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8.572096 - GARBIZU, T.: Txistu and Piano Music - 6 Old Time San Sebastian Songs / Basque Suites Nos. 1 and 2 / 4 Zortzikos (Ansorena, Cendoya)
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Tomás Garbizu (1901–1989)
La Música de Txistu

 

Tomás Garbizu ha sido uno de los mejores compositores de la Música Vasca  del siglo XX. Esta grabación es una muestra  de su genialidad  y atrevimiento  al combinar por primera vez  instrumentos tan dispares como  el   txistu, el tamboril vasco, y el  teclado en una formación original y novedosa.

El txistu es una flauta de pico que, con sus tres únicos orificios, se interpreta con una sola mano, la izquierda habitualmente. La derecha queda libre para la ejecución de diversos instrumentos de percusión. Pertenece a una familia muy extendida en Europa, que en cada cultura se ha adaptado de forma distinta. En la cultura vasca es el instrumento de danza más tradicional, y posee un tamaño y forma peculiar, establecido desde finales del siglo XVIII. Se ha transformado en el símbolo de la música popular vasca.

Garbizu conocía muy bien este instrumento.  Desde su infancia lo había escuchado y sus composiciones para este instrumento demuestran su conocimiento, respeto y cariño. Así veía el instrumento:“El txistu es del monte, debe volar como las aves, libre”.

Para esta grabación se ha contado con  José Ignacio Ansorena, el más reputado txistulari del País Vasco, conocedor a fondo de la obra de Garbizu con  quien colaboró estrechamente  durante  años,  estrenando muchas de sus obras y  el pianista Álvaro Cendoya, quien ya dedicó   un monográfico de la obra de este autor para piano en esta colección de Naxos. Para la grabación se han utilizado los apuntes que Ansorena guardaba con observaciones del propio compositor.

Las Viejas canciones donostiarras provienen de una serie de canciones populares vascas, muy conocidas  y representativas del folklore eúskaro, que Garbizu trató con verdadera intuición para voz y piano y publicó bajo ese título. Sin embargo, tenía en mente su adaptación para txistu y piano. En más de una ocasión, cuando Ansorena le solicitó más obras para txistu y teclado, le contestó: “Hay tienes Viejas canciones donostiarras”. Con esta adaptación de las más apropiadas para este conjunto, queda el encargo cumplido. Constituyen un verdadero acierto del tratamiento armónico en la canción popular.

Excepto Ixil ixilik, que originalmente escribió para trompa y órgano y cuya adaptación para txistu encargó el autor al mismo Ansorena,  el resto de las piezas de las Euskal suiteas fueron escritas por el autor como se interpretan. De acuerdo con él, se agruparon de esta forma para su publicación en un número monográfico de la revista Txistular, que dirigía también Ansorena. Pero permiten su interpretación como números independientes.

La melodía del Minuetoa corresponde a Otzoal, una obra muy conocida entre txistularis, original de Miguel de Oñate. Y la de Gabota a una obra orquestal de José Uruñuela. Ixil ixilik y Baratzeko pikuak son melodías populares de versos y coplas. Kontrapasa, Fandango boleroa y Eibarko kontrapasa se construyen sobre melodías de danza muy generalizadas en los repertorios de tamborileros vascos del siglo XIX.

El zortziko, en la acepción a la que aquí nos referimos, es un ritmo quebrado característico de la música vasca que se escribe en compás de cinco por ocho, pero que, a decir de Juan Antonio Mogel a comienzos del siglo XIX, “ni aun así acertara el musico extrangero, a darle la expresión con que lo caracteriza el vascongado (sic)”.

Los dos primeros de los Cuatro Zortzikos pertenecen al género de alboradas, ambos de autor desconocido. San Juan zortzikoa muy extendido en toda la zona occidental del país, se interpreta en la víspera de la festividad de dicho santo, 24 de junio, al celebrar el solsticio de verano alrededor de la hoguera. Los otros dos corresponden a un subgénero más tardío, los zortzikos cantados, que entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, se consideraron manifestación característica de la música vasca, aunque no lo fueran tanto. El roble y el ombú, que utiliza la figura de los árboles más emblemáticos del País Vasco y Argentina, fue creado por Félix Garci-Arzeluz, periodista bilbaino. La del pañuelo rojo, escrito en su origen como Zortziko a Bilbao por Avelino de Aguirre, fue popularizado con el texto alterado por el famoso tenor Ignacio Tabuyo.

Mendiko itzala es fruto de unas excursión que realizó el compositor por la zona de Bortziri y que le dejó un gratísimo recuerdo. Las cinco villas navarras le cautivaron, por su paisaje, su arquitectura y sus gentes. Eligió para recrearlas musicalmente dos ideas. En la primera parte  un tema popular que silbaban los pastores del país imitando el vuelo de diferentes aves rapaces (Belatza es el halcón o milano), en que se recogen hasta los golpes de su aleteo. Ya había realizado anteriormente una primera versión del mismo, pero no quedó satisfecho con ella y la rehizo. En la segunda parte, con melodías originales, recreó las sensaciones del paisaje de Igantzi, combinando los fragmentos líricos del piano con las intromisiones rítmicas del tamborilero rural que se escucha en la lejanía.

José Antonio Santesteban publicó Cantos y Bailes tradicionales vascongados a finales del siglo XIX. Allí recogió melodías antiguas que adaptó de forma muy sencilla para piano. Entre otras estas melodías de danza, las Danzas guipuzcoanas, originalmente para txistu y tamboril, que en 1826, había ya publicado Juan Ignacio de Iztueta en su Cancionero. A nuestro compositor le apeteció revisar aquellas partituras y de forma sencilla pero muy inspirada, volvió a adaptarlas para piano. En esta grabación tan solo se ha devuelto al txistu y al tamboril, la parte melódica que tradicionalmente le ha correspondido.

Agur, jaunak!, una melodia que parece pertenecer a la tradición común europea, pues aparece en diversas zonas y países, tiene entre los vascos—en función de la letra que alguien le adaptó y su propuesta como saludo semioficial en el año 1918 para todo tipo de actos colectivos—un sentido de respeto social y solemnidad marcado. Garbizu escribió una versión en la que el txistu juguetea y salta, repleta de trinos y mordentes.


Jose Ignacio Ansorena


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