About this Recording
8.570707 - TURINA, J.: Songs (Ullrich, Halasz) - Triptico / Homenaje a Lope de Vega / Vocalizaciones / Poema en forma de canciones
English  Spanish 

Joaquín Turina (1882–1949)
Obras para voz y piano - Melodismo en cuerpo y alma

 

El sevillano Joaquín Turina centró su labor creativa en el universo del piano, instrumento que tocaba con manifiesta soltura. Sin embargo, en torno a su generoso legado pianístico existen otras páginas de incuestionable valor, tanto en el ámbito sinfónico como en el camerístico y vocal. Este compacto recoge una significativa representación de su obra para voz y piano, escrita entre 1910 y 1942, a lo largo de toda su uniforme vida de compositor. La herencia de su formación francesa—estudió con Vincent d’Indy en la Schola Cantorum—, su inclinación romántica, la fácil vena creativa y el irrenunciable poso nacionalista, arraigado en la entraña del folclore español, marcan el carácter expresivo de unas canciones en las que el melodismo más fluido cobra cuerpo y alma.

Las tres cancioncillas del Homenaje a Lope de Vega fueron compuestas en 1935, entre el 22 de octubre y el 13 de noviembre, y figuran dedicadas a la soprano Rosita Hermosilla. Nacen como tributo al gran poeta y dramaturgo español Lope de Vega, del que aquel año se conmemoraba el tercer centenario de su muerte. Naturalmente, los textos son de Lope de Vega, concretamente versos de La discreta enamorada, de La estrella de Sevilla y de Fuenteovejuna. La canción que abre la colección transpira aliento romántico y evoca el universo de Enrique Granados, particularmente el de su Segunda danza española, “Oriental”. Si con mis deseos discurre en una atmósfera recogida y extremadamente delicada, tal como reclama la partitura, que concluye misteriosamente con leves acordes en eco del piano. Su enigmático inicio ha sido relacionado con el de Noches en los jardines de España, las magistrales “impresiones” para piano y orquesta que Falla había dado a conocer en Madrid 19 años antes. En la canción que corona el ciclo irrumpe el característico garbo popular turinesco, y engloba una parte narrada, que, a modo de recitativo rápido, otorga al conjunto un singular carácter dramático. Canción y colección se cierran con un brillante y mantenido “¡Ah!” de clara raigambre española.

Poema en forma de canciones, opus 19 fue ideado en su concepción original para canto y piano en 1917. Bajo esta forma se estrenó en el Teatro del Casino de San Sebastián el 15 de septiembre de ese mismo año, por la soprano polaca Aga Lahowska. El interés musical de sus cinco páginas en absoluto se corresponde con el discreto valor de los versos del poeta asturiano Ramón de Campoamor (1817–1901). Se trata, en cualquier caso, del ciclo vocal más popular de Turina, algo a lo que no resulta ajena la sinceridad de sus compases amables y la agradecida línea vocal. Sobre la aparente falta de relación entre cada una de sus cinco páginas subyace una clara unidad de sentimientos. De hecho, como explicaba un texto incluido en el programa de mano del estreno, “cada pieza describe un estado del alma, desde un pesimismo casi desesperado al optimismo desenfrenado y casi inconsciente”.

Como luego hará también en las Dos canciones, opus 38, Turina reserva el primer número—Dedicatoria—al piano en solitario. Pero el fragmento que sin duda ha alcanzado mayor popularidad ha sido Cantares, cuya hondura y guiños al cante jondo le han hecho triunfar de modo autónomo en los más importantes escenarios en la voz de los mejores cantantes españoles e internacionales. Sin embargo, en absoluto son inferiores los dos números que cierran el ciclo: Los dos miedos, cuya fuerza dramática y adecuación al texto marcan el punto álgido del conjunto, y Las locas por amor, un curioso diálogo entre Venus y su amante, cuya gracia e ironía quedan resaltadas por el hábil acompañamiento pianístico.

