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8.570458 - DURON: Tonadas (Songs)
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Sebastián Durón (1660–1716)
Tonadas

 

El acercamiento a la figura de Sebastián Durón nos introduce en un periodo de importantes cambios en la historia social y cultural de España, cambios que podemos reflejar destacando, en la esfera política, el paso de la monarquía española de la Casa de Austria a la dinastía de los Borbones en el año 1700, y en el terreno musical, la avasalladora influencia del barroco italiano. Durón se nos presenta así como un músico plenamente enraizado en la tradición ibérica, que verá cómo su cultura musical se somete a comparación y revisión con respecto al triunfante estilo italiano.

Nació Sebastián Durón en Brihuega, Guadalajara, en el año 1660. Poco se sabe de sus primeros años; se le puede suponer cierta precocidad musical, afinada por su educación con algún maestro importante, porque antes de alcanzar los veinte años ya consiguió acceder a puestos musicales de responsabilidad. Datos posteriores en su biografía indican que en algún momento de su vida inició la carrera eclesiástica, llegando a ser sacerdote. Su hermano Diego, mayor en dos años, también se dedicó a la música, llevando una vida muy estable durante muchos años como maestro de capilla de la catedral de Las Palmas de Gran Canaria. La biografía de Sebastián es bastante más animada.

Un empleo muy frecuente para un músico de la época era trabajar al servicio de una catedral, siendo los puestos más importantes el de organista, y el de maestro de capilla. Este último era el que se encargaba de organizar al conjunto de músicos y de proveer la música necesaria para las diversas festividades y celebraciones. La búsqueda de puestos cada vez más importantes y mejor remunerados ocasionaba el frecuente desplazamiento de los maestros y organistas de una ciudad a otra. Sebastián, de gran capacidad en el teclado, después de trabajar en la Seo de Zaragoza, ganó a los 18 años la oposición a la plaza de segundo organista de la catedral de Sevilla. Obtuvo el puesto de manera apabullante, pues consiguió cuarenta y tres de los cuarenta y nueve votos. Esta plaza era muy importante, por la gran actividad musical desarrollada, y por la oportunidad de perfeccionar su formación con el maestro de capilla entonces en activo, Alonso Xuárez. Este maestro apoyará continuamente a Durón en la búsqueda de nuevos puestos de trabajo, proporcionándole cartas de recomendación muy favorables.

Gracias a estas influencias, consigue de manera directa, sin oposición, la plaza de organista de Burgo de Osma. Allí se le exige, para poder ocupar el puesto, que demuestre su limpieza de sangre. Había ciertas probabilidades de que Durón tuviera ascendencia judía, hecho que le impediría trabajar para la iglesia, por lo que tuvo que procurarse las pruebas necesarias para demostrar que era cristiano viejo. El coste de estas pruebas era tan elevado debido a su complejidad, que parece ser ésta la causa de los problemas económicos que Durón arrastró en los años siguientes. Quizás este tipo de dificultades le llevaron a marchar de Burgo de Osma de manera un tanto irregular, sin el permiso necesario, para ir a ocupar la plaza de organista en la catedral de Palencia. Allí colaboró activamente en la puesta a punto de la capilla musical.

Su buen hacer como organista y compositor, y la fama así alcanzada, parece que dieron como resultado el que fuera llamado para el puesto de organista de la Real Capilla de Carlos II. Esto lo dice todo en cuanto al aprecio como músico del que gozaba Durón en su época. Incluso se recoge una anécdota, sin duda legendaria, que nos presenta a Durón en Viena saliendo vencedor de un duelo musical contra Lully, lo cual habría propiciado su elección como organista del rey. Sea como fuere, la labor de Durón era muy reconocida, por lo que se le adjudicó a mayores el puesto de maestro de capilla, y se le confió la organización de los espectáculos de la corte, probablemente con el cargo de Director de Teatros. Este periodo, que abarca de 1691 a 1700, confirma a Durón como uno de los músicos españoles más importantes. Su estancia en Madrid le permitió tomar contacto con la música europea, principalmente la de estilo italiano, cuyo carácter suscitó en España fuertes polémicas entre los defensores de la tradición española y los abiertos a las innovaciones italianas. Durón se atiene en general al estilo autóctono, especialmente en sus obras religiosas, donde aporta la novedad de introducir el uso de violines en la música de iglesia. Pero es sobre todo en sus obras profanas para el teatro, óperas y zarzuelas, que admiten un mayor grado de libertad, donde se puede rastrear la introducción de algunas novedades extranjeras, siempre de manera muy personal; Durón puede ser visto así como uno de los primeros compositores españoles en absorber de manera clara la influencia italiana.

La situación de Durón cambiaría en 1700, año de inflexión debido a la muerte de Carlos II, el estallido de la guerra de sucesión española, y la venida del primer rey borbón, Felipe V. Los gustos musicales de este monarca eran decididamente italianos; en 1703 propició la venida a Madrid por primera vez de una compañía de ópera italiana. Es verdad que el estilo musical italiano siempre había ejercido en el español cierto grado de influencia; pero ahora, contando con el favor de la corte, la influencia se convertirá en competencia.

