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8.570341 - ESCOBAR, Jose Antonio: Guitar Music of Chile
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Musica para guitarra de Chile

 

Javier Contreras es un joven compositor chileno, que recoge procedimientos armónicos y formales de la tradición clásica de la guitarra, sumándolos al impulso rítmico de la guitarra popular chilena. Esto logra plasmarlo en su tonada acuecada Euclídica, una tonada incesante, envolvente, que progresa en oleadas temáticas que regresan una y otra vez, sin pausa, ni descanso alguno. En su Tonada del Retorno, Contreras explota las posibilidades percusivas del instrumento, alejándose del lenguaje tradicional, hacia una propuesta más abstracta y virtuosa de la tonada. En cambio, en Tonada a mi madre, el compositor regresa al lenguaje más directo de Euclídica. Finalmente en su homenaje a Víctor Jara, Sentido y razón, el compositor suma retazos de la trova popular, dentro de un marco de gran delicadeza, de acuerdo al modo en que el propio Víctor tocaba la guitarra.

Cristalino es una pieza con la que Horacio Salinas corona la relación que su grupo, Inti-illimani, tuvo con el destacado guitarrista australiano John Williams en los años ochenta. El interés despertado en Williams por este grupo de la Nueva Canción Chilena, se basó no solo en su apertura hacia la música popular latinoamericana, sino que en el reconocimiento de la extraordinaria capacidad musical del conjunto y de su director, Horacio Salinas. Se trata de una pieza nostálgica, de gran vuelo lírico y que dosifica muy bien los recursos del instrumento, donde todo lo que sucede tiene una consecuencia, como si la propia música desencadenara nueva música.

Antonio Restucci, compositor y multi-instrumentalista, recoge lo mejor de la tradición de la guitarra argentina en La disyuntiva – basada en la armonía de la cueca chilena La consentida – demostrando nervio, pasión y un buen conocimiento técnico del instrumento. En Coihues, en cambio, el lirismo del Sur es el que lo inspira, aunque siempre vistiendo su música de un ropaje denso, donde la reciedumbre de la guitarra argentina no cesa de manifestarse. Arrayanes nos trae, en cambio, el rasgueo de la guitarra chilena junto a algunos resabios del flamenco, estableciendo nuevas zonas de fusión, en las que Restucci es maestro.

La música de Juan Antonio Sánchez, se sitúa en una doble encrucijada: aquella donde convergen las músicas populares de Chile, América y España, y donde se encuentra la música popular con la música clásica. El delicado equilibrio entre el desarrollo técnico, la parametralidad múltiple y la escritura “total” practicada por la academia, con la vitalidad y cercanía de la música popular, es uno de los mayores logros de Sánchez. Sus obras, que requieren ser interpretadas con precisión pero con soltura, admiten también ciertos márgenes de improvisación, especialmente en las introducciones, que es un modo en que el intérprete las puede hacer suyas e impregnarlas con su propio gusto e imaginación. La delicadeza con la que Juan Antonio Sánchez trata la dinámica y los timbres de su instrumento, requieren de una atmósfera más bien íntima para su interpretación, como ocurre con la guitarra en el salón. Sin embargo, la contemporaneidad de la mezcla y la vitalidad de su propuesta rítmica, permiten proyectar su música a la gran sala de concierto con propiedad.

Las Anticuecas de Violeta Parra fueron compuestas en forma empírica por la destacada cantautora chilena, conservándose solo grabaciones de sus versiones. Con posterioridad fueron transcritas y editadas en partitura, llegando así al ámbito de la guitarra de concierto. A comienzos de los años sesenta, fueron definidas como obras de un arte verdadero y original, de una estética originalísima, y como dignas de figurar entre las mejores composiciones para guitarra. Estos comentarios, revelan más la sorpresa y el entusiasmo del mundo culto chileno por la irrupción del genio creativo de Violeta Parra, constituyendo una reacción similar al descubrimiento que hace un arqueólogo de una antigua reliquia artística. Lo que no revelan estos comentarios, es que Violeta Parra se encontraba más bien en la fase exploratoria de un nuevo lenguaje que en la consolidación de obras para guitarra similares a las de Agustín Barrios, Antonio Lauro o Heitor Villa Lobos, por nombrar los más cercanos al lenguaje conocido en Chile durante los años sesenta. Para ingresar al Parnaso de la guitarra latinoamericana, Violeta Parra habría necesitado tarde o temprano la ayuda de la escritura.

Sin embargo, con las Anticuecas Violeta Parra establece un correlato musical con la antipoesía de su hermano Nicanor, no sólo por el uso artístico del lenguaje popular, sino por la presencia de una espontaneidad propia de la cultura oral. Las Anticuecas se constituyeron en una actitud creadora, caracterizada por un profundo espíritu renovador, presente en muchos compositores chilenos. Aquí cabe plantearse si esto se debe a la desaparición de Violeta, su inventora y cultora, a la envergadura de la propuesta y su fundamentación teórica o a la inconstancia de su creadora de naturaleza asistemática y obsesiva en su trabajo creador. Si bien las "Anticuecas" empezaron a ser conocidas públicamente recién a comienzos de los años noventa, resulta difícil entender la elaboración de materiales vernáculos que ha desarrollado la Nueva Canción, el rock, y la fusión en Chile sin considerar la propuesta innovadora de la tradición que propone Violeta Parra.

Juan Pablo González
Instituto de Música
Pontificia Universidad Católica de Chile

 


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