Las Dos canciones, opus 38 son de 1926, pero no se estrenaron hasta dos años después, el 29 de octubre de 1928, en Barcelona, en el Palau de la Música Catalana, interpretadas por la soprano Concepción Callao con el propio Turina al piano. El carácter pesimista y resignado de los versos, escritos por la monja de clausura Cristina de Arteaga, sirven para trazar unos compases cargados de sencillez y delicadeza. Lo mejor del amor consta de tres estrofas en las que se reitera y enfatiza el verso inicial antes de concluir en leves acordes. Cunas es una nana de carácter cantable; suave e ingenua, que cita la conocida canción infantil española Quisiera ser más alto que la luna.

Más entidad literaria tienen los versos de Tres poemas, opus 81, del muy musicado poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer (1836–1870). Olas gigantes es una de las páginas más radicalmente románticas de toda la obra vocal de Turina. Los poderosos acordes y tempestuoso carácter reflejan una huracanada tempestad en el océano. Como contraste y contrapunto, el segundo poema, Tu pupila es azul, desprende un efusivo sentimentalismo, roto al final por el muy recurrido y flamenco quiebro andalucista “¡Ay!”. A Andalucía, a la Sevilla natal de libretista y compositor, mira también el poema final, Besa el aura, que insiste en los característicos giros y agilidades vocales del cante jondo. Los Tres poemas se escucharon por vez primera en París, en la Salle Gaveau, el 14 de febrero de 1935, intepretados por Lola Rodríguez Aragón con Turina al piano.

Fechados en 1930, los Tres sonetos, opus 54 fueron estrenados por su destinataria, la soprano cubana Lidia de Rivera, que los interpretó en el Teatro Nacional de La Habana. Están basados en versos del poeta y folclorista ursaonense Francisco Rodríguez Marín (1855–1943). Anhelos subraya con mesurada elegancia el desbordado romanticismo de los versos. El evidente humorismo del segundo soneto —¡Vade retro!— es enfatizado por la música con evidente acierto, y comprende un tiempo de habanera. Un visceral y aflamencado “¡Ay!” abre y cierra la última canción—A unos ojos—, la más sencilla y andalucista de las tres.

Turina agrupa en las Tres arias, opus 26 versos de otros tantos poetas románticos españoles. Es la música la que cohesiona el ciclo, fechado el 6 de junio de 1923 y estrenado el 19 de diciembre del año siguiente en el Palau de la Música Catalana de Barcelona, por la soprano Criso Galatti y Joaquín Turina al piano.

La Galatti es precisamente la destinataria de Vocalizaciones, opus 74, que Turina culmina en septiembre de 1932. Se trata de una de sus páginas menos difundidas. La finalidad técnica queda patentizada en el título. Los pentagramas albergan un exigente ejercicio músico-vocal constituido por diversas secciones diferenciadas que se suceden sin interrupción precedidas por una escueta introducción a cargo del piano.

“Sugestionable, místico, bello y sencillo”. Así definió la crítica el Ave María de Turina tras su estreno, el 27 de noviembre de 1942, en la iglesia madrileña en la que se venera a la “Virgen de la Medalla Milagrosa”, a la que está dedicada la pieza. Este Ave María es la última composición vocal de Turina y una de sus más estimables creaciones en el ámbito de la música sacra.

Carolina Ullrich y Débora Halász cierran el compacto con Tríptico, compuesto entre el 12 de septiembre y el 6 de octubre de 1927 sobre versos de Ramón de Campoamor y del Duque de Rivas. En la colección destaca con claridad su primera página, Farruca, para la que Turina recurre al conocido palo flamenco del mismo nombre. El compositor se refirió a esta brillante página en el curso de una conferencia dictada el 13 de junio de 1936. “La Farruca, como todas las danzas andaluzas”, sostiene su creador, “es susceptible de cantarse. En la voz pierde vigor rítmico, pero adquiere, en cambio, la libertad de expresión que pide la palabra.”


© Justo Romero


Close the window