la debida difusión de esta obra. Quizá la percibió como una linea de desarrollo, que implicaba la exploración a gran escala de la disonancia contemporánea como tal, que no tenía ningún deseo de continuar investigando. En este momento inicial de su carrera Rodrigo parece haber decidido que este área de experimentación era un camino estéril y regresó rápidamente a sus preferencias compositivas tonales y melódicas. Canción y Danza sigue suponiendo una interesante anomalía dentro de la extensa producción del compositor.

El año siguiente, Rodrigo compuso una de sus mejores páginas pianísticas, Preludio al gallo mañanero (dedicada a Ricardo Viñes), que incluía un fuerte elemento de virtuosismo pianístico. El compositor ha comentado lo siguiente:

Evidentemente, tenemos aquí una obra de tendencias irónicas, escrita de algún modo bajo la influencia, el estilo y la intención de los compositores de tecla del siglo XVIII. […] Se me ocurrió imitar al gallo, en contraste con estos preludios impresionistas compuestos a comienzos del siglo XX, tan suaves, tan poéticos, y contraponerlos a una obra más cáustica, imitando con precisión el gallo mañanero.

La obra fue escrita con dos temas y como escritura pianística presenta la curiosidad de que la mano derecha toca las teclas blancas y la mano izquierda las negras. Esto produce una suerte de bitonalidad, que es como decir una doble tonalidad, lo que resulta fascinante en un ámbito de escritura técnica en la que he trabajado durante varios años.

El 19 de marzo de 1928, Rodrigo interpretó esta obra en París ante un público de 800 personas en el acto en que Manuel de Falla recibió la Legión de Honor del gobierno francés. La consecuencia fue no sólo que logró conocer a los más grandes maestros españoles, sino que también atrajo la atención de los editores, incluidos Max Eschig y Rouart-Lerolle, impulsando así su carrera como compositor, además de reforzar su reputación como pianista de concierto.

Tres Evocaciones (1981) fue encargada por el Ministerio de Cultura para celebrar el centenario del nacimiento de Joaquín Turina (1882-1949), en el que también participaron otros destacados compositores como García Abril, Marco, Muñoz Molleda, Montsalvatge, Sorozábal y Torroba. El propio Rodrigo comentó:

Tarde en el parque expresa los murmullos de las fuentecillas, tan características de la hermosa ciudad andaluza de Sevilla. Noche en el Guadalquivir es un nocturno, una canción llena de nostalgia y poesía que acompaña el sonido de las oscuras aguas de este río legendario, desapareciendo a lo lejos. La tercera pieza, Mañana en Triana, es muy rítmica y brillante, evocando el feliz barullo del pintoresco barrio de Triana en una luminosa mañana primaveral. He intentado mostrar, en este modesto homenaje, la atmósfera única de Sevilla, una ciudad tan amada por Turina, inmortalizada en tantas obras llenas de inspiración, famosa en el mundo entero.

Graham Wade
(autor de Joaquín Rodrigo, A Life in Music: Travelling to Aranjuez 1901-1939, Joaquín Rodrigo: Concierto de Aranjuez, y Distant Sarabandes: The Solo Guitar Music of Joaquín Rodrigo.)

Traducción: Luis Gago

 


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