Durón, fiel a su vinculación con el difunto monarca Carlos II y la Casa de Austria, perdió el favor de la nueva corte borbónica. Incluso se vio obligado a exiliarse en Francia, residiendo en Bayona, Pau y Cambo-les-Bains. Allí trabajó para la corte de la viuda de Carlos II, Mariana de Neoburgo. Además de servir a la reina como músico, Durón también le sirvió como sacerdote, pues celebró el escandaloso matrimonio de la reina viuda con el joven hijo de un tonelero.

Durón falleció en 1716, probablemente a causa de la tuberculosis, en la ciudad balneario de Cambo-les-Bains. Ciudad fatídica para la historia musical española, pues ciento noventa y tres años más tarde, allí también morirá Isaac Albéniz.

La figura de Durón puede ejemplificar el punto de inflexión que caracterizó la música barroca española entre el siglo XVII y el XVIII. Educado en una tradición autóctona firmemente arraigada y diferenciada, en el seno de la que desarrolla su estilo personal, contempla la llegada de la influencia musical italiana, de la que sabe adoptar y adaptar con naturalidad las nuevas formas, integrándolas con originalidad dentro de su propia manera musical. Una síntesis frágil, fruto de la coyuntura, no destinada a perdurar, pues no sólo el favor real de Felipe V, sino también el favor popular, otorgaron con el tiempo la primacía al amable estilo napolitano.

José Angel Vilas

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Las Tonadas de Sebastián Durón

En la España del siglo XVII se utilizaban los términos “tonada” y “tono humano” para designar piezas musicales cantadas con texto profano, ya fueran para solista, dúo, tres o cuatro voces. Un tono humano se convierte en divino substituyendo o modificando su texto profano por otro religioso, o escribiéndolo directamente sobre una determinada música.

En esta grabación presentamos por vez primera un monográfico dedicado a este insigne compositor español, formado por 19 piezas para voz solista y acompañamiento: en concreto 16 tonadas profanas, algunas de ellas pertenecientes a zarzuelas y otras obras escénicas, una cantada humana al estilo italiano (con recitados, arias da capo, grave y coplas), y dos solos al Santísimo Sacramento, donde notamos que la frontera entre canción sacra y profana a veces era muy difícil de delimitar.

El camino no ha sido fácil: el primer problema ha sido localizar estas piezas que se encuentran desperdigadas por varios archivos, bibliotecas y ediciones modernas y que presentamos juntas por primera vez; investigar y buscar ha sido el método para, de esta manera, poder encontrar y presentar los suficientes tonos para así dar a conocer el trabajo creativo de Sebastián Durón en este género. Después vino la tarea de transcribir algunas de estas piezas, trabajo no exento de dificultades: errores del copista, partes emborronadas y poco legibles, dudas textuales e, incluso, un par de piezas en las que faltan algunas de las partes musicales. La primera de estas piezas es el tono Ay de mi pasión, procedente del manuscrito M 316 de la Biblioteca Nacional de Madrid (manuscrito de cifras para arpa) de la que solamente conservamos la parte original para arpa, para la cual, siguiendo las indicaciones de esta parte instrumental y el estilo del maestro Durón, he podido reconstruir la parte vocal ausente. El otro tono que conservamos incompleto es el titulado Cristal apacible, procedente del manuscrito M 2618 de la Biblioteca Nacional de Madrid; este manuscrito de cantadas a lo humano especifica claramente que dichas cantadas poseían partes para violín y oboe, pero el manuscrito solamente nos proporciona la parte vocal sin el acompañamiento. He reconstruido el bajo sin partes instrumentales porque, así nos lo demuestran las fuentes, existían paralelamente diferentes versiones de un determinado tono o tonada: por un lado las piezas con partes obligadas para instrumentos solistas, y por otra las mismas piezas en su versión únicamente para voz y acompañamiento. Un buen ejemplo de esto es el caso de la famosa tonada Sosieguen, sosieguen, más conocida en su versión con vihuela de arco obligada; en este disco presentamos la versión para voz y acompañamiento incluida en un manuscrito de cantadas perteneciente a la Biblioteca Nacional de Lisboa.

Era muy común en la época interpretar estas piezas vocales con acompañamiento o bien de la guitarra o bien del arpa de dos órdenes: así claramente lo exponen las fuentes originales. El arpa de dos órdenes es un tipo de arpa netamente española con dos filas de cuerdas cruzadas. Este instrumento nació y se desarrolló en la península ibérica desde mediados del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII, y se utilizó tanto en ambientes sacros como profanos. También en esto es pionera esta grabación: es la primera vez que se hacen estas piezas con el acompañamiento exclusivo del arpa barroca española, una costumbre muy arraigada en el pasado, pero hoy totalmente olvidada.

Las piezas han sido localizadas en: Biblioteca Nacional de Madrid, Biblioteca Central de Catalunya, Biblioteca Nacional de Lisboa, Archivo de la Catedral de Segovia, Archivo particular de D. Miguel Querol, Archivo de Música del Monte de Piedad (Madrid). Las transcripciones son debidas a Miguel Querol, Luis Robledo, Antonio Martín Moreno y Manuel Vilas.

Manuel Vilas

 


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